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A 60 años del adiós de Carmen Miranda

Después de sesenta años de la muerte de la ‘Pequeña Notable’, los brasileños recuerdan este miércoles a Carmen Miranda, la artista de origen portugués que hizo retumbar su voz en las emisoras de radio, conquistó América y eternizó el ‘tropicalismo’.

La muerte de Carmen Miranda, el 5 de agosto de 1955 en Los Ángeles, a los 46 años de edad como consecuencia de un infarto, entristece hasta ahora a los brasileños, incluso a los de las nuevas generaciones que la identifican como uno de sus símbolos musicales y veneran su estilo único en los escenarios.

Hija de un barbero y una ama de casa portugueses, la artista nació en 1909 en Marco de Canaveses, un distrito de Oporto, y a los dos años llegó junto a sus padres a Brasil, donde pasó de ser una joven encantada con las bellezas de Río de Janeiro a convertirse en un símbolo de la radio y del cine de Hollywood.

Criada en el barrio bohemio de Lapa, en medio de los artistas que daban vida a la samba en las primeras décadas del siglo XX, Maria do Carmo Miranda da Cunha, como era su nombre verdadero, comenzó a los catorce años a tener contacto con la música callejera y su voz a escucharse desde una tienda de corbatas en la que trabajaba.

Después su voz salía del interior de una sombrerería, de la que fue despedida por pasar mucho tiempo cantando.

Según la biografía escrita en 2005 por el periodista brasileño Ruy Castro, la principal influencia musical vino de su hermana mayor Olinda, quien murió víctima de la tuberculosis cuando Carmen Miranda era todavía adolescente.

En las calles de Lapa, la artista aprendió el lenguaje de barrio, con expresiones y costumbres que años más tarde afianzaron su acento ‘tupiniquim’ (brasileño en portugués coloquial) por toda América.

En 1929, la artista es presentada al compositor Josué de Barros, que pasó a promoverla para grabar sus primeros discos con canciones como ‘Não vá sim’bora’ (no se va ahora) y ‘Se o samba é moda’ (Si la samba es moda) y un año después lanzó la ‘marchinha’ carnavalesca «Pra você gostar de mim», que la abrió las puertas de la radio.

Primero Buenos Aires y después Estados Unidos, el público internacional comenzó también a rendirse a la voz y a la contagiosa alegría sobre el escenario de Carmen Miranda, famosa también por su característico lápiz de labios rojo, accesorios extravagantes, sus coloridos vestidos y los turbantes adornados con frutas brasileñas.

Miranda se casó pero no tuvo hijos y su sobrina y heredera, Maria Paula Richaid, que cuida del acervo de la artista, comentó a Efe que la ‘Pequeña Notable’ -por su baja estatura- dejó de ser parte de la familia para tornarse en una «divisoria de aguas para la música, el arte y las costumbres brasileñas».

«Ella y Chaplin, como ya dijo Ruy Castro, jamás serán olvidados», agregó Richaid, para quien la «brasileridad» de su tía ganó fuerza en todo el mundo con una «comunicación corporal» que sólo ella podía «transmitir» y que forma parte de su «subjetividad».

Carmen, destacó su sobrina, marcó una transición de generaciones y se adelantó a algunas «costumbres exuberantes» que hoy marcan la sensualidad brasileña, como vestir con el abdomen descubierto, usar zapatos de tacón muy alto y collares, pendientes y pulseras grandes.

«Ella huyó de la generación que había en la época y perpetuó una nueva generación», enfatizó Richaid.

El biógrafo Ruy Castro contó a Efe que hay otros detalles de su personalidad que no fueron tan reconocidos en Brasil.

«Los estadounidense, europeos o japoneses sólo conocen a Carmen en tecnicolor, la de los turbantes y extravagancias, es normal porque esa fue la Carmen que mostraron las películas de Hollywood. Pero es vergonzoso que los brasileños sólo vean también a esa Carmen y no a la artista que fue fundamental para la samba», apuntó.

Para el autor de ‘Carmen – Uma briografia’, Miranda aportó para el desarrollo de las industrias fonográfica y radiofónica, para el carnaval y para las excursiones de otros artistas al interior de Brasil y a países como Argentina y Estados Unidos.

Castro resaltó también el lenguaje coloquial de Miranda, que hablaba tal como era en la época, «sin acento de operetas», y para él «esa es la Carmen fundamental para la cultura brasileña que el pueblo desconoce».

En 2009, cuando se celebró el centenario de su nacimiento, la Academia Brasileña de las Letras declaró a Carmen Miranda como artista ‘Patrimonio de la Cultura Brasileña’ y en Estados Unidos circularon en 2011 estampillas de correo en su honor.

Con más de 260 canciones, 160 discos, 24 películas, doce programas de televisión, dos musicales, libros, estudios, documentales, dibujos animados de Disney y hasta una muñeca, Miranda es recordada hoy al son de su «Chica-chica-boom-chic», una percusión que ella inmortalizó con su voz y retumba desde hace seis décadas.

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