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A Escondidas
Para olvidarnos de este mes, al menos un poco, de ser resignados animales políticos, quisiera en este artículo invitar a los lectores a pasearse por las ocurrentes y festivas páginas de un libro de cuentos para niños. Los convoco a corretear por las amorosas venganzas de Gustabobo, en contra de un niño llamado Sebastián. Es que ese Sebastián no deja en paz a Gustabobo, pues, entre las tantas tropelías que le ha hecho, se cuenta que le llenó la cama de hormigas, que le echó sal y pimienta al chocolate, que le pegó (mientras dormía) un chicle en el cabello. Pero no contento con eso, le colocó los pies que le olían a queso en la cara (guácatele). Ahora, la peor de todas las maluqueras que le hizo Sebastián a Gustabobo, fue pintarle su gato de un verde horripilante. Entonces, no es para menos que Gustabobo apode a Sebastián como Malísimo. Viniendo este mote de un chiquillo, la narración sería una más a las que nos tienen acostumbrados los creadores de esta literatura, pero esta no es así, pues lo que hace grandioso el cuento de Malísimo es que Gustabobo no es un niño, sino que es... sino que es... Les dejo con las ganas de descubrirlo, ya que no quisiera privarles de ese gozo, sino continuar ahora urgiéndoles a responder la pregunta que se hacen todas las princesas de la tierra: ¿Cómo besar a un sapo? Tal vez, por el título, usted no quiera leerlo, tal vez usted alegue que no cree en Cuentos de Hadas, por ser ya toda una mujer hecha y derecha, profesional, ejecutiva, proactiva, globalizada y eficiente. Pero déjeme asegurarle que es lectura obligatoria, pues, con todas esos compromisos, seguramente tendrá muchos besos en reserva y lleva en su alma a una princesa con cuatrocientas dinastías de desconsuelo. Siga leyendo y húndase en la piel de ese pequeño que a lo mejor, en este instante, se lamenta con la frase A los niños nunca nos creen nada, mientras esconde debajo de su cama a un dragón de mirada gris, de diente único por donde sale el humo y de uñas largas en donde crece la hierba. Y, por último, lléguese a la orilla desorientada del recuerdo, recorra esa memoria perfumada de creyones, de plastilinas multicolores y cuadernos nuevos, y empiece a buscar a su Bascopé, el niñito aquel de quien estuvo secretamente enamorada. Todo esto hemos encontrado en el libro Cuentos para leer a escondidas, de la periodista y escritora Mireya Tabuas, quien, en un susurro amoroso de rocíos maternales, nos llevó inteligentemente, respetuosamente, cómplicemente, a repasar la siempre delicada geografía de nuestra infancia. |
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