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Tabaré Alonso, ciclista uruguayo: “Voy en bici cumpliendo mi sueño y sembrando esperanza”

Diez meses. Seis países. Once mil kilómetros. Es mucho lo que ha cambiado la vida de Tabaré Alonso desde que salió de su natal Uruguay, en marzo de 2016, a recorrer América en bicicleta.

No es solo el tono de su piel —a estas alturas insistentemente tostado por el sol caribeño—; ni el largo del cabello —que enrulado por el viento y trajín diario, le roza ahora los hombros—; o lo resumido de su guardarropa —apenas dos camisas, un pantalón corto y una chaqueta—. El cambio de este cicloturista uruguayo se ha dado en el interior de su ser; allí, donde guarda lo que medita, lo que aprende, lo que va descubriendo de sí y del mundo que le rodea.

A lo largo de esta travesía, ha subido montañas, escalado nevados, cruzado desiertos, atravesado la selva amazónica y llegó hasta lo que era un solo un “algún día” en su mapa: el Mar Caribe. Sin embargo, Venezuela le guardaba un reto inesperado para el que no tenía plan de contingencia: la fama.

Un paraíso llamado Venezuela

“Llegué al paraíso cuando entré en Venezuela” fue la frase que dio título a un reportaje de Analítica.com, publicado el 23 de diciembre de 2016, que recogía su entrada a Venezuela y su impresión ante el cálido recibimiento y trato de su gente.

Las sencillas palabras con las que este cicloturista describió entonces la bondad y solidaridad de los venezolanos, le hizo ganarse el corazón de los criollos, quienes parecieron recibir como un esperanzador regalo navideño, su emotivo testimonio.

El artículo pronto se volvió viral y la historia de este uruguayo deslumbrado por Venezuela, fue reproducida por medios digitales e impresos, enviada como cadena por chats telefónicos y hasta mencionada en el programa de radio y televisión del primer mandatario nacional.

Aunque sus seguidores aumentaban día tras día, Tabaré estaba lejos de imaginar la magnitud de la fama que había adquirido. Alejado del mundo, descansando en su humilde refugio frente al mar -una construcción abandonada a pocos metros de la playa- se le fueron los últimos días de diciembre. Pronto llegó el 2017 y junto a él, el momento de retomar el camino.

Fue al salir de Lechería para iniciar la ruta hacia Caracas cuando comenzó a sentir el cambio: desde los autos en la carretera unos lo llamaban por su nombre y le gritaban palabras de ánimo, otros grababan videos de él rodando y muchos se detenían para tomarse fotos a su lado.

La cosa no paró ahí. En la entrada a Píritu lo esperaban periodistas de una radio local para entrevistarlo. En Boca de Uchire el alcalde se acercó hasta la alcabala en donde él estaba descansando, para saludarlo y darle la bienvenida al pueblo. En Barlovento lo esperaban en un ambulatorio para hacerle un chequeo luego que subiera a sus redes una imagen quejándose de un ligero dolor en la rodilla.

¿Por qué tanto revuelo? ¿Por qué ahora la gente se fijaba en él? El no conocía a ninguno de ellos… pero al parecer ellos si a él. De pronto era el centro de la atención. Abrumador para un ciclista solitario acostumbrado por meses a andar de manera anónima y discreta por lo más recóndito de los países de América.

Sueños de América

Tanto cariño recibido en el camino hacia Caracas, le dio el impulso para concretar una idea que venía incubando en su corazón desde Perú: el proyecto “Sueños de América”. O lo que es lo mismo: la oportunidad de sembrar a su paso un poco de esa motivación y esperanza que lo impulsaba a él a seguir tras su propio sueño.

Así fue como lo llevó a cabo por primera vez, en San José de Barlovento, en el estado Miranda: visitó a los niños de una pequeña escuela y apoyado con fotos de su travesía y su bicicleta como testigo, les contó de su proyecto; de cómo lo había soñado un día y hoy estaba viviéndolo. Pero no quedó allí, el siguiente paso era el realmente importante: ¡invitarlos a ellos a soñar! «Si yo pude lograr el mío, ¡tú puedes lograr el tuyo!» Esa frase resume la semilla que quería sembrar en los pequeños.

“Cuando le preguntas a un adulto sobre sus sueños, se tiene que detener a pensar… o también es frecuente que te digan cosas materiales: cambiar de coche, comprar una casa. En cambio, cuando hablas con los niños, siempre tienen mil cosas que quieren hacer; están llenos de sueños… pero los van perdiendo a medida que crecen, cuando les dicen que no pueden, que es imposible”, relata con la certeza de quien ha reflexionado mucho sobre el tema.

Así que ese día Tabaré invitó a los alumnos a poner ahí mismo, por escrito,  sus sueños en un papel y compartirlos con el mundo. Esperaba de esa manera agregarle un toque de formalidad y compromiso personal a lo que hasta ahora era solo una idea vaga en la mente de los chiquillos.

“Yo quiero decirles que sus sueños ¡Sí valen la pena! ¡Que sí son posibles! Que luchen por conservarlos y hacerlos realidad”, afirma convencido el ciclista sobre lo que será desde ahora una nueva arista de su proyecto.

Para este viajero, «Sueños de América» es una manera de dar de lo que ha recibido en su travesía; de compartir la fuerza que lo impulsa y de “sembrar” la inquietud de la aventura posible y el radiante desafío en el corazón de los que va encontrado a su paso. «Porque a fin de cuentas, el equilibrio de la vida está no sólo en recibir, sino también en aprender a dar. El éxito no está solo en cumplir tus metas, sino en impulsar a los demás en las suyas».

Encuentro con Caracas

Él, un muchacho que creció en el campo uruguayo, entrenado en lo técnico y que aprendió a desenvolverse como emprendedor, se encontraba por primera vez ante un público masivo que lo esperaba con avidez para escuchar sus historias, esas que hasta ahora había llevado en solitario y que lejos de considerarlas asombrosas, eran para él solo su día a día.

En unión con “Pasión por nuestro país”, de la Fundación Futuro Presente, y el programa “Aula Abierta”, de FundaSucre, se encontró un atardecer con los caraqueños frente al Ávila, en la Plaza Miranda de Los Dos Caminos, al este de Caracas.

Allí, frente a varios centenares de personas que acudieron a la breve convocatoria hecha por redes sociales, confesó cómo se despidió de su madre antes de entrar a nuestro país, por si acaso le pasaba alguna de las tantas cosas que le habían advertido que podían ocurrirle en Venezuela… y también cómo hoy ella es una de la más agradecidas con los venezolanos por el amor con el que han tratado a su hijo y que ella misma constata día a día en las redes, ya que es parte del equipo que ayuda al ciclista a responder a los cientos de comentarios diarios que ahora recibe en cada jornada.

También causó risas en los asistentes al describir al venezolano, además de solidario, como “farandulero” y “abrazón”. «Selfie! Selfie! ¡Ahora todo el que me saluda quiere una foto con este loco despeinado!» dice de manera jocosa.  Y sobre la cercanía y cariño inmediato que tan desprendidamente obsequia el venezolano comenta: “¡Nunca me habían abrazo tanto y tan largo como lo han hecho en este país! ¡Si que sois apretones! eh?”.

Sus temores de enfrentarse con la multitud quedaron aplacados al ser arropado por el cariño de gente que se esforzaba por hacerle llegar su pregunta, por la paciencia y emoción inquebrantable con la que esperaron más de una hora para tomarse una foto con él, por los múltiples regalos espontáneos que recibió y que iban desde artículos de higiene personal y comida para el viaje, pasando por hermosos detalles personalizados, chucherías en todos los formatos y hasta contribuciones en efectivo para apoyar las próximas etapas de travesía.

Sin perder el norte

Caracas le guardaba también la experiencia del contacto con los medios. El ir y venir de entrevistas en radio, televisión y diarios digitales e impresos que ahora quieren ahondar su vida resulta a veces agotador para este chico que aún se sorprende cuando en ocasiones, lo presentan casi como un héroe. “Yo sólo quería andar en bici”, responde él con la sencillez de quien no ha perdido su norte.

Pero ese andar anónimo y despreocupado parece ahora imposible. Al caminar a su lado en las calles de Caracas —como le tocó a quien escribe—, es imposible no ser interrumpido por seguidores que lo saludan por su nombre, se toman la infaltable foto a su lado y le preguntan por su rodilla, por su famosa camisa verde o por los próximos destinos.

Él se detiene unos minutos con cada uno, da lo mismo que sea un periodista de trayectoria, una señora mayor que lo adopta instantáneamente, el vendedor ambulante de café o una niña que se acerca llevando la foto del ciclista impresa en su franela. Para todos hay tiempo, pero de todos se despide. Está claro que su destino es seguir.

A rodar en Caracas

“Hay una especie de profecía que me repiten desde que llegué: dicen que me enamoraré aquí y colgaré la bicicleta. Pero no puedo permitir eso, porque estaría fracasando en mi sueño”, dice reflexivo el ciclista cuando le preguntan si le gustaría quedarse aqui.

“Sé que voy a volver, estoy seguro que me quedarán muchas cosas por conocer, pero es que Venezuela es encantadora, te atrapa, te cobija, te adopta… y es difícil resistir tanto cariño. Por eso cuando me empiezo a encariñar con un lugar o con alguien (lo cual es muy fácil acá), sé que es el momento de irme, me pasó en la Isla de Margarita y también en Lechería… un día más ¡y al diablo todo! Me quedaba allí”, confiesa el uruguayo.

Así que, próximo ya a salir de Caracas, Tabaré prepara lo que será su gran despedida de la capital: su participación en la “Gran Rodada Masiva” que organiza cada mes Masa Crítica —alianza que une a los grupos de ciclistas urbanos que hacen vida en la capital—, que es también una convocatoria abierta a todo el que tenga una bicicleta vieja guadardada en casa o pueda conseguir una prestada para unirse, disfrutar y reconquistar la ciudad.

“Quiero rodar con los caraqueños. Disfrutar en dos ruedas las calles de esta ciudad que me ha recibido con tanto cariño”, dice el uruguayo. “Quiero despedirme de ustedes regalando historias, sonrisas y abrazos. Invito a todos los que tengan o puedan conseguir una bici a que nos acompañen y puedan conectarse en la rodada con cientos de historias de amor por Venezuela”.

La cita es el próximo domingo 05 de febrero. El punto de encuentro será la Plaza Venezuela, donde se concentrarán todos los participantes a partir de la 1:00 pm, para luego rodar juntos hasta el recuperado Parque El Calvario.

Luego de este paso por la capital, Tabaré seguirá su camino hacia el occidente de Venezuela, pasando por ciudades como Maracay, Valencia, Barquisimeto, Coro, Mérida y Maracaibo, en su rumbo hacia Colombia y el destino final de esta travesía: la ciudad de Panamá.

Mientras avanza hacia la meta de este primer proyecto el uruguayo, quien antes de esta travesía nunca había salido de su país, tiene cada vez más claro el aprendizaje que quiere compartir en este viaje: ¡Vale la pena luchar por los sueños!

“No hay que desistir porque las circunstancias no sean las mejores, porque los miedos no se vayan o porque tu sueño parezca imposible. ¡Hay que arriesgarse! Lo importante es que no nos vayamos de esta vida sin por lo menos haberlo intentado”. Tabaré Alonso

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