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La elección de Sofía

Roberto Hernández Montoya

El Nacional , domingo 12 de diciembre de 1999

Roberto
Roberto con su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia, Caracas, Venezuela.

Clarín: Está entre dos luces el que duda.
Segismundo: Pero yo estoy dudando entre dos sombras.

Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño

Los energúmenos están felices en estos días. En tiempos apacibles nadie les hace caso, pero en estos el que más vocifera encuentra quien lo oiga y hasta quien lo escuche. No importa su posición, pues en este caso la forma es el fondo. Lo importante es vociferar porque la gente reflexiva está proscrita. Te preguntan si vas a votar o no y se decepcionan cuando te largas con una exposición razonada. Quieren un cacerolazo, no una reflexión.

Esta deliberación por decibeles es cada vez más cacofónica, porque los del y los del no convocan los cacerolazos para la misma hora. Por lo cual propongo el Método Hernández para Cacerolazos Simultáneos a Fin de Diferenciar de No: usar una Clave Morse Modificada:

  • ...- significa no.
  • ---. quiere decir sí.
  • -.- es sí, pero...
  • ..-. es no tirando a sí aunque no mucho allaota.
  • ---.--- sí pero siempre y cuando eliminen lo de bolivariana y la cosa esa del aborto y de los indígenas. De repente descubres que Escarrá vive ahí al lado.

A lo mejor se organizan así los debates racionales que han escaseado tanto en esta como en toda campaña electoral en este y en todo país habitado por seres irracionales, es decir, humanos.

Sofía está en un campo de concentración nazi. Le plantean que puede salvar solo a uno de sus dos hijos. Escoge al varón y se lanza a una infelicidad infinita, porque nadie que haga una elección así tiene acceso a la felicidad el resto de su vida.

Asimismo, tiro el agua del baño con el niño dentro si voto no, porque rechazo completo el título sobre derechos humanos, que Diego Bautista Urbaneja califica de «bonito», por ejemplo, entre tantas otras provisiones civilizadoras que contiene el proyecto. Digo y entonces me niego el derecho a discrepar de Simón Bolívar, como todo habitante de país democrático. Los filósofos lo llaman petición de principio. Estoy obligado a estar de acuerdo con un tipo que formuló principios contradictorios para tiempos contradictorios, desde su radicalismo republicano de 1811 hasta una visión bastante monárquica ella con la Constitución de Bolivia en 1826, con un Presidente vitalicio y un senado hereditario. No me preocupa lo de las intenciones totalitarias de Hugo Chávez porque, aparte de que no las veo, no puede de toda posibilidad ejercerlas. Un pueblo respondón como el que somos no lo aguantaría; ahí está la campaña por el no. Y no olvides las presiones internacionales. Además, hay una razón cínica para votar si quieres votar no: si gana el no Chávez se queda cuatro años más, pero si gana el se le puede revocar el mandato antes de que termine el primer período. Claro, para mucha gente votar no es una marca de estatus.

En otras elecciones uno puede entreverar el voto. Dos candidatos de este partido, tres de aquel y cuatro de ninguno. Ahora el voto es binario y obligatoriamente irresponsable.

Sí, estoy hablando como dicen, palante y patrás. Pero recomienzo mi reflexión desde cero y me percato de que estoy condenado a votar mal, sea como sea que vote el miércoles, por culpa de los que convirtieron esto en un plebiscito, Chávez el primero. Lo peor es que no había ninguna necesidad.


Por qué y por qué no el 15 de diciembre de 1999
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