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Constitución activa «Extranjia», un extraño país Óscar Mago Bendahán 18 de enero de 2000 Cuando niño creía firmemente que los extranjeros venían de un país ideal llamado «Extranjia», de donde traían todo lo que era «la cátedra» (equivalente a chévere, en aquella época), es decir, importado, inclusive las fascinantes comiquitas que leía con fruición venían de allí, de la soñada «Extranjia». El día que me dijeron que ese sitio no existía, que los extranjeros venían de cualquier país del mundo, sufrí un trauma infantil del que todavía no me he recuperado. Algo así ha pasado con los venezolanos. El país de justicia, hermandad, confort y prosperidad, con casas bonitas y gran felicidad con el que legítimamente soñamos todos y por el que trabajamos muchísmos, pero que nos fue negado por la realidad de los pasados (y ya legendarios) cuarenta años, nos causó un terrible trauma. Ahora, para que nos repongamos, nos han regalado millones de bloques, tejas, sacos de cemento y de máquinas y muebles para construir el parque industrial, la infraestructura, y sobre todo, nuestras soñadas viviendas, y nos lo dejaron amontonados en algún rincón del sueño. Pero...¡oh, un pequeño detalle!, se les olvidó darnos también el terreno y no nos dieron dinero para comprarlo, ni nos enseñaron a pegar los bloques...¿Entonces, sobre qué bases vamos a construirlo? En ese aprieto utópico ya pusimos una vez a Bolivia, le regalamos un barco y se quedaron esperando que le diéramos el mar. ¿Será esto una venganza de Dios?, pensamos. Detestamos adoptar posiciones obedientes o extremas respecto a la Constitución. Preferimos la crítica constructiva. Hay que reconocer las grandes virtudes del texto que nos trae una promesa de equidad, de derechos humanos y de democracia participativa, una excelente estructura municipal, un buen sistema de justicia, una forma equilibrada y bastante confiable para la escogencia de personeros del Estado e inclusive, hasta un Defensor del Pueblo, pero...tenemos que bajar a la realidad y darnos cuenta de que ese país (¿la «Extranjia» venezolana?) no existe y que debemos pensar seriamente cómo construirla desde la nada. Ciertamente que cuando el pueblo lee el texto (al menos lo que puede entender, porque dada la redacción, no es mucho), se debe sentir confortado, pues la Constitución proyecta gran sentido de humanidad y de protección hacia todos, pero se nos oculta algo muy importante: que para lograr esa revolución colectiva tenemos que hacer primero una revolución individual, una transformación mental en nosotros, para obtener el material humano sensible, honesto, estudioso, concienzudo y justo que suponen cada una de las instituciones de la nueva Carta Magna. Aunque parezca mentira, encontrar ese material no tomaría mucho tiempo, porque si algo tiene el venezolano es inteligencia, talento, creatividad y maleabilidad para transformarse. Con un intenso plan formativo y de selección se lograría en un plazo moderado. Entonces, con esas personas sí podremos comprar el terrenito y contratar al albañil para construir la soñada Extranjia.
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) |
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