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Gran antología de la salsa

La felicidad sí existe

Roberto Hernández Montoya

Domingo 9 de febrero de 1986
Roberto_y_Hannah
Roberto con su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia
, Caracas, Venezuela.

Toda antología es arbitraria, pero no necesariamente autoritaria, aunque así resulte la mayoría de las veces. Esta que propongo hoy es de las amables: una reunión de amigos se produce en la noche del 30 al 31 de diciembre de 1985: Susana Gámez Seoane, Carlos Jórgez, Pedro López, Ibsen Martínez, Nemesio Martínez, Marco Antonio Pérez Zurita (a) Pecos, Fermín Valladares y el que suscribe. Allí se toma una grave decisión: escoger la mejor salsa que quepa en un casete de 60 minutos. Ella genera una profunda discusión: primero los principios de selección, segundo las reglas parlamentarias, y tercero el juicio de gusto —provisoriamente kantiano, por cierto.

En primer lugar se trataba de saber qué no íbamos a seleccionar, entre otras cosas para dar sentido a la antología, esto es, un principio de cohesión: solo cabía la música afrocaribe en su auge neoyorkino, el epicentro de la salsa. Así, pues, el Beny, como Aragón, Jorrín, Pérez Prado, el Cuarteto d’Aida, Bola de Nieve, Chico O’Farrill, Bebo Valdés, Rolando La Serie, Fajardo, Sans Souci, Víctor Piñero, Tony Camargo et al., pertenecen a otra antología que no ha de llamarse «de salsa», pues su centro de gravitación histórica está en los años cincuenta. Como también merece antología aparte gente relativamente anterior como Ignacio Piñeiro (Coro de Roncos y Septeto Nacional), Matamoros, Cheo Belén Puig et al. Estos maestros no deben mezclarse con la salsa, porque, ya lo decía Eddie Palmieri para Stereo Review en 1976: «Lo que hicieron los cubanos que nos precedieron no ha sido superado por nadie». Sí cabe, sin embargo, Celia Cruz, pues su integración con la salsa neoyorkina es impecable.

También se decidió excluir un género, el bolero, pues igualmente merece antología específica, como también el tango, el rock y el jazz. Estas antologías, en las que uno imagina cuáles piezas se llevaría para la Isla Desierta, serán realizadas en las próximas semanas.

Las reglas

  1. No se podrán proponer sino piezas que estuvieren presentes en el local de discusión (esta regla evita la tendencia a las antologías utópicas).
  2. Cualquiera de los presentes tiene derecho a vetar una pieza sin obligación de dar explicaciones (esto asegura la unanimidad de la antología).
  3. Quien abandonare el local de deliberaciones (a servirse un trago, por ejemplo, a negociar con otro la inclusión de una pieza, a averiguar cuánto bajó el petróleo en el mercado spot, etc.) perderá su derecho a voto y veto, hasta tanto no se reincorporare a dicho local (esto garantiza el derecho a la anarquía previsto en todo bonche, sin por ello perjudicar la deliberación).
  4. Será posible proponer más de una pieza por autor y/o ejecutante (esto evita academicismos y principios diplomáticos de equidad totalmente ajenos al arte: así, Eddie Palmieri, Joe Cuba, José «Cheo» Feliciano y Ray Barreto obtuvieron dos selecciones cada uno).
  5. Todo participante tendrá derecho a ingerir la cantidad de bebidas espirituosas que requiere la lucidez imprescindible para tan difícil elección.

Estas reglas, claro está, se acordaron previamente en medio de la sobriedad pasajera del momento de llegada a la sala de sesiones. Una vez promulgadas, estas reglas garantizaron la fluidez de la deliberación; hubo escasos brotes de rebeldía, rápidamente sofocados mediante la persuasión y sin necesidad de intervención de la fuerza pública.

La antología

Dos hechos nos sorprendieron a todos: 1) la unanimidad en torno a las piezas seleccionadas y 2) que en la deliberación no faltara ninguna pieza por considerar; no fue, pues, necesario aplicar la primera regla.

Así las cosas, quedó la siguiente antología. El orden, responsabilidad mía, no implica jerarquía de calidad sino de pertinencia subjetiva y ha sido aprobado, a posteriori, por el resto de los participantes.

  • The Alegre All Stars, Estoy buscando a Kako (en un raro y venerable disco; para los acuciosos: Alegre-Venevox BL-A-220).
  • Joe Cuba, Mujer divina, (TI-CO LP 1146).
  • José «Cheo» Feliciano/Joe Cuba, El ratón (TI-CO LP 1112; otras versiones, posteriores, con ser muy buenas, son inferiores).
  • Ismael Miranda/Larry Harlow, No me llores (Fania LP 7894).
  • Ray Barreto/Adalberto Santiago, Invitación al son (Fania LP 7529).
  • Pete Rodríguez, Micaela (TI-CO LP 7598).
  • Eddie Palmieri/Ismael Quintana, Cinturita (TI-CO SLP 1165).
  • José «Cheo» Feliciano, Anacaona (primera versión: Fania LP 7891).
  • Celia Cruz/Pete «Conde» Rodríguez/Johnny Pacheco, Encántigo (Fania LPS 99.291).
  • Eddie Palmieri/Ismael Quintana, Café (por razones formales, quizás la mejor de todas; TI-CO LPS 88621).

Se quedaron fuera por razones es espacio: Richie’s jala jala de Richie Ray y Bobby Cruz (la grabación era, además, una copia muy mala) y Cúcala, con Celia Cruz e Ismael Rivera (Fania LP 99.039). Algunos amigos desconfían de que no quise ponerla en el asentamiento definitivo, realizado posteriormente. Que para hacerlo hubiera requerido, por su longitud, sacrificar dos de las definitivamente seleccionadas, no quiere decir, necesariamente, que yo piense que, por razones formales, es inferior a cualquiera de ellas.

Fueron consideradas y no escogidas —muchas con lágrimas en los ojos y minutos de silencio, contrición de corazón y propósito de enmienda—: Virao, Usted abusó; El bajío; Gracia Divina; Sonido bestial; varias piezas del El baquiné de angelitos negros de Willie Colón; Calle Luna, calle Sol; Ausencia; Te conozco, bacalao; El Watusi; Ritmo, tambó y flores; Hipocresía y falsedad; Vive y vacila; Mama Güela; Se me olvidó que te olvidé; Pa Colombia; El Nazareno; Catalina la O; La ambulancia; Pan sobao; La hija de Lola; Aquí estoy yo; Fango; Homenaje a Chano Pozo; Campanero; Prepara; Wampó; La cartera; Amalia Batista (Típica ’73); Tú no lo creas (Canelita Medina); Busca lo tuyo; Corta el bonche y Muñeca.

Epílogo justificador

Posteriormente nos enteramos de que un grupo de amigas veinteañeras de Elba Escobar estaba tomando clases de salsa con ella a fin de entrar en circulación entre una serie de «treintones interesantísimos» (sic) que les están vedados porque no se sienten competentes en este campo cultural, que es, dicho sea de paso, el más grande de todos. Se reúnen disciplinadamente varias veces al mes y, luego de una rutina de calentamiento, oyen y bailan salsa. Honorarios de Elba: una botella de ron («¡eso merece un palo!», dice alguien al comienzo de Estoy buscando a Kako, la pieza que abre la antología).

A ellas va, pues, dedicada esta antología, establecida por treintones que conforman precisamente el target group (el «grupo meta») de sus quehaceres. Homenaje con homenaje se paga.

Después de todo, esta antología y esa experiencia son sendas demostraciones de que la felicidad sí existe.

Epílogo de felicidad y luto (sábado 16 de agosto de 2003)

A poco de publicado este artículo en febrero de 1986, se presentó Celia Cruz en el Hotel Tamanaco. Susana Gámez llevaba mi artículo en su cartera y se lo entregó para un autógrafo. Celia, no sabremos nunca si lo percibió, refrendó lo que allí decía: «La felicidad sí existe». Mayor autoridad en felicidad no conozco. Lo tengo montado en un marco, claro, para que la gente pregunte y uno conteste.


Tulio Hernández, La felicidad sí existe

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