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El "Techo de Cristal" en las Universidades Guacimara Castrillo - El Mundo - España Miércoles, 19 de diciembre de 2007
Según recoge el diario 'The Guardia'n, en la Universidad de Reikiavik, el 95% del personal está encantado con su trabajo y cada año la situación financiera de la institución es más boyante. ¿Será porque todos sus puestos directivos están ocupados por mujeres? El reportaje del rotativo británico, desvela los cambios estratégico en favor de la paridad que ha llevado a cabo Svafa Gronfeldt desde que llegó al rectorado. El primer paso fue analizar los niveles salariales y suprimir todas las diferencias que no tenían una justificación clara en la remuneración entre hombres y mujeres. Islandia sufre los mismos prejuicios, fuertemente enraizados en cuestión de género, que los demás países occidentales, lo que glorifica aún más los logros conseguidos por su Universidad. Países como Suecia o Noruega, modelos a seguir en cuanto a políticas de igualdad, siguen teniendo mayoría masculina en los órganos de gobierno de sus instituciones académicas. En Reino Unido, por ejemplo, los hombres no sólo siguen ostentando la mayor parte de los cargos de responsabilidad, sino que, además, están mejor pagados. La convivencia de hombres y mujeres en el consejo de dirección que preside la islandesa Gronfeldt contribuye a que las decisiones de la universidad estén más equilibradas, o así lo cree ella. «Con un equipo de dirección mixto -explica-, se produce un diálogo y unas perspectivas diferentes. Las soluciones que plantean las mujeres suelen ser, en general, sorprendentes». Gronfeldt comenta que «los cambios en la forma en que se dirige la universidad no tienen que ver en todos sus aspectos con la dinámica del sexo, pero no cabe duda de que ayudan». Lo que sí ha comprobado -añade- es que «es diferente la innovación en la forma de enseñar y en el modo en que se plantean los servicios a los estudiantes». Una de las novedades que, según la rectora, es producto de «un enfoque más femenino de enseñanza», ha sido la creación de un campus para apostar por el trabajo interactivo. Gronfeldt está convencida de que colocar a mujeres en puestos de poder reporta no sólo beneficios de orden intelectual sino también económicos. «A cada nuevo ejercicio, la cuenta de resultados de la universidad experimenta una mejora, y yo atribuyo el hecho a este nuevo equipo», afirma. A esta política universitaria se suma una normativa que contempla aspectos como los nueve meses de permiso tras el nacimiento de un hijo, tanto para la madre como para el padre. En España, la igualdad lleva tiempo en boca de muchos, no faltan normativas, incluso incentivos, para lograr la paridad en el mundo académico. Sin embargo, la realidad evidencia que los avances son escasos. Según el informe 'Académicas en cifras 2007', publicado por la Unidad de Mujeres y Ciencia del Ministerio de Educación, aunque ellas ya son mayoría entre los titulados en la Universidad pública -60% en el curso 2005-2006-, el número de catedráticas no alcanza aún el 14%.
En el caso de los decanatos, la dirección de escuelas politécnicas y técnicas superiores, los cargos son por votación. Aquí, ellas ocupan sólo un 16,4%. Cabe destacar que este mismo año se eligió por primera vez a una mujer para dirigir una Escuela Técnica. En el punto más alto de la estructura jerárquica, el rectorado, sólo hay tres mujeres en las 48 universidades públicas (Málaga, Girona e Islas Baleares), y dos en las 23 privadas (Ramón Llull y la Oberta de Catalunya). EVOLUCIÓN LENTA. Ha pasado casi un siglo desde que por Orden Real, en España quedaban concedidas, «sin necesidad de consultar a la Superioridad, las inscripciones de matrículas en enseñanza oficial y no oficial solicitadas por las mujeres». Corría el año 1910 y enseguida llegaron las primeras licenciadas y doctoras. En 1916 Emilia Pardo Bazán era designada catedrática por el Rey Alfonso XIII y en 1953, Ángeles Galino se convertía en la primera mujer que, en oposición libre, obtenía una Cátedra en la Universidad española. Tuvieron que pasar casi tres décadas para que otra fémina, Elisa Pérez Vera, abriese las puertas de un rectorado, el de la UNED. Este capítulo de la Historia, que puede resultar anecdótico, sorprende aún más cuando comprobamos que hoy, en plena era de la igualdad de géneros, las cosas han cambiado muy poco en los cargos unipersonales de la Universidad. LEYES SIN EFECTO. Paradójicamente, esta realidad se da en un país con una Ley de Igualdad y una Ley de Universidades en las que se garantiza una «presencia equilibrada» entre hombres y mujeres en sus órganos de gobierno. ¿Qué está fallando? Desde el Ministerio de Educación, la directora de la Unidad de Mujeres y Ciencia, Capitolina Díaz, admite que «la situación no es estupenda», razón que achaca a «un problema de tradición y falta de costumbre». Optimista en su discurso, Díaz reitera que estamos «en el camino del cambio». En la medida en que hay una ley que lo favorece «debemos seguir teniendo confianza», subraya. Consuelo Flecha, catedrática de Historia y autora del libro 'Las primeras universitarias en España' (Narcea Ediciones), reconoce que «no nos faltan normativas que incentiven un cambio de tendencia, pero la igualdad de posibilidades no surte efecto por sí misma, como bien demuestran los datos». En palabras de esta experta, «la Universidad cuenta con más siglos de Historia que cualquier otra institución del Estado, rectificar el itinerario marcado requiere verdadera voluntad de hacerlo y no poco esfuerzo; supone creer que la incorporación de las mujeres, además de un hecho natural, puede significar una mejora». Y algo, a su juicio aún más difícil: «Supone aceptar otras dinámicas en la toma de decisiones, en el reconocimiento de autoridad académica -docente e investigadora- o en las redes de influencia, entre otras cosas». MODELO A SEGUIR. El ejemplo de la Universidad de Islandia, donde la igualdad de género no sólo ha traído beneficios académicos sino también económicos, no es el único. Un estudio de la revista 'Fortune' sobre las principales empresas que cotizan en Bolsa en los Estados Unidos, demuestra que la existencia de mujeres en puestos de dirección proporciona, a largo plazo, mejores resultados económicos. Adelaida de la Calle, una de las pocas rectoras con las que cuenta la universidad española -en su caso la de Málaga-, considera que «una mujer bien preparada trabaja igual que un hombre bien preparado. Si a eso se le añade la responsabilidad, la capacidad de esfuerzo y la constancia que caracteriza a las mujeres que logran acceder a un puesto de responsabilidad, ahí están los resultados». Capitolina Díaz avala esta tesis aludiendo a la lógica matemática: «Donde hay menos proporción de mujeres hay menos personas con talento, dado que ese desequilibrio se suple con hombres menos preparados». Acabar con las prácticas sexistas, opina la socióloga, «no es sólo una cuestión de justicia social, es también una forma de no perder recursos». FUTURO INCIERTO. En términos generales, el mundo académico confía en un cambio de tendencia. «Llegará, pero hay que procurar no cansarse, hay que sostener y alentar lo iniciado», apunta Consuelo Flecha. El reto, de cara a la nueva legislatura, opina esta catedrática, «es que las medidas adoptadas se vayan haciendo realidad y que la universidad sea, al fin, un espacio en el que las mujeres se puedan mover con libertad». Desde la Unidad de Mujeres y Ciencia del MEC, Capitolina Díaz pide «que se generalicen las unidades de igualdad; que realmente se logre un equilibrio de sexos en los órganos colegiados y que se cumpla con la prometida inclusión de conocimientos sobre igualdad con asignaturas específicas en los grados que proceda o capacitación general en el resto». ________________________________________
Rectora de la Universidad de Málaga Guacimara Castrillo. Lleva cuatro años al frente de uno de los tres únicos rectorados femeninos que exiten hoy en la Universidad pública, el de Málaga (los otros están en Girona y las Islas Baleares). Aun así, Adelaida de la Calle admite que estamos «lejos de conseguir una situación como la de Islandia, incluso de llegar a las cotas de otros países europeos». Sin embargo, resalta que «en las aulas cada vez hay más mujeres y, poco a poco, en los puestos de responsabilidad nos encontramos con más caras femeninas». Cuando se le pregunta por el escaso efecto de la Ley de Igualdad en la educación superior, la rectora reconoce que «muchos están en contra de la discriminación positiva porque piensan que se va a premiar a quien no vale sólo por el hecho de ser mujer». Su visión es clara: «Hay que ayudar a las mujeres a que alcancen cotas de poder que en condiciones normales están copadas por los hombres, a los que siempre se les exige menos en los asuntos familiares y personales». De cara a la nueva legislatura, De la Calle reitera la necesidad de «confiar en que las medidas encaminadas a conseguir una paridad real den oportunidades a las mujeres para ocupar puestos importantes». Junto a esas medidas, continua, «habrá que desarrollar nuevas acciones que faciliten el trabajo con la conciliación de la vida familiar». «Sólo así -señala- entraremos en el camino para conseguir el éxito que tienen los países más avanzados en cuestiones de género». ________________________________________
Rector de la Universidad Complutense de Madrid I. GARCÍA. Admite que sí, que el mundo académico todavía guarda algún resquicio de machismo en vena, «unas veces más visible que otras». Por ejemplo, en las oposiciones. «Muchas mujeres me dicen que en las pruebas sí advierten comportamientos machistas», recuerda Carlos Berzosa, rector de la universidad más grande de España, la Complutense, con más de 88.000 alumnos (ellas, mayoría) y 6.000 profesores (ellas, minoría). Eso sí, Berzosa se enorgullece de tener más vicerrectoras (nueve) que vicerrectores (cuatro). «Las cosas como son: las mujeres competentes son muy competentes, además de ser más organizadas y constantes». Pero que nadie se lleve a engaños. No está a favor de colocar a una mujer en el cargo sólo para que figure. «Hay que defender los mismos derechos y oportunidades para todos, pero lo que debe primar es la valía y ésta no entiende de géneros». Así de rotundo se muestra también con el reparto del trabajo doméstico, una tarea con nombre femenino. «Supone un 'hándicap' muy importante para la vida laboral, ya que son ellas las que cargan con la familia». Cita la situación de las investigadoras, «que tienen hijos pronto y retrasan su carrera». O al contrario, los tienen tarde y sufren un «parón» relevante. Aun así, se alegra de que la «flexibilidad» de horarios de la Universidad permita organizarse mejor a los empleados, tanto si se llaman Juan como María. ________________________________________
Presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas G. C. Experta en Marketing y Relaciones Públicas, Eva Levy es una pionera en la dirección de multinacionales, entre ellas Atos Origin, Schlumberger o Sema Group. Actualmente preside la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE), puesto desde el que se ha convertido en defensora a ultranza del equilibrio de sexos en cargos de responsabilidad. Considera la Universidad «un buen ejemplo de las rémoras que sufrimos: es un terreno profesional en el que la mujer representa una masa crítica que debería traducirse en una presencia casi automática en puestos de responsabilidad, y sin embargo no es así». A la hora de analizar el resultado de las últimas normativas en materia de igualdad, Levy explica que «las leyes crean un marco, imponen una cierta inercia, pero no lo consiguen todo». Desde FEDEPE, explica, «vemos un creciente interés de las empresas por aplicar una política de buenas prácticas que incluyen el respeto por el medio ambiente, su cuidado con los derechos humanos y la sensibilidad frente a las distintas etnias, religiones y culturas». Las mujeres, puntualiza, «somos más que una etnia y más que una cultura: somos la mitad de la población, la mitad del talento, la mitad de la fuerza de producción, la mitad del mercado consumidor. Incorporar a las féminas a la dirección supone sumar puntos de vista, enriquecer las decisiones y tener los pies sobre la realidad social». |
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