|
|
|
|
|
Ir a: Home Principal
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
La campaña abominableColette Capriles - El Nacional - VenezuelaViernes, 5 de febrero de 2010
HUMBERTO MATHEUS/ARCHIVO Las elecciones de septiembre son casi plesbicitarias N o es tanto que el Gobierno no soporte tener ya encima su fecha de vencimiento, sino que no soporta que se imagine un futuro distinto del mediocre país feudal que ha engendrado, tan lejano de los sueños magníficos de un reino de mil años. Esa clase de reacción es la que mejor permite verle la entraña totalitaria: lo crucial es matar la imaginación, ahogar en la cuna cualquier representació n que convoque a una comparación entre la realidad y el deseo. En perfecta consonancia con el objetivo ideológico mayor: reducirnos a la más desnuda inmediatez, al ciclo repetitivo de la supervivencia y de la cartilla de racionamiento, sin pasado (porque el pasado se deforma y envilece con la mitología de "la cuarta") y sin futuro (porque es idéntico al presente). Sin esa dimensión comparativa que es biográfica, y no sólo histórica (es decir, que no tiene que ver con las gestas de la patria, sino con la vida de cada uno, con la memoria personal y con las aspiraciones proyectadas en la intimidad de la conciencia), no hay, digo, criterio para evaluar la infelicidad de todos los días, las lágrimas por los muertos y las oportunidades perdidas porque no hay luz, porque no hay agua, porque no hay transporte, porque no hay justicia, porque no hay Estado sino granja personalísima del mandamás. En el clásico texto de Friedrich y Brzezinski dedicado a la anatomía y fisiología de las dictaduras totalitarias del siglo XX, hay un capítulo en el que se analiza la importancia que tuvieron las organizaciones juveniles en estos regímenes. No se intentaba sólo de encuadrar a los jóvenes, ni solamente "ideologizarlos" . La función principal de esa inmersión total en el sistema era sobre todo hacerles imposible una figuración distinta del futuro y por lo tanto la medición de su limitado presente. Y el único pasado era el mitológico: la lucha de clases, la raza superior, la Roma imperial. Pero no hay únicamente batalla ideológica en los reflejos totalitarios con los que el Gobierno reacciona ante el cuadro de descomposició n general (y vale la pena subrayar cómo cultiva, cada vez más, el desprecio por la racionalidad, haciendo del absurdo un valor antiburgués). Hay un camino recto bien trazado hacia el escenario electoral. Por su naturaleza plebiscitaria, el Gobierno no puede darse el lujo de prescindir de un torneo, pero eso sí, no competitivo sino aclamatorio. El problema es que las elecciones (las que vengan) se han vuelto competitivas. Es decir: van a dar lugar a cambios políticos sustanciales, y ya no pueden ser intervenidas únicamente con los mismos viejos trucos técnicos que otrora garantizaron victorias. Ya no basta con mover votantes o multicedularlos, ni es suficiente con cambiar circuitos electorales. Las elecciones ya no son la fiesta cesarista que solían ser: implican riesgo político real para las aspiraciones hegemónicas. De modo que lo que llamamos gobierno recurre a lo que seguramente considera "alta política" como escenario para la lucha: pretende reconfigurar plebiscitariamente la confrontación con el Rey-Sol como protagonista que encandile al público, y generar a su través una atmósfera de incertidumbre y terror "radical" que, según cree, agudizaría las "contradicciones" dentro de la oposición (apostando siempre a alimentar esa oposición antipolítica ya tan disminuida) y pudiera conducirla a abandonar su estrategia constitucional y electoral. Y esto lo está haciendo muy en serio, con seriedad proporcional al riesgo que percibe. Tener un presidente que juega a ser clandestino y practica el bolchevismo durante la madrugada en un garito mediático (aunque también lo ejerce escudado en la panoplia inquisitorial con la que se adorna la fuerza pública para reprimir "con la fe") forma parte de las tácticas de la campaña, y no hay que desestimarlo, sobre todo porque muy pronto comenzará la "campaña del amor", es decir, la dimensión redistributiva, la zanahoria que acompaña al garrote. Provocación y cortejo petrolero, han sido desde siempre los pilares de los once años de campaña electoral. Otros resultados le esperan, sin embargo. La repetición del esquema muestra el aislamiento del alto gobierno, absorbido por las luchas intestinas -que pudieran interpretarse también como indicios de luchas sucesorales típicas de los regímenes autocráticos- , y su incapacidad de madurar como sí lo han hecho el país y las organizaciones políticas de la alternativa democrática. Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad,han exterminado al fin a sus TIRANOS ". Simon Bolivar ...24 de marzo de 1814. colettecapriles@ hotmail.com |
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |