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Destrucción mutuamente asegurada Caracas, viernes 27 de diciembre de 2002 Documentos del debate político en Venezuela
Otra victoria como esta y estaremos acabados. Pirrón.
Hubo una estrategia de la Guerra Fría en los Estados Unidos llamada mutually assured destruction (MAD). Uno de sus ingredientes era el llamado brinkmanship: el borde de la guerra permanente. Se vivía peligrosamente, jugando los EUA y la URSS como esos automovilistas que se van uno contra otro y el primero que se aparta, pierde. Solo gana el imprudente, pero solo cuando el otro es prudente. Cuando temes que el enemigo te mate antes de que actúes, hay guerra. Ambos se desatan en ataques preventivos de escala cada vez mayor. Cuando vienes a acordar y avivar el seso estás en guerra. En Venezuela dos bandos extremos se tienen imaginariamente, por ahora, la destrucción mutuamente asegurada. No quieren menos que la aniquilación del enemigo. Uno de los síntomas de este principio estratégico pírrico es que termina importando poco la autodestrucción con tal de exterminar al enemigo. Si Venezuela no es para mí que no sea para nadie. ¿Cómo desactivar este desarrollo en que todos hemos terminado entrampados? Aislando cada quien a sus talibanes; su televisora aviesa; su motociclista enfurecido; su doña enardecida; su revolvudo irresponsable. Desmarcarse, distinguirse explícitamente. Y reforzar a quienes no han tomado partido, esa mayoría que no encuentra vía de expresión masiva. Si calculamos las marchas científicamente y renunciamos a proferir millones alegremente, en la más grande hubo si acaso unas 300.000 personas. Pero supongamos que juntando ambas facciones llegan a un millón, ya que nos acostumbramos a inflar cifras. Por tanto, hay 23 millones que no marchan, que no cacerolean, que no se disfrazan. El problema es que hasta los neutrales andan exaltados, aunque no beligerantes. Exaltados por el comentario violento de cualquier facción en el ascensor, en la orilla del río. No hay dónde meterse. Cualquiera merece la muerte para cualquiera. Hay una minoría bien detectable que debemos aislar entre todos. La que instiga muertes violentas, salidas de facto y acciones irracionales. Una cosa es enfrentar a un rival y otra un decreto, como el de Carmona, que abroga exhaustivamente los derechos mínimos de la ciudadanía y acaba no solo con el gobierno sino con todo lo que se mueva. Una cosa es marchar contra un rival y otra autoproclamarse Lord Protector o Emperador, que ni Napoleón. Por ahí van, con el perdón, los tiros. Hay una oposición racional que debiera comprender, si de verdad es racional, que no le conviene esa mala junta, a la que hay que dejar urgentemente hablando sola, como loca de carretera. Si se sigue dejando a la irracionalidad toda iniciativa política, tendremos asegurada la mutua destrucción. Si se la aísla, automáticamente los talibanes del otro bando quedarán también como locos de autopista con el perdón de esa pobre gente vial, que por cierto merece más deferencia que estos otros que denuncio aquí. Luego podremos caernos a discursos y a marchas para tener la persuasión mutuamente asegurada.
Documentos del debate político en Venezuela |
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