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I need a vacation

Roberto Hernández Montoya

Domingo 14 de mayo de 2000
Roberto_y_Hannah
Roberto con su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia
, Caracas, Venezuela.

Así dice el robot al final de la peliculita Terminator II, en boca de Arnold Schwarzenegger: «Necesito unas vacaciones». Un asueto, al menos hasta el 29 de mayo, en un país donde no conozcan a Venezuela, o sea, salvo Colombia, casi cualquier país. Es que el festival de estupideces de esta campaña ya me tiene acatarrado, como dice Clodovaldo Hernández en su brillante artículo del jueves 11 en El Universal.

«La triple de Caracas: Chávez, Peña, Bernal», lee uno por la calle. «Arias está claro», dice otro avisito. ¿Está claro de qué? Unos y otros no han hecho sino prodigarse estupideces, incluyendo a la Iglesia. Napoleón Bravo por su parte me convenció de que Chávez es megalómano, pues Napoleón, como su epónimo, es una autoridad en megalomanía. Todos se han esmerado en darnos las ideas más pobres en campaña electoral alguna desde 1958. En casi toda campaña electoral se dicen sandeces, desde Groenlandia hasta Madagascar, pero no tan seguidas ni tan gruesas. Arias Cárdenas, la Gran Esperanza Blanca, tiene razón cuando dice que esta campaña es tan pobre de ideas como pródiga en insultos y para demostrarlo pasa a llamar a Chávez cobarde, inmoral y otros insultos que mi refinada educación me impide repetir. Piensan que insultan al contrincante, pero a quien más insultan es a la inteligencia del elector. Así estaban las cosas cuando el fiscal Javier Elechiguerra les hizo la gran maldad lógica.

Cuenta Cervantes (Quijote, II:51) que había «una puente» en donde sesionaba un jurado. A todo el que pasaba por la puente le preguntaban a dónde iba. Si decía verdad lo dejaban pasar; si mentira lo colgaban. Un día llegó un elemento que dijo: «Vengo a que me cuelguen». El jurado no pudo resolver la trampa lógica: si lo dejaban pasar decía mentira y había que colgarlo. Si lo ahorcaban decía verdad y había que dejarlo pasar. Así, pocas veces he visto más bochorno lógico como el de Arias el miércoles 10 cuando comentaba la decisión de Elechiguerra. No podía decir que la decisión del Fiscal era justa porque entonces condenaba a Urdaneta y a Garrido. Pero si decía que era injusta salvaba a Miquilena. Ante tal dilema sin solución, Arias se acogió a la misma opción que eligió Miquilena, la única que quedaba: hacer el ridículo ante la nación entera. Menos mal que los políticos no parecen tener honra, porque de otro modo se habrían sentido muy mal tanto chavistas como aristas. Será por eso que nunca me metí en política. Y menos mal también que ambos bandos cuentan con seguidores a quienes no importa la ridiculez de sus líderes, pues sin fieles así no habría dirigentes. ¿Te imaginas que la gente rechazara a un político apenas dijera la primera estupidez? Dios sabe lo que hace: si así fuera no habría ni vida política ni probablemente sociedad humana.

Pero como soy raro y no me gusta la estupidez, cosas mías, pues, propongo este negocio: cambio mi voto por una acción o una frase inteligente. El primer candidato a Junta Parroquial o a Presidente de la República que me diga una frase lúcida o haga algo ingenioso, tiene mi voto incondicional. Es negocio, basta una sola frase o una sola acción, tampoco es que se tienen que matar.

Y por cierto, ¿uno no podrá votar por el Elechiguerra ese?


Nelson Méndez, ¡Con enemigos así, quién necesita amigos!
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