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A la Constitución le Falta Esto Carlos Eduardo Ruiz El Presidente Chávez, ya no cita a Jean Jacques Russeau, el padre del Contrato Social, y una de las principales fuentes de inspiración política de El Libertador. Si releyese su obra, recordaría que conforme a sus ideas, los individuos y la sociedad ceden parte de sus derechos al estado, para que éste se encargue de administrar las normas que permitan a todos una convivencia civilizada. Jamás planteó Russeau que para que existiese esa sana convivencia, los individuos o la sociedad en su conjunto deberían ceder al estado todos sus derechos. Contrariamente a eso, y por conocer el comportamiento pasado de los gobernantes y haber experimentado el absolutismo y totalitarismo de algunos de los monarcas y tiranos de su época, diseñó la división del poder, en las tres ramas clásicas ampliamente conocidas: ejecutivo, legislativo y judicial; las que entre ellas mantienen un sistema de balances y chequeos mutuos que impiden el abuso de los que ostentan el poder. Las ideas de Russeau llegaron con el tiempo a definir lo que es una constitución: es un documento que establece las reglas que aseguran la legítima defensa de los individuos y de la sociedad, ante las tentaciones totalitarias y absolutistas de los estados y de los gobiernos. A la constitución vigente le hace falta una norma que impida a los gobiernos y al estado, atosigar a la población con cadenas televisivas y radiales totalitarizando la opinión pública; sin darle oportunidad ni a los individuos ni a la sociedad en su conjunto a responder a los abusos que un absolutismo comunicacional como el descrito, supone para los ciudadanos que quedan inermes ante el poder. [En los actuales momentos, sería una muy buena idea, solicitar ante la Corte Suprema de Justicia, un recurso de amparo constitucional, lo que nos ayudaría a verificar, si es que ese poder realmente goza de autonomía, e igualdad ante los otros dos poderes, como la establece la carta magna vigente]. Una norma como esta es vital para nuestra nación. Desde hace ya bastante tiempo, los políticos son electos en base a imágenes, slogans y encuestas; todos ellos bombardeados sobre la sociedad a través de los medios de comunicación social. Mientras más crezca el número de habitantes, esta realidad se consolidará más aún. La inmensa mayoría de los venezolanos jamás ha visto en persona ni al Presidente Chávez, ni a otros políticos que han sido electos para diferentes cargos públicos, o que han sido designados por los que han ostentado el poder para ocupar posiciones de autoridad. Muchísimo menos tienen o han tenido idea, de sus verdaderos pensamientos o intenciones; toda la información percibida veraz o nó, la han obtenido de los medios de comunicación social. Las más patentes pruebas de ello en la actualidad, son las muy diversas opiniones que los venezolanos tenemos del Presidente: para unos es un mesías redentor, para otros un feroz dictador en potencia, con numerosas otras percepciones entre esos dos extremos. Los medios de comunicación, y en especial la televisión, son en las sociedades del presente, demasiado poderosos para dejar que los gobernantes puedan utilizarlos a su libre arbitrio. Hay que regular su uso por parte del poder. Recordemos una de las formas más perniciosas del chantaje político, que se manifiesta cuando los gobernantes le retiran toda la publicidad oficial a los medios de comunicación que no comparten sus puntos de vista, o que le hacen oposición. Cuando sólo el Presidente de la República tiene el poder de encadenar los medios televisivos y radiales; estamos ante un desbalance social, ante una desigualdad, y ante una puerta abierta al abuso y al atropello. Si eso es necesario mantenerlo en vista de las innegables oportunidades en las que el jefe del estado o del gobierno, necesita dirigirse simultáneamente a todo el país, también es imprescindible, que se establezcan normas que impidan el abusivo empleo de esa enorme capacidad de comunicación. En las sociedades modernas y democráticas, los jefes de estado o de gobierno no poseen esa atribución. La cobertura periodística, televisiva o radial de sus mensajes y alocuciones, queda a la libre elección de los comunicadores sociales y dueños de medios. Sólo siendo esta actividad “obligatoria”, para que los medios oficiales, propiedad de todos los ciudadanos, puedan registrar la historia en progreso. Si esto estuviese establecido en nuestra constitución, los periodistas y los dueños de medios; podrían a su elección, transmitir las radionovelas y telenovelas; los programas de opinión y las series; los eventos deportivos y otros programas, que sin ninguna duda, son en muchos casos de mayor interés para los ciudadanos que los sermones de los gobernantes. Especialmente, los ciudadanos poseerían un arma de legítima defensa [cambiar de estación –radial o televisiva- o no comprar ni leer el medio impreso]; ante la utilización abusiva de los medios por parte del estado o el gobierno. Deberíamos desde ya, comenzar a redactar una enmienda constitucional, para introducirla al Congreso Nacional al inicio de las próximas sesiones ordinarias, para prohibirle al estado y a los gobiernos –presente y futuros- encadenar los medios de comunicación social. Sólo siendo esto permitido, cuando se haya declarado en el país un estado de excepción tan grave que ponga en peligro la existencia de la nación o la estabilidad de sus instituciones DEMOCRATICAS, cuando si ameritaría que “el líder de la nación” se dirija simultáneamente a todos los ciudadanos. El resto del tiempo, cuando exista un estado de normalidad u otros estados de excepción, le estaría expresamente prohibido a los que detenten el poder público encadenar los medios de comunicación; ya que hasta en el caso de presentarse otros estados de excepción, como emergencias ambientales, desastres naturales y similares, las autoridades tienen garantizada la individida atención de los medios, por lo que no haría falta encadenarlos. Es más, se promovería la creatividad y la compoetencia –que tanto nos hace falta- ya que cada estación comunicacional presentaría a los ciudadanos en su propio formato, las informaciones que se produzcan, salvándonos del inevitable aburrimiento que significa tener el rostro o la voz de un gobernante cabalganzo las ondas hertzianas –digitalizadas o nó- en los casi inevitables estilos tradicionales, adustos, monótos o repetitivos. ¿Recuerdan a Caldera II?. Hay que ponerle punto final y constitucional, al abuso del poder en la utilización de los medios de comunicación social. Ya que de lo contrario Venezuela se convertirá -en lo inmediato- en una especie de centro de oración a la que se deberemos acudir obligatoriamente cada 100 días, cada semana, o cada vez que el presidente practique su distracción deportiva favorita. ¿O creen ustedes que esto no sería así? OJO: Es la vigente constitución a la que hay que enmendar, porque... A usted no se le ocurrirá votar “sí” el próximo 15 de diciembre ¿Verdad?, porque el absolutismo no sería sólo comunicacional, sino mucho más asfixiante.
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