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Lengua larga, mente cortaCarolina Jaimes Branger - El Universal - VenezuelaLunes, 5 de octubre de 2009
Uno de los mejores artículos que he leído últimamente se llama "¿Por qué los dictadores tienden a parlotear?", publicado por Lionel Beeher en el Huffington Post del 1/10/09. Empieza con la descripción del lastimoso discurso que Muammar Gaddafi, hoy portador nada más y nada menos que de la espada de nuestro Libertador, dio en la última Asamblea General de la ONU. "90 minutos de prosa laberíntica que no se corresponde con la de un Jefe de Estado", escribió Beeher, quien luego pasó a describir el discurso de Ahmadinejad, como "saltos de un tema a otro, como buscando un punto que en definitiva no encontró", y remató el párrafo recordando un discurso de Fidel Castro en la misma sede de la ONU en los años 60, probablemente un récord en la historia de la organización. Por supuesto, ningún representante de ningún país civilizado se cala uno de estos bodrios. Beeher lo atribuye a que "las ganas de orinar sobrepasan cualquier interés que pueda tenerse en el tema". Pero lo que se deduce de todo esto es que la verborrea de los dictadores no es nueva bajo el sol. Y es que con sigüíes dispuestos a aplaudir frenéticamente cualquier disparate, ¿por qué no explayarse hasta el agotamiento?... ¿Por qué no divagar indefinidamente si nadie va a bostezar, menos a protestar?... ¿Por qué no ser un caradura y mentir abierta y descaradamente, si ningún miembro de la audiencia se va a atrever a gritar como ocurre en los países democráticos y libres, "¡mentiroso!?". El 26 de febrero de 1998, Fidel Castro atormentó a la Asamblea Nacional cubana (y todos sus miembros permanecieron estoicamente escuchando "interesados") con el discurso que hasta entonces era uno de los más largos jamás pronunciados: siete horas y media. Adolf Hitler, en 1940, había pronunciado más de 1.500 discursos y en ocasiones llegó a hablar por más de cuatro horas. El 31 de enero de 1943 el discurso que transmitía por radio fue interrumpido en varias ocasiones, y una voz que transmitía en la misma longitud de onda le decía: "seguro que no crees eso que estás diciendo". Sus días estaban contados. En fin, detrás de las lenguas largas lo que hay son mentes cortas, que quieren convertir las mentes de los demás en una mente única, con una única doctrina y un único líder. Una suerte de boas constrictor de las sociedades ¿Será que nunca aprenderemos? carolinajaimesbranger@gmail.com |
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