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Sección: Bitblioteca
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La nave Se requirió un equipo de dieciocho hombres y tres camiones para transportar la nave, las herramientas y los instrumentos de medición hasta el túnel de viento natural que se desata sobre el Istmo de los Médanos, ese cuello arenoso que une a Paraguaná con el continente. Las operaciones fueron siempre nocturnas, secretas y sigilosas. Los viajes desde Maracaibo se desarrollaban en silencio mientras una inquietud obsesiva ocupaba todo el pensamiento de la expedición: ¿volará? El primer viaje trajo a cinco ingenieros civiles, dos físicos y siete obreros que se dedicaron a levantar un grupo de carpas oscuras bajo la bóveda estrellada que recubre las dunas. El trabajo fue arduo debido al frío y a la metralla arenosa que impulsan los vientos de más de 100 kilómetros por hora . En el interior de las carpas colocaron sacos de dormir, artefactos diversos y una radio, afuera una planta eléctrica de combustible económico, instrumentos de excavación, sacos de cemento, cabillas, y una cantidad indescriptible de cadenas. El campamento fue rodeado de astas, medias eólicas como las de los aeropuertos y medidores de viento con aspas en forma de cuchara, cuyos brazos comenzaron a girar en una fiesta de vértigo. Antes de que la aurora encegueciera del todo a las estrellas, los hombres ocultaron casi todo bajo la arena para que los viajeros eventuales no se interesaran en el campamento. Esa mañana, con otros dos periodistas, Oscar Hernández y Nabor Zambrano, fuimos a desayunar en La Vela y a escuchar los delirios del jefe de la expedición . Volvemos a este relato a solicitud de un lector , quien nos preguntó por correo si el platillo volador de Ibrahim López *, al que nos referimos en otras ediciones de esta columna, era un invento nuestro o, apenas, una leyenda. López sostenía que «es muy posible hoy y altamente deseable la creación de una nave única de planta circular y hecha de cúpulas de gran rigidez y poco peso que sirva de fuselaje, rodeada de elementos alares concentrados en la periferia del fuselaje, que den a ella la conducta de un trompo o giróscopo estable y que sea al mismo tiempo un submarino, una nave oceánica de superficie, un avión y un helicóptero óptimos.» La naturaleza de los trompos Esa noche, amparados por la sombra y el olor del salitre, los hombres reemprendieron el trabajo. Marcaron en la arena un círculo de dieciocho metros de diámetro y cavaron siete huecos profundos, seis en el perímetro y uno en el centro. Colocaron en ellos pilotes de cemento reforzado y en sus superficie ataron las cadenas. Los científicos por su parte se regocijaron con las mediciones. La naturaleza les ofrecía un túnel de viento para sus mediciones de aerodinámica que las universidades y la industria no poseen en Venezuela. Los experimentos anteriores habían sido realizado con modelos de escala muy pequeña en el pequeño túnel aerodinámico del laboratorio de estructuras y materiales de la Universidad del Zulia, y se intentó una prueba en la UCV en un tubo que apenas tenía dos metros y producía un flujo máximo de 10 metros por segundo. Ahora en los Médanos podrían medir los efectos del viento sobre la superficie de las cúpulas de su nave y estudiarían la posibilidad de producir electricidad con la energía eólica. Razones para el regocijo. «En la naturalezadecía Lópeztodo está hecho básicamente con trompos. El electrón es un minúsculo trompo que gira en torno a un eje, mientras realiza su «vuelo orbital» alrededor de un núcleo. Gira la luna sobre sí misma al desplazarse alrededor de la Tierra y ésta lo hace al girar alrededor del Sol.» Y tras su larga y erudita disertación sobre la naturaleza de los trompos y los giróscopos, nuestro ingeniero lamentaba que el hombre había copiado al ave y al pez cuando diseñó sus naves aéreas o submarinas. Nos hizo ver que el avión requiere gran cantidad de gasolina y energía para contrarrestar la fuerza de gravedad y levantar sus enormes alas y desproporcionado fuselaje. Y que el submarino, como el pez, requiere de lastre, y no puede desplazarse hacia los lados ni hacia atrás. López identifica en la naturaleza otros modelos más versátiles como naves: los astros, las tortugas y las esporas, y se adhiere a la inspiración de Leonardo Da Vinci y de Juan de la Cierva (inventor del helicóptero) que prefieren el concepto de las aspas giratorias que producen tracción hacia arriba y que dan más flexibilidad a la movilidad del fuselaje. De que vuelan vuelan La tercera noche fue de inquietante expectativa. Había más olas y las estrellas se multiplicaron como en una fiesta de fin de año. Mar por el este y por el oeste, arena por todos lados que ocultaba la serpiente de asfalto por la que a lo lejos vimos llegar el camión con la nave. Dieciocho hombres pero solo 35 brazos ayudaron a bajar el hermoso aparato. Erick, el físico de padres argentinos, había perdido uno de los suyos en un episodio por el que nunca preguntamos. Tenía 12 metros de diámetro y una majestuosa cúpula superior con un radio de 10 metros. La de abajo medía algo mas de 20 metros. En torno a ellas se desplazaban un anillo de tubos circulares, uno más grueso que el otro y a unos 50 centímetros de distancia. Entre ellos, colocados perpendicularmente, una docena de alas, unos platos o voladizos, dispuestos a girar en torno a la cúpula a una velocidad insospechada para nosotros. Colocada en el centro del círculo, la nave fue atada a las siete cadenas, como si se tratara de un indomable espíritu salvaje. El poderoso motor eléctrico que daría vida a los anillos giratorios fue cuidadosamente rechequeado, encendido y apagado una y otra vez. Los periodistas y los obreros nos retiramos un poco y dejamos que Ibrahim oficiara su ceremonia en el lenguaje místico de los científicos: el perfil aerodinámico, la sustentación, el arrastre, la distribución de presiones, las fórmulas, el ángulo de ataque, la capa límite del fluido, las revoluciones, la capacidad rotatoria. Esperamos pacientemente a que el viento, cerca del alba, alcanzara la furia esperada. Y fue entonces cuando vimos temblar aquel animal alado, vimos girar su anillo enloquecido mientras las cúpulas se levantaron del suelo como si hubiesen estado esperando largo tiempo por este aliento de vida. Las cadenas se estremecieron y sus puntas comenzaron a alejarse de la arena arrastradas hacia el cielo por este demonio mecánico. Las cadenas se tensaron para impedir que el viento se llevara la nave hacia las estrellas y la euforia nos tumbó en la arena. Allí permanecimos disfrutando este sueño hipnótico, mirando hacia el cielo, viajando hacia Marte y hacia Venus. *Si alguien quiere ver los diagramas de esta nave, sus hipótesis y fórmulas, las encontrará en el libro que nos dejó Ibrahim López bajo el título «Sobre trompos, cúpulas y Vuelos» editado en Madrid por la Editorial Mediterráneo Fue jefe del Departamento de Estructuras en la UCV y Director del Departamento de Materiales en LUZ. Publico libros científicos en Venezuela y el Exterior. Experto en Estructuras Membranales.
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