La noticia de la sentencia del Tribunal Supremo derogando varios artículos de la Ley sobre la Violencia hacia la Mujer y la Familia, no ha sido lo suficientemente expandida tomando en cuenta su importancia, pues esta decisión deja indefensas a miles de mujeres que diariamente sufren en Venezuela la más grande humillación e ignominia que puede tener un ser humano al ser maltratadas por sus más cercanos amores: maridos, hijos, padres y cualquier hombre que tenga a bien castigarla por no tener sus propias mezquindades e inopias resueltas.
La Ley sobre la Violencia hacia la Mujer y la Familia que fue sancionada en 1998 por el extinto Congreso de la República de Venezuela , hablaba ya en ese momento de la trágica situación de nuestras mujeres en sus propios hogares. Hogares que con tanto esfuerzo ayudan a edificar, a levantar esas venezolanas que no encuentran justicia ni igualdad en ninguna parte teniendo que conformarse con la letra muerta de una constitución que le fue prometida como la panacea de todos sus males.
Leen y releen este pequeño libro azul como quien lee un cuento de hadas donde las mujeres tienen el Derecho a tener casas, salud, empleo, igualdad de oportunidades y trato; leen engolosinadas la promesa de un artículo 88 que les promete un respiro económico para poder ejercer su ancestral rol de cuidadoras de niños y ancianos en la tristeza de un hogar cada vez más empobrecido y miserable. La mejor constitución del mundo las llena de unas promesas que las han hecho soñar por 6 años, las han hecho confiar que ahora si les llegó su hora de salir del sótano de la invisibilidad y el mal trato, para despertarlas de pronto con una decisión judicial firme e irrebatible de que sus golpeadores ya no serán alejados mientras golpean.
Muchas de las coredactoras de esta ley hoy están en el poder, hoy son el rostro femenino de este gobierno que pareciera adoptar el lenguaje de género para tener bien identificadas a sus victimas, para que no quepa duda quien es quien en este régimen donde no se avanza en las reivindicaciones de los Derechos Femeninos sino que se retrocede al punto donde se rompió el equilibrio que los llevó a la potestad que hoy detectan.
Solo espero que mujeres como Magdalena Valdivieso, Flor María Ríos, Marelis Pérez Marcano, Gioconda Espina y tantas otras luchadoras de ayer, hagan lo que tienen que hacer y exijan lo que tengan que exigir que no se dejen convencer con las lágrimas de arrepentimiento de un fiscal general que ha hecho mucho daño, sino que sepan que las lagrimas de las mujeres maltratadas en los cerros son más amargas.