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Las novísimas normas ortográficas de la Academia

[1959]

Ángel Rosenblat

La Real Academia Española en La BitBlioteca
Exprese su opinión en nuestro foro sobre la nueva ortografía de la Real Academia Española

Ángel Rosenblat, Nuevas Normas ortográficas y prosódicas de la Real Academia Española [1952]
El debate sobre la ortografía de la lengua española

En 1952 la Academia Española adoptó una serie de innovaciones ortográficas y prosódicas, que hasta ahora tenían carácter faculta-tivo. Después de algunas deliberaciones, en que procuró tomar en cuenta, democráticamente, la opinión de las Academias hispanoamericanas, in-trodujo leves cambios. Desde el 1° de enero de 1959, sus nuevas (o novísimas) normas tienen carácter preceptivo. Tratemos de resumirlas y sistematizarlas en la forma más sencilla posible.

1. Se puede escribir psicología o sicología, mnemotecnia o nemotecnia, gnomo o nomo, etc. (simplificación sistemática de los grupos iniciales ps-, mn-, gn-). A mí me gusta más Psicología, pero si mis alumnos, menos apegados a la tradición griega, prefieren Sicología, como en realidad se pronuncia, no tengo el derecho de enmendarles la plana.

2. Se puede escribir reemplazo o remplazo, reemplazar o remplazar, reembolso o rembolso, reembolsar o rembolsar. La innovación se reduce a dos sustantivos, con sus verbos correspondientes. ¿Valía la pena?

3. No se acentúan los monosílabos fue, fui, dio, vio. En realidad no había ninguna razón para acentuarlos, y así lo sostenía ya Rufino José Cuervo.

4. Se suprime el acento en la sílaba ui de las voces llanas: casuista, altruista, jesuita, huido, destruido, concluimos, huisteis, etc. (el pronunciarlas con diptongo o con hiato queda librado al buen criterio personal). También en el caso de fluido, que la Academia acentuaba antes en la u. Claro que se acentuarán, de acuerdo con las reglas generales, benjuí, casuístico, etc., y se dejarán sin tilde estatuir, huir y otros infinitivos en uir. De paso, inmiscuir se puede conjugar yo me inmiscuo o yo me inmiscuyo.

5. No se acentuarán taray, virrey, convoy, magüey (¿de dónde saca la diéresis la Academia?), Uruguay, Tuy, etc. La y es una consonante para los efectos de la acentuación ortográfica.

6. No se acentuarán Feijoo, Campoo y otros nombres acabados en -oo. En realidad están en el mismo caso que posee, sobresee, telefonee, etc., que nunca llevan tilde.

7. Se acentuarán vahído, búho, tahúr, ahíto, rehúso, etc. Si la h no tiene la función de indicar el hiato (desahucio, sahumerio, etc., se pronuncian con el diptongo au a pesar de la h intermedia), ese acento se hace efectivamente imprescindible.

8. Se suprime el primer acento en compuestos como decimo-séptimo, asimismo, rioplatense, piamadre, sabelotodo, etc. Se conserva, en cambio, en los compuestos en -mente: ágilmente, cortésmente, lícitamente, etc. Y también, como es natural, en los compuestos con guión: cántabro-astur, histórico-crítico-bibliográfico, etc.

9. Se restablece el acento en los infinitivos acabados en -aír, -eír, -oír, que las normas anteriores habían suprimido. Se escribirá, pues, embaír, sonreír, oír, etc. (desde luego, también sonreírle, oírte, etc.), igual que baúl, país, raíz, ataúd, Saúl, Raúl, etc. La Academia vuelve, pues, sobre un acuerdo que ya estaba consagrado en la última edición de su Diccionario, de 1956. Con él establecía una excepción innecesaria a su regla general de marcar con acento la vocal tónica del hiato (lo que la gramática tradicional llama «disolver el diptongo»). Pero, ¿no da con sus vacilaciones la impresión de que precede con cierta ligereza?

10. Aún se acentúa cuando equivale a todavía (función adverbial): «Aún está enfermo». No se acentúa en todos los otros casos (función conjuntiva): «Aun los sordos han de oirme», «Ni hizo nada por él ni aun lo intentó». La distinción es clara y razonable: en el uso adverbial, aún conserva su acento y se pronuncia casi siempre bisilábico, mientras que en el uso conjuntivo pierde su acento y se pronuncia consiguientemente monosílabo.

11. Los pronombres éste, ése, aquél (y sus femeninos y plurales) llevarán normalmente acento, pero será lícito prescindir de él cuando no haya peligro de anfibología. Así, convierte en potestativa la acentuación de esos pronombres (pronombres sustantivos), lo cual conspira contra la fijeza de las reglas de acentuación, que hasta ahora era absoluta. La Academia ha decidido no extender esa posibilidad de acentuación a otros pronombres (otros, algunos, pocos, muchos, etc.), contra su criterio anterior. Me parece que la decisión académica es un primer paso para la supresión definitiva del acento de los pronombres demostrativos, con lo cual corta por lo sano una serie de discusiones: por ejemplo, el uso o no de acento en aquel que («¡Dichoso aquel que se contenta con lo que tiene!»). En realidad no hay por qué distinguir con la ortografía lo que no se distingue con la pronunciación.

12. También prescribe que se acentúe el adverbio sólo únicamente cuando se quiera evitar anfibología . Es decir, un nuevo acento librado al criterio personal. La regla vieja era acentuarlo siempre que fuera adverbio. Hoy podemos prescindir del acento. La verdad es que uno nunca ve anfibología en lo propio y sí en lo que escriben los demás. Como en el caso de los pronombres demostrativos, parece que la decisión académica es el primer paso para la supresión definitiva de ese acento, en realidad innecesario.

13. Los apellidos extranjeros se escribirán, en general, sin ponerles más acentos que los que tengan en la lengua de origen. Podrán acentuarse a la española en los casos en que lo permita la grafía original: Degás, Dantón, Renán, Wáshington, Édison, Ándersen, Wágner, Schíller, Mózart, Tolstói, Borodín, etc. Es decir, de nuevo un acento potestativo, que a mí en este caso me parece inútil o molesto. Eso sí, los nombres geográficos incorporados a nuestra lengua están sometidos a las reglas generales: Pekín, Módena, Ródano, etc.

14. La diéresis sólo se usa para indicar la pronunciación güe, güi: pingüe, pingüino, etc. (En verso podrá mantener su uso tradicional). Es decir, se escribirá, puar, dueto, etc., sin la diéresis que antes llevaban en la u para marcar el hiato. Todavía en la última edición del Diccionario autorizaba su uso en vïuda, rüido (cuando había interés en señalar esa pronunciación) y a veces en pïé (de piar), para indicar que era bisilábico.

15. En los gentilicios en que se funden dos términos para constituir una entidad nueva se prescindirá del guión: hispanoamericano, checoeslovaco, etc. Pero se mantendrá cuando se conserve la oposición o contraste entre los dos elementos: tratado teórico-práctico, cuerpos técnico-administrativos. Parece muy razonable la distinción.

16. Se puede silabear, al final de línea, nos-otros o no-sotros, des-amparo o de-samparo, etc. Es decir, hay libertad para mantener los elementos de la composición o para tratar la palabra como si fuera simple. ¡Viva la libertad!

A eso se reducen todas las innovaciones. Aunque nunca hemos creído que la Academia fuera infalible (hemos señalado en otra ocasión una serie muy grande de sus inconsecuencias), y aunque nos parecen muy legítimas las diversas tentativas, que se repiten desde Nebrija hasta Bello, en favor de una reforma más radical, nos parece útil atenernos a sus normas ortográficas, aun las de acentuación, por razones prácticas de uniformidad. Toda ortografía es una convención, y parece ventajoso que esa convención tenga validez absoluta en los veinte países de habla española. Acatar la norma —era el consejo de Unamuno— es el primer paso para una nueva reforma.


Ángel Rosenblat en La BitBlioteca
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