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Loquitos

Roberto Hernández Montoya

10 de febrero de 2000
Roberto_y_Hannah
Roberto y su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia
, Caracas, Venezuela.

El hombre no es solo homo sapiens, también es homo demens y homo hystericus.
Edgar Morin

Uno hace esfuerzos sobrehumanos por no seguirse metiendo con la oposición quebrada, pero es que le ponen a uno, que ya es débil, tentaciones demasiado seductoras. Sea por transcripción apresurada o por traspié del declarante, Antonio Ledezma llegó a calificar de «Reacción Democrática» a lo que por pereza mental llamaré su movimiento. No todo juego de palabras es feliz, pero este se botó. Casi escuché a Hugo Chávez llamándolos «reaccionarios». ¿Será que Ledezma no tiene cultura política? Y si no la tiene política, ¿qué cultura tiene? Bien, suficiente debilidad por hoy, además, ya rectificaron, cosa que tal vez aprendieron de Chávez. Pero dime tú si no era atractiva la tentación esa de «Reacción Democrática»...


Luis Miqulena
Me detendré, sí, en otras locuras, las del poder. Cierto que hay gente cuerda en todas partes, pero bastan dos o tres loquitos para empañarlo todo. Tres comandantes acusan a Luis Miquilena y a José Vicente Rangel de ser puntofijistas, cosa que al principio, por decir lo menos, me pareció como demasiado. Inmediatamente, disparando desde la cintura, Miquilena llama innoble, lechero y no sé qué más a uno de ellos y acusa a otro de corrupto. Estos responden que Miquilena está protegiendo a no sé qué empresario. Lata va y lata viene. En el más puro, genuino y ortodoxo estilo puntofijista —tal vez los comandantes no exageraban después de todo; solo se les olvidó meterse ellos mismos en ese saco puntofijista. ¿No era así como se trataban Acción Democrática y Copei en tiempos que no volverán? ¿No volverán? ¿No les están abriendo de nuevo la puerta para que se cuelen en la «Venezuela bonita» que quiere Chávez?

Porque, si no estoy loco yo también, este debate de taberna clama por las siguientes preguntas: ¿cómo fue que ni unos ni otros se dieron cuenta antes de que otros y unos eran unos tales por cuales? ¿Cómo Jesús Urdaneta Hernández descubre ahora que Miquilena es esto y lo otro? ¿Cómo Miquilena halla ahora que Urdaneta es esto y aquello? Como Olavarría, que descubrió de un minuto para otro que Hugo Chávez es el autoritario que el mismo Olavarría exigía con todas sus palabras que Chávez fuese cuando lo promovía con la misma excitación con que hoy lo ataca.

Ese intercambio de cieno está sirviendo de marco bien poco lucido a los anuncios económicos, que no juzgo porque no soy competente, pero que gente que sí es competente —y otrora crítica del gobierno— está encomiando.

Tan fácil que sería mandar bien, digo yo, aquí en mi ingenuidad. Chávez ha dicho que los partidos valen menos que la organización social. Enhorabuena. Pero lo que uno ve en los hechos es que se reservan para el Movimiento V República, ni siquiera para el Polo, todos los cargos, copan el Congresillo, el Consejo Nacional Electoral y todo aparato de Estado, aparte de la «planchitis», que oí a Chávez por radio criticar con dureza. La sociedad civil está esperando y anotando, amigo Chávez. Se lo digo porque en este incidente demencial usted es de los pocos que se han mostrado cuerdos y seguramente me entenderá. No sea que ahora la norma vaya a ser no solo este espectáculo de emeverristas injuriando emeverristas, sino matándose a tiros unos con otros.


También:
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Todos somos Miquilena y Síndrome de las Hipérboles Acatarradas

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