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La sonrisa de Estanga

Rodolfo Santana

El día de abril en que te nombraron dictador, sonreías. Algunos aconsejaron que te mantuvieras sobrio, ecuánime, con la cara seria y sin embargo sonreías. Tú y tus acompañantes glamorosos demolieron, felices, la institucionalidad conformada a lo largo de siete extenuantes votaciones en tres años y sin embargo sonreías. Cada anuncio demoledor del Procurador General de tu régimen fue recibido con aplausos fervientes por la crème de la crème ferviente, engalanada: disolución de la Asamblea Nacional, demolición del Poder Judicial, capacidad de destituir gobernadores y alcaldes. Tú, que nunca obtuviste un cargo por votación entusiasta ni siquiera en un club Rotario hilaste en tus manos el mural de una dictadura obscena que suspendía el tiempo y las trayectorias sociales, y sonreías. El regocijo era tanto que no te percatabas de la letrina- olorosa a Pinochet- que abrías ante el país y el mundo en el primer decreto de tu gobierno. En la tarde de abril francotiradores de tu sustento extremista manipulados por organismos de inteligencia ajenos al país, disponían la mira de sus armas contra bolivarianos y manifestantes de la oposición que marchaban hacia Miraflores. Buscaban mártires. ¡Y sonreías!. Estabas consciente de los muertos que caminaban desde Chuao o que esperaban en Miraflores y no te importó. Los consiguieron. ¡Que maravilla, consiguieron los muertos y no te importó! Siempre es fácil lograr difuntos en un pueblo que posee sueños. Tú los conoces, los has reprimido y amargado en las empresas marcadas por tu despotismo. Los desprecias y no te importaron sus muertes. Así, siempre viéndolos en tu imaginación, con tu sonrisa seca, los ayudantes asesinos de la conjura variaron las direcciones de las miras y asesinaron a unos y a otros en la protesta.. Claro, eso lo determinará con precisión la investigación que ya se efectúa. Pero ya se determina un mismo calibre en muertos de parte y parte. Un sicario buscamuertos en una azotea. Pero tú sonreías horas más tarde, mientras la cauda empresarial también mostraba sus dientes correctos, blancos y completos en sonrisa grande mientras te ungían como dictador. Tus ojos, cuerpo, traje, corbata, manos, anillos, calva, sonreían. La boca estrecha también lo intentaba en el galimatías prehistórico del decreto presidencial, olvidando el asesinato masivo en la tarde triste que registraron los medios audiovisuales que surcan el mundo. ¡Que maravilla!» Subió la bolsa, los inversionistas de todo el mundo se arrojaron sobre Venezuela, los bonos de la deuda se hincharon y, también, bajó el precio del petróleo. Coincidencia milagrosa sostenida por los argumentos de la plana mayor de PDVSA anunciando sus cañones contra la OPEP y la suspensión del envío de petróleo a Cuba. ¿Sabes como te llaman ya en los mercados, esquinas y calles de Venezuela? El «Carnicero Estanga» .. Y, sin embargo un día antes sonreías al elaborar tus decretos dictatoriales, junto a unos medios de comunicación que olvidaron la verdad. Que la verdad posee resquicios, junturas, filtraciones, testimonios leves y angustias que describen la materialidad de los sucesos. La verdad cae como la lluvia y no te percataste que el paraguas sonriente no te protegía. Jamás. Te derrotaron las esquinas, las chancletas, la tierra, los sánduches de sardina, las busetas, de donde provienen los militares que restituyeron la constitucionalidad y que tus amigos humillaban, tocándoles tenedores y platos en los restoranes. Derrotaron en tu sonrisa la entrega a los grandes privilegiados, a los mercaderes de la guerra., ansiosos por el crecimiento del Plan Colombia, rechazado por tantos países. Traidor fuiste, inclusive, con tus compinches de la CTV. Obviaste en tu coronación como dictador, normal en tu mente patronal, a los sindicaleros que te acompañaron en la conjura.. Ellos no lo esperaban ¡Qué maravilla! Y más allá, en una PDVSA con ejecutivos adjudicándose el derrumbe del gobierno, indicaban entre aplausos: «Aniquilaremos a la OPEP». «Suspenderemos el envío de petroleo a Cuba» Todos ansiosos por seguir las pautas de los intereses multinacionales del Primer Mundo, sedientos de combustible barato. Inquisidor fuiste, admitiendo allanamientos e intolerancias. Asaltando Alcaldías y Casas de Cultura. Lo peor de tu sonrisa, Carmona, es que ya figuras en la lista de los personajes mancillados por el oprobio entre nuestro pueblo. Creíste que los venezolanos admitirían tu soberbia, la prepotencia de tu ambición y solo has logrado que eternamente y para siempre ya se diga en los mercados populares, en los restoranes y tascas un dicho popular novísimo que esencia tus mentiras: cuando un vendedor, comerciante o mesonero intenta una pillería ya dicen: «¿Me vas a meter una de Estanga?»

El tránsfuga Estanga. El mercenario Estanga. ¿Sabes que tienes cabeza de huevo, al igual que Guaicaipuro Lamierda, digo Lameda?

Transformaste tu apellido en símbolo de traición. Sin saberlo, era lo que buscabas en tu ínfimo cerebro despótico. Y sonríes. Y lo conseguiste. Igual que la tradicional conducta y sonrisa de los gobiernos anteriores a la V República en sus masacres y asesinatos. Y hoy sonríes con la caterva empresarial que te acompaña impidiendo la dignidad de un pueblo donde el ochenta por ciento sufre pobreza. Por tu causa, mientras sonríes. Por tus manejos gangsteriles.



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