Tiene 87 años y una energía descomunal. En 1957 fundó y presidió el primer club de madres del Perú. Su labor no ha terminado. Además, está nominada al Premio Príncipe de Asturias
El reciente ejercicio electoral ha demostrado que la nuestra es una sociedad fracturada y que, de no dejar de lado cada facción sus ambiciones particulares, esto no cambiará jamás. En este Perú, sin embargo, hace 87 años nació Consuelo Torres, mujer cuya empresa ha sido y es doblarle el brazo a esta nefasta realidad.
En los años 50, ella decidió trabajar en equipo, pensar en familias más humildes que la suya. A cambio de ello, no pidió votos. Consuelo no pidió nada.
Por ella, los pobladores del cerro El Agustino tuvieron atención médica gratuita, un Club de la Taza de Leche. Por peruanas como ella, esta sociedad fracturada aún tiene esperanza.
Usted vivía en La Victoria. Su casa no quedaba cerca del cerro El Agustino, ¿cómo fue que entró en contacto con sus pobladores?
Yo iba al mercado, a La Parada --que en ese tiempo recién se estaba formando-- y fue ahí que tuve contacto con las señoras que vivían cerca de los cerros.
Se refiere a las vendedoras ambulantes.
Sí. Comencé a conversar con ellas sobre su pobreza. Me hablaron de todo lo que les faltaba. Entonces tuve la idea de formar un club de mujeres para favorecer a las más pobres, pese a que yo también era pobre.
¿Por qué lo hizo? ¿Qué la motivó?
Se puede decir que mi niñez, porque yo vengo de una familia pobre, humilde, ¡pero una familia muy grande de corazón!
Tengo entendido que usted, de niña, recogía las sobras del arroz pilado que los hacendados tiraban al río.
¿Cómo sabe usted eso? Efectivamente, yo vivía en una calle muy humilde --calle Patasca-- y los ricos --los que tenían sus molinos que pilaban los granos de arroz-- botaban las sobras que la gente pobre iba a recoger. Y entre esos pobres había una chica, tendría 7 años. Yo recogía para llevar a mi hogar.
¿Lo hacía con sus hermanos? ¿Cuántos hermanos tiene?
Ninguno. Mi madre murió y me dejó de ocho meses de nacida en manos de unas tías.
¿Qué fue de su padre?
Al quedarse viudo, se alejó.
Usted fue criada por sus tías y fue el recuerdo de su pobreza el que la identificó con la pobreza de las mujeres del cerro El Agustino.
Así es. Existe una cosa muy armoniosa, una cosa que no sé explicar: yo siempre me he confundido entre esas personas, ¡y hasta ahora sigo confundida! Porque hasta ahora sigo ayudando, sigo pidiendo a mis amigas, a mis amigos, y ellos no me niegan.
¿Cómo fue el principio? ¿Cómo así organizó el Club de Madres?
Asistí a El Agustino. En el lote 26, en la casa de una de las vecinas, poco a poco nos fuimos reuniendo. Llegamos a ser cerca de 200 mujeres.
Prácticamente se mudó a El Agustino. Tenía marido, tres hijos, ¿hubo algún reclamo?
Ellos me comprendían. Nunca he desamparado a mis hijos.
¿Acaso su marido no le decía: cómo te vas a atender a desconocidos, quédate a atender a nuestros hijos?
No, porque él era humano --chiclayano, también--, un hombre muy bueno. Él sabía lo que yo hacía, y a veces me ayudaba.
Usted se dedicó a apelar a la solidaridad.
Lo primero que hice fue tener contacto con médicos. Muchos de ellos ya han fallecido. Entre ellos había uno: Gustavo Lanatta, a él le comuniqué que había visitado el cerro El Agustino y cuál era su pobreza, me dijo que tenía contactos, y con ellos fuimos al Ministerio de Salud.
Me pidieron que hiciera una lista de niños de 1 a 12 años, que incluyera a las madres gestantes y a las lactantes, también a los ancianos. La hice, ¡con las direcciones de todos! En ese entonces, el cerro no era lo que es ahora.
¿Cómo era?
Era una sola piedra. Había gente que para subir tenía que trepar, no había los caminos que hay ahora. Ahora el cerro es bello y, casualmente, hoy está más embellecido porque uno de los niños cuya madre perteneció a ese Club de Madres, ahora está ahí.
Se refiere al actual alcalde de El Agustino, Víctor Salcedo, quien fue uno de los niños a los que usted benefició con su obra.
Y ahora es un gran hombre. También hay médicos, ingenieros...
¿Por qué cree que toda la gente a la que usted acudió en busca de ayuda le hizo caso?
No lo sé, ¡yo no sé qué hay en mí! Yo no sé qué misterio, qué obra de Dios hay en mí que, donde voy, ¡todas las puertas se abren! Así ha sido siempre. A mí me dicen Conchito, y adonde llego me dicen: pasa, Conchito, ¿en qué te puedo ayudar? Todos los años hago repartos porque esto no ha terminado. Esto sigue hasta que llegue el fin de mi vida.
Tiene 87 años, una dolencia en las rodillas que la obliga a usar un andador. Sin embargo, usted no se detiene.
Yo antes he estado en silla de ruedas, ¡he estado tres años en silla de ruedas y con silla de ruedas me he movilizado! Yo soy muy inquieta: inquieta por el bien social.
Esa es la razón por la que ha sido nominada al Premio Príncipe de Asturias de este año.
Debe ser por eso, porque ya han venido de España a mi casa (un representante del Gobierno Español). Para mí fue la sorpresa más grande. Yo salí con mi andador, era un señor bien alto y me quedó mirando. Consuelo Torres Tello, le dije. Vengo de España para conocerla, me dijo. Créame, cuál sería mi emoción que pensé que me iba a caer. Me pidió que lo tratara de tú. ¿Qué cosa tienes?, me dijo. Yo estaba perpleja, le hablé de mi infancia, que no conocí a mi madre... Tú vales mucho, me dijo.
Llegó a esta casa, cuyo terreno precisamente se obtuvo también gracias a su lucha: porque una vez que ordenaron desalojarlos de La Victoria --a su familia y a las de sus ochenta y tantos vecinos--, fue usted quien presidió el comité de lucha para evitarlo.
Así fue. Fue una lucha tremenda. ¿Usted sabe cómo era esto hace 50 años? Esto (San Juan de Miraflores, distrito al que finalmente se mudó tras haber conseguido que le adjudicasen un terreno a su familia y a las de sus vecinos) no era más que un arenal. Los vecinos me nombraron presidenta del comité de defensa y yo luché duró, ¡conseguí terreno para todita la gente! Pero nadie quiso venir. Solo nosotros. Y crecimos en el arenal, en la oscuridad. Yo soy muy amiga de la oscuridad, porque es en la oscuridad que uno medita, que uno piensa en su destino, en lo que debemos hacer.
El Perú es un país que como tal sigue fracturado. ¿Siente que su labor ha valido la pena?
Vale la pena y no me siento ni cansada ni arrepentida. Más bien me siento más segura, con más fe y esperanza para seguir adelante. Aunque ya estoy vieja. Por eso espero que el día que el Señor me llame, mi pueblo me recuerde con amor.
Usted podrá tener muchas arrugas, pero también tiene una vitalidad que...
Yo siento esa vitalidad, ¡y también siento que la transmito! Porque en mí podrán encontrar a una mujer vieja, pero vieja solo por el tiempo.
¿Cuál es su mayor logro en estos 87 años de vida?
Los homenajes que he recibido: yo me he sentado donde jamás soñé que me iba a sentar. El año pasado, el alcalde (de Lima, Luis Castañeda) invitó como a 200 mujeres (por el Día de la Mujer) y nos hizo hablar. A mí me dejaron para el último. Uy, yo veía que hablaban médicas, abogadas, ingenieras... ¿Dónde estoy?, me dije. Yo estaba en silla de ruedas, y cuando me tocó, quise ponerme de pie. El alcalde me pidió que no lo hiciera. Doctor, yo no puedo sentada, le dije, y comencé a decir mis palabras, quizás mal envueltas, pero con el corazón. Agradecí y, al terminar, le dije que él era mi paisano. Bajó y me abrazó. Qué lindo has hablado --me dijo--, ¿en qué te puedo ayudar? Nada, le dije. ¡Qué más ayuda que el premio que me había dado! Por mí hay hospitales de la solidaridad, me dijo, porque hace 50 años nuestro Club de Madres abrió el primer consultorio médico gratuito en El Agustino.
De ese primer Club de Madres que fundó, ¿cuántas socias quedan?
Además de mí, hay una: Edith.
Su esposo ya ha fallecido. ¿Qué decía él de su labor?
A veces se molestaba, pero yo le decía: allá me vas a encontrar, ¡y me vas a ayudar!
En ese tiempo, el hombre era terrible, ¡qué iba a dejar hacer a la mujer! Pero ahora ya hay un cambio. Ahora somos iguales, ¡en todo!
La fecha
Nombre: Consuelo Torres Tello.
Colegio: "En el Santa Rosa, creo". Escuela fiscal, en su natal Chiclayo.
Estudios: "Yo hice el colegio, nomás".
Edad: El 25 de julio de este año cumple 88.
Cargo: "Creo que sigo siendo la presidenta, porque yo fui la fundadora del primer club de madres del Perú".