Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Lucha libre

Roberto Hernández Montoya

Domingo 6 de mayo de 1989

Y_en_eso_llego_Santo
Santo, el Enmascarado de Plata

Catch as catch can

Uno vivía la lucha libre como una commedia dell’arte del campo del honor. Vale decir que uno dilucidó desde temprano la célebre polémica sobre la veracidad del enfrentamiento en el catch as catch can y se quedó con la legitimidad que le era específica: la lucha libre no es heroica como el boxeo ni épica como las carreras de automóviles; es bufa como la commedia all’mmproviso, sin guión, con un patrón escueto que desata la combinatoria de vocación infinita de la contienda del Bien contra el Mal.

El Bien era el limpio, el técnico, el Apolo Venezolano, Santo o Bernardino la Marca. El malo era El Gorila, a quien la Dama de las Cadenas libraba de sus ataduras al pie del ring; El Dragón Chino, con sus malignas artes, con su compañera tan artera como él era ruin; el Médico Asesino, con su bata, su maletín y su ciencia de doctor pervertido, manipulador antihipocrático de la salud enemiga; Camba el Salvaje, hirsuto, vociferante; el Hombre Montaña, desproporcionado, brutal, Pandafilando de la Fosca Vista.

Pero sabemos que el Bien en estado puro no puede construirse a partir de actos de vindicación violenta. Es decir: el vengador justiciero, la Némesis, en buena teología, no pueden ser impecables en su bondad, porque derrotar al más vil bellaco por la fuerza, aun valiéndose de la más legítima destreza, comporta siempre un grado cualquiera de humillación del enemigo, esto es, precisamente, de Maldad. La violencia es, para el Bien, su ultima ratio, su acorralada contaminación con el Mal.

Si el publico era fiel al limpio, no era por una adhesión directa a un principio moral, sino por una asimilación del Bien a un fundamento estético, porque es la limpidez del lance la que define como bueno al técnico, al artista (tekné es ‘arte’ en griego), frente al rudo, a David frente a Goliat, a Sigfrido frente a Fafner, el gigante convertido dragón por una magia perversa. La justicia es un acto tan violento como una bellaquería y, sin embargo, aquella es un gesto tan desenvuelto como una grande jetée, mientras la bellaquería es tosca, con los dedos en los ojos, viscosa, se produce sin coreografía, sin galanura geométrica, sin elegancia algebraica.

(Había, sí, claro, violaciones del patrón. Iván el Exótico, con su acicalamiento, sus afeites y su peinado entre gong y gong, infringía la austeridad que fundamenta la gala gimnástica del técnico. Y violaba la gramática para confirmarla: para mostrar cuán incongruente es el manierismo con la ascesis del técnico).

El rudo es el villano bufo, no por su maldad, su crueldad, su mezquindad, o su cobardía. Lo que se percibe inmediatamente en él es el ademán grosero que le sirve de vehículo para la expresión de su iniquidad moral. El rudo es el bufón porque con sus ademanes, como la Envidia, ese pecado capital, palabra de Platón, no forma parte del cortejo de los Dioses.

La ética una vez más amalgamada a la estética (la kalokagatsía de los griegos clásicos) en ocasión de la lucha libre, vea usted. Son leyes de los signos y nadie tiene la culpa de que leyes como esas no respeten ni las jerarquías que el sistema cultural juzga sagradas, por más que nos creamos parte del cortejo de los dioses y tan lejos de tantas luchas libres.


También
El rey de los sucios
Alfaro es perfecto

Roberto Echeto, El arte dramático de la lucha libre

Otras obras y artículos del mismo autor

MadeMac



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.