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La acción climática internacional de Venezuela José Gerardo Guarisma Álvarez Miércoles, 28 de octubre de 2009 Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua
Venezuela, dentro del concierto de las naciones de la Tierra, no está exenta de los desajustes climáticos que aquejan al Globo Terráqueo.En mayor o menor medida tambien ha de sufrir las consecuencias del efecto invernadero que se ha incrementado en los últimos años a lo largo y ancho de nuestro planeta.
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La ubicación del país al norte de la América del Sur hace prever futuros eventos naturales como los que ya han ocurrido, pero que tenderán a incrementarse debido a los desequilibrios atmosféricos, entre otros, inundaciones como el resultado de fuertes precipitaciones, deslaves de faldas de montañas por la saturación hídrica del suelo motivado a fuertes aguaceros de gran duración y vientos huracanados durante las estaciones de lluvias, entre Junio y Noviembre.
Esto hace que la República esté llamada a desarrollar una vigorosa acción diplomática en procura de la defensa de su seguridad ambiental, en defensa de los derechos de su población y biodiversidad, y la cual debemos acompañar los venezolanos sin distingos de ideologías y creencias, porque debe prevalecer nuestra responsabilidad como ciudadanos de Venezuela y del mundo, de resguardar celosamente los santuarios naturales de los que depende la salud de todo el Globo. Por lo tanto ,hay que mencionar el trabajo diplomático que Venezuela está efectuando en el escenario internacional,no solo en el foro mundial de la ONU sino en los ámbitos regionales de UNASUR como anteriormente hemos reseñado y el del ALBA. A propósito de éste último, el 17 de Octubre en Cochabamba, Bolivia, se firmó un acuerdo de gran proyección y trascendencia, porque se enfoca el problema climático con el energético y el alimenticio, sin separarlos sino reuniéndolos para verlos en un contexto mas completo e integrado. Se señala en el acuerdo la deuda climática que tienen los países desarrollados con los países en desarrollo, en el marco de una deuda ecológica más amplia, por su responsabilidad histórica de emisiones y por las acciones de adaptación que estamos obligados a realizar a causa del calentamiento global que ellos han ocasionado. Esta deuda climática, se sostiene en el documento, debe ser reconocida y honrada a través de las disposiciones del régimen vigente de cambio climático, mediante reducciones sustanciales en sus emisiones domésticas de gases de efecto invernadero que se determinen en base a la porción de las emisiones globales requeridas por los países en desarrollo para lograr sus necesidades de desarrollo económico y social, erradicar la pobreza y lograr el derecho al desarrollo, cumpliendo con sus compromisos para una efectiva transferencia de tecnología y estableciendo garantías en la provisión de recursos financieros adicionales y necesarios de forma adecuada, previsible y sostenible, enfatizando que los requerimientos para la adaptación de los países en desarrollo se han incrementado como consecuencia de la crisis ambiental y destacando que nuestros países requieren de este pago de la deuda climática para posibilitar sus acciones de mitigación.
Igualmente se precisa que el calentamiento global y el cambio climático están provocando el retroceso y pérdida de los glaciares, la afectación a los recursos hídricos que ocasiona la disminución de las fuentes de agua potable, la sequía en diferentes regiones, una mayor frecuencia en los huracanes y en los desastres naturales, la pérdida de biodiversidad y de vidas humanas. De tal manera, que no se trata de una situación de fácil manejo.Quizás nunca antes fue tan evidente el riesgo de la soberanía de las naciones por una situación que requiere soluciones globales y no aisladas, ya que se trata de una acción conjunta que deben emprender todos los gobiernos de la Tierra en conjunción con el compromiso de cada uno de sus habitantes. Por ello es necesario que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en Copenhague a fines de año, los países desarrollados, en el marco del protocolo de Kyoto, adopten compromisos significativos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y aprueben mecanismos de compensación para los países que preservan, protegen y conservan sus bosques. A la par de la disminución en la emisión de los gases de efecto invernadero, para generar un verdadero cambio en el acceso a la energía en el mundo, particularmente en los países en desarrollo, es fundamental realizar esfuerzos de cooperación, complementación e integración regional, en el desarrollo de modelos de eficiencia energética en la generación, la transmisión y el consumo así como en el desarrollo de energías renovables garantizando el acceso a los servicios de toda la población. Se señala en la Declaración, que el acceso a la energía es un derecho de los pueblos que los Estados deben garantizar a través del fortalecimiento de sus políticas públicas, de la defensa del derecho de los pueblos sobre sus recursos naturales nacionales y de la búsqueda de fuentes de energía alternativa, velando por la conservación y desarrollo en armonía con la naturaleza. Por otra parte, se hace énfasis en el impacto negativo de la crisis alimentaria en nuestros pueblos, constituye uno de los problemas más apremiantes del siglo XXI, que requiere de medidas urgentes y coordinadas para garantizar el acceso adecuado y oportuno a alimentos, y la soberanía y seguridad alimentaria de los países en desarrollo. Convertir alimentos en energía aumentando el hambre para privilegiar el consumo energético, no es una opción. El uso irracional de alimentos para producir biocombustibles es una práctica que contribuye a la crisis alimentaria, incrementa la pobreza, reduce las áreas forestales y la cantidad de tierra para satisfacer las necesidades de mas alimentos, encarece el precio de éstos e incrementa el uso indiscriminado del agua. Los seres humanos son parte de un sistema interdependiente de plantas, animales, cerros, bosques, océanos y aire con el cual deben convivir en armonía y equilibrio respetando los derechos de todos. Para garantizar los derechos humanos se debe reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra. Por ello es fundamental aprobar en el marco de Naciones Unidas una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra con la cual se comprometan todos los Estados del Mundo por encima de sus diferencias. Nunca antes, se había visto al Planeta como el clima lo ha puesto a mirar, generando un espacio de interdependencia y de necesaria cooperación mutua.Ante tamaño reto, la voracidad de las naciones y la violencia entre pueblos debe disminuir hasta desaparecer, para que juntos podamos acometer el reto mayor de la supervivencia.Es aquí donde siglos de avance civilizatorio deben ser probados, para promover el acuerdo de acción global que permita una real acción fraterna y solidaria de toda la Humanidad, en un sano ambiente de acción climática colaborativa como el que propicia Venezuela.
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