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 Caracas, Viernes, 25 de mayo de 2012
 

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Volverán

En el mercado popular de la Plaza Baralt, entre la mercancía y el ruido gaitero, vendedores y compradores hablan todo el tiempo del triunfo chavista. Como ocurrió con el terremoto de Caracas la gente cuenta y pregunta dónde estaba cuando ocurrió el estremecimiento. ¿Dónde votaste, cómo votaste, dónde y cómo celebraste, qué ocurrió, qué va a pasar, qué te parece?. El populacho está lleno de expectativas y se celebra a si mismo.

Desde Maracaibo la vida no se ve como se ve desde Caracas . Allá, por ejemplo, prácticamente no se conoce la llovizna. Toda el agua que cae desde el cielo viene animada por la reciedumbre, gotas enormes y veloces que llenan todo el espacio. Bajan bailando al ritmo de truenos y relámpagos furiosos .Se forma una especie de bloque cristalino que la mirada apenas atraviesa. Y así es toda la naturaleza de la región.

Mientras secaba el piso con haraganes y lampazos, mientras colgaba millones de ganchos de mercancía barata, juguetes, tobos y ventiladores, durante los primeros dias de esta semana, la gente celebró la dramática ausencia de los políticos en la televisión, en la radio y en los periódicos. ¿Dónde se habrán metido?, se preguntaban casi cantando. Y se respondían: «Esos se metieron solitos en el caldero del piragüero», «ya deben ir por Maicao», respondían otros. A pesar de la alegría, en algunos se sentía una cierta nostalgia, o culpilla , sentimientos genuinos en los grandes cambios.

Pero ya desde el miércoles, cuando reaparecieron las conocidas caras del liderazgo vencido, desapareció todo vestigio de remordimiento…En el menú del espectáculo unos «renuncian», otros claman por la refundación o le dan poca importancia a lo ocurrido, mientras que los que no se insultan comienzan a hacerse los simpáticos en la pantalla. Entonces los vendedores descamisados, las guajiras con sus talones iluminados, los buhoneros, las señoras que venden tequeñones y bollos , los vendedores de manzanas, de peras y duraznos de Washington, los compradores de flores de plástico, las dependientas de la Casa Japonesa, los miles de compradores que han madrugado en el mercado se sienten tranquilos y justificados en su voto terremoto.

Los parlamentarios regionales

El templo de San Francisco, en uno de los extremos de la plaza, luce empobrecido. El confesionario tallado carece de reclinatorio y parece no haber sido utilizado durante años. Pegados con cinta transparente, los papeles de la entrada piden colaboración para comprar nuevos ventiladores y recuerdan los económico servicios del Consultorio Clínico José Gregorio Hernández. Allí nos citamos con un veterano periodista maracucho, adeco, que mastica un cierto resentimiento.

El Congreso, nos explica, no expresa a cabalidad a la descentralización. A pesar de que los senadores y diputados son electos con los votos de los estados y dicen representarlos, la mayoría de ellos son los conocidos «dirigentes nacionales» que imponen los cogollos. Encabezan las listas regionales y ocupan los puestos salidores en detrimento de los líderes que sí viven en las regiones, que conocen de cerca sus problemas y que están cerca de la militancia.

Algo similar ocurre con los gobernadores, que son los verdaderos líderes de los partidos, pero que no forman parte de sus organismos de dirección y de diseño de políticas. Los dirigentes nacionales , las burocracias centralistas, —dice— están destinados a desaparecer, y a ser sustituidas por dirigentes con seguidores. Esa es la primera reforma seria que deben emprender los partidos nuevos y viejos si quieren coexistir en el futuro. La convocatoria de la Constituyente debería tener ésto en cuenta.

Cuando escampa en Maracaibo la cosa se pone aun más seria. Ahora es una masa de luz que enceguece lo que habita el paisaje recién lavado. Antes de que el sol imponga su majestad, el cielo permanece encapotado largo rato, como esperando el regreso de sus aguas. De la tierra comienza a elevarse un vapor incendiado que forma paredes de espejismos. Es sin duda un sitio de alucinación.

Ley contra la corrupción

A pesar de que la Plaza Baralt está poblada de amables fachadas , romanillas y balcones, sus edificios demandan un poco más de mantenimiento. El edificio de las cariátides , columnas y capiteles de estilo neoclásico donde una vez estuvo La Económica expresa tristeza y abandono. Sin embargo está rodeado de edificaciones emblemáticas como la Casa Tito Abbo, el Hotel Victoria y hasta el horripilante cubo de Fin de Siglo. Pero el sello de la energía cultural de la ciudad y de su moderno espíritu urbanístico se lo da el viejo edificio del mercado, hoy convertido en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez.

Su interior es un prodigio de flexibilidad e imaginación, escenarios y butacas móviles y varias salas de exposiciones. En una de ellas se exhiben maquetas y fotografías que cuentan la historia del edificio y la plaza. Pueden verse allí una curiosas fotos de 1910 cuando una multitud de ciudadanos con pajillas y sombreros contempla la elevación de un inmenso globo aerostático con fines publicitarios. La secuencia nos muestra luego al inmenso zepelin desplomándose sobre los atónitos espectadores.

Algo así podría ocurrirle a la ilusión de cambio si no se diseña una ley inflexible que impida la corrupción, nos dijeron unos economistas zulianos que nos acompañaron a la exposición. Hay que diseñar una ley que impida a los parlamentarios y a los ejecutivos del poder público reunirse en privado con empresarios, contratistas y licitadores. Todos los contactos , incluso los telefónicos, deberían ser públicos, registrados en libros de control y supervisados diariamente.

La ley debería incluir un equipo especial del SENIAT que se dedique exclusivamente al seguimiento del patrimonio del pequeño grupo de parlamentarios y altos funcionarios, así como las contribuciones a las personalidades y a los partidos. La autoregulación y la moral requieren del auxilio de la vigilancia legal hasta en los países desarrollados. De otra manera veremos a los viejos y nuevos parlamentarios solicitando dinero para montar oficinas, solicitando comisiones para agilizar trámites, saboteando licitaciones, recibiendo regalos y metiendo las manos en el tesoro público.

Ideas como éstas llueven torrencialmente en Maracaibo al calor de la celebración y las expectativas de cambio. Si no las toman en cuenta volverán los demonios de siempre. Volverán.

 


Pablo Antillano en La BitBlioteca


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