Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Sobre la globalización

Néstor Francia

Del libro La estupidez ilustrada
Caracas, 5 de junio de 2001
La globalización en La BitBlioteca

La globalización es el fenómeno económico, social y cultural generado por la expansión mundial de los grandes monopolios económicos transnacionales, ligado a rápidos avances tecnológicos, sobre todo en las áreas del transporte, la informática y las telecomunicaciones, que ha tendido al establecimiento de un mundo donde las fronteras y circunstancias nacionales particulares están cada vez más inmersas dentro de la acción y el devenir de la humanidad planetaria. El fenómeno de la mundialización de la sociedad humana es inevitable, pero resulta que ese proceso se ha desatado en medio de una situación mundial crítica signada por graves desequilibrios causados por la manera en que el capitalismo internacional concibe esa globalización. Todo lo que ha sido la consuetudinaria actitud de los monopolios en las naciones, no hace sino reproducirse, como un hongo venenoso, en lo que podríamos llamar «la nación planetaria».

Así pues, vemos cómo la globalización, hasta ahora, no ha hecho sino ahondar las brechas entre países ricos y países pobres, y entre unos pocos, muy pocos, seres humanos ricos y una abrumadora, aterradora mayoría de seres humanos pobres, sobre todo en países ubicados en América Latina, África y Asia, precisamente los que más han sufrido la dominación colonial y neocolonial en los últimos siglos. Lo cierto es que mientras en Venezuela, por ejemplo, 8 de cada 10 ciudadanos viven en la pobreza, muchos de ellos en el límite de lo que se llama pobreza atroz, un centenar de corporaciones acaparan el 75% del comercio global, y cinco transnacionales (General Electric, Ford, Royal Dutch/Shell, General Motors y Exxon) ganaron 670.900 millones de dólares durante 1999. Cerca del 44% de ese capital no fue facturado en sus países de origen.

Lamentablemente, las extraordinarias posibilidades que la globalización puede ofrecer a la humanidad, están siendo acaparadas para su beneficio por factores políticos, económicos y culturales privilegiados de la sociedad capitalista, individualista, para seguir dividiendo a los hombres en seres riquísimos y seres pobrísimos, al tiempo que intentan generalizar una cultura decadente, excluyente, llena de atentados diversos contra la dignidad y los valores humanos más necesarios hacia la búsqueda del verdadero bienestar de los hombres.Es la globalización neoliberal que tanto defiende la intelectualidad burguesa contemporánea. Afortunadamente, ya se levantan importantes corrientes mundiales que no están dispuestas a aceptar pasivamente el secuestro de las actuales posibilidades de comunión humana por parte de un sistema social y cultural individualista que se siente fuerte, pero que en el fondo está condenado a muerte, como si fuera un musculoso fisioculturista que comienza a ser consumido por el cáncer.

Es otro mundo, el mundo de los 50.000 manifestantes que se reunieron el 30 de noviembre del 99 en Seattle para protestar contra la globalización monopolista, de las manifestaciones de enero de 2001 en Davos, Suiza, de las concentraciones del 16 y del 17 de abril frente a la Asamblea del Fondo Monetario Internacional en Washington. Es el mundo de los bloques regionales de naciones, que buscan hacer contrapeso contra la intención de establecer la hegemonía de una sola potencia en el planeta. Es el mundo de las luchas sur-norte, de la unidad de las naciones pequeñas y expoliadas para impedir ser aplastadas por el concepto de dominación que los monopolios pretenden imponer. Es parte del actual terremoto mundial que conducirá a la construcción de sociedades donde prive el interés colectivo, y donde las grandes potencialidades que viven en cada individuo se pongan, principalmente, al servicio de las colectividades, y no de minorías o individuos aislados.

Es parte del largo camino, seguramente de siglos, hacia la transformación cultural que echará finalmente por tierra el mito de que los hombres somos individualistas por naturaleza, y de que nuestra libertad individual es más importante y necesaria que nuestro compromiso colectivo. Y es precisamente en el ámbito cultural donde los intereses ocultos en la versión neoliberal de la globalización, se hacen más terribles por ser menos discernibles. En un excelente artículo publicado en Le Monde Diplomatique con la firma de Ignacio Ramonet, titulado sugestivamente «Un delicioso despotismo», el autor afirma que

    Se domina mejor si el dominado permanece inconsciente. Los colonizados y sus opresores saben que la relación de dominación no se basa únicamente en la supremacía de la fuerza. Pasado el tiempo de la conquista llega la hora del control de los espíritus. Por este motivo, para todos los imperios que desean permanecer, la apuesta a largo plazo estriba en domesticar las almas.

Refiriéndose a este afán de dominación cultural de los Estados Unidos y su cultura individualista, continúa Ramonet:

    En el plano geopolítico, Estados Unidos se encuentra ubicado en una situación de hegemonía, como ningún país ha conocido jamás. No solamente es la primera potencia nuclear y espacial, sino también marítima. Es el único Estado que posee una flota de guerra en cada uno de los océanos y en los principales mares del globo y que dispone de bases militares de reavituallamiento en todos los continentes.

Bien, suponemos que esto tranquiliza bastante a nuestros intelectuales burgueses que, no sabemos si por sinvergüenzura o por ignorancia, viven cantando loas a la globalización capitalista, en un armónico coro dirigido por gente del talante de Mario Vargas Llosa, este aristócrata que a menudo rumia su frustración política escribiendo artículos altaneros y dirigiendo dardos a diestra y siniestra contra los intereses de los latinoamericanos. Entre tanto, sus propios intereses parecen estar bien cuidados, por ahora, por las flotas de guerra norteamericanas dispersas en el mundo y dispuestas a bombardear los campos planetarios, o al menos a disuadir con la vitrina de su fuerza, allí donde esté amenazada la «democracia» de los monopolios.

Según Ramonet, el Pentágono dispone de unos 31 millardos de dólares únicamente a título de investigación militar, más de 6 veces el presupuesto de defensa de España. Sus fuerzas armadas, además, pueden identificar, seguir y oír todo en cualquier medio, en el aire, en la tierra o bajo el agua. Asimismo, los Estados Unidos cuentan con una vasta red de agencias de información y espionaje, con la Central Intelligence Agency (CIA), la National Security Agency (NSA), la National Reconnaissance Office (NRO), la Defense Intelligence Agency (DIA). Esta red emplea a más de 100.000 personas y sus espías están presentes todo el tiempo y por doquier, y no roban solamente secretos diplomáticos y militares, sino también industriales, tecnológicos o científicos. Y también mantiene la superpotencia del norte un peso decisivo en las instancias multilaterales como la ONU, el G-7, el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la OTAN y otras.

Pero por si fuera poco, los Estados Unidos se han asegurado también la dominación en el campo científico y succiona cada año a decenas de millares de cerebros del resto del mundo que acuden a sus universidades, laboratorios o empresas. Igualmente reinan en las finanzas. Su PIB representa casi 60 veces el de España, el 83% de las transacciones de divisas se hace en dólares. El poderío económico norteamericano intimida a todos los agentes de la esfera económica mundial y son comunes sus amenazas permanentes a otros países con restricciones económicas, bloqueos y sanciones. Sin más ni más, la globalización tal como se ha concebido hasta ahora transcurre bajo la égida totalitaria y autoritaria de una superpotencia y de un grupo de supercorporaciones monopolistas.

La globalización, tal como existe, es la vía para que se siga imponiendo un imperio sobre el resto del mundo, al que sólo le queda resistir de múltiples maneras para que este tiburón no se engulla finalmente a todos los peces. Ignacio Ramonet, al constatar que Estados Unidos es también la primera ciberpotencia, que domina las innovaciones tecnológicas, las industrias digitales, la Web, que posee los gigantes de la información (Microsoft, IBM, Intel) y los líderes de Internet (Yahoo!, Amazon, AOL), se hace una pregunta y él mismo se responde:

    ¿Por qué no suscita mayores críticas o resistencias una superioridad militar, diplomática, económica y tecnológica tan aplastante? Porque, además, Estados Unidos ejerce su hegemonía en el campo cultural e ideológico.

Y continúa, en tal sentido, el articulista francés:

    En innumerables campos, Estados Unidos se ha asegurado el control del vocabulario, de los conceptos y del sentido. Obliga a referirse a los problemas que crea con las palabras que él mismo propone. Suministra los códigos que permiten descifrar los enigmas que él mismo impone. Y dispone a estos efectos de una gran cantidad de instituciones de investigación y de «depósito de ideas» (think tanks), en los que colaboran miles de analistas y de expertos, que producen información sobre cuestiones jurídicas, sociales y económicas en una perspectiva favorable a las tesis neoliberales, a la globalización y a los medios de negocios. Sus trabajos, generosamente financiados, son mediatizados y difundidos a escala mundial.

Ramonet lanza una importantísima advertencia al mundo y desnuda el cuerpo tenebroso de la globalización imperial. Advierte, por ejemplo, que mientras los Estados Unidos no compra en el extranjero más que 1% de las películas que consume, inunda al mundo con producciones de Hollywood, telefilms, dibujos animados, videoclips, comics, para no hablar de los modelos vestimentarios, urbanísticos o culinarios:

    El templo, el lugar sagrado en el que se desarrolla el culto a los nuevos iconos es el mall, la galería comercial, catedral erigida a la mayor gloria de todos los consumos. En este lugar de fervor comprador se elabora una misma sensibilidad a través de todo el planeta, fabricada por logotipos, stars, canciones, ídolos, marcas, objetos, carteles, fiestas [...] Todo esto acompañado de una retórica seductora de la libertad de elección y de la autonomía de los consumidores, machacados por una publicidad obsesiva y omnipresente.

Por otra parte, otro gran mito quiere ser construido en medio de la adoración a la globalización capitalista: el mito de la «democracia de Internet». Nuevamente debo citar a Arráiz Lucca, quien en uno de sus artículos dominados por la obsesión antichavista, hace esta evaluación absolutamente superficial de la red (Internet):

    ...el emblema de esta nueva etapa histórica, de la que estamos viviendo su infancia, es la red. Y esta es, como espacio simbólico, un sitio naturalmente democrático. Su trama es la confluencia de millones de líneas que entran en contacto unas con otras y entran y salen de infinitos centros de distribución. Más aun, cada punto integrante de la red es un centro, y cada punto es un destino.

Hay dos evidentes falacias, o errores, que adornan este párrafo. La primera es aquella que afirma que la red es un espacio naturalmente democrático, confundiendo potencialidades con realidades. La otra es la que se refiere a una multiplicidad de centros. Esta segunda falsedad se sustenta en la primera: como Internet es por naturaleza un espacio democrático, pues cada terminal es un centro: yo sería, por ejemplo, desde mi limitado correo electrónico (ya que no poseo página Web) tan poderoso, tan «centro», como Yahoo!. Ahora bien, el asunto no solo estriba en el hecho de que los pocos usuarios de Internet no estamos incorporados a una distribución realmente democrática de la información por ese medio, sino que hay otras precisiones: por ejemplo, en 1999 más de una cuarta parte de los estadounidenses usó la red, mientras que en el sur de Asia lo hizo apenas el 1% de la población.

Tal como opinan con justeza Robert O. Keohane y Joseph S. Nye Jr. en Foreign Policy:

    La mayoría de las personas del mundo de hoy no tienen teléfonos; cientos de millones viven como campesinos en aldeas remotas, con apenas ligeras conexiones con los mercados mundiales o de flujo global de ideas. En realidad la globalización viene acompañada por brechas crecientes, en muchos aspectos, entre ricos y pobres. Esto no implica ni homogeneización ni equidad.

A decir verdad, de los 6.000 millones de habitantes del planeta, sólo 400 ó 500 millones disponen de Internet, es decir menos del 10%, y la inmensa mayoría de esos usuarios están ubicados en países del llamado primer mundo. Por otra parte, el 80% de los que tienen Internet pertenecen al sector socioeconómico medio y alto. Pero además vemos cómo el flujo fundamental de la información que circula en Internet es controlado una vez más por las corporaciones y portales de índole comercial, que dirigen sin duda ese tráfico, además de que igualmente intervienen aquí los laboratorios de información, contrainformación y generación de ideología que tienen su sede, principalmente, en los Estados Unidos. El investigador francés Dominique Walton opina:

    Todos dicen que Internet es un espacio de libertad. Que, gracias a ella, gracias a todo lo que podemos comunicar con ella, lograremos una especie de emancipación. Y, en realidad, la única lógica en Internet es la del comercio.

Pero veamos qué interesante para nuestro estudio resulta esta otra afirmación de Walton:

    Con Internet hay un cambio técnico evidente, pero el modelo cultural de comunicación en el que se inscribe existe desde el siglo XVI, y es el modelo individualista. Internet es simplemente un progreso de este modelo.

Esto me parece asaz importante, porque sale al paso a esas ideas que adjudican cualidades «naturales» a la Internet, como si esta fuera una especie de animal que apareció de repente, incontaminado, desde las profundidades de la tierra o desde las alturas del cielo. La Internet nace y se está desarrollando bajo el dominio de la cultura individualista, y tiene muy poco de «democrática». Lo que pasa es que una vez más nuestros pensadores burgueses adjudican a la democracia valores absolutamente formales, separados de las realidades humanas más llanas y contabilizables. Viven pensando en sus abstracciones más bien inhumanas, a veces por mezquindad, a veces por conservadurismo irremediable, a veces por crasa ignorancia.

La Internet es, obviamente, un gran avance tecnológico. No abrigo ninguna duda de que es y será de gran utilidad para la humanidad. Pero no será nunca una herramienta democrática mientras el mundo no acceda a una real democracia en todos los órdenes. La Internet no será democrática mientras la mayoría de los hombres esté sometida al yugo del hambre y de la ignorancia. No será democrática mientras no derrotemos, después de un largo proceso que tenemos todos por delante, que implicará a nuestros hijos, a nuestros nietos, a nuestros bisnietos, a nuestros tataranietos, mientras no derrotemos, digo, al capitalismo como sistema político y económico, y al individualismo como ideología y fundamento de la cultura. El proceso indetenible de unidad planetaria pasará, sin duda, por el tamiz de las grandes batallas que libra y librará la humanidad, con el norte que señalarán los liderazgos transformadores y los desposeídos, por un mundo colectivista y verdaderamente democrático.

 



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.