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Todos somos corruptos

Roberto Hernández Montoya

Caracas, marzo de 2007

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Caracas, Asamblea Nacional, martes 13 de marzo de 2007
(foto Tulio Monsalve)

La Revolución Bolivariana enfrenta ahora su máxima oposición: la corrupción. La oposición venezolana, dirigida por un individuo como George W. Bush, con un cociente intelectual por debajo de 100, no es desafío para nadie porque es tan inteligente como Manuel Rosales, su franquiciado venezolano. Solo hay que temer el magnicidio, el recurso que les queda después de malbaratar los otros.

Igual cociente intelectual deben tener los corruptos. Porque ¿qué mueve a alguien a corromperse? Una idea de su cociente intelectual es lo que suelen hacer los corruptos con su botín: dilapidarlo en Miami, el lugar más brutal del mundo hispano. O en el centro comercial, en whisky 18 años y en camionetas Hummer. Porque el corrupto no roba para sí, sino para ti, para que le veas el Rolex y la novia de silicona.

Eso explica por qué a uno no le ofrecen ese tipo de negociados, porque no lo ven ostentando nada. Ponte un traje de cierta marca y anda en cierto tipo de automóvil y convocarás ciertas insinuaciones.

Según la metáfora biológica, un cuerpo se corrompe cuando muere y, sin sistema inmunológico, deviene comilona de otras especies vegetales, bacterias o animales carroñeros.

Detengámonos en su dejar de ser lo que era. Corrupción es violación del principio ontológico de persistencia del ser en lo que es. Así, una institución que pierde su naturaleza no cumple con sus objetivos y sus miembros no corruptos tenderán a cumplir con lo mínimo indispensable para conservar el puesto o se van a una entidad íntegra, a la primera oportunidad. Si a los corruptos los premian con impunidad y ascensos, los demás funcionarios tenderán a seguir el ejemplo y otros se desmoralizarán.

Hay un dispositivo social perverso que funciona en toda sociedad compleja, especialmente después de la Revolución Neolítica, con las megamáquinas: el enfrentamiento desigual entre el individuo y el aparato social. Puede suceder que tengas decoro personal, qué bueno, pero ¿qué harías en el siguiente caso hipotético?:

Te nombran Ministro del Poder Popular Para Asuntos Sin Importancia, ponle. Manejas cuentas bancarias de millardos. Alguien te presenta esta oferta: 2% del depósito o matarte a ti o a un miembro de tu familia. «Tus hijos estudian en el colegio Tal y tu cónyuge trabaja en tal institución, calle Fulana, número cual. Tu cónyuge retira a los críos a las 4:41 p.m. pero ayer los recogió a las 4:48 porque hubo mucha cola». Si 1) eres héroe o heroína rechazarás la coima del 2% y por tanto enfrentarás la intimidación, exponiendo a tus niños. O bien no aguantas la presión, porque las leyes no deben esperar que todo el mundo sea héroe, esos seres terribles y no siempre bondadosos, y por tanto 2) aceptas el 2% (subraya tu opción). Sartre decía que cuando torturaban a alguien lo deshumanizaban, pues si delataba a sus compañeros se volvía traidor, si no, se volvía héroe. En ambos casos lo deshumanizaban.

Un ingeniero de Cadafe me contó hace años que lo encargaron de decidir por dónde pasaban los tendidos eléctricos. Hombre recto, tomaba las decisiones según criterios técnicos. Varios hacendados le ofrecieron dinero que él no aceptó. De todos modos en su cuenta bancaria le aparecían depósitos en efectivo y no podía denunciar a nadie porque no tenía en la mano los pelos de la burra para demostrar de qué color era. Una mañana un concesionario le envió de regalo un lujoso automóvil. Lo rechazó y al llegar a la oficina renunció.

—Hubiera tenido que cambiar mi vida —me explicó—, arruinar mis relaciones familiares y personales, contratar nuevos amigos, arrasar mis valores y adoptar otros. Es un precio demasiado alto.

No todos piensan así, pues los hay más rutinarios que aceptan el 2% y el BMW. Allá ellos. Lo malo es que son muchos, aunque no mayoría. Finalmente la sociedad funciona porque hay una mayoría que no se corrompe. Aunque generalmente las respuestas no son tan inclementes y hay unas áreas borrosas en que se revuelven honradez y deshonra.

¿Cómo exigir decoro personal a la parte más débil? Porque un individuo es sumamente frágil ante un aparato armado para la corrupción y que cuenta con el monopolio de la violencia, como todo Estado. Tulio Monsalve ha dicho que el Estado venezolano no es ineficiente. Al contrario, dice, es eficientísimo, pues ha cumplido aquello para lo que fue diseñado: enriquecer inmundamente a una élite y reprimir cualquier rebeldía contra ese abuso. Ante un Estado así ¿qué puede hacer el individuo aislado? Unirse en las fórmulas del poder popular que están apareciendo en la Gaceta Oficial.

El problema es cómo sacarlas de la Gaceta para que entren al torrente social. Y que una vez allí no se corrompan también. Esas cosas solo se consolidan en varias generaciones.

¿Cuánto tiempo tomó al capitalismo consolidarse? España, que lo creó en la Plaza España de Santo Domingo, tuvo dificultades para instaurarlo. Sus raíces feudales eran demasiado poderosas y se negaban a debilitarse ente el avance arrollador del capital. Pero no lo suficientemente arrollador como para arrollar del todo al feudalismo. Por ejemplo, tenía serias dificultades para las finanzas y la manufactura. Por eso no fue capaz de la acumulación primitiva propia de la construcción del capitalismo, pues el oro extraído de América iba a parar a otras naciones de Europa. Estas, que sí acumulaban, llegaron primero a la Revolución Industrial. El capitalismo aún hoy padece dificultades en su instauración, como en Venezuela, país más feudal que capitalista.

Así, no hay que desesperar con la formación y asentamiento del socialismo. Tendrá que convivir durante un tiempo indeterminado con el capitalismo, así como el capitalismo aún coexiste con el feudalismo. Son procesos dialécticos de cierta complejidad pero no difíciles de entender.

Y entre los procesos que tenemos que entender es que la corrupción es congruente con el capitalismo y no con el socialismo. Es más, la corrupción es una de las formas prácticas de negación del socialismo. La corrupción es un atajo hacia la riqueza personal, que es el principal propósito del individuo en el capitalismo. Un corrupto es, pues, un enemigo objetivo y radical del socialismo, entendido este como un proceso hacia la igualdad de derechos de todos los individuos.

La corrupción es un proceso propiamente perverso, entendiendo por perverso un desarrollo por el cual todo tiende a envilecerse, incluyendo los medios destinados a combatirlo, como la denuncia, la administración de justicia, etc. En Venezuela la denuncia suele encubrir un «quítate tú pa ponerme yo» hasta el punto de que es difícil y a menudo imposible distinguir la denuncia genuina de la denuncia perversa.

¿Qué hacer?

El único modo es dar el poder al pueblo para que lo ejerza lo más directamente posible, para que la corrupción no se ampare en el principio de autoridad inherente a las sociedades complejas. La corrupción se entroniza cuando se sacraliza el principio de la representación del poder popular. Se crea entonces un conjunto de individuos que se encargan de administrar todo proceso social. En esa mediación —yo decido quién hace y por dónde pasa la carretera; yo dispongo quién siembra y dónde, etc.— produce una situación en la cual mi voluntad personal pretende representar la voluntad colectiva. Todo va bien mientras el representante no se desvía del interés y la voluntad generales. Pero el representante es frágil, se equivoca, se confunde, se enferma, se vuelve loco y sobre todo se corrompe. El interés y la voluntad colectivos no pueden ni deben confiar indefinidamente en la voluntad de un solo individuo y ni siquiera en un grupo delegado, pues no siempre coinciden. Es más, hay intereses propios del capitalismo que pueden influir o presionar al representante porque son más poderosos que él. Es el soborno, el cohecho, el unto o la extorsión al funcionario para que favorezca ciertos intereses. Se desarrolla entonces una subasta en que el mejor postor, es decir el sector más poderoso en dinero y violencia prevalece sobre los demás.

Dar poder al pueblo se dice fácil pero se hace difícil. Porque en primer lugar la palabra pueblo se ha convertido en un término sobrecargado. Cada día significa más cosas, hasta el punto de que cada vez sabemos menos qué quiere decir quien usa la palabra pueblo. Es menos vago el término comunidad y por eso hablamos del poder comunal. Entendemos por poder la capacidad que tiene un individuo o conjunto de individuos para imponer algo a otro o a otros individuos.

Así, la instauración de los consejos comunales pasará por muy diversos tipos de manipulación, del poder constituido, de partidos políticos, de líderes, de personas con prestigio o con habilidades para la manipulación y la demagogia.

Es un proceso difícil, pero tiene una ventaja: está en tus manos.


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