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CERTIFICO Y DOY FE
Las mujeres de la calle
Ramón Benito de la Rosa y Carpio * - El Caribe - República Dominicana

Domingo, 14 de octubre de 2007

INTRODUCCIÓN

La Iglesia y con ella sus agentes de pastoral dedicados especialmente a ese grupo humano, al hablar de la prostitución femenina, prefiere llamarlas con inmenso cariño y respeto “mujeres de la calle” más que “prostitutas”. Esta palabra le parece odiosa y discriminatoria.

También evita, con toda razón, el apelativo de “trabajadoras sexuales”, porque sabe que no es más que un eufemismo para ocultar una dolorosa situación humana: las estadísticas actuales afirman que más del 90% de las mujeres implicadas en ese quehacer lo están por causas ajenas a su voluntad y están deseosas de salir o ser rescatadas de él. ¡Y cuán difícil les es escapar de ese mundo!

Me propongo ahora ofrecer algunos datos y reflexiones sobre la realidad de las mujeres de la calle. Los voy a tomar, con toda la crudeza literal de los textos mismos, de Documentos recientes del Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI y de las “Orientaciones del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes “Sobre la liberación de las mujeres de la calle”.

1.Una forma de violencia sexual. “Mirando uno de los aspectos más delicados de la situación femenina en el mundo cómo no recordar la larga y humillante historia —a menudo «subterránea»— de abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad? A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres. En nombre del respeto de la persona no podemos además no denunciar la difundida cultura hedonística y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad, induciendo a chicas incluso de muy joven edad a caer en los ambientes de la corrupción y hacer un uso mercenario de su cuerpo”. (Juan Pablo II, Carta a las Mujeres, 1995).

2.Una forma de tráfico humano. “El tráfico de seres humanos, sobre todo de mujeres, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida, o simplemente de sobrevivir. Al traficante le resulta fácil ofrecer sus "servicios" a las víctimas, que con frecuencia no albergan ni la más mínima sospecha de lo que deberán afrontar luego. En algunos casos, hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas, en el trabajo, casi como esclavas, y a veces incluso en la industria del sexo. Hay aquí todo un programa de redención y de liberación al que los cristianos no pueden sustraerse” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y refugiado, 2006).

3.Una forma de esclavitud.“La prostitución es una forma de esclavitud moderna que puede afectar también a los varones y a los niños. Hay que observar, desafortunadamente, que el número de mujeres de la calle ha aumentado notablemente en el mundo debido a una serie de motivos complejos, incluso económicos, sociales y culturales. Es importante reconocer, en primer lugar, que la explotación sexual y la prostitución vinculada al tráfico de seres humanos son actos de violencia que constituyen una ofensa a la dignidad humana y una grave violación de los derechos fundamentales.

Hay que tener en cuenta, además, que las mujeres implicadas en la prostitución, en muchos casos han experimentado violencias y abusos sexuales desde la infancia.

Inducen a la prostitución la esperanza de garantizar un respaldo económico para sí mismas y para sus propias familias y la necesidad de responder por deudas y la decisión de abandonar situaciones de pobreza en el país de origen, pensando que el trabajo que se ofrece en el exterior puede cambiar la vida. Desde luego, la explotación sexual de las mujeres es una consecuencia de varios sistemas injustos.

Muchas mujeres de la calle, en el llamado mundo desarrollado, proceden de países pobres y en Europa, como en otras partes, muchas son víctimas del tráfico de seres humanos que responde a la creciente demanda de los «consumidores» del sexo” (Orientaciones sobre la liberación de las Mujeres de la calle, #88, 89, 90).

4.¿Quién es la víctima? “Víctima de la prostitución es un ser humano que, en muchos casos, pide ayuda «a gritos» para ser liberado de la esclavitud, porque vender su propio cuerpo por la calle no es, en general, lo que haría por su propia voluntad. Desde luego, cada persona tiene una historia distinta, pero todas las historias individuales tienen en común la violencia, el abuso, la desconfianza y la poca autoestima, el miedo y la falta de oportunidades. Cada una carga con profundas heridas que es necesario curar, y aspira, más que todo, a establecer relaciones, al amor, la seguridad, el cariño, la afirmación de sí misma y a un futuro mejor, también para la propia familia”. (Orientaciones, #93).

5.¿Quién es el cliente? “También el cliente tiene problemas profundamente arraigados, pues, en cierto sentido, él también es esclavo, con sus más de 40 años de edad (esta es la edad de la mayoría de los «clientes»), aunque entre ellos aumenta el número de jóvenes entre los 16 y los 24 años de edad. Crece también el número de hombres que buscan a las prostitutas, más para dominarlas que para tener una satisfacción sexual. Se trata de sujetos que, en las relaciones sociales y personales, experimentan una pérdida de poder y de «masculinidad» y no logran desarrollar relaciones de reciprocidad y respeto. Esos hombres buscan a las prostitutas para realizar una experiencia total de dominio y control de una mujer, incluso por un breve espacio de tiempo.

El «cliente» debe ser ayudado a resolver sus problemas más íntimos y a encontrar las modalidades adecuadas para dirigir sus tendencias sexuales. «Comprar sexo» no resuelve los problemas que surgen, sobre todo, de las frustraciones, de la falta de relaciones auténticas, de la soledad que caracteriza, hoy, tantas situaciones de vida. Una medida eficaz con miras a un cambio cultural respecto al comercio sexual podría ser la de asociar el Código penal a la condena social.

La relación entre hombre y mujer, en muchísimos casos, no es una relación entre iguales, pues la violencia, o la amenaza de ejercerla, da al hombre unos privilegios y un poder que no pueden dejar a las mujeres silenciosas y pasivas. Tanto ellas, como los niños, se lanzan con frecuencia a la calle, o se sienten atraídos por ella, debido a la violencia de los varones presentes en casa, que, por su parte, han «interiorizado» modelos de violencia vinculados a las ideologías cristalizadas en las estructuras sociales”. (Orientaciones citadas, #94, 95 y 96).

6.Tarea de la Iglesia.“La Iglesia tiene la responsabilidad pastoral de defender y promover la dignidad humana de las personas explotadas a causa de la prostitución, y de abogar en favor de su liberación, dando también, con tal objeto, un apoyo económico, educativo y formativo.

Para responder a estas necesidades pastorales, la Iglesia denuncia las injusticias y las violencias perpetradas contra las mujeres de la calle e invita a los hombres y a las mujeres de buena voluntad a comprometerse a sostener la dignidad humana de esas mujeres, acabando con la explotación sexual”. (Orientaciones citadas, #97 y 98).

7. Recuperación de las mujeres y de “los clientes”. “De los encuentros pastorales con las víctimas se deduce claramente que la «cura» es larga y difícil. Las mujeres de la calle necesitan que se les ayude a encontrar una casa, un entorno familiar y una comunidad donde se sientan aceptadas y amadas, donde puedan comenzar a reconstruirse una vida y un futuro. Esto les dará la posibilidad de recuperar la autoestima y la confianza en sí mismas, la alegría de vivir y de comenzar una nueva existencia sin sentirse señaladas con el dedo.

La liberación y la reintegración social de las mujeres de la calle requieren la aceptación y la comprensión de las comunidades; el camino de «sanación» de estas mujeres será allanado por un amor auténtico y por el ofrecimiento de diversas oportunidades que puedan satisfacer su anhelo de seguridad y de afirmación de una vida mejor. El tesoro de la fe (cf. Mt 6,21), si todavía es viva en ellas, no obstante todo, o el hecho de descubrirla, les ayudará inmensamente, ya que es potente en el bien la certeza del amor de Dios, misericordioso y grande en el amor.

Los «clientes» potenciales, en cambio, necesitan que se les enseñe lo que es el respeto y la dignidad de la mujer, los valores interpersonales y todo el ámbito de las relaciones y de la sexualidad. En una sociedad en la que el dinero y el «bienestar» son los ideales, las relaciones adecuadas y la educación sexual son necesarias para la formación completa de las personas. Ese tipo de educación debe ilustrar la verdadera naturaleza de las relaciones interpersonales, que se fundan, no en un interés egoísta o en la explotación, sino en la dignidad de la persona, que se ha de respetar y apreciar ante todo como imagen de Dios (cf. Gn 1,27). En este contexto, hay que recordar a los creyentes que el pecado es una ofensa al Señor que se debe evitar con todas las fuerzas y con la entrega confiada de sí mismos a la acción de la gracia divina”. (Orientaciones citadas, #107-108).

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que la pastoral de la Iglesia para la liberación de las mujeres de la calle hace parte del mensaje liberador y salvador de Jesucristo y de su acción a favor de la dignidad femenina.

DOY FE en Santiago de los Caballeros, a los 9 días del mes de octubre del año del Señor del 2007.

* † Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es presidente de la Conferencia del Episcopado



 
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