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Controversia por el Premio «Rómulo Gallegos»

El Nacional, 30 de junio de 2001
Declaraciones de Rigoberto Lanz
Rigoberto Lanz, ¿Cuál Literatura? Precisiones sobre la crisis del discurso literario y Sobre «premios» y otras hipocresías
Elías Pino,
¿Cuáles cosas raras?

En vísperas de la entrega del galardón literario, cuyo veredicto se dará a conocer el viernes 6 de julio, Victoria de Stefano, coordinadora del jurado de la edición actual, y Elías Pino Iturrieta, ex presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos «Rómulo Gallegos», dan a conocer sus opiniones con respecto a las declaraciones emitidas por el presidente del Celarg, Rigoberto Lanz, quien afirma que el galardón "no puede ser un regalo o pingüe negocio para la industrial editorial, sino un auténtico estímulo para la creación literaria" [nota de El Nacional]

Victoria de Stefano

Las declaraciones del presidente del Celarg del día 27 de junio de 2001 en el diario El Mundo, a menos de una semana de la llegada de los jurados internacionales de la XII edición del «Rómulo Gallegos» y a 10 días del anuncio del veredicto resultan particularmente indelicadas y extemporáneas por la sombra de venalidad con que cubren a los anteriores y actuales jurados nacionales e internacionales, tanto como a los premiados y finalistas, entre los que se encuentran varios de los miembros del jurado y mi persona en particular como jurado coordinador de esta premiación.

Se ha dicho con frecuencia que ha habido presiones sobre los jurados tanto de la industria editorial como de intereses perversos. De poseer el presidente del Celarg pruebas de deshonestidad, más allá de sospechas y vagos decires, dada la posición que ocupa, creo que sería lo más saludable hacerlas del conocimiento público.

No está demás recordar que el «Rómulo Gallegos» es un premio importante en cuanto a su prestigio y a su recompensa monetaria, por lo cual es natural que se presente como un campo de disputas y de juicios encontrados, y que después de cada premiación se susciten las controversias públicas y privadas a que ya estamos acostumbrados. En segundo lugar, es bueno recordar que el premio considera solo obras publicadas, lo que impone que la industria editorial esté querámoslo o no implicada: no juzgamos la excelencia de las novelas escritas en ese período sino aquellas que han alcanzado a ser publicadas.

Por otra parte, puedo asegurar que no he recibido presiones de ningún tipo y que tampoco permitiría ni la más leve insinuación viniera de donde y de quien viniese. Hasta la fecha las comunicaciones entre los miembros del jurado han girado alrededor de estrictos criterios literarios y de la preocupación por hacer dentro de la tarea una búsqueda seria, autónoma y responsable, al margen de cualquier otra consideración.

Los libros, además de objetos culturales y discursos, son mercancías, y más que cualquier otro género lo es la novela. Como tales dependen del mercado editorial, esto es más que sabido. Que este mercado está plagado de subproductos literarios más o menos disfrazados de literatura, que la avalancha de estos subproductos perturba y asfixia el horizonte de la verdadera literatura, es también historia vieja. La extensa e intensa teoría crítica en torno al problema de la recepción y mediación de las obras por el mercado es asunto que nos tiene a todos bien informados y aleccionados. La discusión sobre la crisis de los modelos culturales y estéticos que funda el régimen de lo literario es algo a lo cual no han permanecido incautamente ajenos los escritores venezolanos. Por el contrario ha estado siempre viva y presente en artículos, escritos y alocuciones verbales, implícita y a veces también explícita en sus obras de creación. Y en tanto la discusión persista en estos términos siempre será bienvenida.

El Premio «Rómulo Gallegos» nació con el boom de la novela hispanoamericana en el mercado mundial. Ese boom fue un principio de irrupción literaria a la vez que un fenómeno editorial. Las tensiones entre esas dos tendencias, por un lado el fulgor del éxito de ventas y por el otro el denuedo individual en pro de auténticas búsquedas novelísticas, más que la mala o buena fe de los jurados, son las que pueden haber incidido en decisiones no del todo afortunadas. ¿El «Rómulo Gallegos» así como está formulado, así como nació, impregnado, desgarrado por la ambigüedad e indeterminación de su origen, puede garantizar el estímulo y el reconocimiento de las funciones inherentes a la creación? ¿Tenemos claro lo que queremos y lo que buscamos con este premio? ¿Debemos reestructurar las bases y principios que lo inspiran? Pienso que es por aquí por donde deberíamos comenzar un debate en que estamos todos incluidos, en beneficio del justo lugar de la novela hispanoamericana en la literatura, del valor real del premio, del trabajo de los jurados futuros y de los autores que tendrán a bien participar.



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