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Aquí escribo yo: razones para votar NO 3 de diciembre de 1999 Desde que se instaló la Asamblea Nacional Constituyente, los venezolanos aguardamos con indescriptible expectativa los resultados finales del trabajo redaccional de la nueva Carta Magna que habría de regir los destinos de nuestra Nación. Obviamente, si el texto constitucional en cuestión llegare a aprobarse en universales y libérrimos comicios refrendarios. Ahora que el país se apresta a concurrir el próximo 15 de diciembre a la más importante cita con la historia política de la última mitad del presente siglo, es bueno que se ponderen, con la debida sensatez y racionalidad, las razones para votar NO en el mencionado referéndum que se avecina. Lo primero que salta a la vista de todos es el lamentable y triste espectáculo que dio ante el país la mayoría «chavista» al echar para atrás decisiones trascendentales que se habían aprobado mientras el Presidente de la República realizaba una gira por los países asiáticos y por países europeos, (España y Francia). El súbito cambio de nombre de Venezuela por el de «República bolivariana» estremeció (consternó) negativamente a amplias franjas sociales de nuestra Nación. Como un verdadero baño de agua fría cayó sobre la conciencia nacional la repentina e irresponsable decisión «cogollérica emeverrista», al más puro estilo «puntofijista» y tradicional, el cambio de nombre de nuestra nación. Para complacer un deseo personal y personalista, contra los más caros anhelos de un país, se le cambia el nombre a Venezuela burlando las ideas originales del Padre de la Patria. Sinceramente, no hay razón. A todas luces, es una decisión anti-histórica; en otras palabras, es un crimen de lesa patria. El venezolano que se quede callado ante semejante atropello al gentilicio nacional que después no se queje. La nueva «constitución bolivariana» es un salto atrás en materia de federalismo y descentralización. En ella se consagra, (ver Cap.II, De las competencias del Poder Público Nacional) un espeluznante y aterrador centralismo burocrático-presidencialista de nuevo cuño que viene a borrar de un solo plumazo las conquistas y avances que en materia de autonomía fiscal y de recaudación impositiva se había alcanzado hasta el presente. Con la nueva Carta Magna, ahora sí, «Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra». Eso no puede «celebrarse» como un logro o una conquista histórica de la V República. Por más loas que se le haga a «la bolivariana» las regiones quedan prácticamente supeditadas al poder omnímodo que descansa en la Capital de la República. La nueva Carga Magna, aunque se improvisen argumentos para negarlo, deja abierta la posibilidad de «intervenir» los Estados y pasar por encima de los gobiernos locales y regionales. El que tenga interés que lea. La unicameralidad (ver: Título V, Cap.I, Del poder Legislativo Nacional) es un retroceso institucional; una Asamblea Nacional unicameral restringe la real representación proporcional de las minorías y coloca en desventaja relativa a los Estados con una densidad socio-demográfica cuantitativamente más pequeña. Ello, es demasiado obvio para detenerse a analizarlo aquí , es radical y profundamente antidemocrático y asaz injusto. ¿Ventajas del nuevo federalismo quintarepublicano? La«información veraz y oportuna» es otro quid sustantivo que debe mover al ciudadano libre y democrático a rechazar con vehemencia y espíritu libertario el Proyecto de Constitución que se someterá a Referéndum el próximo 15 de diciembre. ¿Quién determina la veracidad o falsedad de la información que aportarán los medios masivos de información escrita, y audiovisual? Naturalmente, el gobierno nacional. ¿Quién más habrá de hacerlo? Aquello que no se ciña estrictamente a las pautas informativas gubernativas será, en consecuencia, catalogado atentatorio a la seguridad de Estado. La extensión del mandato presidencial a seis años con reelección inmediata es un flagrante desconocimiento de los ideales auténticos del Libertador. Con la nueva constitución el Estado se abroga la tutela absoluta del ciudadano convirtiéndolo en alguien menos que un «menor de edad». Se crea la odiosa figura del Big Brother: el Estado benefactor, protector, vigilante y populista incompatible con principio irrenunciable de la autonomía individual. Se desdemocratiza la vida ciudadana y se conculca la libre iniciativa privada. «Archipiélago gulag» en ciernes, señores. La Carta «bolivariana» es la síntesis superada de más poder (todo el poder) para el Estado y ningún poder para el ciudadano. Una ecuación que se derrumbó con el último adoquín del abominable Muro de Berlín. ¿Volver a la oscura noche del socialismo autoritario que dejó atrás las sociedades de Europa del Este? Alguien dijo por ahí que la Historia se repite: «la primera vez como tragedia, la segunda como comedia». Yo agregaría, la tercera como farsa.
Rafael Rattia es historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA. |
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