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Letras en el agua: la memoria fluvial

Rafael Rattia
rrattia@cantv.net

7 de marzo de 2000

En varias ocasiones he abordado el complejo e inagotable tema de las letras deltaicas. Inclusive he sostenido, en no pocas oportunidades, la pertinencia de una poética acuatiforme que se gesta en las entrañas mismas del vientre selvático del Orinoco profundo. ¿Acaso la milenaria civilización acuática del Delta Atlántico no guarda aún celosamente en su frágil y delicado seno materno, inmensas y ricas «bibliotecas orales» andantes que, dada su avanzada edad y poca protección y valoración, pueden correr el riesgo de desaparecer? Cada anciano Guarao que muere, o desaparece físicamente, es un incalculable tesoro literario y humano que lamentablemente se pierde para siempre sin posibilidad de «recuperar» o «salvar» algo significativo de ese hondo caudal de datos y de valiosísima información antropológica y étnico-religiosa que, literalmente, muere con tan lamentable pérdida. Por los solitarios pasadizos fluviales que conforman los intrincados caños deltaicos del majestuoso Orinoco suelen desplazarse, sigilosamente, «científicos sociales», «investigadores académicos» de prestigiosas universidades europeas y norteamericanas que van al Bajo Delta, cuales cuáqueros, para recabar datos, información de altísimo e insospechado valor etnográfico y socio-antropológico, leyendas, mitos, anécdotas de raigambre aborigen con la expresa finalidad de venderlas posteriormente a prestigiosas instituciones museísticas de Europa o de los países anglosajones. Tal práctica inescrupulosa que se realiza sin ningún control por parte del Estado venezolano configura un delito internacional contra la preservación del patrimonio histórico y de la riqueza etnolingüística de los pueblos indígenas indoamericanos.

Ya un poco fuera del campo estrictamente autóctono, indígena, aborigen, pero siempre en el contexto integral de la defensa de nuestras tradiciones populares y de nuestra cultura criolla; observo con sumo dolor la indolencia de los entes oficiales hacia valores artísticos de gran estima por parte del pueblo deltano. Porque a decir verdad, puestos a decir la auténtica verdad, el pueblo llano del Delta sabe y aprecia en su íntima y justa dimensión a sus más aventajados y «preclaros hijos». Me refiero, por supuesto, a humildes creadores del verso y la copla cantada como Don Lino Hernández, mejor conocido en los predios del galerón orinoquense como El León de la Campana. Me enorgullezco de cultivar una noble y franca amistad con este poeta de rancia estirpe popular cuya prosa cantada constituye uno de los más altos valores literarios que tiene el Delta que heredamos de la Insula margariteña.

Hurgando en las capas ocultas que subyacen al vasto mapa cultural popular deltaico encuéntrase uno con sorpresas gratas y edificantes. Por ejemplo, ese roble del arte musical y de las más genuinas manifestaciones folclóricas de la canta fluvial llamado Machelo Marín y sus orinoqueñitas, ¿acaso no constituyen el último reservorio artístico con que cuenta esta prodigiosa región acuática? Aún resuena en mis recuerdos juveniles de mi primera juventud el atiplado acorde de la magia musical del cuatro en las manos de Asdrúbal Rodríguez y el excelente acompañamiento musical de la voz de oro de nuestra gran Elennys Mata. ¿Qué hubiese pasado, si por ejemplo el Estado venezolano le brinda la debida asistencia y el decente y digno apoyo que hace veinte años requería ese gran valor de la música regional llamado Jésus Pulvett? El gran y frondoso árbol artístico de la distinguida familia Del Moral ¿acaso a alguien se le ha ocurrido hacerle un homenaje que bien merecido se lo tienen por ley del esfuerzo y la constancia? No es justo el estado de olvido en que las autoridades culturales (tanto regionales como municipales) han sometido a brillantes talentos que hoy iluminaran el escenario artístico nacional y hasta internacional. Félix Marcano, huelga decirlo, es un excelente músico instrumentista que posee un finísimo y delicado oído musical que, además compone y arregla sus propias letras lo cual lo convierte por derecho propio en una especie de juglar urbano de la deltanidad finisecular. Es obvio que el espacio nos impide hacer un justo inventario de los más conspicuos «representantes» de la sensibilidad musical orinoquense del siglo veinte por lo que requeriríamos un espacio más vasto para hablar con justicia de aquellas voces que expresan al Delta en su música y sus corolarios.


Rafael Rattia en La BitBlioteca

Rafael Rattia es historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA.

http://usuarios.iponet.es/casinada/xrattia.htm



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