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A partir de uno

El segundo bebé de 2000

Roberto Malaver
romal@facilnet.com

El Nacional, viernes 7 de enero de 2000

Acabo de sumar otro fracaso a mi larga carrera de infortunios. Y va de cuento: A principios de abril de 1999 me presté para ayudar a Octavia Montiel a tener el bebé de 2000. Ella estaba feliz porque quería ganarse todos los premios que ese bebé iba a recibir, y para esa ardua y profunda tarea contaba conmigo. Tenía todo controlado. La fecha no podía fallar, incluso los periódicos del mundo estaban anunciándola: hasta el 9 de abril había chance para tener el primer bebé de 2000. Yo lo pensé mucho, pero al final decidí participar.

Y a las 12 y 5 del primero de enero del siglo XX y XXI —para no caer en polémicas— recibí una llamada:

—¿Roberto?

—Sí.

—Soy Octavia, Roberto. Te llamo por lo del bebé.

—¿El bebé de quién? —ahí me puse muy nervioso y hablé bajito; a pesar de eso, mi esposa se acercó, y yo, con un pequeño gesto y bajando la voz, le dije: "nada sin importancia, mi amor, un feliz año".

—Te acuerdas que te fui a buscar al trabajo para tener el bebé del 2000 y a los veinte minutos te volví a llevar.

—¡Claro! Pero no fue a los veinte minutos, fue a las dos horas. Y ¿qué pasó?

—Perdimos, Roberto, me acaban de informar aquí en la clínica, que la primera bebé fue una tal Juleisi, y que nuestra Octavia Roberta es la segunda de 2000 que acaba de nacer aquí, en Caracas.

—Te lo dije, Octavia, yo siempre he sido un segundón. ¿Y ahora?

—No te preocupes, yo me encargo de ella, tú no sirves para más nada, lo que tenías que hacer ya lo hiciste.

—Gracias, Octavia, tú siempre tan sincera.

En ese momento escuché un gritó de mi suegra que competía fieramente con los cohetes, tiros y triquitraques que tiraban los vecinos:

—¡Suelten ese teléfono que ya tienen dos siglos pegados ahí!

Allí intervino mi esposa:

—Pero mamá, deja en paz a Malaver, que es año nuevo. Y ojalá se quede aquí otro año.

—Tiene tanto rato pegado a ese teléfono, que parece que está escuchando a Chávez.

Ante el nombre del Presidente supe lo que me podía venir encima y entonces le dije a Octavia:

—Dime dónde estás y voy corriendo a ver a mi nuevo fracaso.

Me dio la dirección y la anoté mentalmente —para no levantar sospechas.

Después recordé que incluso había escrito una crónica ese día de abril cuando salí con Octavia rumbo al bebé de 2000. Los lectores que me siguen —son pocos, yo lo sé porque me devuelvo y los veo— pueden verificarlo en este diario.

Inventé que un amigo estaba hospitalizado y quería verme, y que incluso me dijo que si llegaba muy tarde podría encontrar la cama vacía.

Eso conmovió a mi suegra —para conmover a una persona que pesa 180 kilos, hay que tener mucha labia—, y con una frase me envió a visitar a mi amigo.

—Que se vaya de una vez... a visitar a su amigo.

Llegué hasta la clínica y allí estaba Octavia abrazada a su hija.

—Feliz 2000, Octavias —con una sola frase maté dos Octavias de un solo tiro.

—Mírala por última vez, Roberto, y gracias, porque ya me voy.

Llegó un chofer, cargó la cuna con la niña, y Octavia caminó hacia el carro. Les di un beso a las dos, y estuve a punto de darle uno al chofer de feliz año, pero me contuve, y viendo a las Octavias dentro del taxi y saludando, les grité:

—No me olviden, Octavias, cuando quieran fracasar, llámenme.

PD: El 5 de enero, Jesús Rosas Marcano cumplió 70 años, él es un Rey Mago que le llevaba la risa al Niño Jesús y no llegó a tiempo para quedarse compartiéndola con nosotros. Felicitaciones, poeta.


Roberto Malaver en La BitBlioteca



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