Premium  
 

analitica.com


 Caracas, Jueves, 09 de febrero de 2012
 

Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Suscríbete al RSS

  Sección: Bitblioteca

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR  |  ENVIAR AL EDITOR

Normal

El Nacional, domingo 26 de agosto de 2001

El país camina, aunque parezca lo contrario, hacia la normalización. La manera como se ha tratado el tema de la CTV y las elecciones sindicales así lo demuestra. No hay evidencias de revolcones revolucionarios o de salidas de excepción. Pinochet o Fidel —para hablar de una salida de excepción y una revolución, salvando las diferencias—, lo hubiesen resuelto de otra manera. Hubiesen borrado de un solo plumazo la central sindical y todo aquello que atentara contra los principios del orden, el capital y el progreso, en el caso del primero, o de la revolución y del pueblo, en el del segundo. Sin titubeos. Y luego, solo una vez que se hubiese limpiado el terreno del antecedente indeseado —los enemigos del proceso—, se habría procedido a nombrar a los nuevos representantes de la clase obrera. Pero en la Venezuela de Chávez la secuencia ha sido otra. Chávez no quiso arrollar con su fuerza vertiginosa los residuos enfermos de la vieja central obrera hecha a imagen y semejanza de Acción Democrática. Se tomó la molestia, y eso hay que reconocérselo, de realizar el costoso ejercicio de la consulta democrática, para que su seguro capital electoral le diera legitimidad a la decisión de cambiar las reglas de juego en la manera de elegir la autoridades de la máxima organización del movimiento sindical. Pero el CNE, en un gesto que muy pocos han valorado, cambió las preguntas del referéndum y de alguna manera le salvó la vida a la CTV.

Lo que ha venido después, todos lo sabemos. Al someter su poder y su movimiento al juego de medir fuerzas a través de una consulta electoral, Chávez y su movimiento comenzaron a experimentar en carne propia la complejidad del juego democrático, y, ante la amenaza de una derrota posible, se lanzaron a oficiar los mismos rituales proselitistas que años atrás eran monopolio de los partidos del estatus que hoy se quiere revolucionar: concentraciones masivas —con movilización en autobuses— de gentes de todos el país, uso de señuelos musicales de fuerte atracción para asegurar la audiencia, intervención activa de miembros del Ejecutivo en el proceso eleccionario sindical.

El asunto ha generado por lo menos dos interpretaciones. Una, esperanzadora, la de aquellos que encuentran en la estrategia una evidencia clara de que en el país se mantienen con vida las reglas de juego democráticas, de que Chávez no se ha saltado la talanquera institucional, y perciben que eso, por sí solo, es un motivo suficiente para celebrar. Y otra, pesimista, la de quienes detectan en la operación la evidencia de un retroceso, la sensación de estar otra vez frente a «más de lo mismo»; en este caso, ante un regreso a la cultura política que muchos precisamente quisieron desterrar votando por Chávez. Un sector del chavismo prefiere en cambio recurrir al principio de que lo que es igual no es trampa, y, como lo hizo Antonio García Ponce ante la periodista Lucía Lacurcia el pasado jueves en las páginas políticas de El Nacional, ha terminado alejando que «nunca los presidentes de Venezuela han sido neutrales en esa lucha: Rómulo Betancourt, Jaime Lusinchi, todos los jefes de Estado han intervenido abiertamente». ¿En razón de qué debe entonces Chávez inhibirse de cultivar lo que es ya una sólida tradición de nuestra vida democrática...? Por eso, a contracorriente de lo que señalan los alarmistas que solo ven huellas de una dictadura por todas partes, o de quienes presumen que vivimos un capítulo adelantado de la toma del Palacio de Invierno, me ubico entre quienes creen que hoy caminamos con más certeza por el camino de la normalización que por el de la revolución. Lo revolucionario sería dar al traste con los modos de hacer que Acción Democrática y Copei instituyeron en el país al copar con su presencia hasta los más insignificantes intersticios de la vida social —las elecciones de una pequeña asociación de vecinos de Casanay o el nombramiento de la reina de las ferias de Achaguas—, al someter a sus designios a gremios y sindicatos, y al obliterar de ese modo la autonomía de las organizaciones sociales que una sociedad requiere para no ser prisionera de su Estado.

Las revoluciones, o, para ser más modestos, los procesos de cambio social profundo que periódicamente toda sociedad y régimen político requieren para no anquilosarse, tienen que ser ante todo transformaciones en la cultura política de sus líderes y de la población. Pero los cambios culturales, ya lo alertaba Rousseau, son siempre más lentos y demandan mayor dedicación y vigilancia interior que el mero enunciado de normas, la declaración de intenciones o la elaboración de consignas sonoras y entusiastas propuestas libertarias. A los adecos que lucharon abiertamente contra las dictaduras militares, se les colaron rápidamente entre sus vísceras los modos de hacer política para el provecho personal, y también la arrogancia y el sentido de impunidad propios de aquellos regímenes que querían combatir. Lo mismo ocurrió en Nicaragua a los sandinistas con algunos valores propios del somocismo. Nadie puede asegurar que al grupo hoy en el poder, con un entusiasmo de cambio evidente, pero con una ideología poco homogénea en su seno, con un partido frágil en términos organizacionales, con la amenaza del militarismo —que es un estilo de vida, una noción del mando y la obediencia— rondando permanentemente, no se le pueda colar rápidamente la cultura política —«el adeco que todos llevamos por dentro»— en cuya confrontación se han formado.

El país se normaliza. Acción Democrática, como el ave fénix, regresará el próximo 16 de septiembre con su romería blanca a la avenida Bolívar. Quienes pueden, como en tiempos de la cuarta, compran dólares sin parar. Si todo sigue como va, algún diputado emeverrista será demandado muy pronto por sus propios compañeros de bancada, y en la CTV es seguro que tendremos elecciones con ritmos festivos. En todo caso, lo que más vale de todo esto es que seguimos en democracia, que nada de lo que hoy ocurre es desconocido para nadie, que no tenemos muertos por razones políticas, como en Colombia, ni presos como en Cuba, y que el CTN del MVR se sigue reuniendo y confrontando sin recurrir a los enfrentamientos a puños y silletazos a los que nos tenían acostumbrados los plenos de AD. Lo que es seguro es que el equipo actual no podrá hacerlo peor que el inmediatamente anterior, lo cual es ya una ganancia para todos. Un asunto normal.


Tulio Hernández en La BitBlioteca


Foros

¿Qué piensa usted de las imágenes difundidas de niños armados en el 23 de enero?

¿Qué opina del último debate de los candidatos de la oposición a las primarias?

¿Cuáles son sus deseos para Venezuela este año 2012 que comienza?

¿Cuál es su percepción del primer debate entre los precandidatos a las Primarias 2012?

Trailers

Trailer: Alvin y las ardillas 3 (Alvin & the Chipmunks 3: Chipwrecked)

Trailer: Misión imposible 4: Protocolo fantasma (Mission Impossible 4: Ghost Protocol)

Trailer: La chica del dragón tatuado (The Girl With the Dragon Tattoo)

Trailer: La piel que habito


 
Publicidad

Buscador Bitblioteca



Publicidad



Juegos Gratis


DragonBall Kart
  Fórmula Racer
 
       
Ben 10 Corredor
  Copa Toon
 
       
Mario Bros
  Sudoku 3D
 






Publicidad

  Mapa del Sitio

Home
Política
Economía
Internacionales
Global y Social
Medicina y Salud
Medio Ambiente
Arte
Entretenimiento
Tecnología
Noti-Tips
Curiosidades
Horoscopia
Deportes
Viajes y Turismo

Opinión
Editorial
Nuestros Columnistas

Síntesis de Noticias
Nacionales
Mundo

Servicios
Clima
Tiempo Libre
Efemérides
Guía Gastronómica

Multimedia
Videos
Audios
Galerías

Bitblioteca
Bitblioteca

Suscríbete a:
Analítica Premium
Boletín de Novedades

Síguenos por:
Twitter
Facebook
RSS
Móvil
Canal YouTube

Participa
Juegos
Foros
Analitica.com
Quiénes Somos
Contáctanos
Análitica como página de inicio
Agregar a favoritos
Ayuda

Cómo anunciar
Paute con nosotros
 
 Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996.
 Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas.