Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

Sección: Bitblioteca

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR


El género del género

Versiones
1,0 18 de octubre de 1999
2,3 del viernes 17 de marzo de 2000
2,4 domingo 14 de mayo de 2001
2,41 martes 25 de diciembre de 2001
Otra reflexión sobre el género gramatical:
Automotriz: ¿adjetivo del primer tipo?


Con sus hijos Hannah y Herman en Coro,
Venezuela, agosto de 2000.

Este texto forma parte de la serie sobre lenguaje presentada en
Gramática imaginaria

La función primordial del género gramatical en español no es indicar el sexo, en la medida en que, entre otras razones, el sexo es condición inexistente en la mayoría de los referentes de los sustantivos. Las funciones del género son más bien sintácticas y semánticas, de las cuales la indicación de sexo es una más. Este trabajo se propone describirlas detalladamente en su real jerarquía.
The primary function of grammatical gender in Spanish is not the indication of sex, as long as, among other reasons, sex does not exist in the majority of the substantives’ referents. The functions of gender are rather syntactic and semantic, among which the indication of sex is only one. The purpose of this paper is to minutely describe them in their real hierarchy.
La fonction primaire du genre grammatical en espagnol n’est pas celle d’indiquer le sexe, dans la mesure où, entre autres choses, le sexe est une condition qui n’existe pas dans la majorité des référents des noms. Les fonctions du genre sont plutôt syntaxiques et sémantiques, desquelles l’indication du sexe n’est qu’une entre plusieurs. Ce mémoire se propose les décrire en détail et dans leur vrai hiérarchie.

El género del género
Comisión de enlace
Cultura del género y el género de la cultura
Un pluriel bien singulier
Pluralia tantum
Singularia tantum
Otros fenómenos no morfológicos
Maniqueísmo semántico
Tú eres él, nosotros y vosotros
Conclusiones
Epílogo para jugar
Crestomatía

El género del género

 Género y sexo corresponden a layas empíricas y conceptuales distintas.

Ángeles aparte, las personas y los animales son los únicos seres conocidos del universo a los cuales es posible atribuir sexo ostensible —el de los vegetales no es advertido de veras sino por botánicos y otros especialistas y es muy diverso al que les atribuimos los ignorantes en estas materias. Para la experiencia lega, el sexo es condición zoológica: para esa experiencia las plantas no lo tienen y cuando se lo atribuyen procede proyectándoles cierta idiosincrasia de aire zoológico: al menos en Venezuela, por ejemplo, se llaman «machos» aquellos ejemplares de plantas y árboles frutales que por alguna razón no son capaces fructificar y «hembras» los que sí, análogamente a las hembras animales, que se reproducen alumbrando u ovando, es decir, dando de su cuerpo un nuevo viviente.

Para la designación de personas y animales hay congruencia estadística entre sexo y género, pues el varón humano, los animales machos y las palabras que los designan suelen corresponder al sexo y género masculinos, respectivamente, y ocurre lo mismo con la mujer y los animales hembras a propósito de sexo y género femeninos. Esa congruencia cesa para la inmensa mayoría de las designaciones de animales, que suelen tener un solo género, masculino o femenino, arbitrariamente: la jirafa, el dromedario. Son femeninos y masculinos que Álvaro García Meseguer (1994) llama andróginos, pues no denotan el sexo del referente. Una jirafa, por tener nombre femenino, no excluye a las de sexo masculino. Lo mismo ocurre con el masculino dromedario, que no excluye a las hembras.

No se trata, sin embargo, de un mero caso de coincidencia estadística, sino de algo más estratégico y estructural, esto es,

el género es un desdoblamiento morfológico que se orienta semánticamente mediante una propiedad extralingüística: el sexo.

Esta relación, sin embargo, no siempre es consistente: las voces que designan seres humanos que presentan versiones en masculino y femenino, según corresponda al sexo del referente —del tipo novio/novia, monje/monja —, son escasísimas si las comparamos con la totalidad del léxico.

Similar procedimiento de orientación semántica ocurre con los sufijos y el número, así como, cual veremos más adelante, con la segunda persona y sus jerarquías y con los principios de bien y mal, escisiones en algunos casos morfológicas, que discurren sobre conceptos extralingüísticos: las cantidades, la relación jerárquica con el alocutario y la axiología, respectivamente. ¿No será que no son conceptos extralingüísticos y la lingüística tiene un campo de incumbencia que ha sido mal definido? Esta proyección en la morfología da una curiosa solidez transhistórica a estos conceptos que, por ser culturales, hubiéramos pensado, debieran ser diacrónicamente frágiles. ¿Estaríamos entonces ante una determinación del pensamiento que sería transhistórica y radical, estaríamos tal vez ante lo que Edgar Morin llama «el paradigma perdido: la naturaleza humana» (1973)? Roland Barthes (1978:12-14) presentó una respuesta radical en su lección inaugural en el Collège de France del 7 de enero de 1977:

Je suis obligé de toujours choisir entre le masculin et le féminin, le neutre ou le complexe me sont interdits ; de même encore, je suis obligé de marquer mon rapport à l’autre en recourant soit au tu, soit au vous : le suspens affectif ou social m’est refusé. Ainsi, par sa structure même, la langue implique une relation fatale d’aliénation. Parler, et à plus forte raison discourir, ce n’est pas communiquer, comme on le répète trop souvent, c’est assujetir : toute la langue est une rection généralisée.
[...]
Mais la langue, comme performance de tout langage, n’est ni réactionnnaire, ni progressiste ; elle est tout simplement : fasciste ; car le fascisme, ce n’est pas d’empêcher de dire, c’est d’obliger à dire.
Estoy obligado siempre a escoger entre masculino y femenino; el neutro o lo complejo me están prohibidos; igualmente también, estoy obligado a marcar mi relación con el otro recurriendo sea al tú, o al usted: el suspenso afectivo o social me está negado. Así, por su estructura misma, la lengua implica una relación fatal de alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es comunicar, como se repite con demasiada frecuencia, es someter: toda lengua es una rección generalizada.
[...]
Pero la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista; es simplemente: fascista; pues el fascismo no consiste en impedir decir, sino obligar a decir.

Esta cuestión del género y el sexo, especialmente sobre la total carencia del género neutro en francés, ocupó mucho la atención de Roland Barthes, quien le dedicó un libro clásico de análisis estructual (1970).

Esto, sin embargo, no parece tan alarmante como advertía el maestro de la rue Tournon, pues no afecta nuestro reino conceptual sino de un modo oblicuo. No nos compromete ideológicamente de un modo raigal, no nos impide profesar las ideologías, religiones y doctrinas más dispares en el seno de una misma lengua. De resto, es algo que se toma a chiste, como veremos al final.

En los cuatro casos citados, el género, el número, la segunda persona y el maniqueísmo axiológico, por ejemplo, estamos frente a una referenciación poco recomendable desde el punto de vista de la práctica científica vigente. Es decir, los compromisos conceptuales fundamentales implicados en ellos, no perturban de modo profundo nuestras convicciones científicas o cívicas:

  1. los géneros masculino, femenino y neutro, sin ir más lejos, son una versión rudimentaria e incorrecta del sexo en tanto fenómeno biológico visto desde el punto de vista científico: ¿a qué sexo corresponde el género neutro? ‘Ni uno ni otro’, dice neuter, su étimo latino. Pero el hablante no sabe de etimologías y habla español y no latín. Además, tan implacable es la morfología que, contra lo que cabría razonablemente esperar si hubiera correspondiencia género-sexo, los hermafroditas son de género masculino. Lo que no es extraño porque el masculino es el género no marcado, que viene a sustituir al desasistido género neutro español, que se ha estrechado en la atribución del artículo lo a adjetivos, de paso concordados generalmente en masculino: Lo bueno, lo malo y lo feo. Pero esto también es inconsistente porque asimismo hallamos lo extraños que se ven, lo graciosas que son, y en frases preposicionales (lo de siempre) o de relativo (lo que dije). Igualmente hay neutro en los pronombres esto, eso y aquello. Este neutro es tan independiente de lo semántico que permite hablar en neutro de lo masculino y lo femenino. En francés esta operación se hace mediante el masculino, pues en esa lengua no queda ni siquiera el rastro de neutro que resta en español.
  2. Desde la perspectiva matemática, la escisión en singular y plural‘uno’/‘múltiple’, constituye un axioma binario válido, aunque pobre en la mayoría de las prácticas de cálculo, de las cantidades y sus relaciones lógicas, para no hablar de ese fenómeno curioso de usar un singular y un plural para nombrar el mismo referente singular: la matemática y las matemáticas, o un plural para mencionar un singular: las fauces.
  3. La segunda persona y sus jerarquías, que son, como el sexo, un fenómeno existencial, social, antropológico, cultural, histórico, filosófico, sicológico, fenomenológico, poético, etc., y ciertamente bien poco lingüístico. O será, de nuevo, que estamos delimitando mal el campo de incumbencia de la lingüística (ver Tú eres él, nosotros y vosotros).
  4. Bueno y malo: alto/bajo, cálido/frío, etc., que suelen implicar preferencias de aire ético (ver Maniqueísmo semántico).

Y esto sin considerar las inconsistencias, cuando el masculino nombra el femenino, y viceversa, el singular nombra el plural, y viceversa y usted, con conjugación de tercera persona, nombra a , como veremos luego.

Con instrumento al mismo tiempo tan complejo, sutil, formidable, incoherente y precario —el lenguaje — hablamos tú y yo.

Gente con género

Abajo presento una lista de palabras referidas a la humanidad con género diverso: masculino/femenino. Dado el carácter dinámico del léxico, no pretendo ser exhaustivo ni en esta ni en ninguna de las otras listas de casos que aparecen en este trabajo. Los he extraído de varios diccionarios: el de la Real Academia, porque, aunque no es universal como pretende, tiene poder suficiente para imponerse como norma artificial, de vigor político, en todo el mundo hispánico. También hemos consultado algunos lexicones venezolanos, porque hablan de palabras que me son cercanas. También hemos confrontado otros lexicones regionales. En ningún caso hemos pretendido alcanzar la exhaustividad. Aunque es inevitable que todo diccionario sea una selección arbitraria del léxico total de una lengua —si es que tal cosa como un «léxico total de una lengua» puede enumerarse—, me parece que estadísticamente esta lista es razonablemente representativa de este fenómeno de palabras que se desdoblan morfológicamente en géneros. No siempre estos diccionarios presentan los desdoblamientos por género de muchas palabras. Las he introducido, sin embargo, cuando he verificado su uso en la vida real. Cuando son pertinentes, estas observaciones son válidas para las demás listas que aparecen en este trabajo.

Palabras referidas a personas, con desinencias de masculino y femenino

  1. abad/abadesa
  2. abogado/abogada
  3. abuelo/abuela
  4. aficionado/aficionada
  5. agricultor/agricultora
  6. alcalde/alcaldesa
  7. anciano/anciana
  8. anestesiólogo/anestesióloga
  9. animador/animadora
  10. arpisto/arpista [uso venezolano]
  11. artisto/artista [uso venezolano]
  12. atorrante/atorranta [uso argentino]
  13. autor/autora
  14. babazorro/babazorra
  15. babuchero/babuchera
  16. bachiller/bachillera
  17. bacinero/bacinera
  18. bacteriólogo/bacterióloga
  19. bailarín/bailarina
  20. baladrero/baladrera
  21. baladrón/baladrona
  22. barajador/barajadora
  23. barbián/barbiana
  24. barbiblanco/barbiblanca
  25. barbicano/barbicana
  26. barbinegro/barbinegra
  27. barbirrojo/barbirroja
  28. barbirrubio/barbirrubia
  29. barbirrucio/barbirrucia
  30. barbudo/barbuda [no sé a qué mujeres barbiblancas, barbicanas, barbinegras, barbirrojas, barbirrubias, barbirrucias y barbudas se refiere el DRAE. Extrañamente el DRAE no registra barbirrala]
  31. barón/baronesa
  32. barquillero/barquillera
  33. barragán/barragana
  34. barrendero/barrendera
  35. basurero/basurera
  36. beato/beata
  37. becario/becaria
  38. beduino/beduina
  39. begardo/begarda
  40. berengario/berengaria
  41. bígamo/bígama
  42. bigardo/bigarda
  43. billetero/billetera
  44. bimano/bimana o bímano/bímana
  45. bisabuelo/bisabuela
  46. bisnieto/bisnieta
  47. bisojo/bisoja
  48. bizcochero/bizcochera
  49. bocón/bocona
  50. bodeguero/bodeguera
  51. bolichero/bolichera
  52. bolsiclón/bolsiclona
  53. bonanzoso/bonanzosa
  54. bonetero/bonetera
  55. boquirrasgado/boquirrasgada
  56. boquirroto/boquirrota
  57. boquirrubio/boquirrubia
  58. boquituerto/boquituerta
  59. borceguinero/borceguinera
  60. bordonero/bordonera
  61. boruquiento/boruquienta
  62. botinero/botinera
  63. botocudo/botocuda
  64. botonero/botonera
  65. boyardo/boyarda
  66. braquicéfalo/braquicéfala
  67. brujo/bruja
  68. buhonero/buhonera
  69. buñolero/buñolera
  70. burdelero/burdelera
  71. burgués/burguesa
  72. burlador/burladora [«Libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas» (DRAE). Dada esta definición inferimos que el DRAE presume el femenino para expresiones como «conducta burladora», etc.]
  73. cabero/cabera
  74. cabestrero/cabestrera
  75. cabezón/cabezona
  76. cabritero/cabritera
  77. cachigordo/cachigorda
  78. cacique/cacica
  79. cacoquimio/cacoquimia
  80. cajero/cajera
  81. calcador/calcadora
  82. calesero/calesera
  83. calígrafo/calígrafa
  84. camilucho/camilucha
  85. camastrón/camastrona
  86. camionero/camionera
  87. campeón/campeona
  88. campesino/campesina
  89. canastillero/canastillera
  90. candidato/candidata
  91. cantaor/cantaora
  92. cantor/cantora
  93. capataz/capataza
  94. capillero/capillera
  95. capitán/capitana
  96. carajo/caraja [uso venezolano para designar a alguien despreciable, aunque recientemente designa a cualquier persona. Se sigue considerando, como dice el DRAE, voz malsonante]
  97. carantoñero/carantoñera
  98. carcelero/carcelera
  99. cartero/cartera
  100. castañero/castañera
  101. catecúmeno/catecúmena
  102. cavador/cavadora
  103. cavanillero/cavanillera
  104. chico/chica
  105. chofer/choferesa
  106. cigarrero/cigarrera
  107. cocinero/cocinera
  108. cojo/coja
  109. colaborador/colaboradora [en su acepción de ‘columnista’]
  110. compadre/comadre
  111. concubino/concubina
  112. conde/condesa
  113. cultor/cultora
  114. cuñado/cuñada
  115. demagogo/demagoga
  116. diagramador/diagramadora
  117. diputado/diputada
  118. director/directora
  119. diseñador/diseñadora
  120. doctor/doctora
  121. dolicocéfalo/dolicocéfala
  122. doncel/doncella
  123. duque/duquesa
  124. editor/editora
  125. empresario/empresaria
  126. enfermero/enfermera
  127. escritor/escritora
  128. escultor/escultora
  129. esposo/esposa
  130. frutero/frutera
  131. gafo/gafa [en Venezuela significa ‘tonto’]
  132. gobernador/gobernadora
  133. heredero/heredera
  134. hermano/hermana
  135. hijo/hija
  136. histrión/histriona
  137. hortero/hortera
  138. huésped/huéspeda
  139. infante/infanta
  140. ingeniero/ingeniera
  141. institutor/institutriz
  142. interventor/interventora
  143. inventor/inventora
  144. investigador/investigadora
  145. jefe/jefa
  146. jinete/jineta
  147. jockey/jocketa [venezolanismo por ‘mujer que trabaja como jineta de carreras de caballos’]
  148. judío/judía
  149. juez/jueza [jueza es uso venezolano popular frecuente]
  150. juglar/juglaresa
  151. ladrón/ladrona
  152. librero/librera
  153. licenciado/licenciada
  154. locutor/locutora
  155. maestro/maestra
  156. majo/maja
  157. malandro/malandra
  158. mancebo/manceba
  159. mantenido/mantenida
  160. marico/marica [en Venezuela marico suele aludir al hombre homosexual y marica a la mujer homosexual. En otros países marica y maricona aluden a hombres homosexuales]
  161. marinero/marinera
  162. marqués/marquesa
  163. menestral/menestrala
  164. ministro/ministra
  165. monje/monja
  166. moro/mora
  167. mozo/moza
  168. mozuelo/mozuela
  169. muchacho/muchacha
  170. nieto/nieta
  171. niño/niña
  172. novicio/novicia
  173. oficial/oficiala
  174. operador/operadora
  175. ordeñador/ordeñadora
  176. padrastro/madrastra
  177. pandillero/pandillera
  178. papa/papisa
  179. pastor/pastora
  180. patrón/patrona
  181. pavo/pava [‘joven adolescente’, uso venezolano]
  182. pintor/pintora
  183. pistolo/pistola [‘tonto’, uso venezolano]
  184. poeta/poetisa
  185. pordiosero/pordiosera
  186. presidente/presidenta
  187. primo/prima
  188. príncipe/princesa
  189. profesor/profesora
  190. prójimo/prójima
  191. puto/puta [puto es uso esporádico, con frecuencia jocoso]
  192. religioso/religiosa
  193. reportero/reportera
  194. rey/reina
  195. sacerdote/sacerdotisa
  196. sarraceno/sarracena
  197. secretario/secretaria
  198. sedicioso/sediciosa
  199. senador/senadora
  200. suegro/suegra
  201. tabernero/tabernera
  202. tatarabuelo/tatarabuela
  203. tataranieto/tataranieta
  204. tendero/tendera
  205. tío/tía
  206. tipo/tipa
  207. tirano/tirana
  208. vaquero/vaquera
  209. zagal/zagala
  210. zángano/zángana
  211. zapatero/zapatera
  212. zar/zarina

Animales con género

La inmensa mayoría de los animales no distinguen género: avestruz, dromedario, jirafa. Solo unos pocos explicitan distinción de un género correspondiente a un sexo:

Palabras referidas a animales, con desinencias de masculino y femenino

  1. abeja/abeja machiega o maesa
  2. baifo/baifa
  3. becerro/becerra
  4. burro/burra
  5. caballo/yegua
  6. cachorro/cachorra
  7. carnero/oveja
  8. cerdo/cerda
  9. chivo/chiva
  10. cochino/cochina
  11. gallo/gallina
  12. gato/gata
  13. león/leona
  14. loro/lora/cotorra
  15. macho cabrío/cabra
  16. macho/hembra
  17. macho/mula
  18. machote/machota
  19. maese/maesa
  20. mono/mona
  21. morrocoy/morrocoya [quelonio frecuente en Venezuela, país donde hay varias poblaciones llamadas La Morrocoya]
  22. mulo/mula
  23. novillo/novilla
  24. pájaro/pájara
  25. pato/pata
  26. pavo/pava
  27. perico/perica
  28. perro/perra
  29. pollo/polla
  30. puerco/puerca
  31. ratón/rata-ratona
  32. ternero/ternera
  33. tigre/tigra-tigresa
  34. toro/vaca

Como se ve, son animales domésticos, domesticados o muy tenaces en la experiencia humana, entre ellas la simbólica: león/leona o tigre/tigra son mamíferos poco corrientes en la práctica humana en general, pero muy productivos a la hora de engendrar metáforas, ellas sí sólitas, pues casi no pasa día sin que hablemos de algún león o alguna tigra. Estas fieras son una referencia mítica, metafórica y literaria muy familiar. En Venezuela hay, por ejemplo, los Leones del Caracas y los Tigres de Aragua, sendos equipos de béisbol. En República Dominicana los Tigres del Licey. La lista es el planeta entero.

He puesto en lista aparte otros fenómenos de masculinización y feminización zoológicas porque son poco frecuentes y difícilmente previsibles en el habla general, pues se van armando al azar del habla informal y a veces tienen fines jocosos. Sin embargo puede ser frecuente este tipo de masculinización o feminización en función del sexo entre hablantes que tienen una práctica asidua con animales designados con un nombre de un solo género. Es una necesidad práctica y económica, permitida por el sistema gramatical español: es engorroso hablar constantemente del topo hembra o de la tortuga macho cuando hace falta aludir a ellos con frecuencia:

Palabras referidas a animales, con desinencias eventuales de masculino y femenino

  1. culebro/culebra
  2. elefante/elefanta
  3. gorilo/gorila
  4. ovejo/oveja
  5. topo/topa
  6. tortugo/tortuga, tortuguillo/tortuguilla [tortugo aparece en la canción Manuelita de la escritora argentina María Elena Walsh. Tortuguillo es uso venezolano escuchado entre biólogos encargados de «sembrar», como dicen ellos, «tortuguillos» recién nacidos en los ríos para intentar evitar la extinción de las tortugas del Orinoco. También usan los diminutivos tortuguillas y tortuguitas]
  7. turpial/turpiala

Las máquinas excavadoras del Metro de Caracas reciben nombres propios zoologizantes y humanizantes por igual, como «la Topa Beatriz», etc. Es frecuente la feminización de algunas máquinas con el sufijo femenino -ora: aplanadora, computadora, engrapadora, fotocopiadora, impresora, troqueladora... (ver Máquinas femeninas).

Es decir, el género no tiene una congruencia estricta con el sexo a que supuestamente corresponde. Cuando hay duda entre el sexo del referente y una restricción morfológica, la lengua puede elegir esta sobre aquel: es el caso de avispón, hembrón y mujerón, por ejemplo, en que el sufijo -on rige género masculino. ¿Por qué no se elige mujerona como se elige casona a partir de un nombre también femenino como casa? ¿Por qué, que sepamos, nadie habla de casón —aunque sí de caserón? ¿Por qué no se elige avispona? Tal vez porque no se ha hecho necesario. Este tipo de términos generados por sufijación u otras operaciones permanecen virtuales hasta que alguien necesita realizarlos: tal vez nadie ha dicho la palabra librón como aumentativo de libro, pero está allí disponible para cualquier eventualidad expresiva, así como los empleados bancarios y de servicios de Internet han dado con aperturar en lugar de abrir una cuenta. Aperturar es para ellos un término distinto a abrir, que, según perciben, se refiere a puertas, botellas, etc. Es cuestión de la función y de a qué término se oponga cada derivado. Mujerona, sin ir más lejos, designa a una mujer de dimensiones generosas, pero mujerón alude, además, a una condición estética, pues amén de grande es hermosa —al menos en Venezuela. Pero, nos parece, hay algo más:

En esto la lengua se comporta como con los demás casos en que

el género cambia para satisfacer la necesidad morfológica del sufijo, ora rija femenino, ora masculino [ver lista].

Así ocurre con otras palabras, que conservan su género aunque designen personas del sexo que corresponde al género supuestamente contrario: «Anacleto es una bella persona», «Mariela es buen diente», «Rafucho es una buena ficha», «Petrucha es un buen partido», etc. Con frecuencia, sin embargo, se constata un proceso de asimilación. Por esta razón, especialmente en el habla popular, poco interferida por gramáticas de invernadero y, por tanto, más apegada a los procesos espontáneos y específicos del sistema mismo de la lengua, se dice entonces el modisto, el arpisto, el artisto, la jueza, la yerna, etc. ‘Gramática de invernadero’ es concepto de Aníbal Nazoa, Obras incompletas, Caracas: Monte Ávila, p. 175: «Una gramática que no existe, que no tiene nada que ver con el lenguaje humano. Una gramática que a fuerza de ser precisa se vuelve nebulosa».

Centinela, guarda, etc., pasaron de femenino a masculino siguiendo el sexo del referente. Son casos en que los cambios tienen una vocación más permanente que la mera mutación oportunista. En el caso de avispón, hembrón, mujerón, etc., funciona un fenómeno más complejo, que expongo en otro lugar: el cambio de género no implica cambio de sexo sino de sentido (ver El sentido del sentido).

Comisión de enlace

Un sistema de terminaciones

Los sustantivos del español tienden, desde la lengua antigua hasta hoy, a agruparse en el masculino o el femenino según las terminaciones. Las terminaciones -o -a son claramente determinantes del género, pero también los sustantivos en -e o en consonante muestran una tendencia a agruparse en sistema, según ciertas terminaciones o sufijos (-aje, -ate, -or, -al, -ar, -umbre, -ambre, etc.) De esta tendencia escapan los monosílabos, porque en ellos no se siente la terminación. En general, conservan el género etimológico, pero muchos de ellos vacilan por causas diversas (Rosenblat, 1951:3).
 
En el género de los nombres influyen factores formales, semánticos, etimológicos y analógicos. La filiación del género exige a veces un estudio histórico pormenorizado de cada sustantivo (Real Academia, Esbozo, 2.2.7. (nota 18)).
 
El masculino posee un carácter general que está ausente del femenino, y este carácter es muy semejante al que hemos reconocido en el masculino, singular y plural, llamado genérico: los padres pueden significar padre y madre; hijo puede significar hijo o hija; hijos puede significar hijos o hijas. Nada de eso es posible con el femenino. El masculino desempeña mayor número de funciones, posee más extensión semántica y, por consiguiente, más indeterminación que el femenino. La Gramática moderna, en casos como este de concurrencia o competencia posible entre dos elementos que pertenecen a un mismo paradigma o a una misma categoría gramatical, llama negativo, extenso o no marcado al elemento o término de mayor indeterminación, en nuestro caso el masculino, y positivo, intenso o marcado al de mayor determinación, en nuestro caso el femenino (Real Academia, Esbozo, 2.2.7. (nota 21)).

En el caso de hijo/hija y niño/niña hay en Venezuela una manera de redundar el género mediante la expresión hijo varón/hija hembra y niño varón/niña hembra. No es estrictamente una redundancia sino un modo de vérselas con ese carácter negativo, extenso o no marcado del masculino. Una expresión como «tengo dos hijos» no especifica el sexo de los dos hijos, por eso el hablante suele decir entonces:

Tengo un hijo varón y —con esa simetría frecuente en las lenguas, que genera expletivos, esos ripios gramaticales— una hija hembra.

Sin embargo, en algunos casos, opera el que García Meseguer (1994:112-13) llama sexismo del oyente, cuando oímos decir:

  1. Se sintió engañado y en consecuencia decidió tratarla con desprecio.
  2. Se puso con ella como un basilisco.

La primera frase, dice García Meseguer,

tenderá a ser interpretada como referida a «varón-mujer» y no será habitual que el oyente imagine, salvo reflexión, otros posibles pares de referentes: «pueblo-clase política»; «ejército-autoridad militar»; «equipo-directiva del club»; «sindicato-patronal»; «amigo-pareja»; a pesar de que la frase funciona bien con todos ellos.

Y sobre ambas comenta:

Quienes imaginen tan sólo varones detrás de las frases reseñadas incurrirán en sexismo del oyente, sin que la lengua como sistema tenga ninguna culpa de ello. No hay aquí sexismo de la lengua española.

El género masculino representa el neutro en expresiones como

  1. un no sé qué
  2. un toma y daca

Cuando uno cuantifica una unidad desprovista de género —neuter ‘ni uno ni otro género’ —, adopta el significante masculino. Es la misma función que cumple el artículo neutro lo:

Aquí está el dónde y el cuándo
de cuando sueño contigo;
aquí esta donde te digo
lo que te digo soñando (Andrés Eloy Blanco, dedicatoria de Giraluna).

En idiomas como el español el género sirve para enlazar las palabras. También cumplen esa función el número y la conjugación verbal, esto es, los accidentes gramaticales.

Para limitarme a las lenguas romances, en español como en italiano y portugués la concordancia de género sigue siendo tan fuerte como en latín. No así en francés, en que se ha ido debilitando considerablemente: género y número suelen pronunciarse escasa y débilmente y se han ido relegando prácticamente a la ortografía, que no es fenómeno primordial en la vida lingüística, aunque ciertamente no ajeno a ella, como se ha pensado. Por ello mismo el aprendizaje de la ortografía se vuelve arduo y a ratos hace envidiar a sus hablantes la «coherencia» del alemán, el español, el italiano o el portugués en la representación alfabética de sus fonemas. Se trata, claro, de una ilusión desde el punto de vista rigurosamente científico, pero que se sostiene para los efectos prácticos del hablante-escribiente (ver La Real Academia Española tiene mala ortografía).

Como ese enlace está marcado por las desinencias verbales, de género y de número, el vínculo posicional es menos rígido en español que en inglés o francés; de allí cierta variación topológica en español, de allí tanto hipérbaton, por eso son para nosotros comprensibles, aunque escarpadas y curiosas, frases como «en una de fregar cayó caldera» o «del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto» (Fray Luis de León). El latín, al tener, además, la concordancia de caso, presenta aún mayor variación posicional y mayor apego al hipérbaton, que suele ser incomprensible para los hispanohablantes aprendices del latín: «Aequam memento rebus in arduis servare mentem» (Alonso, 1953:16). Algo parecido ocurre a los angloparlantes y francófonos ante el hipérbaton español.

Así, pues, la función semántica del género en la explicitación de sexo es sumamente débil, pues

  • solo opera en algunos casos de personas (ver Gente con género) y
  • animales, que en su mayor parte tienen solo un género para expresar dos sexos (ver Animales con género).
  • Las cosas no tienen sexo y sin embargo tienen género y a veces dos, como las

Palabras ambiguas

  1. calor
  2. caparazón [Rosenblat, ¿El caparazón o la caparazón?]
  3. coleto/coleta
  4. color
  5. cutis
  6. dote
  7. mar
  8. mugre
  9. sartén [Rosenblat, ¿El sartén o la sartén?]

que, por cierto, tienden en general a estrecharse en un solo género. Habitualmente el hablante da preferencia dialectalmente a un solo género. Así, por ejemplo, en el Oriente venezolano se tiende a decir la calor y la mar. No es uso exclusivo, naturalmente, pues se produce en otras regiones hispanohablantes, y en aquellas que prefieren el masculino (el calor y el mar), como en Caracas, se conoce asimismo el empleo femenino, que suele usarse lúdicamente. García Lorca juega con ambas versiones a un verso de distancia («Romance de la pena negra», Romancero gitano):

Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las olas.

Pero, como se sabe, son palabras que tienden a sindicarse en el género masculino, que es el extenso, negativo o no marcado, como ocurrió con

Palabras ambiguas que evolucionaron hacia el género masculino exclusivo

  1. análisis
  2. anatema
  3. fantasma
  4. neuma
  5. puente
  6. reuma
  7. tema

que alguna vez usaron los dos géneros y en otras lenguas romances terminaron siendo exclusivamente femeninas o masculinas, pero divergiendo del castellano: en francés analyse es femenino, como valse, en tanto que orchestre es masculino, por ejemplo. Mientras en Venezuela decimos el malandro (‘delincuente’), en la Argentina dicen el malandra, con el mismo sentido y género, pero diferente final (Gobello, 1994:163). «La fantasma desapareció», dice Simón Bolívar en Mi delirio sobre el Chimborazo.

En otros casos se mantiene la vacilación:

Palabras con doble género y doble desinencia

  1. cenicero/cenicera
  2. computador/computadora
  3. corotero/corotera [‘cantidad heterogénea de bártulos sin importancia’. Uso venezolano]
  4. grabador/grabadora
  5. mecedor/mecedora
  6. peinador/peinadora
  7. perol/perola
  8. perolero/perolera
  9. refrigerador/refrigeradora
  10. reguero/reguera
  11. servilletero/servilletera

El uso de computadora en femenino, al menos en Venezuela, tiende a generalizarse, a pesar de la inclinación general a normalizar en masculino los préstamos de otras lenguas. Computador/computadora proviene, como se sabe, del inglés computer. El término computer designaba a los miembros de un grupo de mujeres matemáticas encargadas durante la Segunda Guerra Mundial de calcular trayectorias parabólicas balísticas (James Burke, «The Silk Road,» Scientific American, noviembre de 1995, p. 95). Tal vez en este caso haya la atracción de un componente elidido, real o hipotético para el hablante, anteponiendo máquina como componente virtual o como eso que llaman hiperónimo, que es quisicosa de funcionamiento mucho más complejo que lo que la mayoría de los lingüistas que la emplean está en capacidad de entender. De hecho en 1950 Alberto Mateo Alonso publicó en la Revista Nacional de Cultura (Venezuela) un artículo titulado «El pensamiento y las máquinas computadoras. La vana ilusión de un superhombre sin afectos» (Nº 82-83, setiembre-octubre de 1950, p. 161). Allí Mateo Alonso usa dos veces más, aparte del título, la expresión «máquinas computadoras». También usa la expresión «aparatos computadores» (p. 163). En España, por influencia del francés ordinateur, se eligió ordenador en lugar de computador o computadora. Salvo otra indicación, en la lista de palabras con sufijo en -ora, que sigue a continuación debe suponerse el componente hipotético máquina antepuesto a cada término, especialmente cuando no se trata de máquinas, como [planta] trepadora. Algunos de estos casos pueden presentar oscilaciones dialectales en cuanto al género adoptado en cada región, a veces imprevisibles (omito los indicados arriba como los casos de vacilación, dialectal o no, entre masculino y femenino que he verificado):

Máquinas femeninas

Palabras femeninas en -ora

  1. afeitadora
  2. ametralladora
  3. aplanadora
  4. calculadora
  5. centrifugadora
  6. copiadora
  7. encuadernadora
  8. engrapadora
  9. excavadora
  10. exprimidora
  11. fotocopiadora
  12. fresadora
  13. impresora
  14. licuadora
  15. niveladora
  16. lavadora
  17. mondadora
  18. pulidora
  19. [caja] registradora
  20. secadora
  21. segadora
  22. sumadora
  23. tejedora
  24. [planta] trepadora
  25. trituradora
  26. troqueladora
  27. tundidora

Aparatos masculinos

Sin embargo, hallamos asimismo, en el campo de experiencia ergonómico, otros adminículos que se arropan bajo el género masculino, tal vez por elisión hipotética del hiperónimo aparato, que damos por supuesto, salvo otra indicación:

Palabras masculinas en -or

  1. acumulador
  2. alternador
  3. amolador
  4. amortiguador
  5. [mueble] aparador
  6. ascensor
  7. atomizador
  8. calador
  9. calentador
  10. calibrador
  11. carburador
  12. carmenador
  13. cebador
  14. colador
  15. congelador
  16. consolador
  17. contador
  18. controlador
  19. destructor
  20. digitalizador
  21. dispensador  [anglicismo por dispenser. Aunque es difícil empecinarse en esto de los barbarismos, pues prácticamente toda «máquina del bienestar», como las llama García Márquez, sería anglicismo o galicismo, etc.]
  22. distribuidor
  23. divisor
  24. elevador
  25. encendedor
  26. fonocaptor
  27. fregador
  28. generador
  29. medidor
  30. motor
  31. [mueble] mostrador
  32. multiplicador
  33. ordenador [se usa en España por ‘computadora’, como ya dijimos]
  34. procesador
  35. radiador
  36. regulador
  37. rociador
  38. rotor
  39. sellador
  40. soldador
  41. tractor

No tenemos demasiada fe en esa supuesta elisión de máquina y aparato, y otras, que no vemos claro cómo verificar más allá de un simple parecer. La única posibilidad sería tal vez examinar textos de la época de aparición de las computadoras u ordenadoras, a fines de la década de 1940. Tampoco tiene mucha fe en esto Théophile Ambadiang (1999, § 74.2.2.2). Solo podemos tenerle la fe que consiente la relación poco confiable entre hipónimos e hipernónimos. En este caso la relación de hipónimos e hiperónimos está distinguida por una marca «dura» en superficie: la determinación de género. En su estudio Ambadiang refiere algunas clases léxicas que determinarían el género, como los masculinos

  • Aviones: el DC 9, el Boeing 437.
  • Barcos: el Príncipe de Asturias, el Titanic.
  • Días, meses, años, siglos: lunes, abril, el (siglo) XI.

Y los femeninos

  • Carreteras: la (Nacional) IV.
  • Letras del alfabeto: a, b, m, s, z.

Pero hay casos en que el hiperónimo no determina el género, como en

  • Metales: hierro, titanio, plomo, cinc (pero la blenda, la plata).
  • Montes y volcanes: el Himalaya, el Vesubio, el Virunga (pero la Maliciosa, la Muela).

TetonA este paradigma de protuberancias geográficas podríamos añadir dos venezolanas: la Teta de Niquitao y las Tetas de María Guevara, accidentes geológicos cuya forma evoca un seno de mujer y hasta de cierta mujer de apellido Guevara. Su hiperónimo, pues, no parece ser geográfico sino anatómico, por metáfora. En las Montañas Rocayosas de los Estados Unidos hay una llamada Grand Teton... (ver foto a la izquierda). ¿Es una adaptación al inglés de un nombre español? He allí los límites del juego hipónimos/hiperónimos. Estos funcionan de un modo caótico, es decir, con un sistema no rígido, que se va modificando según los dispositivos semánticos regidos por la pragmática. Así, según Ambadiang (1999, § 74.2.2.2), ciertos nombres

    tienden a agruparse ocasionalmente, cada uno con su referente específico, en clases léxicas más o menos extensas bajo lo que se podría considerar un genérico (avión, barco, café, día, hora, letra, motocicleta, etc.) [...]. El género de este último, que es el nombre «más general» dentro de su clase, se comunica o extiende a «estos nombres particulares» o específicos [...]. Así, por ejemplo, el género masculino de día se extiende a lunes, martes, domingo, etc., mientras que a, b, m, etc., reciben el género femenino de letra. Por el contrario, el género femenino de nota no se extiende a los masculinos do, re, mi, fa..., ni el femenino de prenda se extiende a los masculinos pantalón, jersey o chaleco.

Se trata en general de adjetivos lexicalizados como sustantivos. De allí esta flaca hipótesis de un sustantivo virtual, o hiperónimo, en que se apoyaba el adjetivo antes de lexicalizarse como sustantivo, como en máquina computadora o aparato ordenador. El asunto es que una vez sustantivados tenían que adoptar un género, que en español es obligatorio y eligieron el que eligieron, por azar tal vez, o por un sistema que habría que estudiar a la luz de casos como estos montes y montañas que son masculinos hasta que evocan una teta, que no un seno, pues en este caso se llamarían el Seno de Niquitao o los Senos de María Guevara. Pero da la impresión de que el comedimiento y el eufemismo no estaban en la intención expresiva de quien bautizó estas formaciones bajo el hiperónimo teta, o que tal vez teta no tenía la actual resonancia tabú cuando se bautizaron esas formaciones geológicas. Igual dejadez de recato tenemos forzosamente quienes usamos esas denominaciones —no porque carezcamos necesariamente de pudor, sino porque no hay otras denominaciones. ¿Cómo se produce este embrague semántico que va de monte a teta?

Por otra parte, la mayoría de los préstamos de otras lenguas, al adoptar la morfología española, se acogen al masculino, por ser el género no marcado:

Préstamos de género masculino

  1. casete o cassette (aunque el francés cassette es femenino —cosa extraña, por cierto, porque la palabra cassette no fue inventada en ningún país de habla francesa, sino en Holanda, por la empresa Philips)
  2. Cocosette  [galleta de venta comercial a base de coco, de mucha tradición en Venezuela]
  3. debut
  4. digitalizador (< scanner)
  5. escáner (< scanner)
  6. fax
  7. güinche (< winch) [uso venezolano. Designa una polea de tracción usada por vehículos de uso rústico]
  8. impasse [femenino en francés]
  9. manejador (< driver  [en computación, un programa que dirige el funcionamiento de un equipo periférico, como un disco duro, una impresora, un digitalizador o escáner, etc. Igualmente habla de dispositivos como las unidades de disco. También se usa, hablando español, directamente la palabra inglesa driver, que toma género masculino en español]
  10. seibó (< safe board) [uso venezolano]
  11. sócate (< socket)
  12. suiche (< switch)
  13. walkman [con varias pronunciaciones españolizadas]
  14. yip (< jeep)

Y un incalculable etcétera, dado el carácter dinámico del sistema de préstamos, especialmente en el mundo intercomunicado de este siglo, en el que diariamente la transferencia tecnológica multiplica términos que se internacionalizan instantáneamente en el mundo entero, a una tasa de 10.000 neologismos por año. Asimismo desaparecen con la misma desenvoltura y con frecuencia sin dejar rastros en la memoria colectiva: ¿quién recuerda, por ejemplo, los cartuchos (< cartridges) de cinta magnetofónica que, apenas comercializados, fueron desplazados por los casetes?

A veces, sin embargo, se conserva el género femenino, cuando se conoce el que tiene la palabra prestada en la lengua de origen, como en la premier (de un espectáculo), del femenino francés première (uso venezolano. A pesar de ser palabra empleada por personas con humos de ilustración, se suele pronunciar como los franceses pronuncian premier, sin la r final). O cuando es traducido a una palabra española de género femenino: battery > batería o pila, font > fuente (tipográfica), port > puerto (de computadora). Esta tendencia ocurre no solo con los préstamos, sino con las palabras nuevas o desconocidas, salvo, a veces, cuando tiene una desinencia identificable con el género femenino: data, ingesta, etc., que en español no solo son femeninos, sino singulares, a pesar de que en latín eran los nominativos neutros y plurales de datum e ingestum. Ocurrió distinto con los curricula, los memoranda y los pensa (uso colombiano y venezolano, ‘plan de estudios’), que adoptaron el masculino plural, al menos en el habla culta. Los curricula han sido desplazados por los currículos, y los memoranda por los memorandos. Los pensa han dado paso a pensos y a planes de estudios. Referendum dio referenda y ha venido siendo sustituido por referendo, tal vez por atracción de reverendo. En el proceso constituyente en Venezuela de 1999 se escuchó el plural referenda en uso culto. Así se ha seguido usando hasta hoy. También se usa multimedia, así como mass media, híbrido de inglés y latín que se ha universalizado. No parece haber prosperado el plural multimedios.

En inglés, lengua en que las operaciones desinenciales tienden a debilitarse —solo existen en plural y en algunas variantes verbales: I love/he loves —, los préstamos latinos suelen conservar su ortografía y parte de su morfología original modificando solo su pronunciación, hecha, claro está, a la inglesa. Así hallamos en inglés, sin rectificación, muchos latinismos como curriculum/curricula, memorandum/memoranda (ver Rosenblat, ¿Memorandum?, datum/data, junto con nombres como Julius Cæsar o Spartacus. Curriculum, data, memorandum, etc., han cundido del inglés a casi toda lengua del planeta. Por otra parte, varias palabras inglesas de uso muy frecuente tienen plurales que implican cambio morfológico distinto a la mera adición de -s o -es:

Palabras inglesas de plural anómalo

  1. child/children
  2. foot/feet
  3. goose/geese
  4. man/men
  5. mouse/mice
  6. tooth/teeth
  7. woman/women [sobre estos plurales cf. Sapir (1921:172-80)]

por lo cual esos plurales construidos con -a en sustitución de -um, como curriculum/curricula, no son, me parece, una intromisión radical en el sistema inglés de formación de plurales. En inglés la terminación -a no es percibida como femenino, como ocurre en español con data e ingesta, sino como una desinencia más de plural, como pertenecientes a los anómalos señalados arriba. Prácticamente no hay género en inglés, salvo en los pronombres he y she y algunas palabras excepcionales, que lo tienen por razones retóricas, estéticas o por tradición literaria, solo semánticas, sin marcas morfológicas. Así, son masculinos [father] time y la mayoría de los animales cuando se humanizan; por su parte son femeninos angel y ship, por ejemplo. He y she corresponden no a género solamente sino a sexo, pues siempre son personales, lo que no ocurre con los pronombres españoles de tercera persona él/ella, que pueden aludir a significados sin sexo, v. gr.: el partido/la institución. Para esos significados no personales el inglés tiene it, que no tiene género.

Con cambio de desinencia

El cambio de género suele implicar cambio de significado, ora varíe, ora no varíe la desinencia.

En algunos casos el femenino desinencial funciona como heterónimo semántico del correspondiente morfológico masculino, pues tienen un empleo diferente, aunque dentro del mismo campo semántico —lo que sea que quiera decir ‘campo semántico’ (§ 2.2.5). La Academia lo llama «esfera de significación». Digamos, en términos retóricos, que tienen una elocuencia cómplice. Esto es, mantienen una vinculación paradigmática que no vale la pena discutir, a la que podemos aplicar con asepsia la navaja de Occam. En algunos casos el cambio de género implica

  • cambio de dimensión (mango/manga, pozo/poza) o de
  • género y especie (leño/leña, crío/cría, naranjo/naranja, pito/pita (‘rechifla’).
La lengua castellana tiene la virtud de modificar el género de la palabra para distinguir variedades de un objeto [...] la forma femenina designa muchas veces una variedad más grande que la masculina, y la aparente aberración se explica porque el sistema se remonta al neutro del plural latino -a (Rosenblat, 1960:I, 120).

Aunque es frecuente el mayor tamaño de femenino, ningún género tiene el privilegio de ser más «grande»: ciertamente la manga en Venezuela es mayor que el mango (me refiero a la fruta), pero el lago suele ser más grande que la laguna.

En otros casos, y de modos muy diversos, el género modifica el sentido, sin implicar dimensión ni particularidad vs. generalidad: cuento/cuenta, huerto/huerta, río/ría, etc. Son, con frecuencia, categorizaciones discutibles: no es obvio que naranja pertenece a la «categoría» naranjo, pues también puede ser al revés. De nuevo el problema de hiperónimos e hipónimos. Pero es obvio que son palabras que se buscan mutuamente, que resuenan en espacios recíprocamente íntimos, aunque en algunos casos hayan emprendido un viaje de separación, si es que alguna vez estuvieron unidos, que ya ha recorrido largo trecho: acto/acta, bolo/bola, bombo/bomba, cuento/cuenta, modo/moda, rayo/raya, ruedo/rueda, salud/saludo, zapato/zapata. Con el perdón de los positivistas, no hay modo de medir algo así como la «distancia semántica», pero me parece obvio que el compromiso asociativo de estas palabras ha ido dispersándose después de que abandonaron ha mucho su (tal vez) idéntica cuna etimológica para hacer vidas aparte en el seno de la vida social. Las otras nutren una solidaridad semántica que no ha perdido su lozanía.

He aquí una lista de estos casos. Por cuanto pudiera tratarse de un fenómeno al menos parcialmente distinto, hemos puesto en otra lista los derivados por sufijo, del tipo libro/libreta, etc.

Palabras con desinencia masculina y femenina con cambio semántico

  1. acto/acta
  2. anillo/anilla
  3. banco/banca
  4. barco/barca
  5. bolo/bola
  6. botijo/botija
  7. bombillo/bombilla
  8. bombo/bomba
  9. butaca/butaque [variante de butaca, cf. Rosenblat, Butacas y butaques. Hasta los años de la década de 1950 y tal vez 1960, hubo en Valencia, Venezuela, un pan llamado «de butaque», de consistencia dura y de forma parecida a la de un sillón mullido, con el que se solía acompañar el desayuno]
  10. caldero/caldera
  11. canto/canta
  12. caño/caña
  13. caracol/caracola
  14. castaño/castaña
  15. cerco/cerca
  16. cerezo/cereza
  17. cesto/cesta
  18. charco/charca
  19. cinto/cinta
  20. ciruelo/ciruela
  21. costurero/costurera
  22. crío/cría
  23. cuadro/cuadra
  24. cuarteto/cuarteta
  25. cubo/cuba
  26. cuchillo/cuchilla
  27. cuento/cuenta
  28. dato/data
  29. director/directora/directriz
  30. dueño/dueña
  31. editor/editora
  32. fajo/faja
  33. farol/farola
  34. fruto/fruta
  35. garbanzo/garbanza
  36. giro/gira
  37. gorro/gorra
  38. guayabo/guayaba [guayabo, que es el árbol que da la guayaba, indica también en Venezuela el mal de amores que en portugués se llama saudade, y en inglés se apela lovesickness]
  39. hado/hada
  40. hilo/hila
  41. hueco/hueca
  42. huerto/huerta
  43. huevo/hueva
  44. impresor/impresora
  45. jarro/jarra
  46. lago/laguna
  47. leño/leña
  48. libreto/libreta [siendo derivados por sufijación debieran estar en la lista que sigue más abajo. Sin embargo quisimos ponerlo aquí porque la identidad de sufijos los iguala y porque además su carácter diminutivo se encuentra debilitado por cuanto ninguna de las dos palabras significa ‘libro pequeño’ sino otras cosas. Para decir libro pequeño decimos librito, librillo, opúsculo, etc.]
  49. limón/lima
  50. madero/madera
  51. mando/manda
  52. mango/manga
  53. manto/manta
  54. manzano/manzana
  55. mecho [‘el cabo desgastado de la mecha’ [Rosenblat, 1960:I, 120]/mecha
  56. modo/moda
  57. monte/montaña
  58. naranjo/naranja
  59. olivo/oliva
  60. olmo/olma
  61. pellejo/pelleja
  62. perol/perola
  63. peso/pesa
  64. pito/pita
  65. pollino/pollina [en Venezuela pollina es ‘flequillo’, por el que suelen tener los pollinos en la frente]
  66. poltrón/poltrona
  67. pozo/poza
  68. pueblo/puebla
  69. rayo/raya
  70. rejo/reja
  71. río/ría
  72. ruedo/rueda
  73. salud/saludo
  74. segador/segadora
  75. soldado/soldada
  76. tambor/tambora
  77. técnico/técnica
  78. televisor/televisora
  79. toldo/tolda
  80. tumbón/tumbona
  81. túnico/túnica
  82. ventano/ventana
  83. zapato/zapata

Palabras con derivación por sufijo de género diferente y con cambio semántico
Como en los demás, en los casos en -on el cambio de género corresponde a un cambio de magnitud y no de sexo, que las cosas, obviamente, no tienen ni nadie puede juiciosamente atribuirles, a menos que las personalice, como la Patria, que para los franceses, por ejemplo, es una doncella llamada Marianne, y que Unamuno prefería llamar Matria. Como lo señalan Miguel de Unamuno y Edgar Morin, Patria comienza con masculino y termina en femenino, pues la Patria es las dos cosas: padre y madre, con todas sus connotaciones. También corresponde a la adopción del sufijo aumentativo masculino -on. Asimismo ocurre con otros derivados por sufijo que «rigen» sea masculino, sea femenino.

  1. árbol/arboleda
  2. bacín/bacineta
  3. banco/banqueta
  4. bala/balín/balón
  5. bata/batín
  6. batalla/batallón
  7. bodega/bodegón
  8. botella/botellón
  9. braga/bragueta
  10. brazo/brazada
  11. bus/buseta [ver Márquez Rodríguez (1997)]
  12. butaca/butacón [Rosenblat, Butacas y butaques]
  13. cabello/cabellera
  14. caja/cajón/cajero/cajeta/cajetín
  15. calle/calleja/callejón/callejuela
  16. camión/camioneta
  17. camisa/camisón/camiseta
  18. capa/caparazón (Rosenblat, ¿El caparazón o la caparazón?)
  19. carro/carreta/carretón/carretera/carretilla
  20. carta/cartón
  21. cauda/caudal
  22. cigarra/cigarrón
  23. chanclo/chancla/chancleta
  24. chaqueta/chaquetón
  25. colchón/colchoneta
  26. corno/corneta
  27. cucaracha/cucarachón [‘hombre enamoradizo’. Uso venezolano hoy desusado. En la Autobiografía de Braulio Fernández se dice que cierto hombre estaba «cucaracheando unas mujeres». Caupolicán Ovalles, Antología de la literatura marginal, Caracas: Monte Ávila, p. 329]
  28. cuenta/cuentón
  29. cuerda/cordón
  30. danza/danzón
  31. destino/destinación
  32. espada/espadín
  33. estoque/estocada
  34. falda/faldón/faldellín
  35. hembra/hembrón
  36. higuera/higuerón
  37. hilo/hilacha/hilera
  38. humo/humareda/humacera [uso venezolano]
  39. jabón/jabonera
  40. juego/jugarreta
  41. lancha/lanchón
  42. lata/latón
  43. libro/libreta
  44. luna/lunar
  45. mano/manotón
  46. manta/mantón
  47. mosca/mosquito
  48. música/musical (espectáculo)
  49. mujer/mujerón
  50. naranja/naranjal
  51. nota/notón
  52. noticia/notición
  53. paja/pajón/pajazo
  54. palo/paleta
  55. paño/pañoleta
  56. pantalón/pantaleta/pantaloneta
  57. papel/papeleta
  58. patín/patineta
  59. peine/peineta
  60. pelo/pelambre
  61. peña/peñón
  62. pera/peral
  63. peso/peseta
  64. pico/piqueta
  65. poliomielitis/polio
  66. puerta/portón/portal
  67. pulpo/pulpeta
  68. puñal/puñalada
  69. puño/puñeta/puñada [como las que recibían Don Quijote y Sancho]
  70. rosa/rosal
  71. sala/salón/salita/saleta/salota
  72. saliva/salivazo
  73. salud/saludo
  74. silla/sillón/sillar
  75. tabla/tablón
  76. tapa/tapón
  77. tela/telón
  78. tierra/terrón/terreno/terraplén
  79. tiro/tirón
  80. tocino/tocineta
  81. tranca/trancón
  82. tropa/tropel
  83. vaina/vainón
  84. vinagre/vinagreta
  85. viña/viñedo

El caso de la poliomielitis y el polio es producto de la terminación -o de polio. Hay, sin embargo, vacilación en los hablantes, muchos de los cuales dicen la polio.

Algún animal cambia de tamaño al cambiar de género:

Cambio de género implica cambio de tamaño

  1. sapo/rana

Sapos y ranas, por ejemplo, son batracios tan anuros los unos como las otras, pero de distinto tamaño. Sin embargo suelen figurar como macho y hembra, aunque en algún poema popular cubano escuchamos:

...y las maracas tan sapas
se ríen a carcajá.

Es una feminización de sapo que no hemos verificado personalmente en otro lugar, aunque nos la han reportado en Barinas y Santa Bárbara del Zulia, en Venezuela. Pero estas singularidades son bien significativas. Añadamos a esta observación que mucha gente proyecta el género sobre el sexo y dice que la rana es la hembra

Sin cambio de desinencia

Algunas voces cambian de sentido según cambien de género, aunque conservan la desinencia y cierta analogía semántica similar a la de las que cambian de desinencia. Sabemos que cambian de género por el artículo: el/la canal, o por el adjetivo que las acompaña: arte poética/arte español.

Homónimos con etimología común

  1. arte: arte poética/arte español/las artes
  2. canal
  3. capital
  4. clave
  5. cólera
  6. cometa
  7. doblez
  8. editorial
  9. final
  10. frente
  11. Génesis/génesis: el Génesis ‘el libro del Génesis’/la génesis ‘origen’
  12. guardia
  13. guía
  14. lente
  15. lis [para el género de lis y de otros monosílabos cf. Rosenblat, 1951, donde se muestra que las siguientes palabras han presentado o presentan vacilación de género: pro, prez, nuez, sen, ren, crin, fin, sal, cal, val ‘valle’, mar, par, hiel, miel, red, flor, cor, col, claz, haz, faz, coz, buz, lis, pus, grey, sey ‘sede’, boj, troj, res, vals, jazz y film. Algunas son voces hoy poco usadas o totalmente desusadas]
  16. margen
  17. moral
  18. orden
  19. parte
  20. pez
  21. policía
  22. postre
  23. prez
  24. sal
  25. vocal

Homónimos sin etimología común

  1. coma: el coma (< griego kóma)/la coma (< griego kómma)
  2. corte: el corte (< cortar)/la corte (< cohorte)
  3. haz: el haz (< latín fascis; de ese objeto simbólico viene el término fascismo, que quería ser ‘la unión’) ‘leña atada’/la haz (< latín facies) ‘tropa ordenada’
  4. pro: la pro (< latín prode)/el pro (< latín pro)

Cultura del género y el género de la cultura

A veces el género prevalece sobre el sexo y en otras ocurre lo contrario: una palabra cambia de género para concordar con el sexo.

Palabras que cambian de género según el sexo del referente

  1. barba: el barba («por el actor que hace papeles de viejo», Bello, 1847:§ 168)
  2. centinela: el/la centinela
  3. consuela: el consuela («por el apuntador de teatro», Bello, 1847:§ 168)
  4. cura ‘sacerdote’
  5. guarda: el/la guarda
  6. guardia: el/la guardia
  7. guía: el/la guía
  8. imaginaria: el/la imaginaria
  9. lengua: el/la lengua ‘intérprete’
  10. vela: el/la vela ‘centinela’
  11. vista: el vista («por el de la aduana», Bello, 1847:§ 168)

La sinécdoque a veces tiene sexo; a veces no. A veces se trata de seguir una sinécdoque: el sustantivo que cumple la función de la sinécdoque cambia de género siguiendo el sexo del referente:

Sinécdoques que cambian de género

  1. corneta: el corneta
  2. espada: el espada ‘torero’
  3. raqueta: el raqueta ‘tenista’
  4. pluma: «el [boxeador peso] pluma»
  5. trompeta: el trompeta

En otros casos lo conserva:

Sinécdoques que no cambian de género

  1. pluma: «Gallegos es una pluma consagrada»
  2. diente: «Jacinta es buen diente»
...ha habido en español antiguo y clásico, y hay todavía en la lengua literaria y en los dialectos, algunos nombres femeninos que designan varón, o que pueden designar mujer o varón indistintamente: la centinela, la guarda, la lengua ‘intérprete’, la guía, la vela, la imaginaria (Real Academia, 1973:§2.2.4).

No son excepciones los sustantivos a los que su significado de varón hace masculinos, como atalaya y vigía (por las personas que atalayan), atleta, argonauta, barba (por el actor que hace papeles de viejo), consuela (por apuntador de teatro), cura (por el párroco), vista (por el de la aduana); pero sí debemos mirar como irregulares en esta parte a los ambiguos, que siguen ya el género del significado, ya el de la terminación, como espía (el que acecha), guía (el que muestra el camino), lengua (el que interpreta de viva voz), maula (el hombre artificioso o petardista); bien que indudablemente prevalece aun en estos el género que corresponde al sexo. La sota de los naipes es siempre femenino aunque tiene figura de hombre.

    Son también masculinos: cólera (por cólera-morbo), contra (por la opinión contraria), día, hermafrodita, mapa (por carta geográfica), planeta y cometa (astros), y gran número de los acabados en ma, que son sustantivos de la misma terminación en griego, como emblema, epigrama, poema, síntoma. De manera que no debemos vacilar en hacer masculino todo nuevo sustantivo de esta terminación y origen, como empireuma, panorama, cosmorama, diorama. El uso, sin embargo, ha hecho ambiguos a anatema, neuma, reuma, y femeninos a apostema, asma, broma, diadema, fantasma (cuando significa un espantajo artificial), flema, tema (por obstinación o porfía), y algunos otros. Llama, cuadrúpedo americano, es ambiguo, pero más frecuentemente masculino (Bello, 1981:§ 168).

Vemos cómo estos usos van cambiando de género con el tiempo. Anatema, neuma, reuma, ya no son ambiguos sino masculinos; asma, estratagema, fantasma y tema son masculinos y podemos decir que llama es exclusivamente femenino, signifique ‘fuego’ o ‘cuadrúpedo americano’, como la define Bello (1981:§ 168).

Un pluriel bien singulier

En algunos casos el cambio de número implica cambio de género.

El cambio de número implica cambio de género

  1. arte: el arte/las artes
  2. azúcar: el azúcar/los azúcares
  3. mar: la mar/los mares

No hemos verificado las mares.

El número, como accidente gramatical, tiene en español solo dos valores: singular ‘uno’ y plural ‘diferente de uno’. Así como en el género nos hallamos ante un caso de oposición de sexos, de magnitudes y de jerarquías lógicas, el número corresponde también a otra condición que podríamos llamar universal: la oposición ‘uno’/‘no-uno’.

Pero, así como los géneros no necesariamente implican sexo, este otro accidente gramatical, el número, no siempre implica la cantidad que cabría suponer le corresponde: el plural no siempre implica ‘no-unicidad’ ni el singular ‘unicidad’, para no hablar de su incapacidad para expresar otras magnitudes. Los números superiores a 2 ó inferiores a 1 son nombrados con los números que les siguen en ambas direcciones, pero ellos mismos están congregados en el plural, que semánticamente es ‘distinto de 1’, pues cuando la cantidad es igual o menor que cero, se usa también el plural: «hay 0 naranjas» ó «–7 grados centígrados», por ‘7 grados bajo cero’. Las fracciones decimales también se dicen en plural: «la cotización subió 0,7 puntos». El plural no es, pues, ‘igual o mayor a 2’. El plural no tiene valor de cantidad en todos los casos, sino, como dijimos, de ‘distinto de 1’, pues puede incluir al

  • 0, que es la ‘no cantidad’;
  • < 0, en el caso de las magnitudes negativas; y
  • las fracciones decimales. Las fracciones no decimales se expresan con palabras en singular: «Media taza de café», «un cuarto de litro», «una diez millonésima parte».

¿Cabría especular sobre el carácter divisible de algunos significados?

Pluralia tantum

Hay plurales —los llamados pluralia tantum— que significan singular. Algunos tienen una versión singular generalmente poco usada. Aunque morfológicamente funcionen como plural, semánticamente se comportan como singular.

Entre ellos los hay constituidos por componentes pares, como pantalones, tijeras, tenazas, etc., pero otros no obedecen a esa restricción simétrica y binaria. Estos «pares» tienen también versión singular: pantalón, tijera, tenaza. No son, pues, pluralia tamtum estrictamente hablando. Otros se refieren a materias no numerables al no ser divisibles discretamente: aguas, anchas, calostros...

Plurales que significan singular
Los ejemplos marcados con asterisco (*) tienen solo plural.

  1. aguas: «las aguas del mar Caribe»; «hacer aguas»
  2. aires: «Buenos Aires»
  3. aledaños *
  4. alicates
  5. anales *
  6. anchas: «se siente a sus anchas cuando está con sus amigos»
  7. andurriales *
  8. barbas: «cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo»; «lo robaron en sus propias barbas»
  9. bigotes
  10. calostros
  11. calzones/calzoncillos: «¡párate, calzones negros!» [expresión popular venezolana, hoy desusada], «se cambió los calzoncillos en un santiamén»
  12. carnes: «se castigaba las carnes»
  13. cartas credenciales: «el embajador presentó sus cartas credenciales»
  14. cedras [DRAE: «Alforjas de pellejo en que los pastores llevan el avío»]
  15. cielos: «subió a los cielos y está a la diestra de Dios Padre»; «si me llegara la hora definitiva bajo otros cielos...» [Ernesto Guevara, carta de despedida dirigida a Fidel Castro]
  16. comestibles
  17. cotonías: «tener ajumadas [‘ahumadas’, ‘quemadas’] las cotonías» [en Venezuela, ‘ser muy valiente y experimentado como varón’]
  18. creces: en la expresión «con creces» [¿cuál sería el singular de creces?] *
  19. credenciales: «el embajador presentó sus credenciales»
  20. crines: «se agarraba de las crines del caballo»
  21. descubiertas: «los marineros hacen descubiertas» [DRAE: «3. Mar. Reconocimiento del horizonte, que, al salir y ponerse el Sol, se practica en una escuadra por medio de los buques ligeros, y en un buque de guerra solo se hace desde lo alto de los palos. || 4. Mar. Inspección del estado del aparejo del buque, que por mañana y tarde ejeutan los gavieros y juaneteros en sus palos respectivos. || 5. Mil. Reconocimiento que a ciertas horas hace la tropa para observar si en las inmediaciones hay enemigos y para inquirir su situación»]
  22. deseos: «siento deseos de comer chocolate»
  23. días: «buenos días»
  24. dineros: «él cuida los dineros públicos»
  25. disciplinas: «las religiosas se dan disciplinas»
  26. enaguas/enagüetas/enagüillas: «se le ven las enaguas»
  27. enseres *
  28. entendederas *
  29. escaleras
  30. espaldas: «conspiraban contra él a sus espaldas»
  31. esponsales *
  32. esposas: las que usan los presos
  33. exequias *
  34. facciones * ‘del rostro’
  35. faldas: «está apegado a las faldas de su mujer»
  36. fauces *: «las fauces del león»
  37. fondos: «le di un cheque sin fondos», «la joven andaba en fondos por toda la casa»
  38. fustanes: «la mujer se alzó los fustanes»
  39. gafas *: las de ver
  40. ganas: «tengo ganas de comer» [hay ganas singulares, como cuando uno hace algo de buena gana. Pero fuera de este sintagma fijado, conocemos pocas ganas singulares, como aquella de Vallejo en Poemas humanos: «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política»...]
  41. gárgaras *
  42. grillos: como los que usan los presos
  43. hábitos: «de ahora en adelante andarás en hábitos de monja»
  44. haberes
  45. heces: «examen de heces»
  46. hilas *
  47. honorarios *
  48. ingles: «llenas las ingles de espuma/y oscilaciones la barba» [Federico García Lorca, «Thamar y Amnón», Romancero gitano]
  49. interiores ‘prenda íntima masculina’: «los interiores son lo primero que se pone un hombre» [publicidad de Wilson Athletics, ca. 1970]
  50. intereses
  51. intestinos
  52. latines: «tendré que revisar mis latines»
  53. macundales * [africanismo de uso venezolano, ‘avíos’]
  54. matemáticas
  55. meados: «se bebieron los meados del recién nacido» [en Venezuela, ‘celebrar con licor el nacimiento de un niño’]
  56. modales *
  57. mostachos
  58. murallas
  59. narices: «lo robaron en sus narices» [hay quienes llaman narices a las fosas nasales]
  60. nupcias *
  61. orines: «el pañal está mojado con los orines del bebé»
  62. pantaletas: «se cambió las pantaletas en un santiamén»
  63. pantalones: «él lleva los pantalones en su casa»
  64. paces: «las paces son muy dudosas... sólo es segura la guerra» [Pedro León Zapata, caricatura, El Nacional 2 de octubre de 1995, p. A/4]
  65. pinzas
  66. plácemes *
  67. postres ‘conclusión de un proceso’: «negro no llega a los postres» (Gallegos, Cantaclaro)
  68. resultas *
  69. sesos: «los sesos de esta res tienen una suave textura» [en inglés también es plural: the brains]
  70. tenazas
  71. tierras
  72. tijeras: «David con unas tijeras/cortó las cuerdas del arpa» [García Lorca, «Thamar y Amnón», Romancero gitano]
  73. tieneblas *
  74. trizas *
  75. verijas: «sintió un friíto en las verijas» [el DRAE solo registra verija, pero, al menos en Venezuela, es registrable el plural verijas con sentido de singular, pues, según me han asegurado, no hay sino una sola verija por persona...]
  76. vituallas *

Algunos sustantivos se dicen siempre en plural y significan, en efecto, plural:

Se dicen en plural y solo significan plural

  1. afueras
  2. aledaños
  3. anales
  4. añales
  5. enseres
  6. modales
  7. visos
  8. vítores
  9. vituallas
  10. víveres

Hay locuciones adverbiales en que las preposiciones a, de, por y sin parecen «regir plural» y con frecuencia femenino:

Locuciones adverbiales en plural

  1. a ciegas
  2. a derechas
  3. a escondidas
  4. a gatas
  5. a mares
  6. a ojos vista
  7. a oscuras
  8. a pie juntillas
  9. a solas
  10. a tientas
  11. a tontas y a locas
  12. a trancas y barrancas
  13. a tortazos
  14. a trompicones
  15. de bolas
  16. de buenas a primeras
  17. de perlas
  18. de veras  [de a de veras en México]
  19. por las buenas/malas
  20. por quítame allá estas pajas
  21. sin tantas averiguatas [uso mexicano]

Estas preposiciones también parecen regir singular en otros casos:

Locuciones adverbiales en singular

  1. a caballo
  2. a coñazo limpio
  3. a fondo
  4. a juro [‘a la fuerza’. Uso venezolano]
  5. a la brava
  6. a la loca
  7. a lo macho
  8. a ojos vista
  9. a pie
  10. a plazo fijo
  11. a tenor
  12. a término
  13. a tiro limpio
  14. al alimón
  15. al buen tuntún
  16. al cabo
  17. al caletre [‘de memoria’. Uso venezolano]
  18. al calor
  19. al corriente
  20. al fin
  21. al fin y al cabo
  22. al horno
  23. al mayoreo
  24. al por mayor
  25. al tamiz
  26. al trasluz
  27. al voleo
  28. de bola(s)
  29. de cajón
  30. de cuajo
  31. de golpe y porrazo
  32. de golilla [‘de gorra’. Uso venezolano]
  33. de gorra
  34. de plano
  35. en burro
  36. sin ton ni son

Al menos en Caracas, es verificable un uso de tono jocoso: pluralizar los nombres de los países, tal vez por analogía con expresiones como las Américas, todas las Rusias, etc.:

  1. Estuvo de vacaciones en los Portugales
  2. Se fue a trabajar a las Colombias

A caballo y en burro llaman la atención por el régimen de las preposiciones: ¿por qué no andamos a burro si andamos a caballo? ¿Por qué viajamos por avión o por barco pero andamos en automóvil, en moto o en bicicleta? ¿Por qué viajamos por tierra, mar y aire, pero andamos a pie? En Caracas se usa a piesmente ‘a pie’ como fórmula jocosa. También se oye con frecuencia, y con la misma intención, a pata. ¿Por qué en esta expresión andamos en un solo pie? ¿Qué concordancia es esa de a pie juntillas o a ojos vista? Es asunto de idiotismos que no corresponden a este trabajo y lo dejamos hasta ahí. Lo que sí corresponde es ese singular pie (en a pie) para referirnos a miembros que, salvo excepciones, vienen en pares. Por otra parte todo un ejército puede atacar a caballo o viajar en burro y no a caballos o en burros como lo revela cualquier observación empírica. ¿Es un genérico? Me parece más bien que ello se debe a que son locuciones adverbiales, invariables como los adverbios mismos. Es el caso también de los singulares genéricos, como el hombre ‘el género humano’, el teléfono es un gran invento. Un par de poetas discutía alguna vez si las frases

    todo ángel es terrible

y

    todos los ángeles son terribles

decían lo mismo o no. Opino que no y me inclino por el singular, aunque todo ángel me hable de todos los ángeles. Es en todo caso elección inspirada por la retórica, la estética, una preferencia doctrinal, etc. Es, en fin, un recurso morfológico en el que es posible engastar una oposición semántica cualquiera. Puede que gramaticalmente sea indiferente decir esta casa y la casa esta; la gramática es imparcial, pero sus opciones suelen respaldar matices de sentido: énfasis en la especificación, etc.

Singularia tantum

Hay colectivos que morfosintácticamente se comportan como singulares, aunque significan plural.

Singulares que significan plural
He suprimido los nombres de países, que son innumerables, pues aparecen y desaparecen todos los días, sin contar aquellos cuya definición política y territorial no es ni clara ni distinta.

  1. agrupación
  2. alcaldía
  3. asociación
  4. audiencia
  5. avanzada/avanzadilla
  6. banda
  7. barrio
  8. batallón
  9. beaterio
  10. burguesía
  11. cáfila
  12. cámara/camarilla
  13. caravana
  14. cardumen
  15. cartel
  16. casa [de comercio, etc.]
  17. caterva
  18. chamuchina
  19. círculo
  20. ciudad
  21. clan
  22. clase
  23. clientela
  24. club
  25. coalición
  26. cofradía
  27. cola ‘fila’
  28. colectividad
  29. colectivo
  30. colegio
  31. columna
  32. comandita
  33. comando
  34. combo
  35. comisión
  36. comité
  37. comitiva
  38. compañía
  39. comparsa
  40. comunidad
  41. conciliábulo
  42. concilio
  43. confederación
  44. conga
  45. congregación
  46. congreso
  47. conjunto
  48. consorcio
  49. convento
  50. coro
  51. corporación
  52. corro/corrillo
  53. corrincho
  54. corte
  55. cortejo
  56. cristiandad
  57. cuadrilla
  58. cuarteto
  59. cuerda
  60. cuerpo [organizativo y militar]
  61. cumbe
  62. curia
  63. departamento
  64. desfile
  65. destacamento
  66. división [organizativa y militar]
  67. dúo
  68. ejército
  69. elenco
  70. empresa
  71. equipo
  72. escolta
  73. escuela
  74. esfera
  75. estado
  76. estado mayor
  77. facción
  78. facultad
  79. falange
  80. familia
  81. federación
  82. feligresía
  83. fila
  84. firma
  85. fracción
  86. fraternidad/confraternidad
  87. gabinete
  88. gang
  89. generación
  90. gineceo
  91. gremio
  92. grupo
  93. guardia
  94. guerrilla
  95. harén
  96. hermandad
  97. horda
  98. hueste
  99. iglesia
  100. instituto
  101. islam
  102. judería
  103. junta
  104. jurado
  105. juventud
  106. kindergarten
  107. liga
  108. manada
  109. manga
  110. matrimonio
  111. mesnada
  112. milicia
  113. monasterio
  114. montonera
  115. multitud
  116. morería
  117. noneto
  118. novena ‘equipo de beisbol’
  119. octeto
  120. oficialidad
  121. oncena ‘equipo de fútbol’
  122. orden (profesional o religiosa)
  123. orfeón
  124. organismo
  125. orquesta
  126. país
  127. pandilla
  128. par
  129. pareja
  130. parlamento
  131. parranda
  132. partido/partida
  133. parvulario
  134. patota [‘pandilla juvenil’. Uso venezolano de origen rioplatense. También se dice pata con el mismo sentido]
  135. patrulla
  136. pelotón
  137. peña
  138. piquete
  139. pleno
  140. poblada
  141. policía
  142. populacho
  143. procesión
  144. proletariado
  145. público
  146. quinteto
  147. rebaño
  148. sanedrín
  149. secta
  150. sector
  151. septeto
  152. séquito
  153. serrallo
  154. servidumbre
  155. sexteto
  156. sindicato
  157. sociedad
  158. soldadesca
  159. trabuco [‘conjunto musical’. Uso venezolano]
  160. tribu
  161. tribunal
  162. trío
  163. tropa
  164. tropel
  165. tumulto
  166. turba
  167. turbamulta
  168. unión
  169. universidad
  170. urbanización
  171. vanguardia

Asimismo hay singulares que se refieren a plurales por sufijación: gentío, hombrerío, mujerero, palamenta, palamentazón, etc. No los enumero aquí porque, siendo derivables, su cantidad resultaría variable e inútilmente abrumadora. Señalemos solo que estos sufijos enfatizan el carácter plural: palamenta implica ‘muchos palos’, y palamentazón muchos más todavía.

También hay términos —los singularia tantum— que solo se usan en singular:

Solo se usan en singular

  1. caos
  2. cariz
  3. cenit
  4. este
  5. norte
  6. oeste
  7. salud [en Colombia se dice saludes como equivalente de saludos]
  8. sed
  9. sur
  10. tez
  11. Zodiaco o Zodíaco

Por último, hay singulares que designan la generalidad plural: «todo ángel es terrible», «el hombre apareció en el África».

Otros fenómenos no morfológicos

Hay algunos casos en que no siempre hay marcas morfológicas, pero en que el cambio semántico implica manifestaciones axiológicas «parásitas».

Maniqueísmo semántico

Ciertos pares, que parecen destinados «en primer grado» a designar cualidades opuestas de carácter práctico, algunas bien «claras y distintas», presentan, sin embargo, connotaciones valorativas, positivas o negativas.

Oposiciones axiológicas
Pongo a la izquierda el término generalmente percibido como «positivo», aunque no sorprendería una valoración inversa.

  1. activo/pasivo
  2. agudo/obtuso
  3. alma/cuerpo, espíritu/materia
  4. alto/bajo, superior/inferior, elevado/bajo
  5. amplio/estrecho
  6. animado/inanimado
  7. blanco/negro
  8. cálido/frío
  9. cielo/tierra
  10. derecho/torcido
  11. derecho/izquierdo
  12. día/noche
  13. diestro/siniestro
  14. dulce/salado [en el contexto culinario occidental lo ‘dulce’ cumple funciones de postre, algo así como el premio por comerse lo salado, que supuestamente es comparativamente menos placentero. En realidad el nivel de sacarosa tiene poca relación con esto. Algunas verduras ricas en azúcar se consideran saladas, tanto, que integran precisamente las ensaladas. En algunas regiones de Venezuela, sin ir más lejos, se pone azúcar a las caraotas negras (‘frijoles negros’ o ‘porotos negros’), práctica edulcorante que horroriza a algunos vecinos del Caribe hispanohablante para quienes este grano es dilecto, pero que no las desplaza a los postres porque permanecen dentro del paradigma de los sustentos salados, que se comen antes de los postres. En la comida europea, que es la que rige en general en América, hay, con variantes no radicales, los siguientes elementos, organizados sintácticamente así: primero la sopa, segundo el seco o lo demás y tercero los postres. Los dos primeros se consideran ‘salados’ y los postres ‘dulces’, séanlo o no según el punto de vista de la «anatomía del gusto»]
  15. grande/pequeño
  16. lúcido/oscuro
  17. masculino/femenino, macho/hembra, viril/femenino, hombre/mujer
  18. norte/sur
  19. pares/nones
  20. recta/curva
  21. seco/mojado
  22. sol/luna
  23. verde/rojo
  24. vertical/horizontal

Este sistema de segregaciones es una articulación entre gramática y sentido: un eje paradigmático que orienta los antagonismos de la significación:

  • Los altos ideales se oponen a las bajas pasiones.
  • Derecho es lo correcto y legal. Mientras lo torcido, y sobre todo lo retorcido, es lo torvo y maligno.
  • En la Argentina «jugársela zurda» a alguien es traicionarlo o poco menos. En todo el mundo hispánico —y aun más allá— siniestro no solo es adjetivo que significa ‘maligno’ y ‘tenebroso’, sino sustantivo que significa ‘desastre’, usado por las empresas aseguradoras como término técnico, despreocupadas de su carácter tendencioso. Por esas connotaciones negativas se combatía la zurdera en los niños, porque se consideraba una «mala costumbre», de compromiso incluso luciferino. Por ello los católicos se persignan con la derecha, mientras los satánicos lo hacen con la izquierda y en la dirección contraria de aquellos. De allí que siniestro implique ‘oscuridad’ o ‘tiniebla’ y también ‘desastre’, ‘avería’.
  • El color verde significa ‘vía libre y segura’, mientras el rojo es ‘peligro y detención’.
  • Alto/bajo tienen correlación con cielo/tierra, y esto con el mito de la elevación, y el vuelo como purificación y trascendencia, en tanto que vinculada con lo superior, lo emancipado de lo inferior físico (que es la gravedad, lo perecible), los genios o dioses superiores y benignos, lo luminoso, etc. La tierra o lo terrestre es, pues, lo inferior, lo reptil, lo rastrero, lo subordinado a lo físico (que es la gravedad, lo perecible), los genios o dioses malos, lo oscuro, etc. Esta oposición es correlativa de la de alma/cuerpo, que está en la raíz de una vasta diálisis axiológica que comienza con los filósofos griegos y con las raíces judeocristianas de Occidente. Pero no siempre lo terrestre es nocivo, también suele ser fertilidad, maternidad, riqueza, etc., que son valoraciones positivas en general. Ni siempre es benéfico el cielo, de donde vienen los rayos, las tormentas, los rayos solares cancerígenos que no filtra el ozono o la ira divina, por ejemplo. Todo depende del pueblo, de la evolución cultural, del estrato mítico de que se trate. Pero lo importante es notar que en la raíz semántica del lenguaje hay una fuerte tendencia a este tipo de clasificaciones positivo/negativo. ¿Podemos considerar especulativamente que este tipo de oposiciones es capaz de desarrollarse, potencial y diacrónicamente, como clasificador morfológico comparable al género? Como ignoro cuán plausible es esta conjetura y sospechando que lo es poco, la dejo hasta ahí, en su carácter de especulación.
  • Una actitud viril es generalmente percibida, por el sexismo prevaleciente en nuestra cultura, como más ‘correcta’ y ‘vertical’ que una femenina. La palabra española virtud viene del latín vir ‘varón’. En esto una enumeración de las palabras que solo designan mujeres y solo designan hombres, nos da una relación tendenciosa —para las menciones de mujeres hay más peyoraciones que para los hombres; hela aquí:

Tienen género solo femenino
Las palabras de esta lista no se usan habitualmente con su desinencia masculina, si la tuvieren o fuere derivable. Incluyo todas las variantes de ‘prostituta’, que se supone profesión solo femenina, lo que, como se sabe, es falso. Es, obviamente, una restricción semántica, esto es, cultural. Esta observación es válida para los demás casos. Es notoria, por ejemplo, la alta incidencia de cargos religiosos atribuidos a hombres y la de actividades meretrices en las mujeres. En estas la desinencia femenina de los grados militares y hasta de algunas profesiones o títulos suelen usarse irónicamente y hasta despectivamente, como bachillera, capitana, etc. No pongo esas palabras en la lista porque ella se limita solo a las designaciones de personas solo femeninas.

  1. bacante
  2. bagasa
  3. bastonera
  4. bayadera
  5. beldad
  6. caminadora [uso venezolano: ‘prostituta’]
  7. cariátide [es cosa, ciertamente, pero designa algo que representa persona. Por eso me parece, tímidamente, que cabe en esta lista]
  8. celestina
  9. coima
  10. comadrona
  11. contralto
  12. corista
  13. costurera
  14. dama
  15. doncellidueña
  16. fémina
  17. fichera [uso venezolano: ‘prostituta’]
  18. fulana
  19. furcia
  20. hembra [aunque se usa de preferencia para animales, también suele abribuirse a humanas]
  21. hetaira
  22. hetera
  23. jinetera [en Cuba, ‘prostituta’]
  24. madre
  25. marimacha [con desinencia femenina es uso venezolano] y marimacho
  26. marisabidillas
  27. meretriz
  28. mujer
  29. mujerzuela
  30. nuera
  31. odalisca
  32. pelandusca
  33. perendenga
  34. pingo
  35. prostituta
  36. ramera
  37. ricahembra
  38. tártara [en su acepción de ‘prostituta’]

Tienen género solo masculino
La exclusividad masculina de estas palabras está en el uso o, en todo caso, viene así atribuida por el DRAE.

  1. adalid
  2. albañil
  3. alférez (en Venezuela han aparecido alferezas recientemente)
  4. almirante
  5. ayatola
  6. bajá
  7. bajamanero
  8. bajamano
  9. bajelero
  10. bajo [«la más grave de las voces humanas» (DRAE)]
  11. balanzario
  12. balanzón
  13. ballestero [ballestera solo aparece en su acepción de hierba ballestera]
  14. banderillero
  15. banquero
  16. bañero
  17. baptizador
  18. barbirralo
  19. barbo
  20. barbón
  21. bardo
  22. barítono
  23. barrabás
  24. batanero
  25. bejinero
  26. belitrero
  27. benimerín
  28. beréber o bereber
  29. bey
  30. bigornio
  31. bonzo
  32. botarate
  33. botellero
  34. botillero
  35. boxeador
  36. braguetero
  37. brahmán
  38. bravonel
  39. bravote
  40. brechador
  41. brigadero
  42. brigadier
  43. bufón
  44. bulero
  45. burgomaestre
  46. burgrave
  47. burrero
  48. butronero
  49. buzo
  50. caballero
  51. caballerote
  52. cabo
  53. cabrón
  54. cachidiablo
  55. caco
  56. cadete (en Venezuela han aparecido cadetas recientemente)
  57. cagatintas
  58. caimacán
  59. cajista
  60. cajonero
  61. calabacero
  62. calador
  63. calavera
  64. calderero
  65. calderetero
  66. camellero
  67. camilo
  68. camillero
  69. canciller
  70. canónigo
  71. cantarero
  72. cantero
  73. cantinero
  74. capitoste
  75. caporal
  76. caravanero
  77. caricato
  78. carlán
  79. carmenador
  80. carnerero
  81. caudillo o cabdillo
  82. cenobita
  83. chamán
  84. chulo [uso venezolano: ‘proxeneta’]
  85. clérigo
  86. cochero [el femenino cochera no es mujer que conduce coches, sino el lugar donde estos se guardan. Por eso ponemos cochero en esta lista]
  87. contratenor
  88. coronel
  89. cura
  90. demiurgo
  91. esbirro
  92. gángster
  93. gendarme
  94. general
  95. gigolo
  96. herrero
  97. hombre
  98. imaginaria
  99. imam, imán
  100. macho [aunque se usa de preferencia para animales, también suele abribuirse a humanos]
  101. marido
  102. magnate
  103. mariscal
  104. matón
  105. monaguillo
  106. obispo
  107. ordenanza
  108. padre
  109. perdonavidas
  110. piache [uso venezolano: ‘chamán’]
  111. piloto
  112. pope
  113. proxeneta
  114. rabino
  115. sacristán
  116. sargento
  117. sastre
  118. soldado
  119. taumaturgo
  120. tenor
  121. torero
  122. varón
  123. yerno
  124. yoldan [es voz venezolana de finales de la década de 1990, referida a jóvenes de sectores populares, cuya característica más patente es la imitación vestimentaria del basquebolista estadounidense Michael Jordan. Siendo su modelo un hombre, sus correspondientes femeninas no tienen ni nombre ni notoriedad indumentaria particulares. Sin embargo, he escuchado, aunque esporádicamente y en tono que bordea lo jocoso, la denominación yoldanesa para las jóvenes que acompañan a los yoldan, palabra que por cierto no presenta desinencia de plural, número que se reconoce solo por el artículo: los yoldan]

Como se ve, nos deslizamos de lleno hacia el terreno de la antropología, la simbólica, la mitología, etc., en una palabra: la cultura; es decir, más allá de la lingüística, o tal vez dentro de ella, pues podrían constituir un mismo sistema, como se viene sospechando desde que Saussure fundó la semiología, como él la llamó, o semiótica, como se prefiere llamar hogaño. Él decía, además, que la lengua es «la más social de las instituciones». Lamentablemente esta afirmación no tuvo consecuencias teóricas en el resto del Cours saussuriano. No obstante, otras disciplinas subsidiarias o afines, como la sociolingüística y el análisis de discurso, han atendido este compromiso teórico. Todo análisis lingüístico es un análisis social.

No todo es inmotivado en la función semántica del signo lingüístico. Este sistema de oposiciones antagónicas nos revela una estructura fundamental, análoga a la sintaxis o la fonética, que puede por sí misma constituir su propio sistema de representaciones, organizando nuestra Weltanschauung en un sentido o en otro.

Esos sistemas comparten la misma estructura de oposiciones implicadas en número y género. Así, hay lenguas en que lo activo y lo pasivo, o lo animado y lo inanimado forman un sistema análogo a la oposición entre géneros masculino y femenino en español:

In the Algonkin languages all persons and things are conceived of as either animate and inanimate, just as in Latin or German they are conceived as masculine, feminine, or neuter (Sapir, 1921:71 (nota)).
 
En las lenguas de la familia Níger-Congo la frase se integra con voces generalmente monosilábicas o disilábicas, palabras que carecen de flexión para comunicar las categorías gramaticales de género, número, caso, persona, aspecto, modo, tiempo.
 
En lugar de la flexión que afecta a sustantivos y adjetivos, las hablas del Sudán occidental y del subgrupo bantú poseen un sistema de clases nominales (en grado de desarrollo o de desgaste que varía de lengua a lengua), organizado sobre la repartición de todos los seres y cosas, y por extensión, también las abstracciones, dentro de un número de categorías que responden a las particulares concepciones del negro africano respecto del mundo en el cual se mueve. Así, los seres humanos constituyen una de dichas categorías; otra, el agua, los líquidos y todos los cuerpos capaces de fundirse o liquidarse; otra, la madera y los vegetales leñosos; otra, la hierba y los vegetales herbáceos o fibrosos; otra, la tierra en todos sus diversos aspectos y todo lo que proviene de ella; otra, todo lo que se relaciona con tal o cual estación del año, etc. (Álvarez Nazario, 1974:99).

Tú eres él, nosotros y vosotros

En el español actual usamos cabe dos formas alternativas: usted en todas las regiones y vos en muchas. Empleamos usted con personas que por cualquier razón consideramos de diferente nivel jerárquico al nuestro: por su rango, por mayor edad, por trato reciente con ellas y con quienes no hay eso que la cultura llama «confianza» o «familiaridad». En realidad usted designa diferencia de jerarquía, por ser quienes tratamos de usted nuestros superiores o nuestros subalternos, etc. y vos se suelen usar entre personas que se asignan mutuamente igual jerarquía. Evito aquí atribuir carácter natural a estas relaciones; por eso prescindo de descripciones como «segunda persona de respeto» o «de familiaridad», etc. ‘Respeto’ y ‘familiaridad’ son categorías culturales, es decir, arbitrarias y variables en el tiempo y en el espacio. Están sujetas, aparte de la diferencia o igualdad jerárquicas, entre muchas que por su dinámica suelen ser imprevisibles, a variaciones más o menos estables y frecuentes como las siguientes:

  • En Venezuela se suele incurrir en usted para dirigirse a personas habitualmente tuteadas, para subrayar paradójicamente una familiaridad aún más estrecha, más íntima, entre amigos muy entrañables,

    Bueno, ahora si me quede sin nada que decir... Tu ves, tu ves lo que [es] esta vaina? Si me vieras la cara ahora te darias cuenta de que no pasa nada, que se me acabo la musa, eso es todo, pero como no me ves ni yo te veo, por ahi me da miedo que estes pensando que me pasa no se que, debido a los ultimos tetricos mensajes que te envie. Ande, escriba algo pues! [carta personal, 20 de octubre de 1995. Remite una venezolana a otra venezolana de mucha intimidad. La ortografía es la entonces permitida por el Lower ASCII de Internet, es decir, sin acentos, tilde ni signos de abrir interrogación y admiración]

  • entre enamorados:

    Usted es la mujer de mi vida

  • dirigiéndose a un niño:

    Usted es el bebé más querido del mundo

  • En los Andes venezolanos no existe este comportamiento de usted, pues su uso prevalece incluso en personas de trato íntimo, como los cónyuges.
  • Dios —la persona que muchos consideran de máxima jerarquía— no suele ser tratada de usted sino de . Lo mismo puede suceder con el rey.
  • En las comarcas americanas donde se emplea, vos expresa igualdad de rango no solo entre quienes se consideran iguales en estado, sino entre quienes se reconocen como pertenecientes a una misma región, mientras se reserva para el uso apegado a la norma general oficial; asimismo, los nativos de esas regiones que usan en lugar de vos son percibidos como forasteros o extranjerizantes. Como es un caso importante por su extensión y arraigo en varias comunidades hispanoamericanas, me detendré en él.

En otra época vos marcaba el rango superior del alocutario —es una de las manifestaciones conservadoras del español americano. Bajo esa precaria luz oso deslizar esta hipótesis, a la que no tengo demasiadas razones para aferrarme, como se verá: como podía ser ofensivo al usarse para dirigirse con familiaridad a personas que exigían respeto y reverencia, en algunas regiones la masa crítica deslizó prudentemente el uso tumultuario hacia vos, probablemente para «evitar problemas» en el trato, es decir, situaciones en las que podía acarrear conflicto al ser dirigido a alguien muy puntilloso de su monta. Cuando había duda, vos era más discreto porque era menos conflictivo y hasta menos peligroso, pues llegaba a implicar disputas. Esto condujo a la paradójica generalización y trivialización de vos, que terminó como marca de pertenencia a la comunidad que lo usa —zuliana, andina, chiapaneca, parcialmente colombiana, rioplatense, centroamericana... Y hasta más igualitario que , que pasó a ser expresión formal y foránea y por tanto distante. De allí esa espinosa dificultad para designar la segunda persona cuando hay la alternativa de promover un par capaz de marcar la diferencia jerárquica. , usted y vos implican básicamente segunda persona, el alocutario, la persona a quien hablamos, pero con una torsión semántica en cada caso. En esto operan como el género. Este en palabras como mono/mona, leño/leña, etc., es un cambio morfológico que permite marcar el lexema con una torsión semántica que no hace migrar el lexema hacia otro significado. El género en este caso, sobre todo el femenino, que marca más que el masculino, tiene una función similar a la del adjetivo, que sirve para delimitar (calificando o determinando) el sentido del sustantivo.

La dualidad léxica para interpelar al alocutario ocurre también en alemán, francés, italiano y portugués, para referirnos solo a lenguas regionales, nacionales o imperiales histórica y culturalmente vecinas, sin mencionar el parentesco lingüístico indoeuropeo. En unos se toma la tercera persona gramatical para designar la ‘segunda persona semántica de diferente jerarquía’, como usted, que diacrónicamente proviene, como se sabe, de vuestra merced, y por ello se le conjugan los verbos en tercera persona, no te hablo a ti, ni a vosotros, sino a vuestra merced, que es una tercera cosa, que se ha de designar con tercera persona. En otros se toma el plural, sea de segunda persona, sea de tercera:

  • el plural Sie, de tercera persona, en alemán;
  • vous, segunda persona plural, en francés;
  • el singular femenino de tercera persona lei, en italiano para un interlocutor, sin distinción de género, y el neutro loro para varios interlocutores;
  • vostè en catalán, que tiene el mismo origen del español usted;
  • você en portugués, de idéntica procedencia que el anterior;
  • el inglés, en su proceso diacrónico de eliminación de las conjugaciones y de las desinencias de género, debilitó en el uso general la segunda persona singular thou en favor de la segunda plural you, que ahora también significa singular. Thou comportaba una conjugación especial, ajena a la tendencia diacrónica del inglés a suprimir las desinencias, salvo la de plural y la tercera persona singular del presente de indicativo. Se decía entonces thou shalt not kill, en lugar de you shall not kill. Son pocas las desinencias verbales en el inglés habitual: la de tercera persona singular en presente de indicativo -s y -es, he looks, she likes. Ella está, sin embargo, ausente en algunos verbos, como she can, it may. O en el caso del verbo to be: I am, you are, he/she/it is, we are, they are, incomparable con la profusión desinencial del español. La frecuencia del uso ha preservado tal vez esta conjugación anómala. Como you iguala singular y plural, el angloparlante marca la pluralidad con perífrasis del tipo you two, you all, you people, etc. Thou quedó para uso literario y litúrgico, es decir, ceremonial, que suele implicar empleos arcaicos, como tantas ceremonias que pretenden venerar y preservar orígenes mediante divinas palabras. Curioso desenlace para una palabra que en su origen equivalió a tú, en cuanto a implicar idéntica jerarquía entre hablante y alocutario.

También pasa con la oposición yo/nosotros, cuando nosotros significa ‘yo’ en los que la Real Academia (1973:§ 2.14) llama «plural de modestia» y «plural mayestático». De nuevo, para evitar acoger como naturales valores culturales y por tanto arbitrarios como la ‘modestia’ y la ‘majestad’, prefiero llamarlo «plural institucional», pues se usa en circunstancias en que se quiere evitar que la referencia de primera persona aluda al individuo como tal y se prefiere referirlo como perteneciente a una función social, como autor de un texto o como detentador de una función emanada del colectivo: rey, papa, presidente, portero. El nosotros que designa al autor es uso que ha decaído en los últimos tiempos y no solo en español. No lo usan exclusivamente los reyes o el papa —uso también en decadencia, si es que aún existe —; suelen emplearlo asimismo otros funcionarios, incluso de empresas privadas. En boca de reyes tiene más relieve porque, según el derecho divino que rige para los monarcas, el rey es el estado, como en el caso de Luis XIV, por ejemplo, a quien se atribuye haber dicho «el estado soy yo» y «el primer servidor del estado soy yo»; y es curioso que no dijese nosotros sino yo, lo que revela que no es un uso estable (cf. Louis Marin, le Portrait du roi, París: Minuit, 1981, y Jean-Marie Apostolidès, le Roi machine, París: Minuit, 1981). Por su parte, el rey de España solía firmar «yo, el Rey».

No creo que en los monarcas se trate de un uso de origen histórico, de cuando reinaban varios emperadores en Roma, pues no se habría mantenido durante tantos siglos en que los usuarios del nosotros mayestático eran monarcas, es decir, como su nombre lo indica, personas individuales (Páez, 1981:15 y ss.). Aparte de que no todo el mundo tenía por qué estar informado de ese avatar puntual de la historia romana. ¿Lo estabas tú, lector? Los fenómenos morfosemánticos que venimos describiendo nos sugieren que se trata de una proyección sincrónica más de lo morfológico sobre lo semántico. Este tipo de proyecciones puede tomar muchas formas y pantallas sobre que reflejarse mutuamente lo morfológico y lo semántico.

Refiriéndose a los diversos y variables valores que circulan bajo los términos mujer/dama/señora, Rosenblat comenta que «el tratamiento social no responde a valores humanos esenciales. Es un signo de distinciones jerárquicas, y está sujeto a todos los vaivenes de la historia» (1960:I, 122). De modo similar ha ocurrido con las denominaciones de don y doña, que en tiempos coloniales fueron, incluso legalmente, exclusivas de las clases dominantes y hoy se endilgan a cualquiera, al extremo de que, siempre según Rosenblat, «doña hasta se desvalorizó y en alguna parte se considera ofensivo» (ib.) Se da trato alto a un sector social, luego, cuando otros ascienden o aspiran a él, se les otorga y entonces los del antiguo régimen comienzan a considerar degradante compartirlo con los advenedizos. El término se degrada y se vuelve ofensivo, hasta que, pasadas una generación o dos, el viejo término recupera su dignidad y así se vive. Avatares de la vanidad. Hoy don/doña se atribuyen a personas de edad mayor que la del hablante.

Los pares tú/usted, tú/vos, vos/usted, yo/nosotros cumplen, pues, dos de las funciones de los géneros:

  • servir de puntos de articulación para matizar el sentido en pares a través de los cuales es posible declarar una dualidad semántica bien demarcada:
    • primera persona individual: yo/primera persona institucional: nosotros;
    • ‘igual jerarquía’/‘diferente jerarquía’ ( y vos/usted), etc.;
  • La función morfosintáctica de jalonar el orden de la frase;
    • ‘poder, jerarquía’: «manténgavos Dios, buen rey/y a cuantos con vos están» (romance de Bernardo del Carpio).

No es consistente esta oposición, pues en América el par tu/usted no tiene correlación en plural, como sí ocurre en España, donde existe oposición entre vosotros y ustedes, con los mismos valores jerárquicos que los correspondientes singulares tú/usted. En América vosotros, o más bien su derivado vos, no se usa para plural sino para singular. Ustedes en América es trato de segunda persona plural, de jerarquía indistinta. En España hay el siguiente paradigma de segunda persona:

No jerárquico
Jerárquico
Singular
usted
Plural
vosotros
ustedes

    En América en cambio el paradigma es así:

No jerárquico
Jerárquico
Singular
tú/vos 
usted
Sin consideración de jerarquía
Plural
ustedes

Estas oposiciones inquietan a muchos, que recelan peyoraciones verbales correlativas de segregaciones politicosociales nada infundadas, por cierto, y bastante generalizadas contra

  • los zurdos y su correspondiente oposición diestro/siniestro;
  • las mujeres, con la correspondiente oposición valorativa entre viril/femenino;
  • los endrinos: blanco/negro, luminoso/tenebroso;
  • los de concisa estatura: alto/bajo, etc.

Al haber matiz semántico es inevitable que un miembro del par se considere «mejor» que el otro —sea lo que sea eso de «mejor», que en todo caso es categoría arbitraria cara al ser humano, siempre inquieto por saber qué le conviene en cada lance de la vida que se juega en esas decisiones. Es una condición radical, ontológica del hombre, que se realiza variamente en sus distintos desarrollos culturales, y por tanto, en primer término, un proceso semántico básico, que luego puede tomar, entre otras, dimensiones políticas diversas, como sucede con tantos significados, esto es, deviene un avatar cultural. Sin embargo, no podemos endilgar a la estructura de la lengua un carácter discriminatorio politicosocial radical. Así, cuando una coyuntura histórica es favorable al miembro «vil» de un par semántico, la oposición se ignora, es decir, no presenta consecuencias semánticas peyorativas: el par semántico oriente/occidente, por ejemplo, no reproduce en el uso la dualidad correlativa diestro/siniestro, porque se presentó la circunstancia, coyuntural aunque duradera, de que Occidente fuera más poderoso que Oriente —y que no fue siempre así, por cierto. Igual comienza a pasar en el caso de las mujeres, que recusan con razón usos peyorativos de su condición y poco a poco reivindican el uso femenino de los nombres de los oficios que profesan: abogada, médica, etc., así como recusan diversos empleos sexistas (García Meseguer, 1994). Asimismo ocurre con las personas de piel parda, los zurdos, etc. Todos ellos están provocando reformas semánticas que van reflejando gradualmente el respeto que han alcanzado sus derechos. Cada día se usa menos, por ejemplo, la palabra judiada para referirse a lo que el Diccionario de la Real Academia recatadamente define como ‘acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos’. No solo la señala de tendenciosa, sino de perimida —esperamos que sea cierto que ya no es vigente... Hay una canción socarrona y popular que infiere que si Dios fuera negro se diría de un buen hombre que tiene el alma negra...

Un ejemplo de todo esto es la Constitución de Venezuela de 1999. En su empeño por ser lo que en los Estados Unidos llaman “politically correct,” se propone representar los sexos a través de los géneros. Cito lo que dice sobre el asunto Alexis Márquez Rodríguez, a lo que no tengo ningún reparo:

    Resalta el desatinado tratamiento de la cuestión de los géneros gramaticales. Desde el principio sostuve que debía respetarse el uso de expresiones genéricas para englobar a hombres y mujeres en una sola palabra. Esa norma gramatical no es una cuestión de feminismo ni de machismo: si decimos «ciudadanos», «electores», «empresarios», «venezolanos», «extranjeros», etcétera, inevitablemente se sobreentiende que nos referimos a hombres y mujeres conjuntamente. Sin embargo, para no dejar dudas, pudo incluirse un artículo, uno solo, que expresamente advirtiese que al usar ese tipo de expresiones, debería entenderse que se extendía a los dos sexos. Pero eso de repetir hasta el hartazgo «ciudadanos y ciudadanas», «venezolanos y venezolanas», «egresados y egresadas», «los y las deportistas», «los y las particulares», «ministros y ministras», etcétera, resulta necio, tedioso, ridículo y hasta idiota. Un ejemplo, al azar, pone en claro el abuso: «Art. 160. El gobierno y administración de cada estado corresponde a un gobernador o gobernadora. Para ser gobernador o gobernadora se requiere ser venezolano o venezolana, mayor de veinticinco años y de estado seglar. El gobernador o gobernadora será elegido o elegida por un período de cuatro años por mayoría de las personas que votan. El gobernador o gobernadora podrá ser reelegido o reelegida, de inmediato y por una sola vez, para un período adicional». La lectura de este artículo, cuya estructura se repite incesantemente, nos ahorra todo comentario.

Poco más adelante añade Márquez:

    El colmo del abuso en la diferenciación innecesaria de los géneros es que inventaron formas femeninas inexistentes e innecesarias como «fiscala» o «estudianta». Se usan también otras, como «concejala», «rea», «oficiala», que, aunque figuran en el DRAE, en Venezuela no se usan, por lo que hubiese sido preferible obviarlas.

En el caso de estudianta y de otros participios presentes cabe señalar que la tendencia original es a considerarlos adjetivos del primer tipo, es decir, que no concuerdan en género, como ágil, hábil, atroz, etc. Solo en algunos el uso impone el femenino, como en sirvienta, que es profesión que otrora se consideraba principalmente propia de mujeres. En otros casos se habla de la presidenta. Es el mismo caso de artisto y arpisto. Son adjetivos sustantivados y por eso tienen que tener un género, que el hablante quiere hacer coincidir con el sexo. Por eso no decimos *ella estuvo presenta sino ella estuvo presente.

Los constituyentes venezolanos de 1999 hicieron, es mi opinión, una constitución con defectos y excelencias, pero entre sus méritos no figura el conocimiento de la diferencia entre sexo y género gramatical y a pesar de la intervención de expertos como Alexis Márquez, cuyas recomendaciones no siempre se aceptaron, tiene detalles de gramática no muy elogiables. Uno aprecia la buena intención de enmendar las injusticias cometidas contra la mujer a través de la historia, pero, me parece, la mala redacción y la ignorancia no conducen a la igualdad de derechos entre los sexos. Nada costaba consultar con los expertos, así como los consultaron para todos los demás asuntos, como en el caso de la cultura. Cosas del apuro con que se quiso aprobar. La premura pareciera ser un rasgo cultural venezolano, forma parte de la identidad nacional... Las discriminaciones no son insuperables, aunque sí radicales.

Conclusiones

La principal función del género es sintáctica: organizar la frase, clasificar y clarificar las funciones y decidir qué palabra se acuerda con cuál otra en la frase. La función semántica es secundaria y estadísticamente escasa, si nos atenemos a la inmensa mayoría de términos en que el género no implica sexo. Sirve solo de orientación general a partir de un universal epistémico que separa los sexos según su función en la actividad reproductiva. Igual hubiera podido pasar, como en efecto pasa en otras lenguas, con animado/inanimado, y tal como ocurre en español y otras lenguas con la oposición uno/múltiple en cuanto a número singular y plural.

La variedad de designaciones a que aluden los dos géneros y la arbitrariedad en muchos casos de la asignación de masculino o femenino a los significados de los sustantivos impiden determinar con exactitud lo que significa realmente el género. Es preferible considerarlo como un accidente que clasifica los sustantivos en dos categorías combinatorias diferentes, sin que los términos masculino o femenino prejuzguen ningún tipo de sentido concreto. Funcionalmente, el género es un mero indicio de ciertas relaciones del sustantivo con otras palabras del enunciado. Claro es que el género resulta a veces significativo, puesto que la sustitución del masculino por el femenino (y viceversa) repercute en la designación que se hace (como en los ejemplos gato / gata, jarro / jarra, etc.). Pero ¿qué diferencia de sentido aporta la presencia de masculino en muro y la de femenino en pared a las ya manifiestas por las raíces de los dos sustantivos? En verdad, en estos casos, el género solo sirve para indicar las relaciones con otras palabras del enunciado. Por ejemplo, el género femenino adscrito al sustantivo plata solo sirve, en enunciados como El candelabro de plata vieja o El candelabro de plata viejo, para señalar la conexión o la inconexión de plata con el adjetivo (Alarcos, 1994:§73).
[...]
En conclusión, el género es un accidente o morfema que caracteriza al sustantivo, dotándole de una de las dos posibilidades combinatorias que llamamos masculino y femenino, las cuales, mediante la concordancia, permiten la manifestación explícita de ciertas relaciones entre las unidades (o palabras) del enunciado. Al mismo tiempo, el género puede servir de indicio diferencial de las relaciones designadas por el sustantivo (sexo, tamaño, etc.) (Alarcos, 1994:§74).

En el glosario del libro Mi cocina. A la manera de Caracas, de Armando Scannone, se lee:

En español el enlace entre palabras no es topológico como en las lenguas en que no hay ese tipo de enlace clasificatorio y clarificatorio. En inglés, como se sabe, el adjetivo debe preceder al sustantivo que modifica. En castellano el orden es comparativamente más variable, aunque a veces implica cambio de sentido: no es lo mismo un pobre hombre que un hombre pobre.

Las congruencias obvias y sistemáticas entre género y sexo, entre número y cantidad, tu y usted, no son más que recursos orientadores, esos casos en que el componente semántico tiene una clara y distinta proyección morfosintáctica, en la que semántica y morfosintaxis se implementan mutuamente. No son, sin embargo, compromisos firmes, como lo demuestran las tumultuosas inconsistencias que hemos reseñado.

Las flexiones de género, además, sirven para indicar, mucho más que el sexo, cambios semánticos que tienen que ver más bien con

  • dimensión (lago/laguna),
  • particular/general (fruto/fruta) y
  • otros de muy diversa naturaleza (botijo/botija).

Epílogo para jugar

El género es, en última instancia, un juego.

Lo es para los niños, entre quienes corre una broma:

—¿Cómo se sabe que un pollito recién salido del cascarón es macho o es hembra?

—Fácil: le levantas la colita, si se pone nervioso es macho, si se pone nerviosa es hembra...

El chiste es tonto, pero hace sonreír y tiene consecuencias de cierta trascendencia que vale la pena considerar, pues su jocosidad consiste en pretender

  • que es el género el que determina el sexo o permite reconocerlo;
  • que entre nervioso y nerviosa hay un cambio semántico radical. Juega con la idea de que la condición varía fundamentalmente de un sexo al otro, como si estar nervioso fuera distinto de estar nerviosa. Lo único que cambia es el género, como si eso bastara para provocar algo más que un matiz de sentido, sino que implicara un significado radicalmente diferente. Esta hipertrofia del sentido, nos parece, produce el chiste.
Con el sustantivo, el género y el número modifican la referencia: perro designa un animal macho, perra uno hembra, perros y perras un determinado conjunto de esos animales. En cambio, con el adjetivo, tales morfemas no modifican su propia referencia real: inquieto, inquieta, inquietos, inquietas designan siempre una misma cualidad; las variaciones de género y número que representan son simple repercusión (por la llamada concordancia) de los morfemas que afectan al sustantivo con que se pone en relación el adjetivo (el perro inquieto, la perra inquieta, los perros inquietos, las perras inquietas). Esto demuestra que los morfemas del adjetivo no añaden ninguna información nueva y que son meros índices funcionales de la relación que el adjetivo contrae con el sustantivo, si bien, a veces, sirven para precisar el género y el número del sustantivo cuando este no los manifiesta explícitamente: por ejemplo, en crisis aguda es el femenino y el singular del adjetivo lo que discierne tales morfemas en el sustantivo indiferente crisis, y en paréntesis cuadrados es el masculino y el plural del adjetivo lo que dilucida esos morfemas en el sustantivo paréntesis (Alarcos, 1994:§98).
  • Es, además, tautológico: te dice que si es hembra se pone nerviosa y si es macho se pone nervioso. No informa, pues, de nada, como toda tautología, según Wittgestein (1975:§ 4.46 y ss.):
4.461 La proposición muestra aquello que dice; la tautología y la contradicción muestran que no dicen nada.
La tautología no tiene condiciones de verdad, pues es incondicionalmente verdadera; y la contradicción, bajo ninguna condición es verdadera.

Fue un juego también para el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, hombre de gracia, virtud infrecuente en el presidente de un parlamento, cargo que ejercía durante la Asamblea Constituyente de 1946. Un día en que visitaron la Asamblea unas sufragistas estadounidenses, de retaguardia anchurosa, Blanco hizo circular entre los parlamentarios este retruécano no poco sexista, en una de sus celebradas décimas:

La política se inclina,
sin distinción de personas,
de las fuerzas masculinas
a las fuerzas más culonas.

Crestomatía

Alarcos Llorach, Emilio (1994) Gramática de la lengua española, Madrid: Espasa.
Alonso, Amado (1953) Estudios lingüísticos. Temas hispanoamericanos, Madrid: Gredos, 1976.
Alvarado, Lisandro (1929) Glosarios del bajo español en Venezuela, Obras completas, v. II, Caracas: Ministerio de Educación, 1954.
Álvarez Nazario, Manuel (1974) El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico, San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Ambadiang, Théophile (1999) «La flexión nominal. Género y número», en Ignacio Bosque y Violeta Demonte, Gramática descriptiva de la lengua española, Madrid: Espasa, v. III.
Armas Chitty, J. A. (1950) Vocabulario del hato, Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1991.
Bajtin, Mijaíl M. (1982) Estética de la creación verbal, México: Siglo XXI.
Bajtin, Mijaíl M. (llamado V. N. Voloshinov) (1928) El signo lingüístico y la filosofía del lenguaje, Buenos Aires: Nueva Visión, 1976.
Barthes, Roland (1970) S/Z, París: les Éditions du Seuil.
(1978) Leçon, París: les Éditions du Seuil.
Bataille, George (1981) Teoría de la religión, Madrid: Taurus.
Bello, Andrés (1847) Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, Caracas: La Casa de Bello, 1981.
Briceño Guerrero, J.M. (1987) Amor y terror de las palabras, Caracas: Mandorla.
Chomsky, Noam (1988) Language and Problems of Knowledge. The Managua Lectures, Cambridge, Mass.: The M.I.T. Press.
D’Aquino Ruiz, Giovanna (1995) Metalexicografía de los glosarios literarios en Venezuela (trabajo de grado), Caracas: Escuela de Letras, Universidad Central de Venezuela.
García Meseguer, Álvaro (1994) ¿Es sexista la lengua española? Una investigación sobre el género gramatical, Barcelona: Paidós.
Gobello, José (1994) Nuevo diccionario lunfardo, Madrid: Corregidor.
Hernández Montoya, Roberto (1975) La enseñanza de la literatura y otras historias, Caracas: Universidad Central de Venezuela.
Ledezma, Minelia de y Hugo Obregón Muñoz (1990) Gramática del español de Venezuela. Introducción, Caracas: Instituto Pedagógico de Caracas.
Márquez Rodríguez, Alexis (1995-1997) «Sobre la palabra género», El Nacional, 3 de setiembre de 1995. «Algo más sobre la palabra género», El Nacional, 10 de setiembre de 1995. «Buseta», El Nacional, 28 de setiembre de 1997, p. C-7.
Morin, Edgar (1973) Le paradigme perdu: la nature humaine, París: Seuil.
(1986) La méthode, 3. La connaissance de la connaissance/1. Anthropologie de la culture, París: les Éditions du Seuil.
(1991) La méthode 4. Les idées. Leur habitat, leur vie, leurs moeurs, leur organisation, París: les Éditions du Seuil
Núñez, Rocío y Francisco Javier Pérez (1994) Diccionario del habla actual de Venezuela. Venezolanismos, voces indígenas, nuevas acepciones, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.
Nuño, Juan (1990) «El sexo de las cosas», in La escuela de la sospecha, Caracas: Monte Ávila.
Páez Urdaneta, Iraset (1981) Historia y geografía hispanoamericana del voseo, Caracas: La Casa de Bello.
Ramírez, María del Mar (1996) «¿Señora o señorita?», en El Nacional, 12 de mayo, p. A-4.
Real Academia Española (1973) Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Madrid: Espasa-Calpe.
(1994) Diccionario de la lengua española, Madrid: Gredos.
Reyes, Alfonso (1962) «La jitanjáfora», La experiencia literaria, Obras completas, t. XIV, México: Fondo de Cultura Económica.
(1983) «Hermes o de la comunicación», Obras completas, México: Fondo de Cultura Económica.
Rosenblat, Ángel (1951) Vacilaciones de género en los monosílabos, Caracas: Academia Venezolana de la Lengua.
(1960) Buenas y malas palabras, Caracas: Edime.
Sapir, Edward (1921) Language. An Introduction to the Study of Speech, Nueva York: Harcourt, Brace & World.
Saussure, Ferdinand de (1916) Cours de linguistique générale, París: Payot, 1973.
Scannone, Armando Mi cocina, a la manera de Caracas, Caracas: [Scannone], 1993.
Tejera, María Josefina (dir.) (1993) Diccionario de venezolanismos, Caracas: Universidad Central de Venezuela-Academia Venezolana de la Lengua-Fundación Schnoegass.
Todorov, Tzvetan (1981) Mikhaïl Bakhtine. Le principe dialogique. Écrits du Cercle de Bakhtine, París: les Éditions du Seuil.
Wittgestein, Ludwig (1922) Tractatus logico-philosophicus, Madrid: Alianza, 1975.


Luis Carlos Díaz Salgado, El sexo de las nueces

Sobre lenguaje de RHM:
Andrés Bello
Automotriz: ¿adjetivo del primer tipo?
El sentido del sentido
Los problemas de Chomsky

El lenguaje en La BitBlioteca

Otras obras y artículos del mismo autor
Email:
roberto@analitica.com

MadeMac

blog comments powered by Disqus

 

Juegos Gratis


Empire
  Fórmula Racer
 
       
Galaxy
  Mina de Diamantes