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El terrorismo considerado como una de las bellas artes Question, marzo de 2003
El debate político en Venezuela La definición de terrorismo del Diccionario de la Real Academia es simple. Aunque autorreferencial, es de todos modos tal vez útil: «Dominación por el terror». Amenazar a un país con una guerra civil para que vote de cierta manera, como se hizo en Nicaragua. O los «requerimientos» que los conquistadores hacían a los indígenas para intimarlos a la rendición incondicional. Si no se sometían se los culpaba de los males que les harían (ver José Padrón, «Falacia histórica»). El culpable es, pues, la víctima (ver Carolina Espada, ¿Y el lobo?). Si Hugo Chávez no renuncia, será culpable de la destrucción que haremos a Venezuela. Y no me desvíes la mirada; si no ayudas a sacar a Chávez serás el causante de la ruina que de todos modos te vamos a propinar, caiga o no caiga Chávez. Se castiga sobre todo a los opositores al impedirles o dificultarles el acceso a bienes y servicios, haciéndolos perder su trabajo, arruinando sus negocios y un largo etcétera. Es la argumentación del secuestrador aéreo: Si no me dan lo que pido nos estrellamos todos. Así, desde el ensayo general de paro patronal del 10 de diciembre de 2001 se han desplegado no menos de siete formas de terrorismo: 1. Terrorismo mediáticoCuatro canales de televisión (para no hablar de radio y prensa) se encadenaron durante 24 horas diarias en diciembre de 2002 y enero de 2003. En ese lapso transmitieron miles de veces cierta cantidad de anuncios publicitarios contra el gobierno, dedicando toda su programación, sin un segundo de tregua, a denigrar del gobierno mediante el amarillismo político, a causar toda clase de alarmas, propalando todo rumor que infundiese terror, precisamente. Es un comportamiento sin antecedentes en ninguna parte del mundo, que yo sepa. Mediante la Inquisición Mediática se desfiguró el rostro del periodista de modo que espero no sea irrecuperable. Dejaron a William Randolph Hearst como un niño travieso (ver RHM, Manual del perfecto amarillista). De todos modos algo salió mal, porque no pudieron con Chávez a pesar de las 96 horas diarias entre los cuatro. El daño emocional de todo un país tardará quizá años en sanar. No aceptan limitar su poder. Por eso recusan a priori el proyecto de Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión. Toda sociedad se vuelve satrapía oriental cuando cualquier poder es ilimitado. 2. Terrorismo gerencialSi no me dan lo que pido dejo a la nación sin economía. Suspendieron gran parte de la gestión de la industria petrolera, de la economía agroalimentaria, de cadenas y centros comerciales. La mayor parte del país no se detuvo, pero afectaron lo estratégico: combustibles, educación, salud y algunos alimentos. Amenazaron el transporte público, el agua y la electricidad, sin el menor éxito. Las pérdidas se estiman en miles de millones de dólares, entre las divisas que no ingresaron por petróleo, los sabotajes a la industria petrolera, los pequeños y medianos empresarios arruinados, los miles y miles de nuevos desempleados, etc. Sin contar las vidas arruinadas. 3. Terrorismo judicialCuando el 14 de agosto de 2002 el Tribunal Supremo de Justicia rechazó el juicio a los militares golpistas del 11 de abril de 2002, se abrió una fase superior de terrorismo judicial al promulgar la impunidad. Doy un golpe; rompo el orden constitucional; asesino a decenas de personas y endilgo la culpa al gobierno, sin pruebas ni defensa; secuestro al Presidente y a varios dirigentes en medio de gran algarabía mediática; promuevo el asedio a una embajada; permito que se autocorone un monarca, etc. Y el máximo tribunal me declara inocente para que intente lo mismo meses después y me haga fuerte en una plaza pública (ver pronunciamiento de los militares golpistas el 22 de octubre de 2002). Luis Miquilena admite públicamente haber urdido todo. ¿Qué fue? ¿No te gustó? El país no tiene cómo enfrentar ningún delito. ¿Has oído hablar de la barbarie? 4. Terrorismo políticoTeóricamente debiera abarcar a todos, aunque ha sido, en su acción directa, el más benigno porque la dirección de la oposición ha sido incautada a los políticos por los medios de comunicación golpistas. El llamado a paro lo pronunciaron la Nómina Mayor del petróleo, el sindicalerismo y, sobre todos ellos, los medios de comunicación. Los políticos fueron excluidos de los medios, salvo los energúmenos. 5. Terrorismo médicoClínicas privadas y hospitales controlados por la oposición fueron paralizados, así como la producción y distribución de medicinas. «Hay que sacrificarse», decretaba Carlos Ortega, el presidente usurpador de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, en sus partes de guerra diarios. Ese sacrificio recobró su forma clásica: el holocausto de vidas humanas. Negaron medicinas y atención médica a una nación y, usando la misma falacia lógica de los requerimientos, se culpaba a Chávez. Eran de la misma estirpe ética de los que gritaban «¡viejo canceroso!» a Alberto Müller Rojas durante la Noche Buena de Año Nuevo. Su causa está por encima de todos los principios. Hasta ese punto nos deshumanizaron y se deshumanizaron. Nunca imaginé que la codicia pudiera ser tan ruinosa. 6. Terrorismo académicoSe suspendieron clases en jardines de infancia, en doctorados. Todo modo era lícito para tumbar a Chávez. En las guerras más cruentas se excusan escuelas y hospitales. Estos dirigentes han llegado al máximo de la deshumanización, al no respetar ni salud ni educación. Si no respetan ni a enfermos ni a niños, ¿a quién respetan? Una madre me dijo que prefería que su niño perdiera el año con tal de salir de Chávez. ¿Debe ser su hijo castigado porque Chávez está en el poder? ¿Qué va a hacerle ahora a su hijo si amenazarlo con perder el año no fue suficiente para sacar a Chávez? Destruyeron hasta el amor de madre (ver RHM, Don Quijote en paro). En las universidades se practicó toda clase de terrorismo sicológico contra estudiantes o profesores sospechosos no solo de chavistas, sino de siquiera ser neutrales. Cacerolas, boicot, reprobaciones arbitrarias en los exámenes, etc. 7. Terrorismo ordinarioSicariato, bombas y asesinatos de manifestantes de ambos bandos, sobre todo del bando chavista. Es fácil sospechar que las bombas son puestas por ellos mismos para culpar al gobierno, pues a este, racionalmente, no le conviene alborotar el ambiente, si va ganando. Como las bombas recientes en sedes diplomáticas de Colombia y España. Fue tan incompetente este atentado que el mismo embajador de España declaró que esa bomba no dañaba las relaciones entre Venezuela y ese país, que era el objetivo. Y de seguidas Colombia coordina acciones antiguerrilleras con Venezuela. El atentado solo sirvió para destruir destruyéndose, lo único que esta dirigencia opositora sabe hacer (ver Luis Britto García, Las tareas revolucionarias de la ultraderecha. También RHM, ¿Por qué perdió la oposición?). Habiendo fallado los otros, ahora recurren al terrorismo clásico, el único que les ha funcionado y eso muy limitadamente. Por algo sigue vigente ese terrorismo: porque funciona, pero solo como auxiliar de un plan mayor. A menos que se vuelva arte por el arte. El 11 de abril de 2002, por ejemplo. O los asesinatos del 6 de diciembre de 2002, cuando ya el fracaso del paro era tumultuoso. Lo han intentado otras veces. Sin éxito, porque los tiroteos callejeros corren muchos riesgos: impericia, imprecisión, nervios. Pero, aunque la bomba artera es el amuleto del perfecto terrorista, puede terminar volviéndose un fin en sí mismo cuando no hay plan mayor. El terrorismo, como la infidelidad de la pareja, es imposible de impedir. Lo único posible, recomienda Balzac para la infidelidad, es eliminar sus motivaciones. Algo parecido funciona con el terrorismo. En Venezuela se está quedando sin oxígeno. Las más recientes manifestaciones de oposición han sido exiguas. Solo los más enloquecidos continúan aplaudiendo su propia ruina. Era lo único que tenían: medios de comunicación y una masa que los seguía. Pero esa masa fue la primera víctima del paro: no sacó a Chávez pero se arruinó económica y moralmente. ¿Aplaudirá esa base social la continuación de estos terrorismos, que solo la perjudican a ella y más bien atornillan a Chávez, como dijo El Tiempo de Bogotá en un editorial? ¿Buscará esa base social dirigentes más dignos? ¿Merece dirigentes más dignos? Del respeto por sí mismo de ese pueblo de oposición depende la respuesta.
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