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Pinky, Cerebro y la Soberanía
Marianela Lafuente - TalCual - Venezuela

Sábado, 29 de marzo de 2008

E n la Edad Media se sabía quién era el soberano y qué era la soberanía. Los súbditos no cuestionaban el poder del Príncipe legitimado por Dios.

Con la Modernidad, los hombres apartaron a Dios y comenzaron a dudar.

Con un Príncipe sin legitimidad divina, había que definir un nuevo soberano: Estado, Pueblo o Nación. Hasta el siglo XIX se aceptó que la soberanía era el poder absoluto de establecer las leyes del Estado en un territorio. Luego se desdibujaron las naciones. En la globalización se revelaron incapaces de controlar el tránsito de bienes, personas, tecnologías, capitales o ideas a través de las fronteras. La soberanía se diluyó en las redes del supuesto libre mercado global, en la práctica dominado por grandes trasnacionales.

Europa así lo comprendió. Pero en América Latina los conceptos de soberanía y nación todavía se defienden a ultranza, como en el siglo XIX.

¿Qué es la soberanía, con satélites que proveen imágenes precisas de cualquier lugar, que rastrean movimientos y llamadas? Sin violar ningún territorio, un misil puede destruir su blanco con limpieza quirúrgica.

Colombia intervino en Ecuador bajo pretexto de acabar con una amenaza a su soberanía. ¿Una soberanía financiada por un plan extranjero? ¿Cómo es que ataca eficazmente la amenaza en otro país y no acaba con los guerrilleros, narcotraficantes y paramilitares sueltos en su territorio? ¿Por qué hizo pública la invasión? Si no, quizá nadie se habría enterado.

Ecuador reclama la invasión. Curiosamente, guerrilleros ilegales en su territorio no acaban con su sueño de soberanía. Un campamento con lavanderos, computadoras y acceso a Internet. Visitado por periodistas y antropólogos extranjeros. Que a lo mejor hasta figuraba en paquetes de agencias de turismo de aventura.

Venezuela, dependiente del petróleo y de las leyes del mercado internacional, heroicamente moviliza tropas en contra del Imperio, en defensa del territorio y la soberanía.

La Cumbre de Santo Domingo mostró cuán... ¿ingenuo? es este discurso.

Con un hipócrita respeto a la soberanía, las trasnacionales son las que verdaderamente se interesan en mantener barreras entre naciones, en función del equilibrio del mercado global. El Imperio, como el terrorismo, ya no tiene ni territorio ni jefe definido. Bien mirados, los conceptos de soberanía y nación que defienden nuestros gobiernos resultan ser perversamente imperialistas. Quizá la revolución sólo se alcance cuando se cuestionen estas ideas impuestas y se derriben las barreras que separan los pueblos.

Entre tanto, todos los días en la mañana, las FARC se levantan para conquistar Colombia, los paramilitares para conquistar las FARC, el gobierno colombiano para conquistar su soberanía, Bush para vencer al terrorismo y Chávez a Bush. Cada personaje intenta conquistar su pedazo de realidad.

Como en las comiquitas de Pinky y Cerebro, sería mejor que todos despertáramos con la intención de conquistar el mundo.

 
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