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 Caracas, Sábado, 26 de mayo de 2012
 

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Vecinos al sur

Venezuela: a huelga anémica, transfusión de sangre

Manuel Alberto Ramy
mar@enet.cu

Documentos del debate político en Venezuela

«João, la nueva voz de la saudade portuguesa». Quizás este podría ser el título de un CD de música lusitana. Pero João de Gouveia, portugués de nacimiento, no es cantante, tampoco músico, aunque afina bien el instrumento de su oficio. João es un killer a sueldo, un émulo e «El Chacal». Hizo el vuelo Lisboa-Caracas y aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, el día 5 de diciembre. Tenía un contrato que cumplir. Era una pieza importante en el giro de los acontecimientos que, desde el día 2 de diciembre, conmueven a Venezuela.

El giro

Mientras João desembarcaba en Caracas, la oposición venezolana iniciaba un giro peligroso en sus acciones contra el gobierno de la 5º República. La Coalición Democrática (CD) —centro que coordina a toda la oposición—, decidió pasar de la huelga pacífica iniciada el día 2, a la protesta activa, callejera, bien proclive a la violencia. ¿Por qué este tránsito? ¿Respondía a una evolución de los acontecimientos favorable a sus intereses? ¿O era el síntoma de que las cosas les iban mal y había que forzar?

Después de tres días de huelga la oposición no había logrado incorporar mayoritariamente a os sectores productivos —tanto trabajadores como empresariales. Incluso dentro de la más poderosa organización empresarial, Fedecámaras, la aceptación del cierre no fue unánime. Organizaciones locales de Fedecámaras en diferentes estados no solamente desoyeron la convocatoria sino que declararon públicamente su desacuerdo [1]. El mayor éxito prohuelga estaba ubicado geográficamente en la zona Este de la capital, donde se concentran los grupos más pudientes de una sociedad que registra un 80% de ciudadanos en la miseria o en su límite.

Carlos Ortega, uno de los líderes de la CD y secretario general de la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), declaraba que «la respuesta del empresariado a la convocatoria (de huelga) había disminuido sensiblemente ayer» (Panorama Digital, 04/12/02). Esta apreciación no era exclusiva de Ortega. Medios de prensa extranjeros y agencias internacionales —generalmente desfavorables al gobierno—, sin remedio tenían que constatar que el paro contaba con menor apoyo y efectividad que los tres intentos anteriores.

Ciertamente el apoyo a la huelga por parte de empresas y centros comerciales, así como de los trabajadores y empleados a nivel nacional, estaba por debajo de las expectativas de los promotores. En general las actividades económicas y de servicios fundamentales no se habían sumado. Incluso corporaciones empresariales decidieron mantener sus actividades laborales, como es el caso de la Asociación de Empresarios por Venezuela [2]. Y una huelga, cuyo objetivo no es de reivindicaciones laborales o empresariales, sino tan radicalmente político como derrocar a un gobierno, exige una abrumadora mayoría y eficiencia participativa.

Los hermanos Ochoa Antich: Una conversación esclarecedora

Mientras los medios hablaban de un paro triunfante, otra cosa pensaban y discutían dos destacados dirigentes de la oposición. Los hermanos Fernando y Enrique Ochoa Antich evaluaban, en conversación telefónica, el rumbo de los acontecimientos. Pero alguien —¿los servicios de inteligencia venezolanos?, ¿una agencia privada?— grababa el diálogo que fue transmitido por la Radio Nacional y por Venezolana de Televisión.

El primero de los hermanos, Fernando, fue Ministro de Defensa en el gobierno del ex presidente Carlos Andrés Pérez —quien fuera destituido constitucionalmente, procesado y sancionado por corrupción. Enrique es actualmente Concejal del Cabildo de Caracas.

En un momento de la grabación Fernando Ochoa Antich (FOA) dice: «Aquí el paro se está debilitando».

Enrique Ochoa Antich (EOA): «Y ahorita viene, ahorita veo, un debilitamiento arrecho [fuerte]», y añade: «...ayer consideramos arrechamente con la gente del petróleo [PDVSA], si los tirábamos al pajón [a la huelga] o no, porque ellos dicen que es una vaina [situación] muy arrecha. Sí, si nosotros damos ese paso después no podemos devolvernos..».

FOA: «¿Cómo es la cosa?».

EOA: «Ellos [los petroleros] han tomado algunas medidas... administrativas pero... tenían que saber si daban el paso siguiente... ya no era por un día sino por 72 horas y a uno le daba mucha vaina tirarlos al pajón porque... les puede ocurrir...lo mismo que nos pasó con las Fuerzas Armadas... el 11 de abril, ¿entiendes? ...y entonces termina descabezada toda nuestra gente en PDVSA..».

FOA: «Pero...la gente sale a la calle».

EOA: «La gente está yendo a trabajar, ahorita...se están abriendo negocios que ayer estaban errados...lo que pasa es que no hay suficiente fuerza ya como para negociar, porque ahora parece que el gobierno no le para bola...Funcionaban más la amenaza que el efecto...la amenaza era más arma para negociar que el efecto».

FOA: «Pero hay que tirarse a la calle».

EOA: «Ellos (otros factores de la oposición) dicen que lo van a hacer».

FOA: «Mira, lo más que pueden hacer, es hacer unos trancazos».

EOA: «Sí».

FOA: «Vamos a ser sinceros, los venezolanos no tenemos el espíritu para eso».

En otro momento de la conversación FOA dijo: «Nosotros le vamos a mandar a Gaviria (Secretario General de la OEA) pidiéndole urgentemente que convoque la mesa de negociación, que es la única salida que tenemos y firmar cualquier documento que nos ponga en la! mesa y decir que fue una victoria hacer el paro».

La veracidad de los contenidos de la grabación no ha sido desmentida por los hermanos. En declaraciones a un programa radial de una emisora de Miami, se remitieron a destacar que la grabación muestra las prácticas de los servicios de inteligencia de su país. Pero no desmintieron el contenido, por lo tanto es válido. Y lo válido es que el día 5 de diciembre:

  1. La huelga estaba fracasada.
  2. Las posibilidades de contar con respaldo militar en ese momento eran nulas, debido a la remoción de mandos realizada por el gobierno al triunfar el contragolpe del 13 de abril.
  3. La incorporación de PDVSA a la huelga es un punto de no retorno. De fracasar perderían el bastión esencial.
  4. Salir a la calle era una opción, pero la gente no está dispuesta.
  5. La reapertura de la mesa de negociaciones patrocinada por César Gaviria a nombre de la OEA les facilitaría una salida elegante y podrían pregonar victoriosa una huelga fracasada.

La oposición: El paro «activo»

La oposición integrada por sectores empresariales, la dirección de la CTV y un número de nuevas formaciones políticas y de los restos de los partidos tradicionales, no es monolítica. Su punto de unión es sacar del poder al actual gobierno, pero divergen en el cómo y también hasta dónde llevar las acciones.

En este cuarto intento de huelga general y ante el evidente fracaso que se les venía, la dirección oposicionista estaba dividida en si debían continuar o buscar una salida elegante que preservara a sus adeptos en puntos claves como, por ejemplo, PDVSA. Para continuar debían subir la parada, forzando la participación mediante la creación de situaciones de fuerza.

Mientras Fernando Ochoa Antich y otros compartían la opinión de utilizar a la OEA para que citara nuevamente a la mesa de negociaciones y salvar la cara, otros sectores decidieron forzar la situación nacional mediante manifestaciones callejeras que llamaron el «paro activo». Con este paso, además, obligaban a sus colegas más prudentes a continuar en el marco. Y decidieron compulsar a la sociedad mediante la promoción del muy humano miedo a los desórdenes y a la violencia. Así surgieron los primeros «trancazos». La expansión del miedo correría a cargo del bloque mediático que pondría en pantalla sucesos violentos. A propósito de esto el presidente Chávez, en declaraciones a los medios, hizo referencia a noticias televisadas donde «vimos las imágenes de cómo le lanzaron una bomba Molotov a un señor que casi lo queman vivo dentro de su camioneta. Eso es el llamado paro activo» (Panorama Digital, 04/12/02).

Por otra parte, el aumento de los desórdenes pretendía obligar a que las autoridades reprimieran ocasionando muertos, cosa que hasta ese momento y por suerte no había ocurrido.

Pero los sectores más extremistas y duros —con o sin conocimiento del resto de sus colegas— legaron a la conclusión de que ante una huelga anémica, transfusión de sangre planificada. Observadores identifican a los trasfundistas sanguíneos con personas cercanas a los militares sediciosos alzados en la Plaza de Altamira.

Un killer es un actor de una sola escena, si más, está perdido. De seguro que João de Gouveia recorrió la ciudad para familiarizarse con el ambiente, incorporarlo e ir planeando el mimetismo adecuado para el instante preciso y la escapada mejor. Se había hospedado en la habitación 19 del «Tres Santos», seráfico nombre del céntrico hotel que cobijaba a quien horas después inyectaría sangre a una huelga, en ese momento, moribunda.

A la par que el killer preparaba su faena, el «paro activo» se estrenaba frente a las oficinas de PDVSA, el ente estatal que controla la industria vital venezolana. ¿El objetivo? Doble. El primero, presionar la adhesión de los trabajadores de cuello blanco, pues con ellos podrían ir paralizando la extracción y distribución de los hidrocarburos. En las industrias altamente tecnificadas y automatizadas como esta, una simple demora en oprimir un botón significa toneladas detenidas, de tal suerte que la adhesión o no del obrero común, como la del país en pleno, viene por añadidura. Iban por la parálisis impuesta, tirando a su gente al «pajón».

El otro objetivo era el de provocar un enfrentamientos con la Guardia Nacional, ya que las oficinas del ente petrolero están ubicadas en una zona de control militar (aeropuerto de La Carlota). La protesta fue disuelta mediante el uso de gases lacrimógenos, y a pesar de los esfuerzos publicitarios no pudieron mostrar heridos graves.

César Gaviria, la OEA — Intervención

Los partidarios de «salvar la cara» mediante la OEA no estaban ociosos y convocaron a una manifestación que marchó hasta el hotel Melià, donde se hospeda Gaviria. Según fuentes autorizadas, la carta solicitaba al secretario general de la OEA una inmediata respuesta a la convocatoria de elecciones, así como la aplicación de la Carta Democrática de ese organismo.

La huelga y su nueva versión «activa» comenzaron cuando fue servida una mesa de negociación cuyo mantel lo puso la OEA, con el beneplácito del gobierno, actitud esta que sorprendió a no pocos observadores locales y foráneos. La oposición se sentó a la mesa con la esperanza de lograr su menú predilecto, elecciones para el 2 de febrero como fórmula para superar la crisis. Pero ese plato no está en la Carta Constitucional y solo puede servirse en agosto del 2003 y en su modelo de referéndum revocatorio. Para lograrlo, deben contar con la asistencia del 20% de los electores y de estos (los electores) deben asistir al referéndum una cantidad no menor del 25% de los inscritos. Suponiendo que la oposición lograra estos dos requisitos primeros, les queda el más difícil: Chávez ganó la presidencia con el 57% del electorado —votación récord en la historia contemporánea del país— y, según la Constitución, para revocarlo necesitarían como mínimo igual cantidad de votos. Tarea improbable.

Y aquí, vino el dilema de Gaviria y la OEA. ¿Qué hacer? ¿Apoyar una salida no contemplada en términos legales y constitucionales? Por más que Gaviria desee la renuncia de Chávez —cosa que muy particularmente creo—, su margen de acción al respecto es sumamente restringido.

La otra solicitud oposicionista —que la OEA aplique la Carta Democrática—, no es posible. La situación venezolana hasta el momento no califica y, desde el punto de vista de procedimiento. Habría primero que convocar a la Asamblea General de cancilleres, que tiene la facultad decisoria; segundo, la aplicación de la cláusula exige que la solicitud sea aprobada por las dos terceras partes de los cancilleres.

Si por sus propios méritos no procede la aplicación de la Carta, la realidad imperante en la región lo dificulta más aún. El desasosiego social recorre el área. Battle, presidente del Uruguay, tiene un apoyo del 14%; Toledo en Perú hace unos meses contaba con un ridículo 11%. Y de Argentina, ¿qué decir? Si el mecanismo de oposición minoritaria sediciosamente activo, magnificado por los grandes medios, funciona en Venezuela, abre las puertas a que en una región tan volátil como la nuestra se clone el método y se pida adelantar elecciones a contrapelo de la legalidad vigente. La ingobernabilidad sería el pan cotidiano.

El trabajo de Gaviria y de la OEA como facilitadores estaba bien limitado. No podía doblarse —aunque lo deseara si tal fuese su íntimo deseo— sobre las cartas jugadas por la oposición. Del otro lado de la mesa, el gobierno en todo momento actuaba en base a la legalidad. Hasta para echar a andar los tanqueros paralizados por los capitanes de barco, las autoridades se atenían a lo que marca la ley. La oposición tenía que ponerle «bola» a la situación.

¿Qué hacer? Gouveia, la solución planeada

El día 6 de diciembre, alrededor de las 6:30 de la tarde, João, que quizás estime que las siglas OEA corresponden a un producto comercial en venta, salió del «Tres Santos», dobló en la esquina de la calle Pilita y se dirigió a la Avenida Baralt. Llevaba una Glock con tres cargadores, cada uno con 15 cápsulas. Alrededor de las 7 p.m. llegó a la Plaza de Altamira, donde la gente de la oposición estaba concentrada. Se mezcló en el tumulto, quizás miró a alguna que otra mujer hermosa. Seleccionó a un grupo. Disparó los tres cargadores, 45 balas. Mató a tres personas e hirió a casi una veintena. Intentó escapar, pero fue apresado.

De inmediato la oposición acusó al gobierno. Pero Gouveina declaró, según fuentes periodísticas y oficiales, que había recibido 35 millones de bolívares (unos 30 mil dólares) y señaló al ex general Enrique Medina Gómez —militar golpista que protesta en la Plaza de Altamira—, como el hombre clave de la operación. En la calle, el venezolano corriente se pregunta: ¿A quién favorece el crimen? Y haciendo de la respuesta el hilo, llega al ovillo.

Veinticuatro horas después del crimen, Frank Reyes, inspector de la policía criminal que instruía el «caso Gouveia», fue interceptado cuando llegaba a su casa. Dos hombres lo montaron en una camioneta donde le advirtieron «cuidado con lo que ponía en el expediente». Lo bajaron del automóvil y «le dispararon dos veces. Uno de los tiros le dio en el pecho y el otro le rozó la cabeza» (Panorama Digital, 09/12/02). Pero el Inspector Reyes está fuera de peligro. (Tanto este hecho, como la salud del inspector, poco han interesado a los medios internacionales que casi ni lo mencionan).

Los nuevos acontecimientos — Perspectivas

  1. De inmediato, Gaviria convocó a la mesa de diálogo donde cada parte, básicamente, se ha mantenido en sus posiciones iniciales. Pero sobre la mesa hay una nueva realidad y es la relacionada con que la paralización petrolera, como arma de fuerza de la oposición, ha perdido su capacidad de presión. Primero, porque está reanimándose el proceso de extracción y distribución. Segundo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se ha comprometido con el gobierno a cubrirle sus demandas de crudos, externas e internas, mientras el país lo necesite. La importancia de esta decisión es extraordinaria, ya que minimiza la efectividad del esfuerzo selectivo de los huelguistas de cuello blanco dentro de PDVSA, donde el gobierno ha destituido ya a cinco gerentes. Pero sobre todo su impacto político es invaluable, ya que pone el factor tiempo del lado del gobierno. Ahora es la oposición, y dentro de esta el sector económico, quien padece de urgencias. ¿Cuánto tiempo mantendrán una actitud que presiona poco al gobierno y mucho a sus bolsillos?
  2. Esta nueva situación mueve a que los factores externos, la administración Bush y la OEA, definan más su postura. ¿Saldrá públicamente con mayor claridad en su apoyo a la oposición? Ya la administración Bush presiona claramente en favor de elecciones anticipadas, es decir pisando la constitución y legalidad venezolanas. Hasta el momento hay pocos signos de que el gobierno esté en disposición de aceptar un requerimiento al margen de lo establecido en la ley.
  3. La primera en recibir el impacto de presiones del ejecutivo estadounidense sería la OEA, como organismo encargado de buscar una justificación para intervenir claramente en el contexto interno con el manto latinoamericano. El segundo impacto puede producirse internamente con dos variantes. La primera variante sería, debido al apoyo de EE.UU., el auge de manifestaciones oposicionistas más agresivas y el aumento de confrontaciones de alto octanaje. La segunda toca a las Fuerzas Armadas, hasta el momento leal al gobierno, en los términos de que produzcan un golpe militar. También, no descartarlo, podrían producirse presiones de los militares hacia el gobierno, pero en sentido contrario: exigiéndole una mayor radicalización. Dentro de las Fuerzas Armadas y del conglomerado civil que apoya al gobierno hay hombres de pensamiento más radical que el del propio presidente.

Obviamente se ha abierto un nuevo capítulo de consecuencias imprevisibles.


(Nota del Editor: Este artículo se escribió tomando en cuenta los acontecimientos en la dinámica venezolana — que cambia diariamente — hasta el día 13 de diciembre.)

(1) Un despacho de Venpres del 01/12/02 informaba que «los empresarios, comerciantes y diversos sectores afiliados a la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) de los estados Bolívar y Apure, rechazan en forma mayoritaria el paro convocado por la cúpula empresarial, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y la Coordinadora Democrática, para este lunes.

Esta información la confirmaron los presidente de Fedecámaras de Bolívar, Senén Torrealba, y Fedecámaras de Apure, Gebram Agaw».

(2) Un despacho de Venpres del 01/12/02 informaba que el presidente de la Asociación de Empresarios por Venezuela, Alejandro Uzcátegui, declaró que «es increíble que la dirigencia de Fedecámaras insista con otro paro, nuestro lema es no al paro, sí al trabajo, por supuesto, nosotros estamos en desacuerdo con esa paralización, creemos que va a fracasar rotundamente como fracasó el último, el del 21 de octubre».


Manuel Alberto Ramy es editor de la página en español de Progreso Semanal y corresponsal en La Habana, Cuba, de Radio Progreso Alternativa.

Copyright © 2002 Progreso Weekly, Inc.


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