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La materia opaca de Colombia

Roberto Hernández Montoya

El Nacional, domingo 20 de julio de 1997, p. A-5
Roberto
Roberto con su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia
, Caracas, Venezuela

¿Qué diría el maestro Maquiavelo? Comencemos por lo que tal vez diría un astrofísico.

Si Scientific American no me engañó y no recuerdo mal, el universo está compuesto por materia brillante, las estrellas, y por materia opaca, todo lo demás, como la Tierra. ¿Qué tamaño tiene esa materia opaca? Si como decía Campoamor, «en eso de las estrellas lo más seguro es mentir/porque nadie puede ir a preguntárselo a ellas», imagínate cómo será con la materia opaca, que ni siquiera se vislumbra. Así Colombia: No es posible apreciar sino a lo sumo conjeturar la dimensión y alcance de la materia opaca conformada por guerrilla y narcotráfico

Ahora Maquiavelo: sus macrosugerencias de Estado han tenido mala prensa porque atropellan nuestra sensibilidad casera. Pero tienen una virtud: visión global. Gracias a una oligarquía miope, violenta e intratable, Colombia vive desde la muerte de Gaitán una fracturación solo comparable a la que vivió Venezuela durante el siglo pasado. Una multitud ingobernable se ha desprendido del Estado y ha implantado pequeños estados guerrilleros y narcotraficantes que hacen difícil responder a esta sencilla pregunta: ¿con quién se negocia cuando se negocia con Colombia? ¿Con el gobierno? ¿con el narcotráfico? ¿Con la guerrilla? ¿Con los paramilitares?

Y hasta sería fácil responderla si no infiriéramos que esos cuatro sectores están superpuestos. Hay narcoguerrilleros y cientos de alcaldes, diputados, curas y tal vez hasta poetas vinculados con esas dos materias opacas.

Con Colombia no vale la actitud de «qué risa, el lado tuyo del barco se está hundiendo», como dicen los estúpidos. Colombia será nuestro vecino para siempre, como saben los geólogos. Y lo que pasa allende la frontera más porosa del planeta nos afecta de un modo esencial. Hay una población móvil a ambos lados de la raya, que no se puede controlar. Y una creciente integración económica con balance favorable a Venezuela.

La guerrilla dejó de ser hace décadas un movimiento guevarista para convertirse en un negocio próspero. El narcotráfico es tal vez el negocio más lucrativo de la América Latina. Ese no es el problema, diría Maquiavelo, pues muchas fortunas legales no pueden presentar un prontuario más recomendable. Pero son opacos. Si haces negocio con una ferretería o con la General Motors, con una alcaldía o con un Estado, puedes sancionarlos si no cumplen. Incautarles los activos, romper relaciones, invadirlos. Pero la guerrilla y el narcotráfico son por definición imposibles de localizar, perseguir, capturar. Así no se puede.

Si no lo entendí mal, Maquiavelo recomendaría una acción conjunta de los estados y empresariados colombianos y venezolanos para reintegrar un país fracturado. Una acción por igual reconciliante y combativa tendería a sanar un proceso disolvente que no conviene en última instancia ni siquiera al narcotráfico y a la guerrilla. Dejar de negociar con ellos por debajo de la mesa, sancionar a quienes juegan perversamente con la materia opaca desde el Estado y el empresariado. Pero eso requiere visión global, un maquiavelismo del que están lejos las dirigencias visibles de ambos países.


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