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Ven a mi casa esta Navidad, Canache

El Nacional, viernes 26 de noviembre de 1999

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Renunció Canache Mata a la presidencia del partido Acción Democrática —AD—. Y no ha pasado nada. No salió la noticia en el Washington Post. En El País de España. En La Repubblica. En le Monde. En el New York Times. En El Tiempo de Colombia. Definitivamente, la cosa no es como antes. El partido que ayer nomás decía lo que le daba la gana y se le escuchaba en todas partes, ahora no es nada. Y lo peor se lo digo al final de esta nota.

Pero yo, que soy un fanático de los artículos de opinión de Canache,tengo que decirles que lo mejor que hasta ahora ha escrito este hombre es su carta de renuncia. Y la voy a copiar. Mis comentarios van entre paréntesis y la prosa de Canache marcha fluida por todo el texto.

Dice Canache: La semana pasada, en carta dirigida al CEN, expresé mi sorpresa por el hecho inaudito de que hubiera viajado una delegación del partido al congreso de la Internacional en París, ignorándose mi participación.

(Eso no se le hace a nadie, y menos al presidente del partido, tiene razón, Canache). Tenía derecho pleno a estar presente en ese congreso, no solo por ser el presidente de Acción Democrática, (eso es suficiente para estar presente donde a uno le dé la gana) sino como vicepresidente de la Internacional Socialista y miembro del presidium (ah, pero también usted ocupa todos esos cargos, entonces ahora le sobra razón), posiciones que ocupé en sustitución del fallecido compañero Pedro París Montesinos.

El miércoles de esta semana comprendí las razones de ese viaje subrepticio cuando el CEN no fue informado oficialmente de la designación del compañero Timoteo Zambrano, secretario general encargado del partido (caramba, qué manera de darle un canachazo, compañero, y además, cómo su protegido le va a echar esa vaina). He sido objeto de una alevosa maniobra de destitución. O, para decirlo de otra manera, de una emboscada o golpe de mano (así está mucho mejor, Canache, las cosas bien claras, que el partido ya no es lo que era), ni siquiera golpe de Estado, iniciado en Caracas y completado en París. (Pero eso viste mucho, doctor, Canache, eso de que a uno le monten una emboscada en Caracas y la terminen en París, me parece del carajo). En todo caso, que sea la militancia de Acción Democrática en toda Venezuela la que juzgue y haga la valoración de lo que ha pasado. (Pero si esa gente no aparece por ninguna parte, doctor Canache, cómo la buscamos, si ya no tenemos casas en ningún estado, porque tampoco hay real para pagar las mensualidades).

Mi dignidad personal y, más aún, la dignidad de la propia Presidencia de Acción Democrática (lo más importante es su dignidad, doctor, la del partido ya no lo importa a nadie, mucho menos después que pusieron presidente a ese personaje que he dejado para el final) me obligan a renunciar al alto cargo con el que me había honrado el partido. De no hacerlo estaría aceptando una intolerable y artera humillación. (De acuerdo, ya a su edad, doctor Canache, usted no está para ser humillado, con esa vaina que le echaron en diciembre que lo pusieron a apoyar a Henrique Salas Römer, ya con eso es suficiente).

Siempre a lo largo de toda mi vida, he luchado por la unidad y la grandeza de Acción Democrática. (Creo que ahora con esto que le hicieron, doctor Canache, usted ha arado en el mar). Hasta el último de mis días ese seguirá siendo mi invariable empeño. (Es bueno que vaya dejando ese empeño, doctor. Yo que usted, me paro en la plaza Bolívar, así me caguen las palomas, y llamo a votar por el sí).

Me voy de la presidencia de Acción Democrática con las manos limpias y el corazón tranquilo, (eso está bueno, para que sepan todos que los adecos sí tienen corazón y que también mueren de infarto) sin que como consecuencia del trato y relaciones con mis compañeros, después mi conciencia (también tienen conciencia los adecos, doctor Canache, y yo que creía que no había chulinga, y ahora es que hay compay, aquí en la Arestinga) se sienta perseguida y ahogada por las sombras de la deslealtad *.

Y ahora, David Morales Bello es el presidente. Dios mío, qué manera de ofenderlo, doctor. Venga a mi casa esta Navidad, Canache..

* El Nacional 13 de noviembre de 1999, cuerpo D, página D-9


Roberto Malaver en La BitBlioteca


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