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Olvidar, un pecadoCarolina Jaimes Branger - El Universal - VenezuelaMiércoles, 18 de noviembre de 2009
El jueves 5 de noviembre, nos reunimos a recordar "La noche de los cristales" (Kristallnacht). Un nombre fonéticamente demasiado bello para el horrendo episodio que significó. Que se llame "la noche del pogromo", sugirió Diana Wang, la oradora de orden. Para decirlo en vernáculo, "la noche de la cayapa": la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, las vidrieras de los negocios de los judíos alemanes y austríacos fueron destrozadas por las SS de Hitler, miles de judíos fueron arrestados y deportados a Polonia y noventa de ellos brutalmente asesinados. Para muchos historiadores este hecho marcó el comienzo del Holocausto. Hay que mantener viva la memoria de estos hechos para que no vuelvan a suceder. O por lo menos, para intentar que no sucedan de nuevo. El acto fue sobrio, solemne, y por encima de todo, emotivo. Diana Wang, hija de sobrevivientes "gracias a una pareja de cristianos que aún a riesgo de sus vidas los escondieron" es una mujer brillantísima. Su discurso fue una pieza de oratoria maravillosa. Igualmente puedo decir de las intervenciones de Abraham Levy Benshimol y Eliézer Rotkopf. Sin embargo, para mí, LAS palabras de la noche las dijo el señor David Ysrael: "Hace 71 años las piedras destrozaron las vidrieras de las cafeterías judías de Alemania y Austria, para iniciar así la locura colectiva que condujo a los nazis a matar a mi hermanita y a un millón y medio de niños judíos más; a matar a mi madre y a millones de otras madres; a matar a mis amigos, a mis vecinos, a los rabinos, a acabar con la judería europea". Es increíble, es perverso, es sobrecogedor, que cuando aún existen sobrevivientes de la maldad y los horrores del nazismo, se pretenda negar la existencia del Holocausto, y encima, que haya líderes que aplaudan ese tipo de discursos en la ONU. "El gran dolor que siente un sobreviviente como yo, que desde los 15 años estuve en Auschwitz, Birkenau y vi y oí los gritos, y olí la carne quemada de los crematorios día y noche, es el que me impulsa a pararme frente a ustedes y recordar que en sólo 6 semanas Eichmann logró aniquilar 650.000 judíos, húngaros, rumanos, checos&". Quiero finalizar con las mismas palabras del señor Ysrael, citando al gran Karl Jaspers: "Recordar es un deber y olvidar, un pecado". Sí, ¡olvidar es un pecado! carolinajaimesbranger@gmail.com |
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