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¡Con enemigos así, quien necesita amigos!

Nelson Méndez

10 de mayo de 2000

Desde que Hugo Chávez apareció en la escena política venezolana en 1992, muy por encima del tan mentado carisma que propios y ajenos le atribuyen, o de habilidades como líder u organizador que ciertamente brillan por su ausencia, el mayor soporte de sus éxitos ha sido la consistente estupidez e incompetencia de sus principales adversarios, sobre cuya experiencia en los 8 años pasados cualquier émulo criollo de Maquiavelo podría extraer material de sobra para escribir un Anti-Príncipe, que quién quita y alcance notoriedad como manual de lo que no debe hacerse en las lides por el poder político en comarcas tropicales.

No está de mas la referencia al clásico florentino para ilustración de esa aturdida oposición (que debe creer que hablamos de un fabricante de dentífricos por lo que se dice de la «risa maquiavélica»), ya que al desconocer a Maese Nícolo ha ido a buscar inspiración en los cartoons de la Warner Brothers, en especial con el Coyote, el gato Silvestre y el cazador Elmer, de modo que sus fracasos son tan repetidos y risibles como los de estos personajes, con el resultado de que hoy no se ve ningún enemigo en el tablado político-electoral que sea real o potencialmente tan peligroso para Chávez como el daño que puede hacerse él mismo, con sus errores en el gobierno, su torpeza para reducir las pugnas entre las fuerzas que lo apoyan y su incorregible tendencia a hablar demasiado o «irse de yo-yo», que dirían en mi barrio.

Vale la pena repasar el prontuario de los auto-denominados enemigos del Comandante, muy habilidosos para pavimentarle la ruta hacia el poder abrumador que ahora tiene, y que todo indica se ratificará el próximo 28/M. La cosa comenzó el mismo 4/F/92, con Morales Bello y su famoso tiro por la culata al exclamar aquello de «¡Muerte a los golpistas!». Luego Caldera liberó a Chávez de prisión y, en acuerdo el AD de Alfaro, deciden excluirlo e ignorarlo en la tramoya política que intentan edificar, con lo que le hacen el gran favor de constituirlo en imagen alternativa frente a los cogollos. Al mismo tiempo, el deterioro de AD y COPEI como partidos con nexos reales en la colectividad y su acelerada conversión en degradadas maquinarias electorales, dejó el campo libre para que el chavismo extendiese su influencia de calle en un proceso donde las cúpulas partidistas, como el marido cornudo, se enteraron al último. Después, (¡también como el marido cornudo!) vendieron el sofá: al evidenciarse desde mediados de 1998 que el barinés tenía la mayor opción al triunfo, emprendieron en su contra una campaña histérica que sólo sirvió para reforzar la magnitud de la victoria chavista, terminando con aquellos espectaculares ejemplos de harakiri electoral como fueron el «boto tierrita y no juego más» de Fermín y el abochornado apoyo adeco-copeyano a Salas Römer, que mató a los otorgantes allí mismo y al receptor poco tiempo mas tarde.

Ya con Chávez como Presidente, esta oposición ha sido la comparsa ideal para los sucesivos shows electorales de estos 15 meses, cumpliendo de maravilla el rol del figurante a quien la estrella le aplasta repetidos pasteles de crema en al cara. Como buenos payasos, representan su papel con total seriedad, creyéndose su cuento de ser «la expresión de una mayoría democrática» construida a fuerza de alucinaciones estadísticas y la aplicación del principio según el cual si mi mamá tuviera ruedas sería bicicleta. Por supuesto, ni se les ocurre pensar que su fracaso entre los que aún votan es tan grande que para ser contendientes electorales no les bastará con esperar que Chávez se hunda en sus pifias, sino que deberán pasar por años de trabajo en la calle, entre la gente, atendiendo con la demagogia del caso necesidades y aspiraciones colectivas (¿no es verdad, Enrique Mendoza?), olvidándose de fábulas de encuestadoras y berrinches de mass media oportunistas.

Pero, como dicen de los Borbones, semejantes caballeros ni olvidan ni aprenden. Ahora se cobijan en el estandarte de Arias Cárdenas, a quien la impaciencia llevó a una ruptura apresurada con el chavismo, antes de garantizarse que efectivamente se llevaría alguna porción significativa del caudal electoral del Comandante, y tampoco sin disponer del aparato que requiere una campaña electoral, por lo que ha debido de confiar en que ese trabajo lo hagan algunas fantasmagóricas organizaciones de la desteñida oposición (el MDD de Izarra, la Causa R, Bandera Roja, Izquierda Democrática, y quien sabe cual más), encontrándose con la decepcionante realidad de llevar a sus espaldas una abigarrada confederación con muchos caciques y pocos indios.

Con la candidatura de Arias parecía cumplirse el sueño dorado del antichavismo: tener su versión light del Comandante y parte de la masa de votantes del adversario; pero tendrán que caer en cuenta que deseos no empreñan, así que habrá que ver si tras la derrota del domingo 28 demostrarán capacidad para ponerse a construir ese aparato que compita en convocatoria y adhesión con las fuerzas oficialistas. Esto no debería ser misión imposible teniendo en cuenta el saco de gatos que son tanto el MVR como el Polo Patriótico, pero viendo el terco empeño en poner la cómica de esta oposición a la medida de Su Majestad, solo cabe pensar que la curvita rabo ´e cochino del zurdo de Sabaneta seguirá siendo abanicada por largo rato por semejante hatajo de bateadores chimbos.


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