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General y particular; colectivo e individual

Racionalidad e irracionalidad

Simón Saba
Economista
ssaba@hotmail.com

Las sociedades antiguas solían creer mucho en la pertenencia a un pueblo para ser buenos, y así se mantiene hasta el día de hoy según se esté más avanzado o atrasado en el nivel intelectual o preparación.

Para referirnos a la línea religiosa, para los judíos antiguos, se era bueno o malo si era o no de su pueblo: si era judío, tenía casi asegurada su entrada al paraíso, mientras que los demás jamás lo pisarían. Con el cristianismo ya hay un gran avance: sólo va al cielo quien se comporta bien, y según el peso de sus acciones individuales, accederá a la gloria de Dios.

Trasladando eso a lo político, solamente los que son de mi bando o parcialidad son buenos, mientras que todos los demás son malos. En el conocimiento de las razas y etnias del mundo, también tendemos mucho a la generalización; en algún lado leí que en Nigeria una persona puede ser calificado según su tribu (por ejemplo, ibo o yoruba), en África es un Nigeriano, en Europa es un africano y en Estados Unidos es únicamente «un negro».

Así mismo, en Venezuela a todos los habitantes de Asia oriental se les suele llamar «chinos», y se crean estereotipos que nos hace tener una visión incorrecta de ellos: todos los chinos se parecen y hasta se confunden, ¿quién ha visto un entierro de chino?, todos piensan y se comportan igual, etc.

Por supuesto que esas creencias no aguantan un análisis de bajo nivel porque los mitos creados comienzan a caerse.

Pero muchas veces, y mientras más atrasados sean los pensamientos más radicales suelen ser las visiones del mundo. Todo se reduce a blanco o negro; están prohibidas las tonalidades de gris. Alguien podrá argumentar que las computadoras utilizan un lenguaje binario de ceros y unos (0 y 1); pero las computadoras más modernas tienen más «bits», y 8 bits son 256 combinaciones, 16 bits son 65.536 combinaciones, y 32 bits (2 elevado a la 32ava. potencia) indican 4.294.967.296 combinaciones; los procesadores Pentium tienen 64 bits y hay otros que tienen 128 bits, con los que llenaríamos unas líneas de números con 39 dígitos).

Si imaginamos una computadora que funcione con dos bits solamente no podríamos sacar ni siquiera una cuenta de 1+2 porque no se podrían representar ni introducir ni operar esos caracteres. Traslademos eso a la política, a la economía, a la religión, a las relaciones interpersonales, etc. El mundo no avanzaría nunca.

Por lo tanto, más que fanatismo en ideologías y tendencias políticas, lo que necesitamos es la razón. Pero como estamos operando con el cerebro, que debe tener infinidad de bits, también debemos tener unos límites morales, porque entre las infinitas combinaciones que puede tener nuestro pensamiento, también caben las ideas más pecaminosas, aberrantes y malvadas. Por eso no está muy errada aquella frase que dice que «cada cabeza es un mundo». En un régimen totalitario y en muchas tiranías todos deben presentar el mismo patrón de conducta tanto en público como en privado; por lo tanto, no es ingenuo calificar a los dictadores y otros gobiernos represivos son gobernados por personas de bajo coeficiente de inteligencia, porque la intolerancia es sinónimo de brutalidad e ignorancia.

Y el mundo actual es altamente competitivo, y no se puede guiar a un grupo de humanos en bases atrasadas. Actualmente hay más de 6 millardos (6 mil millones) de personas y doscientos países, además de que las actuales tecnologías permiten un alcance global; estamos muy distantes de la época en que el mundo sólo tenía veinte países y algunos millones de humanos, muchas veces aislados y desconociendo la existencia de los demás (los esquimales creían que todo el mundo estaba helado, y que ellos eran sus únicos habitantes). Tampoco podemos trabajar o ser dirigidos por «ultraespecialistas», porque al confrontarlos con un todo, se podrían perder. Lamentablemente, en el referéndum del 15-D sobre la nueva Constitución, por su propia naturaleza, sólo tenemos una alternativa de dos bits: 1) votar SÍ; 2) votar NO; 3) votar nulo; y 4) no votar.


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