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¿Retrasado quién?Carolina Jaimes Branger - El Universal - VenezuelaLunes, 9 de noviembre de 2009
En marzo de este año, el presidente Barack Obama visitó el muy popular programa de TV "The Tonight Show" conducido por Jay Leno. Al responder una pregunta de Leno sobre si había mejorado su juego de bowling, ahora que practicaba en la cancha de la Casa Blanca, Obama dijo que su estilo era "como de Olimpíadas Especiales". El comentario causó indignación a todo lo largo y ancho de Estados Unidos. ¿Cómo podía Obama, recién encargado y en el pico de su popularidad, ser tan insensible al usar un símil tan desafortunado? El Presidente, con humildad, se disculpó públicamente ante Tim Shriver, presidente de las Olimpíadas Especiales, e invitó a varios de los bolicheros a jugar con él en la Casa Blanca. A pesar de esto, el daño quedó. Siete meses después en Venezuela tuvimos la muestra viviente de que nadie escarmienta en cabeza ajena: Hugo Chávez, para insultar a Gabriel Silva, ministro de Defensa colombiano, lo llamó "retrasado mental". "Por lo menos es retardado mental", dijo. ¿Por lo menos, señor Presidente?... Durante años luché denodadamente porque mis alumnos no se descalificaran llamándose "mongólicos", como en ocasiones lo hacían cuando alguno cometía un error. "¿Cómo crees que se sentiría la mamá de un muchacho con Síndrome de Down si te oyera"?, les preguntaba. Un silencio sepulcral seguía a la pregunta. Muy pocos reincidían en el error. Bueno, eso es lo que ha hecho Obama. Chávez no. Chávez corrigió su afirmación: "No, no es retardado; él sabe lo que hace; está siguiendo instrucciones del imperio". Pero no retiró la ofensa, sino que la intensificó. Cambió la supuesta desventaja mental por una moral, la de ser "esclavo" o "lacayo" del imperio. Si de todos modos la intención era insultarlo, ¿para qué entonces lo llamó "retardado"? Señor Presidente, ¿sabe a cuántas personas hirió usted con esa alusión? ¿Sabe usted cuánta irresponsabilidad está implícita en ese tratamiento despectivo hacia quienes padecen de una desventaja sin tener la menor culpa? El que mucho habla, mucho yerra. El que mucho insulta, peor. Cuando Chávez insulta a quienes se pueden defender, importa menos. Pero cuando usa un símil que minimiza aún más a unos indefensos, llena de indignación. Ver, oír y callar, reza un sabio dicho: señor Presidente ¡ya basta! carolinajaimesbranger@gmail.com |
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