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El Cobre

Pablo Antillano
pabloa@viptel.com

Son de El Cobre. Decenas de muchachos que atienden en los comederos y en las barras de La Candelaria se han venido de El Cobre, un remoto valle situado entre los luminosos páramos tachirenses. A veces , los sábados, se les ve reunidos en Los Cuchilleros y entonces parecen una sociedad secreta, una colonia. Una tarde se contaron más de treinta , no todos eran mesoneros o barmen , había también taxistas, transportistas, trabajadores de distintos ramos. Se les conoce porque son apacibles y llevan en los ojos la calma del valle y el piedemonte.

No vayan a creer por eso que por aquellas hermosas colinas todo es crepúsculo, cultivo de fresa, pompón, azucenas y claveles. También han tenido sus catástrofes. Antonio Sánchez, el de la Tasca de Ouro, suele recitar un versito escolar que dice «El 27 de noviembre del año 42, quiso castigarnos Dios , con una enorme creciente…» y los otros creen rememorar un acontecimiento que nunca vieron, no tienen edad para haberlo visto. «Era como una tromba marina», dice uno de los más iluminados para referirse a una gran inundación que se produjo hace más de sesenta años en el Playón, en las faldas del páramo. Pasó que El Valle, uno de los mayores ríos de la región, se salió de su cauce debido a los fuertes aguaceros , de las montañas absorbió toneladas de barro amarillo y el torrente se llevó más de un pueblo.

Estos jóvenes, pues, habitados por la fantasía de un mar embravecido a 2.300 metros de altura entre los páramos de El Zumbador y La Ziscatera, se han estado viniendo a Caracas, y se han estado concentrando en La Candelaria. Han dejado atrás los cultivos de las flores y las hortalizas, al ajo, la cebolla ,el pimentón y la papa. La tierra se les encareció, y los materiales, y la vida se hizo difícil. ¿Conocemos esta historia?

En el Basque se mueven a sus anchas Orlando Sánchez, Mario Sánchez y Homero Pérez.. Al frente en el Guernica está Alfonso Sánchez. En la Tertulia está Eduardo Zambrano y Belarmino Contreras. En la Carabela está Fernando Sánchez. En el Akelarre estaba Maiquel Pernía, que acaba de regresar del Táchira y anda buscando trabajo nuevamente por esos lares. Su hermano Mauricio Pernía despacha en el Mesón de Asturias. En La Rampiña, frente al Banco Exterior está Marcelo Contreras. Y en la Tasca de Ouro, en gran Antonio Sánchez, que puede dar fe de estas notas. Y hay más muchos más. Todos del valle de El Cobre. Y estas son apenas dos manzanas de la parroquia Candelaria.

La migración tachirense

No es asunto de esta columna , nos ha dictado Sergio Dahbar, hablar de las cosas graves de la vida. Por eso no volveremos a recordar aquí las oleadas históricas de intelectuales, curas, notables, guerreros, gobernantes y militares que nos llegaron de aquellas tierras. Gente como el actual arzobispo de Maracaibo Monseñor Roa Pérez que se dice que nació en Benegara en el Valle de El Cobre, como el ex presidente Ramón J. Velásquez , nativo de San Juan de Colón, como el gran Pedro León Zapata que lleva a La Grita en los ademanes .Unos vienen de San Cristóbal, otros de Michelena o de Coloncito. Carlos Andrés Pérez y Tulio Hernández nos cayeron desde Rubio.

No. Esta columna quiere dar cuenta de una migración tachirense, más reciente ,menos grave y más pacífica, que se acomoda en las tabernas, tras las barras y entre manteles. Cuenta la leyenda que entre los primeros que llegaron de El Cobre puede contarse a William y Wilmer Mora que se ubicaron en el restaurante «El Atrio», de Pierina España, por allá por el centro. Después de invitar y formar en el oficio a muchos amigos y parientes de su tierra, se fueron «a los restaurantes del este». Entre otros entrenaron a Alexander Contreras, quien más tarde trabajó en la Tasca de Ouro.

Sostienen estos jóvenes que también La Estancia, en La Castellana, ha servido siempre de escuela a los inmigrantes del Táchira, y en especial a los seguidores del Bartolomé de Vargas, santo patrono de El Cobre. Hoy están por todas partes .Como José Adán Contreras que está en «EL mundo del pollo» y José Contreras de «El Limón», ambos en Parque Central. Andrés Contreras está en el Hato Grill de la Avenida La Salle. Óscar Zambrano y Bramiro Zambrano están en La Atarraya, en la Plaza El Venezolano. Son incontables.

Mantienen una suerte de comunidad. Se reúnen y se apoyan mutuamente. Suelen ir una o dos veces al año a su tierra. Se casan con lindas muchachas de allá, de La Grita, de Palmira, de Táriba. Poco a poco han ido labrando una sólida reputación de gente hábil, muy trabajadora y honrada. Los dueños de las tabernas y los restaurantes, en su mayoría españoles o portugueses, no dudan en entregarles las llaves, las cajas y la clientela de sus negocios.

Es una nueva fuerza de la ciudad amable. Gente de El Cobre. No se la pierdan.

     


Pablo Antillano en La BitBlioteca



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