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Sección: Bitblioteca
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Estudiar para político Letras, 20 al 26 de agosto de 1998
A los anglosajones siempre ha intrigado la vocación política de las universidades latinoamericanas. Igual les extraña la de los intelectuales. A nadie sorprende en América Latina que Rómulo Gallegos fuese presidente de Venezuela o que Mario Vargas Llosa optara por la presidencia del Perú. Ni es insólito que José Félix Ribas ganase una batalla con estudiantes, o que fuesen estudiantes los que se burlasen del dictador Antonio Guzmán Blanco. O que muriesen haciendo carreteras prisioneros de otro como Juan Vicente Gómez. O que estuviesen en la vanguardia del derrocamiento de autarcas como Marcos Pérez Jiménez y Fulgencio Batista, por nombrar solo dos. En los Estados Unidos hubo un pasajero episodio de estudiantes políticos durante la Guerra del Vietnam, cuando cuatro de ellos fueron asesinados en una manifestación en la Kent State University. Eso que tanto sacudió entonces es cotidiano en la América Latina, como durante el primer período constitucional de Rafael Caldera en que murieron así cuarenta estudiantes. En este período no ha muerto ninguno. La gente cambia. A finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970 hubo politización no solo en los Estados Unidos sino en Francia, Italia y España, para no hablar de la «Gran Revolución Cultural Proletaria» en la China de Mao Zedong. En Francia se habló en Mayo del 1968 de «la latinoamericanización de las universidades». La Universidad de Vincennes era lo más parecido al ambiente de la Universidad Central de Venezuela en los años de la Renovación en 1969, con grafitti, pancartas, estudiantes vendiendo baratijas en los pasillos y los empleados tuteándote, cosa tan insólita en Francia que solo ocurre en revolución, cuando lo extraordinario se hace tan cotidiano que desaparece el «usted» de rigueur en Francia. Salvo los que se han formado en los cuarteles, todos los políticos venezolanos, o casi, han salido de las universidades a no ser por los resultados, Platón hubiese estado encantado de ver a su gremio en el poder. La llamada Generación del 28 fue un fenómeno universitario, cuando unos cuantos jóvenes se enfrentaron a una dictadura feroz, la de Juan Vicente Gómez. Fidel Castro aprendió política en la Universidad de La Habana, donde los desacuerdos se dirimían a balazos. Claro, hay una distancia entre Fidel y un encapuchado, pero es el signo de los tiempos. Irene Sáez descubrió que para egresar de los concursos de belleza e ingresar en la política había que pasar por la UCV. Por eso todos los políticos son «doctores». En Venezuela no creemos en duques, como los ingleses, pero sí en «doctores», que tienen rango nobiliario. Me contaba mi papá que un día en que andaba de campaña electoral con Rómulo Gallegos sí, fue adeco mi papá, hasta que murió, el año pasado por esta época una viejecita lo abrazó, accidente común en esas campañas, y le dijo: ¡Yo lo apoyo, general Gallegos! Yo no soy general, señora repuso el civilista. ¡Pero pronto lo será! sentenció la dama. Paradigmas. Era inconcebible un civil en Miraflores después de tantas décadas de charreteras. Ahora volveremos a ese paradigma cuando el teniente coronel Hugo Chávez gane las elecciones con el respaldo indirecto pero incondicional y encarnizado de los políticos civiles con sus metidas de pata perversas y pertinaces. ¿Qué les enseñaría la universidad?
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