Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014


ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR

A un siglo de la muerte de Joaquín Crespo

Jorge Olavarría

Viernes, 1 de mayo de 1998

A fines de la pasada centuria, las diferencias entre liberales amarillos, conservadores, crespistas y ''mochistas'' -y sus respectivos apetitos de poder- eran más importantes que la defensa del territorio legado por los libertadores. Entonces, como ahora, predominaban las ambiciones de los partidos y caudillos, por sobre la dignidad de los venezolanos. Por eso y por algo más, se puede hablar de las similitudes entre lo que sucedió entonces y lo que está sucediendo en esta ultima década del siglo XX

Algunos piensan que lo que está sucediendo en Venezuela en esta ultima década del siglo se parece a lo que sucedió en la ultima década del siglo pasado. Salvando diferencias de magnitud, hay mucho de verdad en ello. Un buen ejemplo es el de la mutilación, en aquella década desastrosa, de un tercio del territorio venezolano, cuando, por el Laudo español de 1891, se perdieron la Goajira y los territorios al oeste del Orinoco; y, por el Laudo de París de 1899, se perdió la Guayana al oeste del Esequibo. Ambos hechos, de una larga gestación, se produjeron en medio de crisis políticas y guerras civiles que llevaron a que los venezolanos de esos años le prestaran más atención a sus mezquinos pleitos que a la perdida del territorio nacional.

El Laudo español de 1891 se dictó en medio de la crisis provocada por la maniobra ''continuista'' del presidente Andueza Palacio. Cuando se supo, se protestó ruidosamente, pero su serena consideración fue preterida por la politiquería y la revolución ''legalista'' que llevó al poder a Joaquín Crespo en 1892. El resultado fue que se terminó ratificando un Laudo claramente anulable y abiertamente negociable. Por su parte, el Laudo de París de 1899 se produjo después de dos revoluciones, cuando Cipriano Castro caminaba de Capacho a Tocuyito, y el Gobierno de Ignacio Andrade se hundía en el mar de intrigas y traiciones del sistema que había colapsado por la muerte de Joaquín Crespo el año anterior.

Algo parecido sucede hoy. En esta ultima década del siglo XX, además de la absurda resurrección del federalismo, que todos los días desintegra un poco más al país y evidencia que los venezolanos no conocemos nuestra historia o no aprendemos de ella, hemos perdido o vendido, en una orgía de ineptitud y corrupción sin paralelo, casi todo lo que era venezolano, desde la banca y los seguros hasta las industrias del cemento o de alimentos, pasando por la telefónica y la siderúrgica, y hemos llegado al colmo de estar a punto de darle la administración del puerto de La Guaira a una empresa extranjera, olvidando que había sido rescatado para el país por el general López Contreras en 1937.

Véaselo como se lo vea, el hecho cierto es que, en esta última década, lo que antes era venezolano hoy está en manos extranjeras. Pero lo peor de esto es que hay muchos que, como el presidente Rafael Caldera, piensan que esto es positivo, a tal punto que cada vez que se produce el cambio de propiedad de alguna empresa de seguros, de alguna industria o de algún banco que antes era venezolano, los nuevos amos extranjeros son recibidos con pompa y boato por el presidente Caldera, quien no deja pasar una de esas oportunidades para expresar su satisfacción por la ''muestra de confianza'' que, según él, significa que los extranjeros compren con una moneda devaluada por él lo que antes era venezolano.

Como yo soy uno de los pocos que se abochornan por todo lo que ha sucedido en la ultima década de este siglo, me divierte observar similitudes con lo que sucedió en la ultima década del siglo pasado. Por ejemplo, en aquellos tristes años la pérdida territorial se agravó por la irresponsable, apática y cínica indiferencia con la cual los políticos la dejaron pasar, alucinados como estaban por la pequeñez y mezquindad de la pugna de los partidos, escenificada por mediocres, corruptos, ineptos y cínicos. Lo mismo sucede hoy. Si, por una parte, el enanismo histórico de los actores de aquella última década resalta cuando se les compara con la generación que emergió en la primera década del siglo; por otra, ella es comparable con la generación maldita que ya lleva medio siglo gobernando al país, y de la cual Rafael Caldera es su último representante. La generación que llegó al poder por medio de la traición y el asalto, en 1945, después de haber dilapidado la formidable oportunidad que le dio el petróleo, va a concluir el siglo con la virtual venta del país. Y a nadie le importa, y hay muchos que lo celebran.

En aquella ultima década, más importante era ser liberal amarillo, conservador, crespista, anduecista o ''mochista'', y luchar por sus parcelitas de poder, que defender el territorio que nos habían legado los libertadores. Entonces, como ahora, lo que predominaba sobre la dignidad y el orgullo de los venezolanos eran las ambiciones de los partidos y sus caudillos. Por eso y por algo más, se puede hablar de las similitudes entre lo que sucedió entonces y lo que está sucediendo en esta ultima década del siglo. Y por ello conviene recordar la muerte de Joaquín Crespo, hace cien años.

La crisis del sistema

En 1890, cuando se inauguró el Gobierno de Raimundo Andueza Palacio, algunos ilusos pensaron que los venezolanos, que hacía dos años habían sido emancipados de la autocracia de Guzmán Blanco, habían alcanzado la madurez política que se necesita para vivir en la paz y la seguridad de la ley, con un sistema político que, habiendo aprendido de los errores que hacía 30 años habían llevado a Venezuela al borde de su disolución, emprendía con pasos seguros el camino de la estabilidad institucional, sin necesidad de la tutela de la mano dura del gran jefe.

Se equivocaban. Los dirigentes de aquella década no tenían la madurez necesaria para gobernarse a sí mismos, ni la podían tener con la Constitución de 1881, que establecía un periodo presidencial de dos años y creaba un sistema político viciado, porque había sido hecho a la medida de las ambiciones de sus arquitectos y no de la realidad del país. Para 1890, el sistema político estaba en crisis, agravada por la ineptitud y la corrupción del dipsómano presidente Andueza. La Constitución de 1881, llamada ''La Suiza'', había reducido los 20 estados ''federados'' de la Constitución de 1864 a nueve grandes entidades políticas; había creado un ''Consejo Federal'' que elegía al presidente de la República de entre sus miembros, y había eliminado el voto directo que, aun cuando nunca se había practicado, estaba consagrado en la Constitución. El sistema creado por esa Constitución empezó a funcionar cuando, en 1882, el Consejo Federal eligió a Antonio Guzmán Blanco para el período de dos años que concluyó en abril de 1884, y siguió cuando, entre las candidaturas del civil Juan Pablo Rojas Paúl y de los militares Venancio Pulgar y Joaquín Crespo, Guzmán Blanco escogió a Joaquín Crespo para sucederlo en el segundo bienio de ''La Suiza''.

En la mente de unos y en los cálculos de otros, Crespo emergió como el sucesor de Guzmán Blanco para algo más de un período de dos años. Pero en su primera Presidencia tuvo Crespo mala suerte, pues a las plagas de langostas, y a la baja de los precios de los frutos de exportación, se agregó su ineptitud administrativa. Aunque en la superficie no permitió la menor critica en contra de Guzmán, que se había marchado a Europa, de hecho hizo lo necesario para que el Congreso, las presidencias de los estados y toda la estructura del Partido quedase integrado por sus amigos. Cuando Guzmán regresó, gobernó de mala gana menos de un año, tratando de desarmar lo que Crespo había armado para turnarse con él en la Presidencia.

Cuando llegó la hora de escoger al Presidente, Crespo le propuso a Guzmán alternarse con él. Guzmán lo rechazó. En agosto de 1887, antes de concluir su periodo, Guzmán Blanco encargó al general Hermógenes López de la Presidencia y se marchó a Europa para nunca regresar. En febrero de 1888, con la oposición de los crespistas y la bendición de Guzmán Blanco, la convención del Partido Liberal escogió a Juan Pablo Rojas Paúl como su candidato. Entonces, el ministro del Interior, González Guinán, acusó a los diputados crespistas de conspiradores, y los hizo encarcelar. Crespo huyó al exilio y Rojas Paúl fue electo presidente de la República. El sistema estaba fracturado y su colapso era cuestión de tiempo.

Rojas Paúl nombró gobernador del estado Los Andes al general Carlos Rangel Garbiras, y éste nombró gobernador de la sección Táchira al general Cipriano Castro. Mientras tanto, Crespo preparaba en el exilio una revolución. En diciembre, cuando navegaba en una goleta con el propósito de desembarcar armamento en Coro, Crespo fue capturado. Encerrado en La Rotunda con toda clase de comodidades, el día de Navidad decretó Rojas Paúl su indulto. Crespo salió de la cárcel y se marchó al Perú.

El ocaso de Guzmán Blanco

Con Crespo y Guzmán Blanco fuera de Venezuela, Rojas Paúl se creyó el amo del poder. Para tomarlo, abrió sus velas al viento que soplaba con fuerza en contra de Guzmán Blanco. El 27 de abril de 1889, en la fecha aniversaria del guzmancismo, un motín impidió la colocación de ofrendas florales en su estatua en Caracas, con ''vivas'' al Rojas Paúl presente y ''mueras'' al de la estatua ausente. Rojas Paúl amagó con renunciar, lo cual desató una manifestación en su apoyo. La ruptura con Guzmán Blanco culminó el 26 de octubre, cuando, con la aquiescencia de aquél, las estatuas del ''ilustre americano'' y de su padre, Antonio Leocadio Guzmán, fueron derribadas, y su casa de Caracas y sus haciendas del interior fueron saqueadas.

Emancipado de Guzmán, Rojas Paúl procuró buscar apoyo para una reforma constitucional que aumentase a cuatro años el período y restableciera el sufragio universal. Había acuerdo para ello. Pero cuando se habló de una ''disposición transitoria'' que hiciera posible que Rojas Paúl se beneficiara de la reforma, ampliando su periodo a cuatro años, ésta tuvo que ser aplazada por la fuerte oposición que se levantó. En marzo de 1890, abortada la continuación de Rojas Paúl, el Consejo Federal eligió con su bendición al abogado Raimundo Andueza Palacio. Más pronto que tarde, Andueza reaccionó en contra de Rojas Paúl y éste se marchó al exilio.

En 1881 se había firmado un Tratado que sometía la fijación de los límites entre Venezuela y Colombia al arbitraje del rey de España. En 1890, el presidente del Senado, el tachirense Carlos Rangel Garbiras, fue enviado como ministro plenipotenciario a España. En marzo de 1891 se conoció en Caracas el texto del Laudo, que fijaba las fronteras entre Venezuela y Colombia en una forma gravemente lesiva e injusta para Venezuela. Rangel Garbiras había llegado cuando el asunto estaba mal encaminado, pero su actuación contribuyó a empeorarlo. Peor que eso, el sereno estudio y consideración del Laudo pasó a un segundo plano para un Congreso enceguecido con el debate de la reforma constitucional entre ''continuistas'' y ''legalistas''. La bonanza económica había hecho posible que Andueza emprendiera una política de dádivas para crearse una clientela propia, y hacerla aprobar en tal forma que la ampliación del periodo lo favoreciera.

Casi lo logra. Pero, impaciente, en marzo de 1892 Andueza Palacio lanzó un ''Manifiesto'' que proclamaba la vigencia de la Reforma Constitucional, aprobada por las asambleas legislativas de los estados pero no por el Congreso, y declaraba que su período quedaba prorrogado hasta 1894. Desde su hato del Guárico, Joaquín Crespo llamó a una revolución ''legalista'' en defensa de la Constitución. En todo el país estalló la guerra. En ese momento, Cipriano Castro era diputado al Congreso por el estado Táchira. Andueza le confió el mando de una expedición que debía combatir a los legalistas del Táchira. Castro tenía allá el apoyo de los generales Emilio Fernández y Regulo Olivares, y de un acomodado agricultor de ''La Mulera'' llamado Juan Vicente Gómez. Con ellos, Castro combatió y derrotó al crespista y liberal amarillo Espíritu Santos Morales.

Ante la evidencia del triunfo de la revolución legalista en todas partes, Andueza renunció y salió del país. La revolución ''legalista'' duró siete meses, y en su curso se libraron 189 combates que costaron muchas vidas, sangre y desolación. En los Andes, Cipriano Castro, a pesar de que había triunfado, tuvo que retirarse, pasó la frontera y se estableció con Juan Vicente Gómez en los alrededores de Cúcuta, donde esperarán por siete años.

Las elecciones de 1897

Las tropas de Joaquín Crespo entraron en Caracas la tarde del 6 de octubre de 1892, en medio de un fuerte aguacero. Diez días más tarde, Crespo anunció que 340 funcionarios del Gobierno de Andueza serían sometidos a juicios de responsabilidad civil y administrativa, y ordenó el embargo y confiscación de sus bienes. Para las navidades, la corrupción y el desorden dispendioso de Crespo habían llevado al agotamiento del crédito y del entusiasmo por su revolución. En enero de 1893, Crespo convocó a todos los venezolanos a elegir, por voto directo y secreto, a sus representantes para una Asamblea Constituyente. En mayo, la Constituyente aprobó la gestión ''de facto'' de Crespo, lo eligió como ''Presidente provisional'' y concedió la amnistía a los funcionarios enjuiciados del Gobierno de Andueza. A todos se les restituyeron sus bienes. Algo había cambiado, pero todo quedó igual.

El 12 de junio, la Asamblea Constituyente sancionó la Constitución de 1893, que estableció un período constitucional de cuatro años y la no reelección inmediata del Presidente en funciones; y eliminó el Consejo Federal, aunque mantuvo la división político territorial de nueve grandes estados. En cuanto al régimen electoral, en junio de 1893 se aprobó una nueva Ley que estableció el voto directo y secreto de los mayores de 21 años. Crespo aseguró, una y otra vez, que las elecciones en Venezuela serían libres y limpias. Algunos lo creyeron. En todo caso, la vida política se animó con la fundación de nuevos partidos.

Muy pronto la recesión económica se potenció, por la conocida ineptitud administrativa de Crespo y su ostensible corrupción. Crespo era un desastre como administrador. Pero militar y políticamente era acertado, y logró apaciguar al país apagando los focos guerrilleros. Pero lo que más contribuyó a postergar proyectos subversivos fue la libertad de expresión y su constante prédica de que las elecciones de 1897 serían pulcras y libres, y que sus resultados, cualesquiera fuesen, serían respetados.

Ello llevó a la creación de nuevos partidos y, cuando llegó la hora, a la postulación de varios candidatos. A medida que se acercaba el día de las elecciones, crecía la certeza que el resultado sería adverso a un Gobierno y un partido impopular, imposibilitado de postular a su gran jefe. Ante semejante cuadro, se trató de ''buscarle la vuelta'' a la Constitución para que Crespo pudiera ser reelegido. Cuando se hizo evidente que no había vuelta posible, todos los esfuerzos se orientaron a obtener la bendición de Crespo para la nominación del candidato del Partido Liberal. La pugna fue feroz. Su resultado fue la división del Gobierno y del partido Liberal, que terminó postulando a Ignacio Andrade, un hombre débil, de poco carácter, que todos sabían sería manejado por Crespo.

En definitiva, se presentaron cinco candidatos: Ignacio Andrade, como candidato de Crespo, del Gobierno y del Partido Liberal ''amarillo'', y Arismendi Brito, Tosta García, Rojas Paúl y el general José Manuel ''El mocho'' Hernández, lanzado por el recién fundado Partido Liberal Nacionalista, en el cual los más destacados nombres del conservadurismo habían convergido.

''El mocho'' Hernández

De origen muy humilde, el general José Manuel Hernández había alcanzado notoriedad en la región de Guayana en la guerra del 92. Su apodo de ''mocho'' se lo había ganado con la pérdida de algunos dedos de una mano, macheteados en un combate. Pero lo que había captado la atención de Alejandro Urbaneja, y de los fundadores del Partido Liberal Nacionalista, no era la mutilación que daba origen a su apodo, sino la poderosa emanación de honesta pureza que surgía de su figura ascética y quijotesca, su mirada limpia y su verbo sincero. La campaña electoral del ''mocho'' Hernández se inició con un mitin en la plaza Henry Clay de Caracas, y de allí se lanzó a caminar de pueblo en pueblo, saludando a las gentes, dándoles su opinión de los problemas del país, ofreciendo fórmulas para resolverlos, y pidiéndole a las gentes sus votos. ''El mocho'', que había vivido en Estados Unidos y había visto allí unas elecciones, salió en campaña con dos bolívares en el bolsillo y jamás le faltó transporte, albergue y comida. Al salir de cada pueblo, repartía tarjetas con su fotografía y dejaba instalados ''comités eleccionarios'', formados por quienes se habían fascinado con su personalidad persuasiva. Desde los días de Antonio Leocadio Guzmán, nadie había hecho una campaña así.

''El mocho'', con su incansable peregrinaje, se convirtió en un fenómeno de popularidad que desconcertó y asombró a todos, y para agosto de 1897 era evidente que ganaría las elecciones. Vicente Lecuna, ferviente partidario del ''mocho'', cuenta en su libro testimonial: ''En todas partes su persona despertaba fe y entusiasmo por la franca actitud, firmeza y energía que revelaba. Gobierno de ley, supresión absoluta del peculado y de monopolios oficiales, garantías, tal era su prédica''. A medida que se acercaba el día de las elecciones, era evidente que si el Gobierno respetaba sus resultados, el ''mocho'' vencería.

El primero de septiembre, el Gobierno ejecutó un grotesco y masivo fraude electoral y proclamó vencedor a su candidato, Ignacio Andrade. En octubre, Alejandro Urbaneja, presidente del partido ''mochista'', pidió a los organismos seccionales del partido sustanciar los atropellos cometidos, para apelar a la Corte Federal y de Casación. Como respuesta, ''El mocho'' y centenares de sus seguidores fueron acusados de ''conspirar en contra del orden constitucional'', y encarcelados por orden de Joaquín Crespo.

Nadie pensó que la frustración de esas elecciones aventaría a Venezuela a un período de violentas guerras y revoluciones, que llevarían a la dictadura de Juan Vicente Gómez. Nadie podía predecir que las elecciones de 1897 serían las últimas hasta que, en 1936, López Contreras restituyó el sufragio como un medio para llegar al poder.

Ignacio Andrade

Joaquín Crespo había tomado medidas para impedir que Ignacio Andrade se alzara con el santo y la limosna, como había pasado anteriormente, y había hecho elegir presidentes de los estados a crespistas leales. El mismo se había hecho elegir presidente del estado Miranda, el mayor y más importante de los siete, que comprendía lo que hoy son Miranda, Aragua, Guárico y la isla de Margarita. Además, la mayoría de los miembros del Congreso eran afectos a él, y por si esto fuera poco, Crespo conservaba la jefatura del Partido Liberal y del Ejército, que en aquel sistema eran lo mismo. No contento con esto, Crespo creó cinco circunscripciones militares, jefaturadas por personas adictas, y el propio Crespo era jefe de la Primera Circunscripción. En suma, el sistema se había concentrado en la persona de Joaquín Crespo, en una forma que ni Páez, Monagas o Guzmán Blanco lo habían hecho. Si Crespo moría, con él moriría el sistema.

El 20 de febrero, antes de entregar el poder, Crespo ordenó la libertad del general José Manuel Hernández y de los mochistas presos desde octubre. Cuando ''El mocho'' llegó a su humilde casita, en la plaza de la Misericordia, ésta se vio invadida por una muchedumbre que acudió a saludarlo. Tres días después, burló la vigilancia policial y salió secretamente de Caracas.

El 28 de febrero, Ignacio Andrade prestó juramento y asumió la presidencia de la República para el período 1898-1902. A pesar del enorme poder de Crespo, Andrade era un Presidente con poderes políticos a su discreción, y era el polo natural de atracción de los desafectos, inconformes o enemigos de Crespo, muchos de los cuales fueron nombrados ministros. La historia se repetía. Los liberales exiliados desde el 92 empezaron a regresar, entre ellos el ex presidente Andueza Palacio y los generales José Ignacio Pulido, Ramón Ayala y Luciano Mendoza, todos enemigos de Crespo. Todos fueron recibidos cordialmente por Andrade, y algunos tendrán puestos importantes en su Gobierno. Sin una sola excepción, todos lo traicionarán.

El ''grito de Queipa''

El 2 de marzo de 1898, en la Hacienda Queipa, cerca de Valencia, ''El mocho'' Hernández lanzó una proclama revolucionaria: ''La insurrección es un derecho inmanente de los oprimidos, y la guerra es una necesidad imperiosa''. El ''grito de Queipa'' causó conmoción en todo el país, empezando por la región de Carabobo y Cojedes, donde el ''mochismo'' tenía más amigos y Crespo más enemigos. Pero los soldados mochistas no llegaban a 200, la mitad con anticuadas armas de fuego y pocas municiones y la otra mitad con lanzas, machetes y alguna que otra escopeta de caza.

Sin embargo, a medida que pasaban los días, por todas partes brotaban partidarios. Algunos hombres aguerridos y de prestigio, como los hermanos Barreto y Luis Loreto Lima, llamado ''lanza libre''. A estos se les sumaban jóvenes como Pedro Pérez Delgado, que con el tiempo será apodado ''Maisanta'', inmortalizado por un poema de Andrés Eloy Blanco. Para marzo de 1898, cuando ''El mocho'' logró reunir a sus hombres con los de Loreto Lima y los hermanos Barreto, la tropa de la revolución pasaba del millar y su onda en todo el país, desde Guayana a los Andes, era expansiva.

Cuando se supo del alzamiento del '' mocho'', el general Joaquín Crespo salió a combatirlo al frente de un poderoso ejercito. El 11 de marzo, Crespo llegó a Tocuyito y se encaminó hacia Cojedes, ansioso de apagar un incendio que se extendía en la sabana seca del descontento. ''El mocho'' decidió seguir la ortodoxa táctica guerrillera, que obligaba a Crespo a exasperantes marchas y contramarchas y a dividir su fuerza. Cuando Crespo llegó a Tinaco y ocupó la casa de don Félix Barreto, cabeza de la familia de fervientes ''mochistas'', dijo en voz alta: ''Cuando yo coja ese mocho, los Barreto beberán leche si jincan un matapalo''. Ese era el tono de la prepotencia de su poder.

El 24 de marzo, después de cinco días de extenuante marcha, ''El mocho'' llegó a Tinaquillo y sorprendió a la guarnición que el Gobierno tenía en la plaza, la cual, al verse atacada, se parapetó en la Iglesia y en una casa llamada ''la casa fuerte''. Mientras Loreto Lima, con el grueso de la caballería, vigilaba el lugar por donde podía venir la tropa del Gobierno, los mochistas rodearon y ocuparon las manzanas inmediatas a la ''casa fuerte'' y la Iglesia, mientras Samuel Acosta avanzaba con sus hombres por la calle de la Iglesia, protegido por carros llenos de barriles de agua. Familias del pueblo les daban las cápsulas que habían comprado a los soldados del Gobierno. Froilán Barreto abrió con picos una brecha en un muro de la ''casa fuerte'' y entró con sus hombres armados de lanzas y machetes. La lucha fue feroz. Los jefes crespistas, heridos, se rindieron. En esa primera acción, los mochistas tuvieron 15 muertos y 27 heridos. Los del Gobierno, 18 muertos y 40 heridos. Pero ''El mocho'' cogió un centenar de presos, 120 máuseres y 5.000 cápsulas.

Cuando Crespo, que estaba en El Pao, supo de la acción del ''mocho'' en Tinaquillo, entró en cólera y reorganizó a su ejército en tres columnas para perseguirlo. El grueso de su ejército, con él a su cabeza, partió por la vía de Cachinche. ''El mocho'' Hernández no se quedó esperándolo, y se puso en marcha tomando el camino de Valencia; a la media legua, cruzó hacia al sur; al oscurecer, cambió de rumbo y siguió por el lecho de una quebrada, marchando oculto por la hondonada para amanecer en ''La Peonía'', a ocho leguas de Tinaquillo. De allí, siguió sin detenerse para acampar en la sierra de Caramacate, donde sus hombres mataron reses, comieron y descansaron. A las 2 de la mañana del 26 de marzo, ''El mocho'' reinició su marcha por el camino real de El Baúl. Después de horas de camino, llegó al hato ''La Trinidad'', de Salvador Barreto, donde acampó. Al día siguiente siguió rumbo a Mata Oscura, para dormir a orillas del río Tinaco, trece leguas al sur del pueblo.

El susto del Totumo Barretero

Crespo estaba acampado en el hato Totumo Barretero, también en la orilla del río Tinaco, a tres leguas de donde estaba ''El mocho''. La vanguardia de Crespo había avistado la retaguardia del ''mocho'', pero sus agotados hombres no las pudieron seguir. Entonces Loreto Lima ''lanza libre'', sabedor de dónde estaba Crespo y conocedor del terreno, tramó darle un susto. Escogió 50 jinetes diestros y bien montados, y a las dos y media de la tarde se presentó donde acampaba el ejercito de Crespo. Los mochistas irrumpieron a galope, dispersaron grupos de soldados que estaban comiendo, desprevenidos, con sus armas en pabellón. Cuando la tropa del Gobierno se formó y pudo hacer fuego, ya era tarde. El terreno montañoso favoreció la fuga, y los de Loreto Lima se retiraron, llevándose buena parte de los caballos de Crespo y una mula cargada con una ametralladora. Cuando a medianoche ''lanza libre'' y sus jinetes llegaron al campamento mochista, contaron que habían estado muy cerca de la casa donde estaba descansando el general Crespo y la habían tiroteado.

Irritado por la proeza que lo dejaba en ridículo, Crespo se puso en marcha, pero no pudo alcanzar al ''mocho'' y tuvo que volver a dividir su fuerza para perseguirlo. El 15 de abril, Crespo acampó Las Majaguas. Allí le informaron que en el Hato Carmelero se habían visto grupos de jinetes y se habían oído disparos. En efecto, ''El mocho'' había cambiado su táctica y había ordenado emboscar a la ya mermada columna de Crespo que lo venía persiguiendo. Había ubicado a sus mejores tiradores en las numerosas ''matas'' de la sabana. La columna de Samuel Acosta se había situado en una mata principal, llamada ''Carmelera''. Todos formaban un arco abierto sobre el camino por donde debía pasar la columna del Gobierno.

La avanzada de Crespo, al mando del coronel Maduro, llegó a las 3 de la tarde. Al ver que se le hacía frente, entró desplegada en formación de batalla. Loreto Lima le cayó sobre su flanco izquierdo, que lo recibió con fuego nutrido, y tuvo que retirarse. La derecha de Hernández trabó combate, reforzó sus dos alas con las dos columnas de reserva y ordenó una carga general a derecha e izquierda, sin moverse del centro, mientras la caballería de Loreto Lima volvía a cargar. Era la primera vez que ''El mocho'' presentaba combate. A las seis de la tarde, la columna de Crespo se retiró derrotada. ''El mocho'' perdió al jefe José María Gordils -quien, herido, fue tomado preso-, 11 soldados muertos y 28 heridos. Pero la columna del Gobierno se había retirado en desbandada, dejó el doble de muertos y heridos, más 80 presos, 170 máuseres, 3.000 cápsulas, y el tambor, el corneta y todo el equipaje de su jefe, el coronel Maduro, que huyó.

La muerte de Crespo

''El mocho'' suponía que Crespo estaba a dos jornadas del lugar, y no quiso arriesgarse a perseguir a los derrotados. En eso estaba en lo cierto. Pero no sabía que el grueso del ejercito de Crespo estaba en Tinaquillo. Crespo, enterado del descalabro de la columna de Maduro, su tercera derrota por un adversario a quien despreciaba, ordenó levantar campamento antes de salir el sol de la mañana del 16 de abril de 1898, y salió camino del Hato Carmelero. Era el ultimo amanecer que Crespo vería. ''El mocho'' mantuvo el mismo arco de emboscada, en las mismas ''matas'' del lugar, con la esperanza de que sirviera para que el enemigo cayera por segunda vez en la misma emboscada. Y así fue.

A las siete de la mañana, la vanguardia de Crespo divisó grupos de jinetes en la llanura del Hato Carmelero, donde la columna de Maduro había peleado y perdido el día anterior. Crespo avanzó sin sospechar que los árboles estaban sembrados de tiradores. En la ''mata Carmelera'' ordenó hacer alto y dispuso preparación para el combate. Desmontó la mula que llevaba y mandó preparar su hermoso caballo blanco, con el cual salió al descampado. En ese momento se produjo un vivísimo fuego. Uno de los tiradores había notado la llamativa figura de un hombre grande y fuerte, con sombrero panamá y capa blanca, montado sobre un brioso caballo blanco. Sospechando que se trataba de un alto jefe, tomó puntería y disparó. La bala atravesó el pecho del jinete, de arriba abajo. Crespo cayó muerto sobre su capa blanca, manchándola de rojo. A medida que los telégrafos gritaban por toda la geografía venezolana la noticia de la muerte de Crespo, se rompía la magia de su autoridad. El Jefe del país, el ''taita'' Crespo, había muerto.

Los 18 meses que siguieron a la muerte de Crespo serán uno de los períodos más confusos y bochornosos de la historia de Venezuela. La perfidia, la traición y la insensatez fueron la nota dominante. Lo que Crespo y el sistema que el representaba habían construido para perpetuarse en el poder mientras otro ejercía el Gobierno, quedó súbitamente acéfalo. Ignacio Andrade, que aparentemente se vio liberado de la tutela de Crespo, no pudo con el vendaval de ambiciones que se levantaron en el vacío de poder y autoridad que dejó la muerte del gran caudillo. Si Joaquín Crespo hubiera cumplido su palabra, ''El mocho'' Hernández habría ganado las elecciones y Crespo no habría muerto. Todo habría marchado en forma muy distinta para él y para el país. Pero la historia no puede narrarse especulando acerca de lo que habría sucedido si no hubiera sucedido lo que sucedió. Pero sí puede narrarse en forma crítica y razonada, para tratar de aprender a no caer en los mismos errores. Y eso es lo que estamos haciendo cien años después.

e-mail: 73050.1452@compuserve.com


Nacionales


 
Oposición marchará por partida doble este domingo

Oposición marchará por partida doble este domingo

 
Habilitarán canal de contraflujo en la Caracas-La Guaira

Habilitarán canal de contraflujo en la Caracas-La Guaira

 
Aveledo: Gobierno y estudiantes deben tener su propio diálogo

Aveledo: Gobierno y estudiantes deben tener su propio diálogo

 


Política


 
Liberté, égalité et fraternité para algunos

Liberté, égalité et fraternité para algunos

 
La debilidad en los principios democráticos

La debilidad en los principios democráticos

 
El desmontaje del

El desmontaje del "mito" Chavista y el futuro de América Latina

 

blog comments powered by Disqus

 
Sobre Autor