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El mundo real de la igualdad
Gemma Alonso Monedero - El Diario Montañés - España

Sábado, 19 de abril de 2008

Uno de los principales objetivos de las personas que trabajamos tanto a nivel personal como profesional por la igualdad entre hombres y mujeres es conseguir, precisamente que dicha igualdad sea aspiración y responsabilidad para todos.

Demasiado frecuentemente se transmite la idea de que este objetivo solo nos atañe, nos importa y nos beneficia a las mujeres. La participación de las mujeres en la política y en la toma de decisiones es, por derecho propio, un objetivo al que toda la sociedad debe de aspirar para conseguir ser más justa, más equilibrada y más democrática. Debemos de estar convencidos de que la habilitación política de la mujer tiene la capacidad de transformar las sociedades, y de que su participación en los organismos de gobiernos nacionales y locales facilita la redacción de políticas y leyes que no solo benefician a las mujeres, sino también al resto de las personas que conviven con ellas.

En estos días estamos viviendo de manera apasionada el debate surgido por el hecho novedoso de los nombramientos por parte del Presidente Rodríguez Zapatero de un gobierno en el que las mujeres ocupan mayor número de responsabilidades que los hombres.

Y he visto como a las mujeres se nos juzga más, como grupo, como género, que como individualidades. Es cierto, las mujeres constituimos un género pero también tenemos nombres y apellidos, formaciones, profesiones, curriculums y biografía. A la satisfacción de ver a tantas mujeres llegar a puestos políticos de tal relevancia, me hubiera gustado que se hubiera sumado el hecho de que las críticas se hubieran realizado teniendo más en cuenta esas variables que el «tremendo» número de ministras presentes a partir de ahora en el Gobierno de España.

Nada de esto me quita de pensar que, en estos momentos, la gestión de las políticas de igualdad va muy por delante del sentir y del vivir de la sociedad. Los grandes gestos mediáticos, los grandes titulares, los grandes números buscados encarnizadamente por Zapatero pueden conseguir el efecto contrario al que pretenden obtener las políticas igualitarias. La imagen repetida hasta la saciedad por todos los medios de comunicación de Carme Chacón pasando revista a las tropas del ejército Español y su utilización como símbolo tiene el peligro de alejar a la ciudadanía de las estrategias que se deben de seguir para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres.

Mucho se ha hablado del abismo existente entre el mundo político y la realidad social. Personalmente creo que la distancia entre los problemas reales que sufre una mujer en su incorporación laboral, con la falta de confianza del empresariado, la escasa corresponsabilidad familiar y los prejuicios innegables con respecto a la maternidad están demasiado alejados de los que han querido convertir a la nueva Ministra de Defensa en un símbolo.

Lo real, lo auténtico, lo práctico, lo pegado al suelo, lo que verdaderamente importa a los hombres y mujeres que creen que una sociedad más igualitaria es posible y mejor para todas las personas, son cuestiones que van más allá de lo estético y lo mediático.

Una inserción laboral más fácil para las mujeres, una retribución igual para unas como para otros, mayores presupuestos para recursos de conciliación, horarios comerciales convenientes para las actividades de las mujeres, adaptación de las líneas de transportes urbanos a horarios adecuados a las principales usuarias del transporte público. Las barreras arquitectónicas para desempeñar sus tradicionales atribuciones (cochecitos de bebé, carritos de la compra...), la peligrosidad para su integridad física y sexual de ciertos lugares...la diferencia en los usos del tiempo para las actividades domésticas, públicas y de ocio. Eso es el mundo real, lejos de la utilización de los símbolos.

Como mujer comprometida con la igualdad y habiendo tenido responsabilidades políticas, me gustaría que, efectivamente, el mundo real fuera el verdadero protagonista de las actuaciones de quienes trabajamos y creemos en la consecución de una sociedad más igualitaria. Lo real, lo auténtico, lo que verdaderamente importa a hombres y mujeres que creen en una sociedad más igualitaria son cuestiones que van más allá de los estético y lo mediático

 
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