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Sección: Medio Ambiente
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COP15 Copenhague. El cambio climático es solo una parte del problema.
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Ya habíamos dicho en nuestro artículo La Tierra: una tienda por departamentos de contaminación, www.analitica.com/medioambiente/5291580.asp , que ésta, en el concepto clásico, se produce cuando ciertos elementos causantes de efectos nocivos se acumulan en cantidades que la naturaleza no puede reciclar. Igualmente acotamos que una especie está en peligro de extinción cuando se encuentra comprometida su existencia globalmente. También listamos las causas de la contaminación y nombramos las variadas y sofisticadas maneras con los que voluntaria o involuntariamente dañamos a nuestro hermoso y acogedor planeta azul, el hogar que tan amablemente nos ha acobijado para vivir, y al que aún no hemos aprendido a respetar ni cuidar. Sin embargo, no cabe duda, de que a pesar de los múltiples obstáculos y dilaciones, hoy día hay más preocupación y comprensión de los problemas ecológicos que hace 25 o 50 años y es innegable que, aunque muy lentamente, estamos dando los primeros pasos para desandar el camino que nos ha conducido a las puertas de una catástrofe global. ¿Estaremos a tiempo de evitarla?
Para analizar la contaminación, en aquella oportunidad la subdividimos según los medios que afectamos, que obviamente son tres: el aire, la tierra y el agua. Introdujimos una clasificación, de factura propia, a fin de entender y explicar esquemáticamente las distintas formas de contaminación, que establecimos en tres grandes categorías: por inyección, extracción e invasión. De este modo los seres humanos contaminamos o afectamos a nuestro medio ambiente según nueve fórmulas o categorías diferentes. Vimos que cada una de éstas comprende múltiples sustancias, acciones y actividades que perjudican el entorno y por ende a nosotros mismos.
En esta entrega sólo vamos a hablar de las consecuencias del deterioro ambiental referido al aire y el agua. Comenzaremos con los efectos negativos sobre la atmósfera y sus repercusiones sobre los seres vivientes que habitan la Tierra, incluyendo por supuesto a nosotros mismos. Entre los principales fenómenos de origen humano se encuentran la lluvia ácida, el efecto invernadero, el deterioro de la capa de ozono y el esmog sobre las principales ciudades.
La lluvia ácida ocasiona la disminución de la diversidad biológica, afectando especialmente a bosques, selvas, además de dañar los cultivos al disolver los minerales necesarios por la acidificar los suelos. Las precipitaciones que contienen ácidos diluidos, además, corroen los metales de las construcciones deteriorando casas, edificios y fábricas. También afecta la fotosíntesis, haciendo vulnerables a muchas especies del reino plantae, además de perjudicar a las especies animales que habitan ríos, mares y océanos.
El efecto invernadero tiene variadas y muy serias consecuencias como es el calentamiento global, que ya está produciendo la desaparición de especies. Si no realizamos correcciones urgentes pudiera sobrevenir una gran mortandad y originar un desequilibrio en la biodiversidad de proporciones y consecuencias inimaginables. Estos “huecos en la biósfera”, como los llamamos en otra parte, en algún momento pudieran llegar a un límite, como el vaso de agua que se derrama con la última gota y entonces entrar en una fase-efecto tipo dominó y ensancharse exponencialmente, causando el caos en las cadenas alimentarias. Un cambio climático drástico produciría sequías e inundaciones extremas; el deshielo elevaría mares e inundaría costas, que provocarían mortandades y migraciones humanas sin precedentes, además de comprometer la producción de alimentos y causar inéditas hambrunas.
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La capa de ozono, uno de nuestros escudos protectores que han posibilitado la magnífica exuberancia vital sobre la Tierra, se ha deteriorado alarmantemente. Las radiaciones ultravioletas (RUV) se vienen incrementando, afectando a los seres vivientes de nuestro planeta. El cáncer de la piel, las cataratas, las modificaciones del ADN y el debilitamiento del sistema inmunológico son consecuencias del aumento de las RUV sobre la especie humana, pero también disminuyen la eficiencia de los ecosistemas acuáticos, el de las especies que habitan las superficies en general y en especial el de las bacterias, los huevos de los peces y el fitoplancton, base de la cadena alimentaria. Adicionalmente el RUV afecta la reproducción de algunas especies vegetales.
El esmog, aquellas amenazantes nubosidades pardo-grisáceas que penden sobre las cabezas de quienes habitamos las mega ciudades, tiene efectos muy nocivos para la salud. Estas artificiales formaciones gaseosas producen la inflamación de las vías respiratorias, falta de aliento, tos y alergias, irritación de la piel, los ojos y la nariz, resequedad de las membranas protectoras nasales y de la garganta, disminución de las defensas y por ende el incremento de las enfermedades.
Ahora pasemos a revisar las consecuencias del deterioro de las aguas
Uno de los daños mayores a ríos y lagos por efectos de la contaminación, la tala y quemas, la sobreexplotación de bosques y la desertificación es la disminución de las reservas de agua potable a escala planetaria. Ya hoy día un importante porcentaje de la población mundial carece de agua apta para el consumo humano. Hay expertos que vaticinan que este va a ser el mayor de los problemas en un futuro no muy lejano. Hasta se habla de que vendrán guerras por la posesión de las fuentes proveedoras del vital líquido.
La contaminación de los ríos provoca serias consecuencias. Un daño severo por inyección de sustancias nocivas puede alterar la auto-depuración, proceso mediante el cual las bacterias aeróbicas limpian las aguas de las torrentes, siempre que los productos sean biodegradables. Pero este proceso no funciona con plásticos, partículas metálicas o químicas u otros productos no degradables o de lenta degradación e incluso cuando los componentes biológicos son muy elevados respecto al caudal del río. Esto, en casos extremos, produce la muerte de poblaciones enteras de especies fluviales, además de convertir las aguas no aptas para el consumo.
El daño a los lagos es aún más problemático que el de los ríos, porque al no poseer corrientes no pueden auto-depurarse a velocidades similares al de éstos. Debido a ello, las aguas lacustres son muy vulnerables a la inyección de contaminantes y propensas a la eutrofización, proceso mediante el cual los lagos, utilizados como vertederos de residuos, reciben compuestos de nitrógeno y fósforo que hacen desaparecer el fitoplancton, el cual es sustituido por una sobrepoblación de algas verdes. Muchas de éstas se precipitan al fondo donde son degradadas por bacterias aeróbicas que consumen grandes cantidades de oxígeno en el proceso, produciendo la escasez del vital elemento, en detrimento de los demás hábitats del lago.
El deterioro de las playas y costas y la destrucción de los ecosistemas marítimos por la inyección de desechos contaminantes es grave. Permanentemente son arrojados a los mares y océanos toneladas de basuras, residuos industriales, aguas negras y otras sustancias nocivas. Esto conlleva a la destrucción de la flora y fauna y causa daños severos a la biodiversidad marina. Los derrames petroleros merecen un capítulo aparte por el extremado daño que ocasionan, como es la muerte masiva de ejemplares de diversas especies.
En una entrega, más adelante, hablaremos de las consecuencias de la contaminación de los suelos, la extracción de recursos del medio ambiente, la extinción de especies y la invasión humana de los espacios vitales de otras especies.
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