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Comunicado de la Federación de Monos, Micos, Simios y Afines (Fedemonos)

Roberto Hernández Montoya (traductor)

Domingo 15 de enero de 1989

Darwin
Charles Darwin

Considerando

que en una cárcel que una especie de seres vivientes que se llaman a sí mismos «humanos» denomina «zoológico» nuestros semejantes los monos, las jirafas, las zebras, los rinocerontes y demás hermanos permanecen prisioneros sin fórmula de juicio;

Considerando

que un espécimen llamado «Charles Darwin», perteneciente a dicha especie humana, ha pretendido emparentarla con la nuestra.

Considerando

que los individuos de esta nefasta especie se caracterizan por una glorificación de la violencia, el exterminio y la destrucción, que ellos llaman «heroísmo», vocación para la violencia que tiene al planeta que habitamos al borde de la aniquilación.

Considerando

que esa peligrosa especie se caracteriza por la inestabilidad que ellos llaman historia y por el caos que ellos llaman sociedad.

Considerando

que los hechos de casi toda esa especie son calificados como «balurdos» por un pequeño grupo autoescogido que se llama a sí mismo «culto» y «élite», con lo cual se demuestra cuán poco valor tiene esa despreciable especie aun para sí misma.

Considerando

que esa repudiable especie llama «economía» a la apropiación y dilapidación, por parte del pequeño grupo mencionado en el considerando anterior, de lo que el resto de la especie produce en medio de sacrificios inconcebibles.

Considerando

que esa humana especie no puede admitir su propia muerte y que aun así la provoca por doquier sobre las demás especies así como sobre la suya propia.

Considerando

que esa incalificable especie, en su radical incapacidad para tolerarse a sí misma, ha determinado dividirse en lo que entre ellos se llaman judíos, arios, negros, árabes, turcos, adecos, palestinos, maricos, ñángaras, esquimales, civiles, caucásicos, bujarinistas, astronautas, wagnerianos, mediterráneos, exquisitos, chinos, pigmeos, magallaneros, arrianistas, republicanos, balurdos, cubistas, mantuanos, vegetarianos, marxistas, calvinistas, neokeynesianos, copeyanos populistas, copeyanos de izquierda, copeyanos culo malo normales, malandros sin afiliación, papúes, stalinistas, periodistas, margariteños, sifrinos, sádico-anal-trotskistas —de izquierda—, sádico-anal-trotskistas —de derecha—, burgueses, cristianos, revisionistas, birriondos, mecanicistas, jansenistas, antropólogos y hasta plomeros, los cuales se han jurado unos a otros la muerte y el exterminio, no pocas veces cumplido.

Considerando

que esa horrenda especie, ignara y temerosa hasta de lo que habla, ha tenido que desarrollar la gramática, la lingüística y la censura; que, ignorante hasta de su vida mental, ha desarrollado la sicología; que, desconocedora de su vida social, ha desarrollado la sociología; que, incapaz de entender las producciones de su mente y de cómo es el mundo que están destruyendo, ha creado la filosofía; que, atónita ante lo que come, ha creado oficios contradictorios como la gastronomía y la dietética; que, avergonzada hasta de su propia imagen, oculta su cuerpo con incómodos trapos de los cuales sí se sienten ufanos; que, horrorizada de su libertad ha creado cárceles, fronteras, puertas y toda clase de obstáculos para la libre circulación; que, abochornada de su escasa vida sexual, no hace sino limitarla y por consiguiente pervertirla por los medios más extravagantes, con lo cual hizo su aparición esa nefasta entidad que llaman inconsciente, que luego trata de curarse mediante el sicoanálisis de su mente escindida y mal estructurada.

Considerando

que todo lo anterior es producto de un desquiciamiento y degradación irreparables de su hipertrofiado cerebro, repugnante monstruosidad que ellos llaman «inteligencia» y en el cual, en su vesania, asientan su supuesta superioridad sobre el resto de los seres vivientes del planeta.

Considerando

que la perfección de todo lo antedicho la llaman presuntuosamente «Civilización», que no es sino un desorden y brutalidad generalizados a escala del planeta, totalmente ajeno al pacífico, organizado, estable y racional modo de vida de nosotros los monos, que ha probado su alta y duradera calidad desde que existimos y por eso no vivimos cambiándolo en medio de las grandes matanzas que ellos llaman «Revolución».

Acuerda

  1. Repudiar de la manera más categórica la infame idea del tal Darwin según la cual esta abominable especie tendría un origen común con la nuestra.
  2. Exigir la inmediata liberación de nuestros hermanos, presos políticos retenidos arbitrariamente en cárceles sórdidas que ellos llaman «zoológicos», en condiciones infrasimias.
  3. Expresar nuestra justa cólera ante un personaje humano e inexistente, cuya arrogancia y jactancia —típicas de esa proterva especie— lo han conducido a compararse con nosotros, haciéndose llamar «Tarzán de los monos» y hasta «Tarzán el hombre mono».
  4. Reivindicar a nuestros hermanos los gorilas ante la afrenta de ver su nombre empleado por los humanos para designar a los peores, más violentos y brutales miembros de esa nauseabunda especie.
  5. Traducir a lenguajes humanos y dar a la publicidad el presente comunicado.

Dado en la Selva Profunda durante el mes actual del presente año, que los humanos en su demencia llaman enero de 1989, a pesar de que los meses y años que miden ellos, siendo infinitos y solamente terrestres, no sirven para contar nada y mucho menos el tiempo, que, como lo sabemos los animales, es incontable porque no existe, y que el hombre, cuando lo enumera, no hace sino numerar la imagen necesariamente incompleta e imperfecta que tiene de sí mismo.


Definición de hombre, por Ambrose Bierce en su Devil's Dictionary:

HOMBRE, s. Animal tan perdido en la contemplación arrobada de lo que piensa que es, que pasa por alto lo que indudablemente debiera ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie, que, sin embargo, se multiplica con tal insistencia que infecta toda la tierra habitable y el Canadá.

MAN, n. An animal so lost in rapturous contemplation of what he thinks he is as to overlook what he indubitably ought to be. His chief occupation is extermination of other animals and his own species, which, however, multiplies with such insistent rapidity as to infest the whole habitable earh and Canada.


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