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Masa Dura

Salvador Garmendia

El Nacional, sábado 19 de setiembre de 1998, p. A-4

Este título no hace la más mínima concesión a la puerilidad juvenil, sobre todo tratándose de un libro de poemas. Detrás de él, nos parece estar viendo la cara de una mujer de treinta años. Sin embargo, la autora sólo tiene diecisiete y apenas se dispone a entrar a la universidad. Es insaciable como caminadora. Va y viene continuamente. No le gusta dormir en su casa. Da la casualidad de que es mi hija.

El sufrimiento aplaca los dolores del alma.

Si no te permite encontrar tu pasión destruye y quema para alimentarte de la pasión.

Es la séptima de mis hijas y la segunda de su mamá, la negra Maggi. Pero, Masa Dura no está en las librerías. Su tiraje consta de un solo ejemplar manuscrito, hecho a mano de adentro a afuera y de afuera hacia adentro. Nadie más pudo tocar esas páginas ni dejó nada material en ellas. Es el libro de los libros. Es el compendio de una persona.

Debió ocurrir que todos teníamos la misma nada...

Es lo mismo que todos tenemos más allá de: deseos, sueños, tristezas... placer, riquezas.

Un hombre en un tonel puede apartar a un rey grande gigante MAGNO. Unas cabezas generacionales arrastrarse en el fondo una ciudad cerrarse en sí misma y vivir y perecer eternamente. Tanto así que al final la muerte no tendrá poder y nos queda lo mismo lo de siempre.

Sería una impertinencia de mi parte, intentar ofrecer un juicio crítico sobre este breviario de intimidades tan desprejuiciado, tan salido de madre y de padre, tan sin hermanos, tan solo en Caracas, siempre mirándolo todo de frente, con crueldad, con gota de sangre en el dedo. La crítica literaria es vivípara, sale directamente de los textos sin recurrir a la inseminación y estos «cuadernos en octava», no son un objeto literario, o sea que no se venden ni pueden comprarse; no están en librerías ni generan el 10% de autor para la casa. Por lo tanto, no estamos de literatura. El libro está dedicado por su autora a William S. Burroughs, un tipo desaseado, de voz aguardentosa a quien casi nadie le tenía cariño. «Souflé dadá» es el apodo que le pone a su libro y lo deja al amparo del gran desamparo de este siglo, Antonin Artaud. Entonces, ¿por qué escribimos? ¿Qué es ser poeta, se pregunta la autora?

¿Por qué escribimos?

Nosotros no lo hacemos a propósito sólo la mano se mueve y dice lo que quiere decir somos unos humanos con suerte o con una maldición encima que nos hace más sensibles.

Tenemos otra visión del mundo o sólo somos unos ridículos hijos de las flores.

¿Qué es ser poeta?

Por qué demonios voy a saberlo hasta el poeta más ácido se ha hecho esa pregunta y espero que nunca la responde nadie porque se perdería la magia.

Al parecer, digo yo, todo consiste en permanecer serio sin dejar de reír. Ser cualquier cosa, menos un vals de Strauss; aunque, viéndolo bien, un vals vienés es una silla de ruedas dorada. El lirismo más optimista, tiene una caída en la comisura derecha de los labios que no se quita con nada. Son las vueltas de carnero del hombre sobre la tierra. En el poema Diálogo Universal para Querer, se cuenta la historia ambivalente de Dionisio: Nació de un cuerpo que eran dos cuerpos y al partirse hicieron una mitad «Te alaba a ti, Dionisio poniendo en tu templo fruta Te canto Creo en ti».

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Con el tiempo se casó con las guerras y el romance parió el heroísmo Se divorció para liberarse, se cambió el nombre a Dionisio, empezaron a adorarse hombres con hombres.

Su mariconería fue tal que se operó y se volvió mujer, se casó con heroísmo y parió a feminismo.

Su cría se los comió a los dos y cagó a machismo.

Se casó con Venus y tuvo a Lesbos.

Lesbos llamó a Sodoma y Gomorra se vistieron de cuero, prendieron inciensos y se fumaron a los «hippies».

Se hicieron viejas, gordas y feas.

Lesbos se casó con un viejo señor y tuvieron a rutina, pero nunca la dejaron vivir.

Un día fue a una discoteca y se convirtió en una fiebre de sábado por la noche.

Bailando disco escuchó rock y le pegó un tiro a un espejo mientras se reflejaba.

Bailando disco escuchó el tecno y se convirtió en fashion rosa.

Hoy se confunde con sexualidad Un amigo me dijo «Son limaduras de metal atraídas por un imán».

¡Captas lo que digo!

En tiempos apartados, los muchachos del grupos Sardio (1958) nos reuníamos en los bares de toldos azules de Los Chaguaramos, para beber cerveza hasta tarde y hacer «cadáveres exquisitos» según el ritual surrealista. En Masa Dura, Altagracia reflota un cadáver exquisito, pescándolo al azar durante una conversación entre amigos.

Hay mosquitos dentro de mi estómago Tengo que comprar un boleto de regreso Todavía no he cambiado lo suficiente Soy como un relámpago Sin tiempo, ahora. No es el momento de la luz No he despertado ya que la tortuga no ha llegado a la meta Una silla, por favor Quiero un cigarro o quizás una caja, Necesito más velas en el centro en forma de F No quiero ver las paredes Aprisonan el alma Y son nocivas Aunque esté rodeado de ellas Tengo ganas de escuchar un cuento y tener dulces sueños No quiero a la niebla No voy a ser tierra.

Las dos cosas son el fin Cae la flor pero la raíz sigue ahí Si tuviera que elegir una carta no sabría cuál Es la muerte con tumba o sin tumba.

Masa Dura de Altagracia Garmendia, se va con una advertencia para todos: «Tengo que conseguirme una vida», dije «frase interesante» dijo un poeta.

»No te la robes es mía» respondí.


Salvador Garmendia en La BitBlioteca



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