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LAS GUERRERAS de la tierra
Patricia Clarembaux - Tal Cual - Venezuela

Viernes, 3 de agosto de 2007

Entre la multiplicidad de bloques naranjas que saturan las montañas del barrio Tamanaquito de Catia, la “Quinta Omar” atrapa las miradas.

Es la casa de Susana González.

Durante treinta y cinco años, los pisos de su vivienda fueron de tierra y sus paredes de obra limpia. Los rincones estuvieron acostumbrados al recorrido nocturno de las ratas y las cucarachas. Sus habitantes a soportar el paso de los días entre la basura. Desde hace un año, cuando el Comité de Tierra Urbana (CTU) Indio Catia derrumbó la estructura y erigió una nueva, el panorama cambió.

“Esto era muy marginal. Era... un rancho.

Se nos metía el agua empantanada cuando llovía. Estábamos cundidos de ratas y ratones”, recuerda González. Ella forma parte de los 10 a 14 millones de personas que habitan los sectores populares de Venezuela, según el Instituto Nacional de Estadísticas y del Centro de Estudios de la Universidad Central de Venezuela. “Pero hoy vivimos dignamente, como si estuviéramos en el este de Caracas”, agrega entre risas.

Ahora, arropada por los ranchos de zinc y de bloque del callejón La Rosa, emerge la nueva casa color salmón, con plantas por doquier y con el letrero que la identifica como la Quinta Omar. Al llegar, los tres integrantes de la familia —la madre, su hijo Omar y su novia— entran a la vivienda por una puerta blanca de hierro, caminan por un piso de cemento que Susana se esmera en pulir con cera “porque ahora sí me provoca limpiar” y pueden sentarse en la sala a mirar las paredes limpias, como si acabaran de deslizar sobre ellas una brocha con pintura. “Ya tenemos un año desde que nos rehicieron la casita.

Ahora mantengo todo arregladito, porque es que cuando uno vive en un rancho no le provoca nada”, asegura. Ella solo espera una cosa: tener la titularidad de la tierra en la que habita desde hace 36 años.

Y es que para eso habían nacido los CTU y así quedó establecido en el decreto 1.666 del cuatro de febrero de 2002. De hecho, la Oficina Técnica Nacional para la Regularización de la Tenencia de la Tierra Urbana estima que entre 2004 y 2007 se otorgaron 311.443 títulos de propiedad. Sin embargo, la poligonal en la que está la Quinta Omar, la del CTU Indio Catia, se encuentra en una tierra privada, propiedad de Inversiones Cheline.El proceso lleva algunos pasos adicionales, entre ellos, asegurarse de que el propietario quiera vender su posesión. Les toca esperar.

Mientras tanto, Angélica Morón, encargada de este comité, continúa trabajando por otras 250 viviendas que conforman el territorio que coordina: “Si no podemos ser dueños de la tierra, todavía, por lo menos nos esmeramos en arreglar las viviendas para que la gente viva mejor”, explica.También para esto se habían constituido los Comités de Tierra Urbana.

LA LEY DICE QUE...

El cuatro de febrero de 2002, el presidente Hugo Chávez Frías decretó el inicio del proceso de regularización de la tenencia de la tierra en los asentamientos populares, bajo la premisa de “iniciar, con la participación protagónica de las comunidades organizadas, el proceso para regularizar la tenencia de las tierras urbanas ocupadas por barrios y urbanizaciones populares (...) ”.

Ocho meses después, esta ilusión movió a Angélica Morón y a su madre Antonia a constituir el CTU Indio Catia, el número 192 del país: “Cuando hicimos la primera asamblea éramos ocho. Entonces mi mamá y yo comenzamos a promover la idea.

Es que cuando escuché hablar a mi comandante, me di cuenta de que sus ideas eran lo que estábamos buscando. Hoy, cuando convocamos a una asamblea superamos a las 70 personas. La casa de la cultura Simón Rodríguez, donde nos reunimos cada quince días los domingos, nos quedó pequeña”, cuenta mientras señala algunas remodelaciones que efectúan para ampliar el lugar.

Pero el impulso es sólo el primer paso, pues refiere Morón que los promotores comunitarios deben hacer el registro catastral, levantar el polígono del terreno y realizar la Carta del Barrio para poder crear un CTU: “Levantamos la poligonal con 200 viviendas, 250 familias y 1.250 personas.

Fuimos casa por casa e hicimos el diagnóstico de cuántas familias las habitaban, cuántos menores de edad, cuántos adultos”.

Luego, se dirigieron a la Oficina Técnica Nacional para la Regularización de la Tenencia de la Tierra Urbana y registraron el comité con el acta de asamblea donde se constituyeron, la lista de asistencia y el croquis de la zona en mano.

• ¡¡¡BINGO!!! Que la vivienda esté sobre terrenos del Inavi ha sido una bendición para los habitantes de algunas zonas populares de Caracas. La Oficina Técnica para la Regularización de la Tenencia de la Tierra señala como uno de los barrios más privilegiados el 23 de Enero, con sus 200 hectáreas: “Son objeto completo de transferencia. El 90% de sus tierras ya están titularizadas”.

En Catia, por ejemplo, los afortunados son los barrios Mario Briceño Iragorry; Casalta I, II y III; parte de Nuevo Horizonte; la Avenida Bolívar y algunas manchas sobre La Silsa.

En Petare, la Oficina estima que ha realizado unas 16 mil adjudicaciones entre La Dolorita, Petare Norte y La Urbina (antes tierras municipales, pero fueron traspasados a Fundacomún, que se ha encargado de esa regularización).

Sin embargo, el barrio Leoncio Martínez no ha sido beneficiado puesto que aún no posee el levantamiento de la información.

Caricuao es considerado por las autoridades una “zona fácil”, puesto que se trata de urbanizaciones y se transfiere la propiedad horizontal y colectiva.

Antímano es tierra prohibida. Refiere el organismo que “sus terrenos tienen la peculiaridad de que hay dobles y triples titularidades al mismo tiempo.

Por eso sus casi 300 hectáreas están definidas como terrenos egidos.

Próximamente podrían ser registrados por la alcaldía del municipio Libertador”.

La Ley Especial de Regularización Integral de la Tenencia de la Tierra, promulgada el 17 de julio de 2006, establece en su artículo 53 las funciones de los CTU: elaborar la carta del barrio –documento que contiene las características socioculturales, históricas, económicas y ambientales del asentamiento— y el registro de propietarios de las viviendas; establecer la coordinación con la Oficina Técnica para efectuar las acciones conducentes a la titularidad de la tierra; presentar documentación; planificar y ejecutar planes de transformación integral de viviendas y motivar la participación en los consejos comunales, entre otras.

Hoy están organizados como consejo comunal.

Una asamblea como órgano supremo, se reúne cada quince días para escuchar las ponencias de las tres instancias que lo conforman: la ejecutiva donde se encuentran los comités de trabajo en tierras, salud, Madres del Barrio y seguridad; la financiera, conformada por cinco personas que coordinan los gastos y el libro de actas a través del Banco Comunal Indio Catia —figura jurídica a nombre de quien se emiten los cheques—; y la contralora, constituida también por cinco integrantes que vigilan los pasos de los otros dos entes, ¿qué sale y qué entra? Por encima de la asamblea, se encuentra Fundacomún como el órgano rector de los consejos comunales, que hace acompañamiento en el área social, jurídica y financiera.

“En Catia nosotros partimos de la necesidad de la titularidad de la tierra y continuamos con otras, como la de tener agua, luz, teléfono, caminerías, salud.

Por eso tenemos algunos proyectos con la Electricidad de Caracas, Cantv e intentamos con Hidrocapital, que está más duro”, explica Angélica Morón.

Apoyándose en esta idea fue que reconstruyeron la vivienda de Susana González, otras 25 y mejoraron 125 más. También es aquel planteamiento el que hace que las mujeres de este CTU vayan por el barrio Tamanaquito recordándole a los padres que cuiden a sus niños, a los pequeños que se pongan zapatos, a las madres que mantengan sus viviendas limpias y, en general, promoviendo actividades deportivas, culturales y educativas.

En Venezuela, existen unos 6.759 CTU, organizados en 1.490.360 familias y 7.451.798 individuos de población total, de acuerdo con las estadísticas de la Oficina de Regularización de la Tenencia de la Tierra. Sólo en Caracas hay 1.312, y las parroquias con mayor recepción son la de Sucre (con 309 CTU), La Vega (con 194), Antímano (con 111), El Valle (con 102), San Juan (con 66) y San Agustín (con 64). Otras no han logrado consolidar la organización comunitaria de los comités. Así, por ejemplo, San Pedro y Catedral sólo tienen 4, la Candelaria 3, San Bernardino 5 y en Santa Teresa no existe ninguno.

Angélica Morón recuerda que constituir el CTU fue un trabajo de hormiguita: “Al principio a uno le tocaba hasta llorar”.También asume con una sonrisa en el rostro que “el único comité que funciona aquí es éste. Los otros comités hasta se molestan cuando ven a este poco de mujeres caminando por el barrio”.

MANOS A LA OBRA La casa de Susana González mide setenta metros cuadrados. Llegado el momento de derrumbar la vivienda, remembra que tuvo que desalojar, “fue duro, pero valió la pena”. Tomó algunos enceres y se mudó a casa de una de sus hijas, en un callejón contiguo llamado Los Flores.

Hoy le agradece a Angélica por tomarla en cuenta y al Ministerio de Hábitat y Vivienda por aportar los 54 millones que costó la obra. Pero no cualquiera hubiese podido gozar del privilegio de tener una casa de paquete sin aportar un bolívar: “Te motivamos para que participes en las actividades de los CTU o en las del consejo comunal. Para beneficiarse, además de estar en una situación extrema, ser discapacitado o de la tercera edad, hay que tener un mínimo de interés por lo que pasa en el barrio”, dice la coordinadora del Comité Indio Catia.Agrega Morón: “Tú puedes estar o no con Chávez. Si no estás, pero participas en las cosas del barrio puedes favorecerte.Y si estás con él, pero no te involucras, pues no recibirás nada”.

Susana asiste a las clases de bailoterapia que hacen a las 3:00pm en la Casa de la Cultura.

“Es que al final quienes vivimos aquí somos nosotros. No es Chávez, ni Bernal, ni Barreto”, analiza Morón.

Pero tener casa nueva no fue un asunto sencillo.

Según recuerdan ambas, cuando les dieron el cheque “no tenía fondos”. Luego de cuatro meses de conversaciones entre el CTU y el (ex) ministro de Hábitat y Vivienda, Luis Carlos Figueroa, lograron que se hiciera efectivo el 28 de diciembre de 2005.Para marzo de 2006, con el dinero en mano, comenzaron las labores. Ahora la misión quedó cumplida, pero quedan otras cosas pendientes.

En Tamanaquito, el agua llega cada quince días y si no se tienen pipotes de capacidad, el líquido rinde hasta donde alcancen los litros.Tampoco tienen luz propia, pero ya establecieron convenios con la Electricidad de Caracas para que cada vivienda tenga su transformador “porque así como tenemos derechos, también tenemos deberes”, exhorta Morón. Los títulos de propiedad tampoco han sido un logro y aquí la dirigente comunitaria tiene sus objeciones.

Según Angélica Morón, todo el barrio Isaías Medina Angarita es privado, razón por la que en ese sector ninguna persona ha conseguido la titularidad de la tierra: “Lo cierto es que nosotros discutimos esa ley en la Asamblea Nacional y tuvimos cualquier cantidad de conflictos por los artículos.

Parece que no valió de nada porque no nos hemos podido adjudicar las tierras. Aquí Catastro hizo los levantamientos y censamos las viviendas cada seis meses. Creo que ya la culpa no es de nosotros.Somos dueños de hecho, pero no de derecho”.

La Oficina Técnica Nacional para la Regularización de la Tenencia de la Tierra Urbana explica que entre los criterios de adjudicación está que “la bienhechuría esté construida sobre terrenos del Estado (del Instituto Nacional de la Vivienda). Los procedimientos previstos sobre terrenos del Estado abarcan el 75% . El otro 25% está sobre tierras privadas que no se han podido regularizar porque el Estado no tiene la propiedad”.Tal es el caso de Tamanaquito.

Aunque no tiene la propiedad de su terreno agradece la remodelación de su vivienda. Su rostro se enternece cuando señala que este logro es un tributo a quien fuera su pareja por 25 años: “Mi esposo murió y no alcanzó a ver la casita. Él era revolucionario hasta la muerte. Me decía que tuviese fe, que el Presidente me iba a ayudar. Dos meses después que falleció me la entregaron. En su honor, la llamé ‘Quinta Omar’ . Se fue viendo el canal ocho, pero se quedó con las ganas de vivir en esta casita con la que tanto soñó”.



 
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