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La música como capital social: la obra de José Antonio Abreu
Carolina Jaimes Branger - Mujer Analítica - Venezuela

Martes, 30 de junio de 2009

Cada vez que se toca el tema de la pobreza en América Latina, siempre se termina concluyendo que la solución está en la educación. Y cada vez que se toca el tema de la educación en América Latina, siempre se termina concluyendo que no existe solución a corto plazo, porque se requiere de la formación de capital social, lo que toma al menos una o dos generaciones.

En Venezuela tenemos buenas noticias y queremos compartirlas, porque hemos vivido el contraejemplo: la Fundación del Estado para las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, la obra del Maestro José Antonio Abreu, es la prueba fehaciente de que el capital social se forma a una velocidad tan vertiginosa que deja sin argumentos a sus detractores. Y el fondo es muy sencillo: en la vivienda más humilde, si por la puerta del frente entran Mozart, Beethoven, Bach, Vivaldi, Berlioz… por esa misma puerta sale la marginalidad. Cuando un niño entra a formar parte de una de las orquestas del sistema del Maestro Abreu, es como si sobre él obrara el efecto de una varita mágica: no sólo él, sino también su entorno familiar entra en un círculo virtuoso. Se me ocurre que las metas del milenio propuestas por el PNUD pueden alcanzarse a través de la implementación de sistemas de orquestas.

Y es que no puede ser de otra manera. La música, en todas sus manifestaciones, es alimento para el espíritu. Y quienes la ejecutan se convierten en portadores de ese maná del alma. Aún más si se tienen los estándares que el Maestro Abreu ha fijado: excelencia, disciplina y orden, que se traducen en amor, pasión y entusiasmo por la vida.

En las barriadas venezolanas, hasta hace unos años, los héroes eran los anti-héroes: los rateros eran populares entre las jóvenes liceístas porque les regalaban las prendas de oro que habían robado, mientras los buenos estudiantes, que no disponían de medios económicos para brindarles un refresco en un recreo, no tenían opción entre las muchachas. Una tragedia para una sociedad.

Hoy en día la historia es otra, los héroes son los muchachos de las orquestas. Son admirados, considerados y respetados. Sus familias se sienten orgullosas de ellos y lo demuestran apoyándolos en todo lo que pueden. El pertenecer a las orquestas es el antídoto perfecto contra la mediocridad y la inyección de futuro más efectiva que existe, porque cuando se exalta el espíritu, cuando la obra de amor penetra en el corazón y la mente de jóvenes, la pobreza empieza a desaparecer. Son muchas las lecciones de vida que aporta el aprendizaje de la música: compañerismo, solidaridad, respeto, admiración por el otro, deseos de superación… Uno de los grandes méritos de Abreu es haber acercado la cultura al pueblo. Pero tiene aún más mérito por haber acercado el pueblo a la cultura, pues ya casi trescientos mil integrantes conforman sus orquestas, trescientos mil jóvenes que hoy conocen el valor de la superación, que saben que no pueden conformarse con ser buenos si pueden ser excelentes, que han aprendido que los éxitos en la vida se consiguen a costa de esfuerzo y constancia, por lo que no deben temer a la exigencia y al trabajo duro.

Y este conocimiento que también ha tocado a las familias, ya ha comenzado a ir más allá. Porque la gente, como los integrantes de las orquestas, se da cuenta de que los logros requieren esfuerzo; de que hay que pensar en el bien colectivo, para lo que a veces se requiere poner de lado el bien individual; de que el trabajo productivo sí resulta, y es fuente de desarrollo y bienestar. Este es el comienzo de la consolidación de nuestro progreso. En América Latina llevamos quinientos años diciendo que “somos el continente de la esperanza” y hemos experimentado las mayores desesperanzas. Desde Venezuela podemos decir que nos ha llegado la hora de la esperanza, con una obra de trascendencia universal, por su contenido y alcance, porque cuando se trata de música las fronteras no existen.

Muchas han sido las manifestaciones de admiración y aliento – señales de que vamos por el camino correcto - que hemos recibido de grandes maestros de todo el mundo. Cuando Daniel Barenboim escuchó tocar a nuestra orquesta infantil, le manifestó a José Antonio Abreu su deseo de volver a Venezuela lo más pronto posible, pues para él sería un inmenso privilegio dirigir a los músicos niños, a esos adultos del mañana que llevan desde ya sembrada la universalidad en sus venas. El testimonio de Barenboim tiene especial valor porque él ha usado el poder de la música como instrumento de civilización, pues además de producir melodías de gran belleza, propaga un canto de esperanza, el símbolo de que la raza humana es una sola, de que podemos vivir en paz si realmente lo deseamos, y de que los valores universales son de todos por igual, por encima de cualquier credo, raza o condición social o económica.

El Maestro Claudio Abbado, ese genio de la dirección musical, quien ha sido director de las mejores orquestas del mundo, está enamorado del proyecto de Abreu, y hoy en día es columna vertebral e inspiración para nuestros jóvenes maestros. Plácido Domingo lloró de la emoción que le produjo verlos tocar. Sir Simon Rattle es otro de los maestros que con cierta frecuencia viene a Venezuela a colaborar con la obra que promueve la superación intelectual, moral y espiritual. ¡La mejor forma de cumplir con la obligación de vencer la marginalidad mental! Y la obra crece hacia otras vertientes. No hay instrumento que tenga un sonido más bello que la voz humana. Y no hay nada más bello que voces humanas elevadas en canto. El sueño de José Antonio Abreu de hacer de la música "un eficaz instrumento de crecimiento profesional, superación personal y desarrollo social", desde hace año y medio también se extiende al bel canto.

Sí, el proyecto del "Puente del Bel Canto" tiene como objetivo crear el Instituto Internacional Italo-Latino Americano de Alta Formación Artística y Musical, hijo del CUBEC-Musica e Servizio donde enseña una de las mejores sopranos del mundo: Mirella Freni, quien se comprometió a venir un mes al año a Venezuela para dictar clases magistrales. El 17 de febrero de 2008 fue el primer concierto de un grupo de muchachos que tuvieron el privilegio de ser sus alumnos.

Antes de comenzar el concierto, el doctor Abreu le dedicó unas bellas y sentidas palabras a la soprano italiana, para expresarle la gratitud que sentimos los venezolanos por el honor que nos dispensa al estar aquí y enseñarnos su arte. Ella, conmovida al extremo, respondió: "estoy aquí de corazón, estoy aquí por amor a la música, y en particular por respeto al Maestro Abreu, único en el mundo". Y dirigiéndose a él en particular, añadió: "usted me pregunta cómo agradecerme: ¡invíteme aquí muchas veces!".

Es así: nuestros muchachos han movido y conmovido a grandes artistas. Se han codeado de tú a tú con los mejores del mundo, porque ya ellos son parte de los mejores del mundo. El joven y genial director Gustavo Dudamel es una muestra de ello.

La posibilidad de salir de la marginalidad a través de la música es un método que está siendo reconocido y admirado por el mundo entero, y otros países están copiando la experiencia. José Antonio Abreu no sólo le ha regalado a la Humanidad grandes maestros, que de no haber pertenecido al sistema de orquestas quizá jamás hubieran surgido, sino que también les ha dado a los músicos la posibilidad de optar por una vida distinta y decente, llena de valores y espiritualidad, con un efecto expansivo.

Recuerdo con emoción a Edicson Ruiz, el maestro más joven que jamás haya ingresado a la Orquesta Filarmónica de Berlín. Él me contó que había ingresado a la orquesta cuando vivía en San Agustín, un barrio pobre de los muchos que hay en Caracas, porque fue la opción que encontró su mamá que no quería que él se reuniera con "malas juntas".

Y "una red de orquestas teje en Venezuela sueños de libertad" reportó la periodista Janeth Méndez en El Universal al reseñar el inicio de la primera gira de conciertos de la Red de Orquestas Penitenciarias, que coordinan en conjunto las orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia. Esta iniciativa es la primera en el mundo y se quiere replicar en el resto del país.

Las personas con necesidades especiales también han encontrado su nicho en el Sistema. El Coro de Manos Blancas, integrado por sordos, los grupos de ciegos y la orquesta de niños especiales mueven y conmueven porque incluyen a quienes han estado tradicionalmente aislados o segregados.

La dimensión de la obra de José Antonio Abreu es inconmensurable en términos de humanidad y civilización, progreso y paz, excelencia y méritos. Ha sido el constructor por antonomasia en un país donde ha costado tanto construir. Ha sido capaz de transformar lo bueno en mejor y lo mejor en óptimo. No ha tenido miedo de exigir. Ha sido capaz de despertar optimismo donde reinaba la zozobra. Y ha tenido infinita paciencia para perseverar en su empeño de realizar una obra que representa una verdadera revolución social.

Gracias a él, hoy decenas de miles de niños poseen la certidumbre de que serán alguien en la vida, porque tienen los instrumentos, tanto en sentido real como figurado, que les abren las puertas de la civilización, de lo excelso, de lo sublime. Centenares de miles de padres duermen hoy tranquilos sabiendo que a sus hijos les espera un futuro mejor.

Desde Venezuela queremos compartir con el resto del mundo la esperanza de que superar la marginalidad no es una utopía. Y de manera particular queremos compartirla con nuestros hermanos latinoamericanos, quienes han vivido circunstancias muy similares a las nuestras. Las semillas que hemos sembrado han germinado incólumes en medio de miles de problemas, y siguen firmes y seguras en su camino hacia la luz.

cjaimesbranger@gmail.com

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