O puede ser otra, no se trata de nada personal en contra del señor Ameliach, sino de resaltar una situación dada para insistir en que a la mujer venezolana, con todo lo que ha avanzado, y aunque tiene presencia en el principal partido oficialista y en el gobierno actual, siguen negándoseles los primeros puestos sin razones propiamente técnicas.
Porque no es diferente en la oposición, fìjense ustedes. Alrededor del señor Rosales hay una gran variedad de señores ocupando cargos de alta responsabilidad, muchos de ellos que vieron pasar ya sus mejores oportunidades sin haber llegado realmente a logros trascendentales para la República. Pero, ¿cuántas mujeres?
Las hay, por supuesto, en eterno rol de complementos, asistentes, ayudantes. Ministras unas pocas, ciertamente; presidentas de empresas otras pocas, también es cierto. Pero basta con hacer la misma revisión: ¿cuántas mujeres son directoras de bancos, de grandes empresas, de campañas electorales?
“La mujer venezolana” no es una abstracción, significa millones de mujeres de todas las edades y de todos los sectores socioeconòmicos y especialidades que han demostrado hasta la saciedad su preparaciòn y su capacidad. Más de la mitad de nuestra población, más de la mitad del mundo, en buena parte del cual la mujer está en condiciones socioculturales y económicas monstruosamente inferiores a las venezolanas.
Cuando una mujer sea Presidenta de Venezuela, y otra Presidenta de Afganistan, sabremos que realmente está pasando algo, y el mundo marchará mejor.