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La mujer por la ventana: lectura transversal

Rafael Rattia
rrattia@cantv.net

La escueta noticia que suele acompañar la sinopsis biográfica e intelectual en la contraportada de los libros nos dice que ella es Licenciada en Letras por la UCV y que realizó estudios de postgrado en cine y literatura en Barcelona (España). También, para fortuna del lector, la brevísima noticia nos dice que ha publicado dos libros por la prestigiosa editorial FUNDARTE, a saber: Babilonia (relatos, 1993) y Sesión Continua (ensayos 1989). Obviamente, me refiero a la escritora Silda Cordoliani y el libro lleva por título La mujer por la ventana, Editorial Troya, Caracas, 1999. 77 páginas para más señas.

Once relatos de seis o siete páginas cada uno van hilvanando un libro que una vez comenzada su lectura no se puede dejar así nada más; su lectura atrapa al lector de tal manera que es como que te agarraran por los testículos y no pudieras soltarte hasta la última página y discúlpeseme el símil pero no encuentro otra comparación más exacta y más fiel. Vamos al hecho, o al lecho, si se prefiere; porque leer los textos narrativos consignados en este volumen es lo más parecido a una sensual y gratificante experiencia individual, intransferible por lo demás.

El relato que sirve para titular el libro es la cifra de una escritura vehemente y minuciosa como si las frases, cortadas con exactitud, quisieran mostrar un zurcido, una escritura de zurcido. Tanta paciencia en el narrar nos muestra a la escritora apasionada del cine, de la imagen moviéndose párrafo tras párrafo, y así el relato... los relatos que dan cuenta del libro todo. Cuando leemos La mujer por la ventana, la escritora nos atrapa con los efluvios envolventes que exhala su prosa narrativa y especialmente el cuento así titulado de tal modo que sentimos estar involucrados en una premonición, un vaticinio, una intuición que se va revelando bajo la forma de una anécdota fundada en la prodigalidad de la memoria. La certidumbre del relato estalla como un cielo blanco en el fondo fecundo de la página y nos proporciona un confortable aire de familia. Como si ya hubiésemos estado ahí. Tal es la fuerza de su propuesta literaria. La pulpa del cuento es esta: una mujer lía un cigarrillo y contempla la densidad y espesura de la noche subsumida en las vertiginosas nieblas de su desbordada imaginación.

Este libro de Silda Cordoliani semeja una mítica simbología de nuestra zoografía nacional llamada «culebra morrona». Paradójicamente el frontispicio del libro viene rotulado con el título que «cierra» el libro, que a su vez se subtitula en tetrálogo simultáneo. Es la primera vez que veo un cuento con cuatro títulos. La mujer por la ventana es al mismo tiempo «La mujer tras la ventana», quien a su vez es «La mujer en la ventana», «La mujer de la ventana» y «La mujer por la ventana». En este cuento también hay una estética de la nocturnidad, del bar, de la calle, de la bohemia y la sordidez de la Caracas que nunca duerme. Sábana Grande se convierte de suyo en un vértigo imaginístico en el que la escritora convierte su memoria indómita que recorre los «altares de la Otra iglesia», es decir los incontables bares que pueblan la urbe insaciable de la certeza y el dolor. «En un lugar cualquiera de la calle» se produce el milagro del descubrimiento de unos seres que llevan la culpa a cuestas como si se tratara de un pesado fardo ontológico, como si de una pesada carga existencial se tratara. Gestos apagados, tristes y heridos por la melancolía y la nostalgia incurable del sinsentido existencial se van develando en el transcurrir de estas setenta y siete páginas inigualablemente escritas. Descripciones tan universales que bien pudieran sujetarse a cualquier contexto «real» cercano o distante a nosotros. Por ejemplo, ¿dónde no hay un río?. Dice la autora: «Porque aun en las tardes y noches más frescas la humedad que viene del río se hace bochorno compacto, a veces casi insoportable para alguien como yo, de otro clima, de otro mundo». Leo estas líneas y evoco pretéritos fluvescentes que no me abandonan jamás a pesar de mi alma nómada e inquieta de lector con sensibilidad trashumante. No puede ser de otro modo; además, toda auténtica lectura despierta en el lector una serie de dispositivos de asociaciones inimaginables para quien está fuera del circuito autor-lector.


Rafael Rattia es Historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA.

http://usuarios.iponet.es/casinada/xrattia.htm



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